Bienvenido a mi web              

 
 
Es posible que algunos trastornos mentales residan en el funcionamiento de los significados representativos, sin correspondencia con ninguna disfunción descriptible en el hardware neurológico. Wakefield, Michael First y varios españoles opinan lo mismo...
Informe sobre la salud mental del Parlamento EuropeoDiagnósticos y Prescripciones en salud mental, atención primaria e incapacidad laboral temporal
 

Mensajes; Chat;  Blogs, Knol   

Apaños | Buscadores | Editoriales | Psiquiatría en La Red | Cosas | TuentiMapa | Noticias |  El tuerto | Rediris

Defectual | Destierro | D.Diferencial | Angustia | Casos | Facticio | We7  Radio | TV | King Crimson | La Mar 

Use la barra vertical  para desplazarse por la página... ¡gracias por su visita! ...          

 Agregar a favoritos  |  Imprimir  |  Ser tu página de inicio  |   Atrás  |  Adelante |  Inicio    

LA PSIQUIATRÍA QUE YO HE VIVIDO
Editoriales
Psiquiatría en La Red
Antivirus
Apaños
Arte
Artículos libres
ATRÁPALO
Audiolibros
Autistas-web
Banners
BBVA
Biosfera
Blogs
Bolsa
Bolsa de trabajo
Booking
Cambio Climático
Casas
Chat
Cosas
Charlar
CIE 10
Crítica de libros      
Cursos gratis
Da Vinci
Deezer
Dialnet
Digitalfotored
Disney Channel
eBay
El Arca de Noé XXI
El Castellano
EDREAMS
El Sonido de la Naturaleza
El Excelsior
El Tiempo
El tuerto 
Encyclopedia Britannica
Encyclopedia  of life
Encuéntralo
Enfermedades raras
España directo
Europeana
Expo Zaragoza 2008
FDA
Gen y música
Geocultura
Google
Google Earth
Google Maps
Gratis
Guía Infantil
Guía telefónica  
Guía TV 
Hemeroteca.ABC

Humor

IBH
Idiomas
Imágenes
Inglés on line GRATIS
Inicio
Joost
Juegos
Kalipedia
King Crimson
Knol
La Mansión del inglés
LaFlecha
Lecturas

Libro de Visitas

libros en Red
Libros gratis
Lotería
Mapa Universia
Marca
Mtas
Meebo
Microsoft
Música gratis
Música Minimalista
National Geographic
Navegadores
Navega seguro nene
Noticias
Novedades
Ocio y...
OMS
Oscar Navarro
Óyeme Don Quijote
PARADORES
PARES
Patrimonio Geológico
Peerview Press
PinturArt
Prensa Histórica
Presseurop
Psiquifotos
Radio
Rediris
RENFE
Rincones
Royal Society
RPC básica(simulador)
RYANAIR
Siega verde
Software Libre
Stellarium
Tapeo
Telescopio WorldWide
TV
Utilidades
Venere
Viadeo
Viajar
We7
WebMapa
Wikiloc
Wikipedia
Yahoo
Youtube
Redtrabaja.es
Más Destacado
060.es
Red.es
Inter-Enlaces

 

Contador de visitas a la página


LA PSIQUIATRÍA QUE YO HE VIVIDO 

Agustín Jimeno Valdés. 

INTRODUCCIÓN. 

                Dicen que no son frecuentes en España los libros de memorias. Guardamos nuestra intimidad y más bien, libros que se aproximen al Amiel tan maravillosamente comentado por Marañón, nos repugnan. El español quizás vive hacia el exterior; gusta del sol y de la actividad y tiende menos a la autorreflexión complaciente sobre su propio pasado. ¿ Para qué el pasado si ya es inmodificable ?  Sea grato o angustioso su contemplación inclina hacia la neurosis, de la que ya dijo Freud que consistía en "reminiscencias". Algunos dicen que el final de la madurez creadora queda marcado precisamente por el inicio de las miradas retrospectivas y la tendencia a escribir las memorias y recuerdos, mas yo señalo también la tendencia de la juventud a escribir diarios y reflexiones que sirven para poner a punto nuestro yo al comienzo de las luchas por la vida individual.

               

                Mas también es la historia maestra de la vida, que dijera Cicerón, y el hombre se constituye en su consciencia merced al pasado que orienta sobre el futuro de sus actos en ese afán Sisifeico de intentar no tropezar en la misma piedra, por lo tanto cualquier momento parece también bueno para reflexionar sobre nuestra vida. Sean, pues, así entendidas estas reflexiones.

                Además, llegado "al medio  ( o más bien el final ) de la vida": ¿ Qué ocupación más noble y autocomplaciente que reflexionar sobre la propia biografía en un intento de reescritura justificada tanto de los éxitos como los tropiezos ? La historia es historia de los individuos y de sus conciencias y como tal no existe historia objetiva y menos si se centra en la política y sus batallas; pero tampoco si se centra, como estuvo hasta hace poco de moda, en  la economía y el comercio.

 

                El problema es que hemos de ser amenos; hemos de huir de la intriga fácil o de la critica fanática, y nos gustaría que todo quedara envuelto en un aura suave de comprensión y humanidad, que no solamente humanismo.

 

                He vivido muchos años con, de y para la psiquiatría, también ciencia sensible al espíritu de la época y al curso de las ideas e ideologías, y yo creo por ello que estas pueden ser de algún interés y utilidad.

 

                Se trata de memorias, por lo tanto nada de documentación o comprobación de un dato más o menos erudito. Como tales memorias se basan en el recuerdo y excluyen toda investigación. Ni siquiera he echado manos, salvo alguna excepción, a mis propios papeles y documentos que son bastantes aunque he destruido los más. Los recuerdos se fraguan alrededor de lo que nos impresionó emocionalmente y entró a formar parte del núcleo de nuestro yo. Esta es su única y maravillosa justificación.

 

                Pero baste de preámbulos y entremos en faena.

 

 


 

 

 

 

                                                               CAPITULO   I

 Agustín Jimeno Valdés. 

NIÑO Y ADOLESCENTE EN QUITAPESARES.

 

 

                1. Los primeros pasos. La finca y el edificio.

 

                Seria el año 1944 o 45. Tendría yo, pues nueve años, diez años o los próximos siguientes. En Quitapesares trabajaba mi padre Agustín Jimeno Cattáneo como psiquiatra. Él se había formado en Barcelona desde su puesto de médico de A.P.D. en Arenys de Mar, en los difíciles años de la posguerra y fue llamado como primer médico, primero cronológicamente y único durante muchos años, para atender el recién creado " Manicomio Provincial de Segovia " que se instaló en la finca de la Diputación Provincial ya denominada Quitapesares. Oficialmente se denominó: "Sanatorio Psiquiátrico Nuestra Señora de la Fuencisla", como rezaba un enorme letrero a lo largo de la larguisima tapia al borde de la carretera de Segovia a La Granja.

 

                Una finca grande. Suave declive hacia la sierra frente a la Granja de San Ildefonso con su monte oscuro cubierto de coníferas, y la elegante chimenea humeante, como débil fumarola volcánica, de la fabrica de vidrio. Ciudad un tanto recostada en la historia y recorrida entonces   solo por algunos aventureros y amorosos paseantes de la vecina Segovia. Vaquería, gallineros, amplios patios, jardines con setos decadentes y un gran paseo desde el edificio principal donde se ubicaban los servicios centrales y los pabellones de hombres, hasta la llamada Faisanera unos 800 metros más allá. Recibía su nombre por haber servido bajo los antiguos propietarios, los Condes de Mallada, como  criadero de faisanes destinados a la caza. Albergaba el pabellón de hombres. Estructura aun simple de galerías largas con buena luz pero heladoras y suelo primariamente de tierra apisonada, en la triste penuria de la posguerra. Años después ardió pavorosamente y hoy día sus ruinas están comidas  por la maleza y perduran impávidas en el tiempo.

 

                El edificio principal en cambio tenia residuos y empaques de palacio. Techumbres de magnifica pinotea canadiense con cuyos restos, después de alguna obra, se construían en los talleres del centro, olorosos y veteados muebles. Tengo un precioso atril de este material. Altas techumbres y aun restos de pinturas murales. Mi padre mismo recordaba que de niño - a principios de siglo por lo tanto - asistió a una cacería real con Alfonso XIII organizada a partir de este palacio, y a la que había sido invitado con su padre junto con otras autoridades de Segovia donde mi abuelo ( Antonio Gimeno Echevarria) era el director de los servicios de correos y telégrafos. ( Entonces Gimeno se escribía en mi familia con G.)

                La historia del palacio era por lo demás curiosa: Su nombre de Quitapesares no tenia que ver con la psiquiatría si no con el solaz que allí encontraba la reina gobernadora María Cristina, con su guardia de Corps Muñoz - Historias de su morganático matrimonio secreto cuyos comienzos se desarrollaron precisamente allí, al pié de la Granja. Un reloj de oro, comentan las crónicas, fue el regalo de la reina a su guapo enamorado, que cautivó a la regente al recoger un pañuelo manchado de sangre  de ella y que olió delicadamente; sangre de una pequeña hemorragia nasal, según precisan las crónicas; en concreto las memorias de la Infanta Eulalia de Borbón.

               

                Durante la guerra el palacio sirvió de hospital de sangre para las tropas moras, llamadas de regulares. Dejaron en la finca una curiosa herencia: una infección con formas malignas de malaria ( Plasmodium falciparum ) en las charcas de la parte alta de la finca. Efectivamente en su parte alta donde ya afloraban los granitos y en zona próxima a la carretera que bordeaba la enorme finca, casi todo el año permanecía una zona semipantanosa con abundantes charcas. El paludismo era endémico  a pesar de la situación geográfica elevada del lugar ( Más de 1000 metros ) y con fuertes heladas y nevadas en el invierno. No era necesario allí proceder a la impaludización. Todo tipo de enfermos con frecuencia caía enfermo. Así mi padre pudo realizar  preciosos trabajos: unos sobre la acción de las fiebres palúdicas en enfermos esquizofrénicos finales; otros sobre el ciclo vital del parásito   en la zona. Así en aquellos años él y yo, protegidos por antipalúdicos y con un cazamariposas atrapábamos mosquitos, los diseccionábamos bajo el microscopio a bajo aumento, separábamos las glándulas salivales, y fijábamos, teñíamos y dibujábamos  la preparación micrográfica de las formas gametociticas para documentar el ciclo completo del parásito. Y es que el Dr. Jimeno Cattaneo era también analista con especial interés en la hematología. Dibujaba espléndidamente, también como aficionado paisajista utilizando preferentemente el lápiz y la cera en un delicioso estilo naiv. Aún conservo aquellos preciosos dibujos en buen papel Canson. Fué amigo entrañable y médico de cabecera de toda su familia del gran pintor segoviano Jesús Unturbe. Por ello mi familia tiene una buena colección de sus cuadros.

                 Las charcas se trataron petroleándolas. La fina película grasa impedía la respiración de las larvas del anopheles y con ello se extinguió la endemia. Poco después se desecaron también completamente los humedales. No se volvieron a recuperar. Por eso cuando hoy día se critican aquellas desecaciones y se vuelven a recuperar humedales bajo la ideología ecológica, hemos de recordar las circunstancias históricas de penuria en las que primaba la salud humana sobre cualquier otra consideración.

 

 

 

 

 

                2. Las instalaciones y el ambiente.

 

                Yo no recuerdo si allí existían salas de balneación permanente como luego vería en el Sanatorio de Conjo en Santiago de Compostela. Sí había una enfermería de hombres  y otra de mujeres. Recuerdo  especialmente la de mujeres. Una sala sencilla y limpia  alicatada en blanco hasta el techo con camas de hierro típicas de hospital antiguo. Un olor peculiar en mezcla de alcohol, zotal ( ¿ sabéis lo que es ? ) y a veces éter y vaho de la estufilla donde se hervían las jeringuillas.

 Pero sobre todo me acuerdo de Sor Agueda. ¿ Cuántas Santas anónimas han existido y cuyos nombres no constan ni en los martirologios, ni en los anuarios, ni en las lápidas conmemorativas, ni, seguramente en los mismos registros de empleados o funcionarios.? Sor Agueda era menuda, pulcra, sonriente, impávida ante el enfermo agitado o agresivo, valiente, exacta y puntual. Parece que la estoy viendo un poco doblada lateralmente en escoliosis de la que jamás se quejó ni produjo bajas laborales. Hablaba en voz baja, pero firme y tranquila. Nos recibía con las carpetas de tratamiento en la mano. Ella ya había pinchado a las 7 de la mañana las insulinas para el tratamiento de insulina de Sakel - penosísimo procedimiento que aún produce escalofríos al considerar con que precarios métodos de reanimación inducíamos comas hipoglucémicos.- Sí era muy penoso despertar a las pacientes también. Las recuerdo sudorosas, midriáticas con la mirada fija en expresión de terror, probablemente tan solo expresivo, con temblores finos que podían ser salpicados por convulsiones completas. La mayor parte de las veces podían beber con ayuda el gran tazón de leche azúcar y huevo, que las sacaba de la hipoglucemia. Otras veces había que administrar lo mismo por la gruesa sonda gástrica. A mi este procedimiento me daba bastante asco. Otras era preciso inyectar intravenosamente el glucosmón. (Solución hipertónica de glucosa)  Yo comenzaba a ayudar y aplicar todo ello. Era especialmente difícil la inyección de glucosmón. Pegajoso y  denso. Atascaba las agujas e irritaba la vena. Si una pequeña cantidad se extravasaba producía tremenda quemazón y posterior edema. Las enfermas mejoraban. Pronto se dispuso del largactil y la tioridacina. Se fué abandonando la cura de Sakel. El panorama comenzaba a cambiar. También las salas de finales y la enfermería.

 

                Pero dejadme que os explique un poco más del ambiente en aquel centro al comienzo de los 50. Dejadme que os hable algo más  de mi padre. Era un magnifico médico de todo por conocimiento y experiencia y una persona sencilla y afable.  Había sido médico en La Losa - años 30 - haciendo la visita a caballo o en moto - no una desvencijada y vieja si no una flamante Indian americana, porque en los años entreguerras todavía había un comercio mundial y sin fronteras por lo menos en occidente incluyendo a España. O sea que la globalización tampoco es  invento nuevo y ello sin recordar las edades medias y renacentistas europeas en las que los estudiosos con el latín en la cabeza y los libros impresos en Bolonia, Amberes o Venecia viajaban por toda la cristiandad. Así que hacía de internista y traumatólogo. Allí no ejercía ningún otro médico, No se trasladaban pacientes o otros centros y consultas salvo un abdomen agudo o un traumatismo aparatoso y con abundante sangre. El lo atendía todo. Sí, sí, también reducía fracturas y realizaba pequeñas intervenciones.

 

                Desde luego en aquellos centros primaba el afecto humano, la deontología profesional y la caridad cristiana en un afán que pudiera llamarse paternalista, pero que en cuanto a dedicación y eficacia bien podría medirse con nuestra época de reglamentación laboral, sindicación y protocolización de acciones terapeúticas en busca de la calidad y su medida. Mi padre al menos no tenia horario. Se entendía, como los antiguos médicos de APD, que estaba siempre disponible y efectivamente disponía de una casita adosada al edificio de la Faisanera. En verano era sumamente apetecible. Aspecto rústico. Mobiliario personal formado con los excedentes de otras casas, pero en los que recuerdo, mesitas, sillas y aparadores en humilde pino y decorados en estilo infantil y naif con florecitas y volutas, por otro gran pintor segoviano en su primera época de simple artesano: Tablada. Dominaba el color azul oscuro y aquellos silloncitos podían sacarse a la explanada y camino, que no jardín, de delante de la casa, para leer la última revista psiquiátrica nacional. A mi padre y a mí sin embargo, estos mueblecitos de los que aun conservo algunos, nos producían tristeza. Eran restos de la casa que él puso en La Losa cuando se casó y donde yo probablemente fui concebido. Mas a los dos meses de nacer yo,  mi madre moría  a consecuencia de una fiebre puerperal y mi padre desmontaba su casa para ir primero al frente de la guerra en los altos de la sierra y posteriormente a vivir con su madre en Segovia con  muebles y casa en su mayor parte ajenos.

 

                Revistas  psiquiátricas  podían leerse con facilidad todas pues no eran más que dos: los "Archivos de Neurobiología" de Madrid y la "Revista de Psiquiatría  de Europa y América Latina". Luego la revista de Germain, pero era más bien de psicología. O sea: las publicaciones de López Ibor y Ramón Sarró respectivamente; Pero !ay ! la construcción de aquella casita era tan rústica que las ventanas viejas de madera no cerraban bien y por supuesto no tenia calefacción ni agua caliente, y además daban totalmente al norte no entrando en la casa ni un rayo de sol. Algunas noches en invierno, si había algún enfermo grave, ya que no estaban reglamentadas las guardias, mi padre tenia que dormir allí. El viento y la nieve entraban ululando por las rendijas de la casa. Él dormía con traje de campaña con gorra o pasamontañas puesto y el agua de la mesilla de noche y en su caso el orinal se helaban hasta a veces romper la botella. Si había una enferma grave en la zona de mujeres iba a buscarle "un propio" - en general un enfermo en tarea de vigilante - que con un farol y un chuzo y a veces con un perro iba a buscarle. Mi padre se echaba sobre los hombros y  probablemente sobre el pijama de franela o lana con el jersey indispensable con el que también dormía, se echaba sobre los hombros un gran capote militar; se calzaba unas fuertes botas y sobre la nieve o el hielo a pasear 800 metros hasta el edificio central del Sanatorio. Claro que la situación no era muy distinta en nuestro caserón familiar de Segovia. ( San Agustín 10) Esas noches, en las que mi padre dormía en Quitapesares, yo tenia que quedarme solo con mi abuela de 9o años y una criada que dormía en el otro extremo de la casa o sea a más de 6 habitaciones y un pasillo más allá. Y yo también tenia que dormir con calcetines y gorra pues solo había una habitación caldeada con una estufa de leña. La de mi abuela. En el momento de máxima de eficacia la temperatura de la habitación escasamente superaba los diez grados. Era habitual calentar la cama con la llamada guitarra - instrumento a manera de cazuela con largo mango en el que se introducía el rescoldo del brasero - como máximo refinamiento mi abuela, la criada o yo mismo echábamos sobre las mortecinas ascuas un puñado de espliego para que toda la cama quedara sahumada. Yo recordaba las  historias de Heidi con su abuelo el viejo de los Alpes.

 

                La Faisanera ardió años más tarde completamente  y con ella tantos libros y fotos de mi padre incluida su vieja máquina de fotos Kodak seis por seis. Hace pocos años pude visitarla de nuevo; es decir  sus restos arqueológicos entre malezas y tejas rotas y quemadas. Fue con ocasión de una lección que me invitó a dar el actual director –  Dr. Martín Merino  que había trabajado con mi padre y tenía por esas fechas un hijo estudiando medicina en Valladolid.

 

                ¿ Y los enfermos ? Los enfermos comían bien, como ya he dicho y por supuesto tenían calefacción y agua caliente. ¿ Cómo iban a querer marcharse de alta y tanto menos precisamente  cuando estaban bien y se daban cuenta de la realidad y de su realidad ?

 

                Sí; se realizaban otras muchas actividades bajo el espíritu y la iniciativa. Por ejemplo visitas y excursiones a las romerías y santuarios de los alrededores, como el Henar, La Fuencisla, El Cristo del Caloco, o La Granja. Se comía en el prado o en un restaurante sencillo. Mi padre lo organizaba todo terminando por hacer fotografías que archivaba o entregaba a los propios pacientes. También organizó actuaciones de canto y baile y ya por los años sesenta mis propias hijas de 7 o 10 años actuaron en ellos para distraer a los pacientes. Yo andaba por otros derroteros y mis visitas a Quitapesares se fueron haciendo cada vez más esporádicas. Se limitaban a mi mirada nostálgica a las extensas tapias que ostentaron aquel largo letrero de "Sanatorio Psiquiátrico Provincial Nuestra Señora de la Fuencisla" cuando de vacaciones hacía mi reglamentaria excursión a La Granja.

 

 

                Mas de niño yo iba por allí a jugar y a montar en bicicleta. Penuria de posguerra. El Sanatorio a 7 kilómetros de Segovia. Íbamos mi padre en yo en bicicleta al sanatorio. El pedaleaba. Yo sentado en la barra. Carretera de empinada pendiente continua que a la salida de Segovia era empinadísima hasta llegar a los depósitos de agua. Allí tenia que ir mi padre pedaleando entre la nieve y el hielo tantas veces o ante el sol del verano. Eso sí administrador y comunidad de religiosas disponían de un flamante vehículo de importación: un todoterreno Toyota que aún me parece estar viendo y en el que se trasladaban también abundantes productos de las huertas, y ganadería ( que en parte iban destinadas al hospicio también dependiente de la Diputación y el resto para disfrute particular ). Me llevaba mi padre sentado en la barra de la bici. La cuesta de los depósitos desde luego la subíamos a pié. Yo llegaba con "piernas muertas", y mi padre con las fuerzas exhaustas. Suspiraba por un artilugio que se vendía en Francia. Un motorcito colocado encima de la rueda delantera y que transmitía su leve fuerza por un rodillo que frotaba directamente el neumático. En años posteriores pudo disfrutar, claro, primero de una moto BSA procedente de la guerra mundial, luego un topolino Fiat, anterior a la misma y por fin una flamante moto Sanglas  de 400 cc. de motor y luego un maravilloso  Seat 600......

 

                La mayor parte de los enfermos trabajaban en los servicios de la finca. Los hombres sobre todo en el campo. Agricultura de secano, huerta y prado. Era una laborterapia no primitiva, como podrían pensar generaciones actuales dominadas por la pretensión de haber inventado  todo ignorando la historia. Los principios modernos de la terapia laboral fueron sentados por Hermann Simon en los años 20 en el Hospital Alemán ( Asilo mental, según el nombre clásico ) de Gütersloh. Centro precursor de fama y atractiva mundial respecto la organización de la asistencia psiquiátrica hospitalaria disponiendo tan solo de opiáceos y bromuros. En lugar principal de la biblioteca de mi padre figuraba la edición española del "Tratamiento ocupacional de los Enfermos Mentales" de H. Simon.[1] Mi padre llevaba fichas de rendimientos y pagos ( eso sí cantidades ínfimas ) de los pacientes. Los visitaba en el campo - mas de una vez estuvo a punto de ser agredido-  y lo hacia en general solo, por lo menos en aquellos primeros años.

                Las mujeres disponían aún de más servicios y  actividades. Aparte los clásicos de limpieza, cocina ( el famoso patatero, en el cual hasta las enfermas más deterioradas, en corro con las demás, cortaban y pelaban las patatas como base alimenticia ) existía un costurero primoroso en el que se realizaban maravillosos bordados segovianos en un cultivo de la tradición, confección de alfombras en general de esparto al modo también tradicional y también alpargatería que surtía a todo el personal.

                Por supuesto era un funcionamiento de Institución totalitaria, que viví después en otros lugares y situaciones y correspondiente a una psiquiatría que debía ser superada. Ya hablaré largo de ello, pero señalaré que los enfermos en general comían mejor que en sus casas, que la mayoría no querían irse de alta y que las familias nos agradecían continuamente que mantuvieran a su pariente deficitario " tan bien recogido". ¿ Permanecían ingresados pacientes que podrían haber sido dados de alta ?   En los servicios más calificados, como portería, teléfono, zapatería etc. podían encontrarse efectivamente algunos pacientes prácticamente asintomáticos que se consideraban ya residentes del centro; es más, empleados casi del mismo. Se establecía una relación simbiótica con el mismo y en relación con las precarias condiciones sociales y laborales del exterior, más bien podían considerarse como privilegiados sociales.

 

                Mas tristes eran las salas llamadas de "enfermos finales". Estados residuales profundos sobre todo esquizofrénicos con frecuencia mezclados con débiles mentales  y que por su sintomatología activa o tipo de conducta hacía difícil la convivencia o la ocupación. La sala de finales  de niño y joven me amedrentaba profundamente. Algunos tenían puestos cinturones de contención en brazos o pies que imponían ciertos límites a los movimientos. Otros manoplas de cuero para evitar que se hirieran o hirieran a otros. Nunca inmovilización total. La mayoría abandonados a sus productividades autónomas hablaban o gritaban solos, o se movían estereotipadamente en un continuo ir y venir en líneas mas o menos caprichosas o  circulares. Tenían  por supuesto también un patio. Yo me asomaba sigilosamente por la rendija de la puerta o por la ventana enrejada, pero tenia prohibido - innecesariamente - entrar  allí. Comían muy bien; no pasaban frío y en el hospital se disponía de cientos de mantas - marrones con la franja blanca - procedentes de la guerra y fabricadas en buen paño de Bejar. Eran enfermos que ya habían sido traídos a Quitapesares desde Madrid en estado de crónicos o bien pacientes que al no responder al tratamiento como agudos empezaban a quedarse durante tiempo y tiempo recluidos en el sanatorio. No existía ningún dispositivo intermedio y las consultas del incipiente Seguro Obligatorio de Enfermedad eran de Neuropsiquiatría de cupo. No estaba aún separada la Neurología de la Psiquiatría y de todos es bien sabido que la psiquiatría como tal tardó mucho en ser asumida por la Seguridad Social. ( Proceso aún no totalmente concluido) Para pacientes sin familiares no había lugar en la sociedad y - esto es importante - la vigencia de la modalidad de ingreso por orden gubernativa retiraba de la calle a indigentes, marginados o predelincuentes que pudieran tener una enfermedad mental y eran enviados al sanatorio. Los delincuentes habituales mayores o menores que supusieran riesgo de reincidencia aun después de cubrir su pena o aun antes de delinquir entraban en la ley llamada de " vagos y  maleantes "  Así que la calle estaba Para los ciudadanos decentes  totalmente segura.

                Como niño hijo del médico recibía en Quitapesares los cuidados y cariño de la comunidad de hermanas de la caridad que regentaban el centro - cuidadores para la parte masculina -. Con emoción recuerdo aún los inmensos tazones de leche reciente y completa, azucarada con cucharadas soperas y bien apelmazada con buen pan blanco...  que me daban en la misma olorosa cocina, porque los enfermos y convivientes como productores propios en la finca no estaban sometidos a las cartillas de racionamiento. Había pues también mantequilla, al menos para algunos privilegiados como yo..... Me encantaba desayunar en la enorme cocina del Sanatorio.

 

 

 

                3. La consulta en casa.

Mi padre tenia también consulta particular en su casa - caserón al que ya me he referido - de la calle San Agustín nr. 10. Una casa burguesa, por no decir patricia típica de Segovia antigua. Había tenido torreón, bodega y probablemente pasadizo. En las habitaciones delanteras en todo caso los gruesísimos muros recordaban que sustentaron la torre y estaba desde luego próxima a la muralla de la ciudad por su parte este en línea con el gran baluarte de la casa de los Escorial en el ángulo suroeste de la ciudad. ( calle de San Juan). Tenia su precioso jardín y su patio abierto al sur, con una acacia redonda, un manzano glorioso y unos inmensos aylantos  venidos de no se sabe donde y que curiosamente flanquean también la rampa de acceso a la planta B del Hospital clínico universitario de Valladolid donde ahora trabajo. Su olor inconfundible, sobre todo en los brotes tiernos, me traen inolvidables recuerdos del juego en aquella casa con mis primos o de largas tardes de lectura bajo su sombra. Allí en esa casa, disponía de gran despacho,  una clínica o cuarto de exploraciones y tratamientos  en  pequeño cuarto interior y un  laboratorio en la galería. Y en colaboración con el Dr. D. Eusebio Núñez, que ocupó la dirección de Quitapesares a partir de unos años después, allí realizaba también tratamientos con electrochoque. Una cama "turca". Una vitrina con medicamentos analépticos, un ambu respiratorio manual. Tensímetro y ayuda de un familiar. El familiar era yo con 17 0 18 años o una hermana de mi padre viuda de guerra, que solía llegar tarde cuando ya habíamos aplicado los choques. Tumbábamos a la paciente. Por el lado derecho sujetaba yo  la mandíbula del paciente que tenia introducida una torunda en la boca. Con la mano  izquierda sujetaba el hombro. El paciente descubierto para observar bien la convulsión, incluidas  las reacciones de rubefacción y piloerección  cutáneas. El aparato elemental. Un transformador de corriente; un mando para variar la tensión; un voltímetro para medirla y unos electrodos en "mango de bicicleta" con un botón "de timbre". El tiempo se daba así a mano cantando en voz alta "21, 22, 23 ..." Era la técnica habitual en aquel momento y así, sin anestesia y relajación se aplicaban también en el Sanatorio. La aplicación ambulatoria también era habitual. Así se hacia también en Valdecilla en donde trabajaría yo como posgraduado. Así aplicaríamos al menos un centenar  de casos sin que nunca sufriéramos mayor complicación que la anécdota protagonizada por una paciente joven que presa de miedo huyó de la habitación de los choques refugiándose en  el dormitorio particular  de mi abuela. Afortunadamente ella era impávida y valiente pues había vivido de joven en la finca del Parral de Pirón y se cuenta que alguna vez tuvo que hacer frente a merodeadores con su escopeta. Ella misma abrió la puerta.

                No solo el electrochoque. Por aquella época se preconizaban otros tratamientos que hoy nos parecen no solo anecdóticos sino incluso paracientíficos. El más científico podría ser la "electronarcosis" Una corriente alterna de baja intensidad mantenida durante unos minutos intentaba adormilar al paciente. La intensidad se aumentaba y disminuía poco a poco en varias fases: "glissando" era el neologismo que utilizábamos. El aparato le construimos nosotros mismos con ayuda de un hermano de mi padre, ( Francisco Jimeno) perito industrial y que en aquellas épocas sencillas y utilizando material de desguace permitían fabricar casi todo lo que se necesitaba para el trabajo o para el juego. Eran técnicas paulovianas,  y tenían su principal indicación en síntomas  de angustia.

                Con frecuencia estos tratamientos los realizábamos con clientes privados y en colaboración del Dr. Eusebio Núñez el segundo psiquiatra, cronológicamente hablando de Segovia y que fue, como decía, director de Quitapesares.

 

 

                4. El Dr. D. Eusebio Núñez Sánchez.

 

                El Dr. D. Eusebio Núñez Sánchez fué un gran amigo mío. Era discípulo del Dr.  D. Luis Vela que tanto trabajó entre Valladolid y Palencia y cuya semblanza bien merecería un estudio de la Sociedad de Psiquiatría Castellano-Leonesa que más de una vez ha manifestado prácticamente su interés por la historia de la psiquiatría castellana. El Dr. Núñez era enjuto de cuerpo, discretamente encogido, de voz suave ronca y parca, mirada implacable y ánimo afectuoso y todo él muy activo y eficaz. Tenia su consulta frente a la parroquia de Santa Eulalia en Segovia y allí recuerdo mantener con él amables discusiones en mi época de estudiante. ¿Hasta qué punto el análisis existencial de Biswanger modifica la personalidad del  sujeto atentando por lo tanto a su libertad personal ? ¿Es lícito o es actividad médica convertir o tratar a una persona que libremente aún bajo la influencia de circunstancias penosas desea suicidarse.? Las drogas psicotropas que comenzaban a utilizarse masivamente... ¿ Permiten especificar su actividad de forma que afecten a voliciones patológicas dejando sin alterar los núcleos superiores de la libertad y de la voluntad? Ribetes, pues, filosóficos, deontológicos, metafísicos y legales que en aquella época determinaron mi fascinación por la psiquiatría. El Dr. Núñez era también médico forense y como director hacía casi todos los informes médico legales pertinentes. Como clínico llevaba el departamento de hombres y mi padre el de mujeres. Solo trabajaba en Segovia tres días a la semana habitualmente. El resto pasaba su consulta  en Segovia y también en Avila de donde era oriundo. Un pluriempleo que parece inconcebible pero que era necesario para la subsistencia. ¿ Queréis conocer cual era el sueldo de mi padre como médico de entrada de Quitapesares ?: 500 pts. Al mes.  Por eso era también analista clínico  que comenzó   trabajar para la seguridad social en su propio laboratorio en casa - inundación de botellas de vino llenas de pis que traían los pacientes para su análisis - y posteriormente y con titulo de Gregorio Marañon- endocrinólogo con su consulta "de cupo" en la Seguridad Social y que estaba situada en un magnífico edificio de granito justo detrás de nuestra casa; al lado del palacio del gobierno militar; en pleno casco antiguo de Segovia. Pues además tenia que sustituir en el ambulatorio del INP ( Instituto Nacional de Previsión; o sea Seguridad social), al Dr. Núñez que era titular de la consulta de neuropsiquiatría y sustituirle en el Sanatorio y así durante años sin que recibiera por ello ni una perra. Situaciones típicas de la época y que  yo también he vivido y sufrido muchos años después, así que no son en nuestro país tan inusuales, si bien creo que ya en las fechas de hoy serían inconcebibles. El Dr. Núñez falleció ya hace mucho tiempo de un cáncer de pulmón y de sus dos hijos y esposa que marcharon de Segovia, creo que de nuevo a Avila poco he vuelto a saber. Si por casualidad alguno de ellos leyeran estas líneas les ruego acepten mis saludos y entrañable recuerdo hacia su padre, que con el mio representó mi primer contacto con la psiquiatría.

 

               

                5. Otros tratamientos.

                Más próximo a una semitortura innecesaria o bien con aspecto de placebo eran técnicas de "choque acetilcolinico " o bombeo espinal. Constaban en el tratado standard de tratamientos psiquiátricos del Prof. Vallejo Najera ( padre ) Y era ineficaz en las psicosis salvo cuestiones de deshabituación aversiva o de sugestión.

 

                Los abscesos de fijación eran también habituales en todos los grandes centros psiquiátricos, pero en Quitapesares se administraban con muy escasa frecuencia. Yo mismo como médico nunca los he utilizado ya. Consistía en la aplicación de medio o un cc. de esencia de trementina por vía intramuscular y que producía un absceso aséptico pero con frecuencia febril. La fiebre y la acción local producían una disminución de la agitación o agresividad del paciente. En todo caso éste no podía correr debido a su absceso glúteo que se resolvía desbridándolo en el momento apropiado. La trementina se preparaba también de forma casera o con la ayuda de la farmacia del hospital. Se compraba en droguerías y se procedía a su filtrado y esterilización por el calor. Por lo demás era un producto sumamente conocido en Castilla al igual que la colofonia, ambos productos de elaboración de la resina del pino que se realizaba también artesanalmente en tanto pueblos de la tierra de pinares. Navalmanzano....Santamaria de Nieva....Iscar....Carbonero el Mayor....

 

 

                En años posteriores yo comencé a estudiar medicina y todos los años en vacaciones dedicaba algunos días a acompañar a mi padre en las visitas al sanatorio. Comenzaba a tener acceso y aún ayuda a actividades propiamente médicas.

 

¿Deseas seguir leyendo el 2ª Capítulo?.Adelante pues:

Your Banner

 

Contacte con  PsiquiRed. Copyright © 2002  Web personal. .  Última actualización:lunes, 02 de abril de 2012 

   Contador de visitas a la página

Agregar a favoritos  |  Imprimir  |  Ser tu página de inicio   |  Atrás  |  Adelante  |  Inicio