Bienvenido a mi web              

 
 
Es posible que algunos trastornos mentales residan en el funcionamiento de los significados representativos, sin correspondencia con ninguna disfunción descriptible en el hardware neurológico. Wakefield, Michael First y varios españoles opinan lo mismo...
Informe sobre la salud mental del Parlamento EuropeoDiagnósticos y Prescripciones en salud mental, atención primaria e incapacidad laboral temporal
 

Mensajes; Chat;  Blogs, Knol   

Apaños | Buscadores | Editoriales | Psiquiatría en La Red | Cosas | TuentiMapa | Noticias |  El tuerto | Rediris

Defectual | Destierro | D.Diferencial | Angustia | Casos | Facticio | We7  Radio | TV | King Crimson | La Mar 

Use la barra vertical  para desplazarse por la página... ¡gracias por su visita! ...          

 Agregar a favoritos  |  Imprimir  |  Ser tu página de inicio  |   Atrás  |  Adelante |  Inicio    

CAPÍTULO VII
Editoriales
Psiquiatría en La Red
Antivirus
Apaños
Arte
Artículos libres
ATRÁPALO
Audiolibros
Autistas-web
Banners
BBVA
Biosfera
Blogs
Bolsa
Bolsa de trabajo
Booking
Cambio Climático
Casas
Chat
Cosas
Charlar
CIE 10
Crítica de libros      
Cursos gratis
Da Vinci
Deezer
Dialnet
Digitalfotored
Disney Channel
eBay
El Arca de Noé XXI
El Castellano
EDREAMS
El Sonido de la Naturaleza
El Excelsior
El Tiempo
El tuerto 
Encyclopedia Britannica
Encyclopedia  of life
Encuéntralo
Enfermedades raras
España directo
Europeana
Expo Zaragoza 2008
FDA
Gen y música
Geocultura
Google
Google Earth
Google Maps
Gratis
Guía Infantil
Guía telefónica  
Guía TV 
Hemeroteca.ABC

Humor

IBH
Idiomas
Imágenes
Inglés on line GRATIS
Inicio
Joost
Juegos
Kalipedia
King Crimson
Knol
La Mansión del inglés
LaFlecha
Lecturas

Libro de Visitas

libros en Red
Libros gratis
Lotería
Mapa Universia
Marca
Mtas
Meebo
Microsoft
Música gratis
Música Minimalista
National Geographic
Navegadores
Navega seguro nene
Noticias
Novedades
Ocio y...
OMS
Oscar Navarro
Óyeme Don Quijote
PARADORES
PARES
Patrimonio Geológico
Peerview Press
PinturArt
Prensa Histórica
Presseurop
Psiquifotos
Radio
Rediris
RENFE
Rincones
Royal Society
RPC básica(simulador)
RYANAIR
Siega verde
Software Libre
Stellarium
Tapeo
Telescopio WorldWide
TV
Utilidades
Venere
Viadeo
Viajar
We7
WebMapa
Wikiloc
Wikipedia
Yahoo
Youtube
Redtrabaja.es
Más Destacado
060.es
Red.es
Inter-Enlaces

 

Contador de visitas a la página


CAPÍTULO VII. Quinta parte.  Eppure  si muove.[1]

 

1. Más y mejor de días y trabajos.

 

            Los que quedamos hicimos un terrible esfuerzo para que no disminuyeran los servicios y actividades, lo cual conseguimos en gran medida. Desde luego se mantuvieron todos los dispensarios aunque quizás con algún día menos de consulta. En todo caso yo tuve que viajar sin parar para atenderlos, también en otros sectores donde tuve que hacer suplencias. Mi doble puesto de director médico y jefe de servicio duplicó mis responsabilidades y tuve que atender fuertemente a los sectores dos y tres que fueron los más conflictivos y quedaron más al aire por los despidos. Montoya quería seguir siendo director de los servicios extrahospitalarios y hubo algunos rifirrafes administrativos para aclararlo. Yo quería ser director de todo pues no se podían separar las funciones. Las autoridades; es decir el Patronato de la Fundación formado en su mayor parte por diputados de la Diputación de la Coruña que era la propietaria del centro, confirmaron que yo era director de todos los servicios, también  de los extrahospitalarios, si bien quedó claro que en cuanto hubiera pacientes ingresados en los nuevos centros que se crearían en las cabeceras de sector para atender a sus pacientes, los jefes de servicio correspondientes habrían de convertirse en directores. Y así sucedió poco más tarde. ( Dr. J. Cubillo en La Coruña y Dr. González Palacios en El Ferrol). Sin embargo yo como director médico   continué visitándolos un tiempo   participando en reuniones de organización a fin de mantener la coherencia de trabajo y funcionamiento.

 

Era muy gracioso ser simultáneamente director médico y jefe  de servicio. Unas veces actuaba como una cosa y otras como otra y me decía o lo decía jocosamente que si fuera necesaria mi mano derecha como director médico tendría que dar un tortazo a mi mejilla izquierda como jefe de servicio. En todo caso establecí un sistema claro de reuniones y trabajos de uno y otro tipo. Sobre todo intenté poner otra vez en marcha la Junta Facultativa. Esta había quedado paralizada; es decir, sin que se reuniera más, después de una pugna porque sus acuerdos fueran vinculantes mientras que yo mantuve siempre que era consultiva. Entonces entendía bastante poco de todo esto, aunque gané experiencia y aprendí bastante rápidamente. No me di cuenta que contando con un reglamento adecuado puede la Junta ser vinculante mientras en ella se decidan cuestiones de organización interna y no se parasite, como se intentaba que sucediera, con cuestiones laborales o políticas. Sucedía en todo caso en esos años que las personas y grupos activos eran todos activistas político revolucionarios y el resto - como personal antiguo o quizás nosotros mismos - éramos "pasotas" en el sentido de realizar nuestro trabajo y dejar que otros organizasen partiendo de nuestra escasa experiencia, formación y vocación en tareas directivas o asistenciales. Yo había realizado un curso de Dirección de Hospitales Psiquiátricos organizado por el P.A.N.A.P[2]. en Agosto de 1970 estando todavía en Pamplona. Por cierto que se celebró en Santiago de Compostela precisamente y   asistieron al mismo importantes personalidades de la psiquiatría española de los años siguientes que entonces nos conocimos, como V. Conde  J. Santodomingo; B.Baca; Ledesma; Suárez de Puga...   Por supuesto no aprendimos gran cosa y solo recuerdo nuestras excursiones por la ría de Arosa y el agradable alojamiento en un Colegio Mayor del precioso Campus de Santiago bajo la Alameda.

 

            Ya el mismo día 5 de Julio tomaron posesión las nuevas encargadas de unidad cuyo acceso había sido bloqueado por asambleas y conflictos.

Muy rápidamente también  a principios de Agosto se convocaron 4  plazas de jefes clínicos, y más tarde un jefe de Servicio. Así rápidamente en unas semanas, más que meses, siguientes se incorporaron al centro varios jefes clínicos y adjuntos que en parte aún siguen prestando servicios en el Sanatorio entre los que recuerdo a. Drs. I. Tortajada; García de la Villa; V. Merino; J. Sandoval...

Estas medidas suscitaron naturalmente la alarma en los despedidos que esperaban y pedían por todos los medios la readmisión.

Como era de esperar los despedidos con apoyos de una minoría del interior del Sanatorio protagonizaron una feroz lucha desde los siguientes puntos:

 -  Reivindicar sus actuaciones, negando, sobre todo los jefes de servicio y clínicos,   en los juicios ante magistratura su participación en las huelgas.

- Solicitando y consiguiendo gran apoyo externo.

- Mantenimiento de una oposición interna que dificultase la reorganización del Hospital mediante peticiones continuas, la formación de comisiones, y de escritos de propaganda, etc.

- Por ultimo el mantenimiento de una oposición y lucha externa, en la calle, contra los que quedamos.

Así en los meses siguientes y  hasta  el fin  del año aparecieron infinidad de escritos en todos los periódicos de Galicia, especialmente La Voz de Galicia y El Ideal Gallego, denunciando los despedidos y sus amigos,  que solo quedan siete médicos en el hospital, que se volvía a la situación manicomial, ( 1 y 28 de Agosto) que aumentaba el numero de ingresados y la regresión de los pacientes.( 7 del 11)  Que aumentaban las dosis  medicación…. Lo apoyan también infinidad de escritos  y  de cartas de hasta unos 100 trabajadores del Centro, ( 25 de Julio) y  del grupo de médicos jóvenes del Colegio de Médicos de La Coruña ( 17 del 7) Este escrito tuvo mucha repercusión en diversos periódicos nacionales incluido El Norte de Castilla de Valladolid. En él y redactado en gallego después de exponer lo sucedido y sus durísimos comentarios podemos leer la siguiente frase; “tratase dun atentado contra do home  e contra da cencia”.

            Se solidarizan también con los despedidos pidiendo la readmisión: los MIR de Huelva y  los de la Residencia  Juan  Canalejo de La Coruña, que no obstante consiguen un contrato laboral como deseaban desentendiéndose después de Conjo.  Debo recordar que durante estos días  continuaba el conflicto de los MIR en múltiples Hospitales dependientes sobre todo del Instituto Nacional de Previsión, antecesor de la Seguridad Social e Insalud y que reivindicaban mejoras de los salarios, del tipo de contrato,  garantías de formación etc. Escriben también cartas enfermos del propio Sanatorio, y vecinos del barrio de Conjo y de El Ferrol.

Consiguen también apoyos desde París,   desde Alemania ( Dr. Michaelis) desde Oxford ( Psiquiatras españoles residentes en el Reino Unido)    y desde  Valencia ( Prof. Gómez Beneyto)  que  dirigen cartas al Presidente de la Fundación y de la Diputación expresando su “consternación” por la anulación de un plan de reforma y por la vuelta a una situación manicomial. ¿De dónde sacarían que se anulaba el plan asistencial?

Mas nos dolió, por lo menos a mí, un largo articulo en TRIUNFO  el 9 de Agosto, firmado por Marta A. Quesada, donde aparece el término de “Contrarreforma” por primera vez.

El Presidente de la Fundación y de la Diputación contestan de nuevo con escritos en los mismos periódicos aclarando la situación, justificando los despidos y asegurando la continuación del plan asistencial y que la situación de los trabajadores es normal salvo una pequeña excepción de unos 15 de una plantilla de  más de 350.  (Extensa entrevista del Sr. Mariño publicada en El Correo Gallego  el 7 de Agosto) Con bastante sentido  insiste que respecto a médicos se ha despedido “solo” a tres y que por muy valiosos que fueran no puede deducirse de ello una detención y regresión del plan asistencial.  

Paralelamente  se fueron viendo las denuncias en la Magistratura de Trabajo que aceptó los despidos  de los jefes de servicio y clínicos (17 de Septiembre )  y consideró improcedente la de los MIR. (26 de Setiembre) y de la Asistente Social. El Presidente de Consejo realiza  varias entrevistas con los MIR ofreciendo diversas alternativas. Estos en principio se niegan si no se readmiten los demás despedidos (cinco personas: Los tres médicos, una  asistente social y el administrador. Más adelante  se decide que el número de MIR se reduzca a seis  siendo  readmitidos al fin  solamente cuatro de los 11 despedidos. Los despedidos improcedentemente, según la Magistratura del Trabajo, fueron indemnizados pero no readmitidos, según un procedimiento que contemplaba la ley laboral.

Puedo contar en este lugar  una anécdota chusca, aunque a mí personalmente no me hizo ninguna gracia:

            Respondiendo a la peregrina conducta del primer ministro sueco, Olof  Palme que salió a la calle con un cestillo para pedir dinero por la instauración de la Democracia en España,   en una reunión del Patronato de la Fundación en Octubre 2005 tuvieron la peregrina y estúpida ocurrencia de escribirle una carta, ofreciéndole una cama y tratamiento gratuito en Conjo ya que parecía necesitarlo.  Olof Palme el gran ministro sueco socialista y que luego fue asesinado misteriosamente, pues aún no se ha identificado al asesino, era una figura de gran fama en aquel momento y en algunas cuestiones era efectivamente un tanto extemporáneo, pero a mí estos gestos que se ponían al nivel de nuestros adversarios, me parecía ridículo y penoso.

 

Por nuestra parte nos dedicamos a trabajar. No nos sobraba precisamente el tiempo. Además de las contestaciones oficiales, como ya he dicho, prácticamente solamente los jefes clínicos de mi servicio que accedieron a sustituir a los jefes de servicio del dos y del tres escribieron una carta a La Voz de Galicia publicada el 6 de Julio, explicando que no aceptaron su nombramiento de nuevos jefes de servicio si no solamente en funciones ya que la sustitución del jefe de servicio  en su  ausencia  es precisamente una de las obligaciones del jefe clínico ( equivalente en la Seguridad Social a Jefe de Sección)

 

No obstante el 4 de Julio; es decir, inmediatamente después de la gran crisis, mantuvimos el Presidente Sr. Mariño, Dr. Montoya como gerente y yo, una  Rueda de Prensa  publicada en La Voz de Galicia al día siguiente. Además de ratificarnos todos en la continuación del Plan Asistencial, el Sr. Mariño explicó que los despidos del director en funciones, que era el jefe de servicio del sector, tres y del administrador, y que según afirmaron no estaban de huelga se debió a que siendo puestos de dirección y responsabilidad se mostraron incapaces de controlar la situación y la continuidad de los servicios básicos. Continuó diciendo el Sr. Mariño que recorrió las cocinas y las salas encontrando tan solo a dos cocineros en servicio, por lo que se alarmó.  Respecto a los nuevos nombramientos dijo que se limitó a subir un puesto en el escalafón a los jefes de servicio y clínicos que quedaron y desdoblando la dirección gerencia en gerencia en la que seguiría el Dr. Montoya, y dirección medica en la que me nombraba a mí. No hicimos más escritos, ni alegaciones,  ni intentamos defendernos o reivindicar nuestra postura en mucho tiempo…   

 

2. De Amenazas; Pintadas y otras dificultades.

   Un día, mejor dicho una noche, pues estaba de guardia de presencia física  (a pesar de ser el director)  me pintaron el coche con infinidad de rayas y graffitis amarillas y que no recuerdo si contenían algún “mensaje”. Yo tenía entonces un SEAT 1500 verde. Lo hicieron con alevosía. Me llamaron a media noche de una sala lejana porque una paciente se había retorcido un tobillo. No encontré nada en el tobillo y desde luego el asunto no era urgente. La urgencia implicaba desplazarme en noche total – apenas había luces en el interior del Sanatorio – desde la zona de antiguo monasterio en la entrada del centro donde tenía el cuarto de guardia hasta más de 500 metros más allá donde comenzaba el edificio central. Durante la “visita” me hicieron la pintada. Esta argucia fue necesaria porque desde la ventana del cuarto de guardia se divisaba muy bien el aparcamiento.

Llamé a la policía que revisó el coche por si tuviera alguna otra trampa, y a la gerencia. Me pagó el Hospital la nueva pintura.

Menudearon los anónimos, amenazas y desafíos  por teléfono y por escrito implicando también a mi casa. Aguantamos como pudimos.

 

Una gran dificultad y una enorme pérdida de tiempo y desgaste de nervios lo provocaban las continuas comisiones que acudían a mi despacho y al de la gerencia con toda clase de solicitudes y quejas y cuyo objetivo naturalmente era paralizar al centro para que se cumplieran los mismos hechos que estos mismos activistas denunciaban en los escritos a los periódicos, autoridades y amigos que se solidarizaban

Desarrollé diversas estrategias para controlarlo:

- Por favor pórgamelo por escrito.

- Por favor precisen mejor las razones de su  demanda.

- Lo elevaré a la Junta Facultativa o a los directivos de la Fundación.

 

Mas con frecuencia hacia alarde de mi carácter híbrido de seco castellano y conceptual germánico:

- No estoy de acuerdo y por ello queda denegado.

- Archivaré su demanda.

- Quien tiene la responsabilidad tiene que tener el poder. 

 

Casi siempre venían las mismas personas, casi siempre determinadas auxiliares que así fui conociendo perfectamente por lo que ello aumentaba el cansancio pero disminuía la preocupación.

Casi todos los días aparecía el Hospital llenó de panfletos, escritos, octavillas o anuncios en las que en mal gallego protestaban, amenazaban, o insultaban. El Gerente mandaba al personal de limpieza que lo retirase como basura. Los enfermos no se enteraban o no se inmutaban y la vida del centro seguía adelante.

 

            Paralelamente  se desarrollaban las acciones que he llamado externas, protagonizadas por las mismas personas. Dados los frecuentes trabajos extrahospitalarios y a fin de contabilizar bien los tiempos trabajados o de ausencia, el Sanatorio había implantado un control horario mediante tarjetas que era necesario actualizar a la salida y entrada del Centro. Se encontraban en el mismo zaguán de la entrada, donde estaba situada la portería en el edificio antiguo del monasterio mercedario. Pues bien, durante mucho tiempo y muchos días a la hora de salida o a veces a cualquier hora, delante de la portería se situaban los activistas con pancartas, proferían gritos o insultos o nos acompañaban un ratito acercándose a los coches del aparcamiento.  Un día  el grupo se vistió de esqueleto y calavera.  Otro de algo así como de fantasmas. Durante unos días también un grupo acudió a trabajar al Sanatorio vestido de luto; de total negro. Todo ello por supuesto era bien recogido por los periódicos locales y se comentaba en todos los tonos por la ciudad. Era difícil explicarlo todo rápidamente.

Así que el ambiente y el tono no era agradable precisamente. Sin embargo los grandes acontecimientos políticos que se avecinaban  para ese mismo año hicieron cambiar de estrategia y de foco de atención. Pues en realidad, y como ellos nunca negaron al afirmar respondiendo a una interpelación mía, que “todo es política” pretendían básicamente contribuir al clima de  crispación y de dominio de las izquierdas, sobre todo el Partido Comunista a fin de dominar el cambio político, que después, gracias al sentido común y madurez de casi todos se concretó en la pacifica transición. Mas muchos de los activistas de Conjo, sobre todo sus directivos, me parece que estaban completamente convencidos de que desde Conjo irrumpirían en El Pardo con la revolución pendiente y que rápidamente accederían a deseados puestos políticos, que desde luego sí que alcanzaron esas personas en momentos posteriores y en otros lugares.  A mí entonces me parecía que estaban viviendo un autentico delirio, pero quizás el equivocado era yo.

 

Con la incorporación de los nuevos médicos a los equipos y  la reducción a seis de los residentes de los cuales cuatro eran readmitidos y dos nuevos y más tarde el fallecimiento ya de Franco el 20 de Noviembre, la marcha del Centro  y de la Reforma siguió su curso más sosegadamente.  Recuerdo también que el mismo día 15 de Diciembre de 1975 en el que se votaba en Referéndum la reforma política propuesta por Suárez, tuve que dar una lección sobre el desarrollo de la Reforma en Conjo en el Hospital del Apóstol Santiago en Vitoria a lo que me había invitado mi buen amigo Dr. Justo Sádaba, jefe del servicio de cardiología. Este Hospital, por lo demás me era bien conocido y de agradable recuerdo pues en él y gracias a unas becas que otorgaba la Diputación Foral de Álava, pude trabajar un mes al poco de terminar mis estudios de medicina en 1959.

 

Me detendré en algunas cuestiones concretas en los siguientes párrafos.

 

3. Más trabajos y días

 

Ya como director y jefe del servicio uno me apliqué especialmente al cumplimiento de todas las normativas de calidad respecto historias, informes de alta, funcionamiento de la Juta Facultativa y de las Comisiones. Ya me he referido a la Junta Facultativa.

Respecto las comisiones me importaban especialmente la científica y la de docencia, pero existían además la de laborterapia, de farmacia, etc. Científica y de docencia que en el fondo eran lo  mismo, porque siempre me dolió el escaso tiempo y disponibilidad para la realización de estudios y publicaciones a lo que se prestaba el ingente material de todo tipo que iba acumulando el Centro, dado desde luego mi originario interés académico aunque tanto se iba ya desviando mi carrera profesional de la Universidad.

Intentando atender a ambos intereses volví a ponerme en contacto con la cátedra de psiquiatría y la Universidad. Aprovechando la figura del colaborador honorario  redactamos un protocolo de colaboración que figura  en el apéndice 2 de este capitulo  e invité continuamente a  colaboradores de la cátedra a presentar lecciones en las sesiones científicas y clínicas que entonces se renovaron y a que realizaran  estudios en el Sanatorio. Recuerdo especialmente unos estudios sobre los glifos de las huellas dactilares promovidos por el Prof. A. R. tan prematuramente fallecido;  y otros sobre efectos secundarios de la medicación antiepiléptica. Mas la colaboración nuestra en la investigación  fue muy limitada por no decir nula. Más asidua lo fue en la docencia.

La docencia MIR; es decir, la formación de especialistas había sido por decreto relegada dentro de grandes facilidades a la propia selección, organización y evaluación de los centros, que, claro está cumplieran determinadas condiciones. Seguramente la existencia y calidad de la misma eran determinantes del prestigio con el que podría gozar cada hospital. Por otra parte, como gente más joven y de menos responsabilidades, eran los MIR proclives a la conflictividad como se vio en  muchos hospitales entonces, como he recordado, y en Conjo. Bajo estas perspectivas elaboré como director un comentario confidencial a la gerencia sobre antecedentes, sucesos y precauciones necesarias en esta cuestión en vistas a la nueva etapa del centro después de la crisis de Julio  de 1975. Por su interés, creo, reproduzco íntegramente este escrito mío en el Apéndice 1. de este capítulo. Básicamente recomendaba que de momento no se contrataran más MIR hasta que el funcionamiento de los equipos se consolidase y remitiera la conflictividad. Y siendo yo el director así se siguieron estas recomendaciones por lo que la docencia MIR quedó de momento congelada.

Más tarde ya en 1978, cuando la situación del centro me pareció propicia   elaboré un programa completo de formación en el que sobre todo describí, como ya he dicho,  muy meticulosamente las responsabilidades que escalonadamente podría ir asumiendo el MIR según avanzara su formación.  Por su interés y porque el asunto es aun candente hoy día,  transcribiré este plan, que elaboré en solitario,  en el Apéndice 3 de este capitulo.

La organización nacional del Sistema MIR, que ya he citado coadyuvó también a  la disminución de la conflictividad de los MIR  cuyo sistema fue perfeccionándose en años sucesivos.  

A pesar de tanta dificultad puedo afirmar que la Reforma de Conjo siguió adelante, que los conflictos y problemas que restaban esfuerzo y eficacia ( en contra por supuesto de lo que afirmaban los activistas) permitió  seguir aumentando las altas, la disminución del censo de ingresados, la actividad de los Dispensarios y la descentralización de los servicios, amen de la creación de dos nuevos sectores como ya describí: uno para una zona Sur de La Coruña y Norte de Pontevedra y otro por desdoblamiento del extenso sector uno o de Santiago. Los enfermos de Lugo y Orense poco a poco fueron asumidos por sus respectivas provincias, lo cual se aceleró a consecuencia del cataclismo que al año siguiente ocurrió. Por cierto que en el apartado dos de estas memorias se  me ha deslizado un gazapo al afirmar yo que Toen en Orense atendía solo a mujeres y nosotros a los hombres de esa provincia. En realidad es al revés: Toen atendía solo a hombres y nosotros solo a mujeres hasta que Toen, cuyo director fue  tantos años el Prof. Cabaleiro se transformó en centro mixto. Aprovecho aquí para constatar mi admiración por el Prof. Cabaleiro y como desagravio por la mala acogida que tuvo por parte de nuestros entonces insensatos Residentes como ya he contado. Recientemente la Xunta de Galicia ha publicado sus magnificas y extensas obras de psicopatología, esquizofrenia, biografías médico psiquiátricas ….etc..

 

¿Qué tipo de enfermos veíamos, qué diagnósticos hacíamos y qué tratamientos farmacológicos realizábamos?

 

Apenas teníamos depresiones ni problemas adaptativos. La mayoría estaban diagnosticados como esquizofrénicos pero  entonces se denominaba esquizofrenia a  cualquier cosa en la que apareciera un delirio o unas alucinaciones. etc...  Las revisiones más atentas las desglosaron en reacciones paranoides, esquizoparafrenias o también trastornos bipolares que todavía llamábamos psicosis maniaco depresivas. Yo me esforzaba en que se hicieran informes de alta y diagnósticos psicopatológicos, pero todavía no se utilizaban masivamente los sistemas C.I.E. o D.S.M. que prácticamente no se conocían en España. Seguíamos el sistema tradicional,  más  bien de la psiquiatría alemana, procedente sobre todo de Jaspers pero que estaba muy mal  homologado. Así que cada uno según su formación acababa escribiendo el diagnostico de su sistema más o menos particular. A efectos estadísticos nacionales, sin embargo era necesario aplicar el Sistema  a fines de homologación y estadísticos que solicitaba el PANAP, es decir el Patronato Nacional de Asistencia Psiquiátrica,  y que era asombrosamente  elemental constando casi solo de las categorías superiores de psicosis, neurosis, trastornos de personalidad, oligofrenias.... Aparte de ello descubrimos un gran número de pacientes con enfermedades neurológicas neurodegenerativas o hereditarias.) Ataxias de Friedreich, Corea de Huntington, Miotonías de Thomsom etc.

Aplicábamos  claro está todos los fármacos de la época. Yo todavía di instrucciones escritas para la aplicación de la cura de Largactil inyectable según métodos que había aprendido en Pamplona. Luego eran los más utilizados el Meleril, Haloperidol, Tofranil, Meprobamatos,  Valium y Librium … desde luego los depot con Eutimox a la cabeza, pero también se seguían utilizando algunos medicamentos  muy antiguos y que siguen siendo, hoy también excelentes, aunque desplazados en parte por cuestiones comerciales….  Imagotán, Decentan…

 

            Mas no se pudo alcanzar entonces la última fase  importante de la reforma institucional - asistencial. Nuestros enfermos eran los mismos recorriendo nuestros circuitos. Eran los enfermos antiguos procedentes del sanatorio. Los enfermos nuevos eran atendidos en los circuitos de la Seguridad Social a cargo de las consultas de neuropsiquiatría, o bien en los servicios universitarios. La unificación de los servicios y su distribución por áreas geográficas y no según las distintas instancias administrativas, era una de las leyes de oro de la organización tan de aspecto socializante. Contabilizábamos 6 o 7 instancias administrativas "responsables" de la asistencia psiquiátrica, y en cada una de ellas circulaban bastante estancamente grupos predefinidos de pacientes. Otras veces la crítica era inversa. Los pacientes recorrían diversos circuitos aislados entre sí y sufrían tratamientos contradictorios. Las razones eran múltiples, unas derivadas de las diversas personas de las diversas instituciones que no  querían ni perder a sus enfermos ni aceptar otros, otras veces derivaba de los propios enfermos que para nada querían ir a Conjo ni ser atendidos por servicios "gratuitos" que por serlo tenían que ser peores. Los pobres aldeanos no  se daban cuenta  que estaban siendo atendidos por los mejores  especialistas de España todos ellos jóvenes, entusiastas y formados en los mejores centros de Alemania, el Reino Unido o el Canadá. (No es la modestia indebida una de mis cualidades)

            Luchamos - en este aspecto tibiamente - en pro de esta unificación de servicios y pacientes. Estimábamos que debían concedernos los recetarios de la Seguridad Social, que debían establecerse convenios o consorcios, como se llamó más tarde en Valladolid el que formaron la Junta de Castilla y León, la Diputación Provincial y el Insalud. Denunciábamos continuamente la insuficiencia de la Asistencia del Insalud que no contaba con centros de hospitalización - entonces - y de la Diputación que no contaba al principio con ambulatorios. Poco a poco la administración del Hospital comenzó a pasar facturas por asistencia a la Seguridad Social y poco a poco se fueron cobrando, mejorando de forma sustancial la situación económica del Hospital. Mas nunca se llegó a una auténtica y buena coordinación. Montoya diferenciaba muy bien lo que era colaboración, de la coordinación y  de la integración y abogaba siempre por la última. En fin; todo ello partía de una doctrina asistencial socializante como la que el Reino Unido organizaba el Servicio Nacional de Salud. Poco a poco todo ello se fue implantando en España pero con un carácter más liberal y menos absoluto, Al sector se le denominó área, y en vez de servicio nacional se denominó Sistema Nacional (Posteriormente,  autonómico de salud) Tal como nos temíamos y en desarrollos posteriores como el que vivo actualmente, así se fueron produciendo considerables diferencias entre unas autonomías y otras. Diferencias en salarios, en calidad de servicios, en interés y dedicación de las autoridades. Poco después de mi marcha, Galicia como autonomía se hizo con la transferencia de los servicios médicos y sociales y el sistema sanitario quedó integrado en el llamado Sergas, de cuyo funcionamiento no sé mucho salvo que los profesores vinculados (en plaza simultanea de la Universidad-Insalud) cobran por ambas plazas los sueldos íntegros, mientras que nosotros perdimos a partir de no se que año ingentes cantidades,  y con lo que estuvieron de acuerdo los tribunales, como ya contaré. (a pesar de la igualdad de los españoles ante la ley que proclama la Constitución)

 

 

4. Mi Walhalla.

 

En las leyendas  de la mitología nórdica, inmortalizadas en la Tetralogía de Wagner,   Brunhilda dormida  defiende  su virginidad rodeada por el fuego permanente   en la cúspide de la montaña. Solamente a  Sigfrido, el héroe, vencedor de la muerte en la figura del dragón Fahner,  se le permite atravesar las llamas y despertar a Brunhilda, la Walkiria, con un beso de amor. Con ello muere la estirpe de los dioses situados por encima del amor y dueños del fuego. La caída de los dioses en un ocaso apocalíptico se consuma en el sol poniente, mientras que los héroes son llevados al Walhalla o paraíso nórdico por el camino del arco iris. 

 

 Galicia ya había comenzado a quemar sus bosques. Magníficos bosques de pinos  y eucaliptos que producían madera y dinero, pero repudiados por los nacionalismos radicales bajo la acusación de que no era el pino árbol autóctono y porque además su cuidado y beneficios rendía a organizaciones estatales.  Falso, pues la industria maderera en Galicia con sus fábricas de tableros y aglomerados constituye una multinacional en continua expansión y que lleva el nombre de Galicia por el mundo. Mas durante decenios   Galicia fue un fuego continuo sobre todo en el verano. Un espectáculo que me sumía en la más negra de las tristezas y de los miedos. Lo recuerdo especialmente en nuestros largos viajes a Verín con Maria Jesús, Asistente Social, para visitar aquel centro geriátrico al que fuimos trasladando gran parte de nuestras pacientes de Orense. En cada viaje veíamos asomar más las peñas de granito desnudas entre los tristes esqueletos de los pinos y eucaliptus quemados.  Era algo  más que una guerra abierta. La cerrazón aun de los “sabios” de las ciudades me anonadaba. Los primeros pasos de los grupos nacionalistas vivían en creencias románticas y trasnochadas. Querían que se conservara la aldea y la cultura tradicional en cada día, pero a la vez que Galicia se modernizase y enriqueciese. Cuando se quema un monte algo suyo se quema, decía, el eslogan previsor, pero  la pintada continuaba... se quema algo suyo Sr. Conde. Afloraba el granito desnudo donde antes se criaba el tojo, pero también  ardía el helecho y bajaba hasta el mar la lengua de fuego echando a los animales a él. Las vacas con su eterna mirada triste e ingenua seguían ramoneando en las orillas del camino. No pertenecían al Sr. Conde. La carreta poco a poco dejaba de lanzar su  lánguido y singular canto.

            Dentro de la finca del Hospital un día se producía un fuego en el pajar. Otro en el alpendre o cobertizo. Otro día en pleno campo. O ardían unas ropas puestas a secar. O un trozo de pinar, pues la finca era enorme y dentro de ella había huerta, pinar y tapia y río y ferrocarril... Se decía que había varios enfermos pirómanos y era verdad pues existe en Galicia una relación especial con el fuego, muy distinta por ejemplo de la levantina. En ésta el fuego es fiesta y júbilo, en Galicia purificación y expiación…..

 

            Era aún de noche. Caía una lluvia finita que en Galicia llaman “orvallo”. El teléfono sonó desaforadamente. Nada lavado ni afeitado salí atragantadamente del garaje. Se vislumbraba el  resplandor rojizo allí hacia el Sanatorio. Al llegar, entre el tumulto de las gentes, del Hospital y del barrio aprecié horrorizado la magnitud de la catástrofe. Ardían todas las crujías en su primer y segundo piso del ala o cierre nordeste. Olía a resina vieja de la espléndida  pinotea canadiense que formaba la estructura de la techumbre. El granito de los muros calentado a cientos o miles de grados mudaba su color del gris al blanco amenazante y se descascarillaba derramando sobre el  suelo menudas costras.

El plomo que ajustaba las rejas de las ventanas a los huecos de los muros caía también derretido y a grandes goterones solidificándose en formas extrañas  sobre el césped.

Los pacientes petrificados contemplaban el tremendo espectáculo. Mas digo petrificados. No. La mayoría ausentes. Impávidos. Fumaban como siempre sus cigarrillos hasta quemarse los dedos. Algunas ancianas intentaban traspasar las llamas y las cadenas de cierre que establecimos con el personal, para recoger unas gafas o la dentadura postiza abandonada en la mesilla o encima de la cama.

No sabíamos cuántos pacientes o personal habría quedado atrapado.

Se llamó a todo el personal de servicio o no  que acudió inmediatamente. Así, y con los bomberos pudimos desalojar totalmente el inmenso edifico y a los 800 pacientes que aproximadamente albergaba. Con infinitas dificultades fuimos trasladándolos al interior de la gran Iglesia Parroquial del barrio de Conxo, que, como ya sabéis, había sido la antigua y originaria del Monasterio-Sanatorio.  Muchos pacientes no querían moverse. Parecían  catatónicos. Fascinados por el fuego y ausentes la mayoría de la sensación de peligro.  Es bien conocida esta reacción en los enfermos mentales. Mi padre tantas veces me lo contó según también él tuvo que sufrir un grave incendio en la Faisanera (pabellón de hombres de Quitapesares.)[3] Luego  una vez allí, dentro de la Iglesia, intentamos agruparlos organizadamente según sus unidades de origen, dentro, o alrededor de las distintas capillas. A cada grupo acudió su personal correspondiente. La luz trémula del interior, los quejidos o gritos de los pacientes, las órdenes o gritos también de todos, la inevitable confusión, al principio aumentaba el temor y el miedo pero también el ánimo y esfuerzo para afrontar la catástrofe. Todo el mundo se portaba espléndidamente. ¡Ah La Iglesia!.  La Iglesia nos acogía a todos: viejos y jóvenes, enfermos y cuidadores, de derechas y de izquierdas, reformistas o revolucionarios. El símbolo y la meditación  me surgían internamente  en sintonía con el  tremendo impacto emocional que vivía.  

Mientras, las llamas continuaban avanzando y toda nuestra preocupación se centraba en intentar vislumbrar si algún enfermo quedaba atrapado o estaba impedido… y para ello había que acercarse al edificio y al fuego que despedía ya un calor imponente. Así que nos defendíamos del fuego y del calor  con el paraguas húmedo colocado como escudo y que bien rápidamente se secaba tornándose inservible para ese menester.  No parecía verse en el interior ninguna figura humana.

El incendio había escogido bien. Aquella zona que era entonces unidad de admisiones, precisamente de mi sector, contenía las antiguas celdas de aislamiento transformadas en habitaciones y cuyas paredes eran simples mamparas de madera también vieja. Las precarias escaleras también eran de madera. Una madera vieja y reseca que ardía como en tenebrosos fuegos artificiales.

Las llamas se iban además acercando peligrosamente a las zonas medias del edificio en cuyo suelo estaba enterrado el gran depósito de gasóleo de x mil litros que surtían calefacciones y cocinas. Los mismos bomberos temblaban y nos ordenaron que nos alejáramos todos y  que nos dirigiéramos a la Iglesia al lado de nuestros pacientes.  Mas el fuego pudo ser detenido antes de llegar a los depósitos.

Los más de los pacientes  en La Iglesia se tumbaron por los suelos y durmieron tan tranquilos. El orden fue en seguida absoluto. A la mañana siguiente se repartió el desayuno y la medicación en la Iglesia y poco después pudieron regresar la mayoría de los enfermos  a sus salas y habitaciones de las zonas no  afectadas.  En el recuento provisional  echamos de menos a muchos pacientes: Habían huido, pero la mayoría  volvió por su pié o conducidos por sus familiares. Se destruyeron los espacios correspondientes a unas 140 camas. Hubo que trasladar de urgencia a cuarenta pacientes a Toen en Orense. Otros tantos a El Rebullón en Vigo que estaba en fase de  habilitación tras su reciente construcción. El resto se hacinó como pudo en las salas restantes. Así impensadamente se aceleró el proceso de descentralización y de disminución del censo del Hospital. Pocos días después se felicitó a todo el personal por su ejemplar comportamiento y a cada uno se le premió con una gratificación igualitaria de cinco mil pesetas.

 

            Era el 7 de Julio de 1975. El día de San Fermín y “el cabo de año”, como dicen en Galicia, de la gran crisis  y  de los despidos. Y también muy poco antes del fallecimiento de Franco el 20 de Noviembre de aquel año y con él del fin de aquel régimen político que el incendio, me pareció,  había intentado destruir.

En los días   siguientes tuve que acompañar y colaborar en la tarea más  impactante y desagradable de mi vida. La búsqueda de restos humanos entre los escombros aún humeantes. Olía tanto a carne quemada como a materia orgánica putrefacta y yo inevitablemente pensé que así debían oler los hornos crematorios en aquella mi querida Alemania pero tan bien marcada por las tragedias de su historia. Llevaba la dirección de la búsqueda  el catedrático de Medicina Legal de Santiago, el prestigioso Profesor Concheiro. Se llevó en unos sacos restos de grandes vértebras lumbares, algunos cráneos más o menos enteros y unas como pellas de grasas medio derretidas. Pasados unos días nos informó que correspondían a siete personas que pudieron ser todas identificadas y cuyos restos, todos juntos también, enterramos otro día en emocionante ceremonia  en los campos del  propio hospital.

Con  el impacto de la tragedia, quiero creer, o peor,  con la satisfacción consumada,  en el tiempo y años siguientes el centro se silenció y volvimos a trabajar.

 

Así yo, en mis sueños, vencido el dragón y el fuego, desaparecidos todos los dioses en su ocaso y perdida la inocencia en la lucha por la vida, me veía ascender hacia el nuevo futuro como héroe mortal   por el camino del arco iris… 

 ¿Deseas seguir leyendo la 6ª parte del 7º Capítulo?.Espera un tiempo y Adelante pues:

 Your Banner

 

 

 

 

           

 


 

[1] En italiano: “Y sin embargo se mueve”. Se trata de la frase que según la tradición, pronunció Galileo por lo bajo cuando fue obligado por los inquisidores a renegar de sus doctrinas cosmológicas en las cuales afirmaba que la tierra giraba alrededor de el sol.

[2] “Patronato Nacional de Asistencia Psiquiátrica”. Fue un organismo estatal dirigido  por el Dr. Serigó que durante muchos años tuvo una importancia fundamental para asesorar y ejecutar los planes de Asistencia Psiquiátrica Nacional. Entre otros problemas abordó los primeros estudios serios sobre el alcoholismo en España ( Estudio de J. Santodomingo, Murcia Valcárcel y Alonso Fernandez)  y la lucha contra el mismo estableciendo una red de dispensarios a los que se asimiló el nuestro en Pamplona como he referido en su momento.

[3] Técnicamente y siguiendo a Klosterkötter dentro de las doctrinas de los síntomas básicos de Huber se denomina éste típico síntoma : “ Desplome de las jerarquías  de las conductas habituales  de respuesta ”

Contacte con  PsiquiRed. Copyright © 2002  Web personal. .  Última actualización:lunes, 02 de abril de 2012 

   Contador de visitas a la página

Agregar a favoritos  |  Imprimir  |  Ser tu página de inicio   |  Atrás  |  Adelante  |  Inicio