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Es posible que algunos trastornos mentales residan en el funcionamiento de los significados representativos, sin correspondencia con ninguna disfunción descriptible en el hardware neurológico. Wakefield, Michael First y varios españoles opinan lo mismo...
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Segunda parte.

Comienzo y primera fase de la Reforma.

 

1. Mi instalación y primeras actividades.  

Como jefe de servicio del sector 1 en el Sanatorio de Conjo. Hacia 1973

            Disfruté mucho ya para empezar porque me asignaron lo que me pareció un magnífico despacho en la parte restaurada del antiguo convento. Próximo a la administración , dirección etc. Gran mesa; puerta de cristal, silloncitos confidentes, mesa de reuniones y pequeño tresillo aparte.... Eso sí sombrío y frío dentro de las paredes gordas de mampostería y de las humedades tan típicas de la ciudad que dejaban penetrar el moho y los hongos por todos los resquicios. Me asignaron el sector de Santiago, pero luego hablaré de ellos. De  los enfermos.  La verdad es que de momento no existía ninguna "sala". Solo existían enormes tránsitos o pabellones, que llamaban crujías, llenos totalmente de camas unas junto a otras y sin división alguna. Los trescientos o más hombres formaban así un solo grupo asistencial con un patio propio y que comían en el comedor común para los 400 enfermos juntos o lo que  hubiere. Algo parecido ocurría en los espacios de mujeres. Ya habéis visto las fotos.

 

            Una de los mejoras que idearon los arquitectos antes de la llegada de Montoya y del nuevo plan asistencial, fue, como ya he referido,  la mejoría física de algunos espacios. Así construyeron en uno de los patios un gran comedor común (contra toda racionalidad asistencial y que tuvimos luego que clausurar ) Más peregrina fue la construcción de algunas salas de estar o ampliación de las mismas mediante mamparas y añadidos que hacían saliente hacia el exterior afeando totalmente  al noble edificio ya tan maltratado por dentro y por fuera.

 

            Por lo tanto el comienzo de la sectorización iba unido a la segregación de los enfermos en salas o unidades separadas arquitectónicamente y a cargo del personal correspondiente de enfermería, lo que exigía a su vez el aumento y formación del personal.  Paralelamente hubo que organizar la laborterapia, los acuerdos con la administración para las tareas de mantenimiento, la dotación de documentación y en su caso pensiones a los enfermos; la puesta al día de las historias revisando todos los casos; el chequeo a efectos de enfermedades infecciosas como la tuberculosis: el nombramiento y formación de secretarias; la puesta en marcha de sesiones clínicas, archivo y biblioteca; el plan docente para los Mir; la activación de los enfermos con fiestas y romerías; las altas motivadas contactando con las familias y visitándolas a veces con el mismo enfermo en sus pueblos de origen. La apertura de los dispensarios y sus tareas de difusión asesoramiento y formación hacia autoridades, y familiares… Unas tareas enormes e ingentes que abordamos todos con un entusiasmo de misioneros en medio de terribles dificultades y también con enormes éxitos que poco a poco he de  ir contando. Mas vale que vaya por partes pues sino me perderé y no se entenderá nada.

 

 

            2. Visita al Centro de Salud Mental de  Mannheim. 1974.

            A las pocas semanas de estar en Santiago coincidió que se celebraba en Sevilla un congreso para el que pedí permiso y asistí. No asistía por entonces, como ahora, mucho a congresos, que son meros espectáculos turísticos. Prefiero las estancias más largas y especificas, si es que deseo aprender algo. Por ello mismo, y ya que estaba metido en la ingente tarea de una reforma asistencial bajo los presupuestos de la psiquiatría comunitaria quise realizar una estancia de aprendizaje y trabajo en mi querida Alemania escogiendo los Centros de Salud Mental  de  Mannheim que me parece oportuno describir aquí.

            Siempre he tenido y sigo teniendo gusto e interés en visitar Alemania  pues me  he quedado colgado como germanófilo, si no lo era ya antes. En el centro de Salud Mental de Mannheim dirigido por  el Prof. Häfner tenia la fama, y se la merecía en verdad,  de ser el más importante de Europa precisamente en las cuestiones de organización asistencial, registro de casos y sectorización. El sector de la ciudad de Mannheim con unos 300 mil habitantes y su registro exhaustivo de casos tenia la fama de ser el mejor del mundo - hasta que tuvo que ser  abolido - el registro - por razones constitucionales referentes a la confidencialidad de datos - Como yo tenia un puesto de responsabilidad en las reformas asistenciales y  contando con la  generosidad  del Sanatorio ( de suyo interesada en cuanto la formación de personal y prestigio del centro)  me concedieron un permiso de todo un mes ( con sueldo ) para una visita de trabajo. Por otra parte en Mannhmeim Häfner realizó una Einweisung; es decir, un ingreso en plantilla a efectos laborales por lo que durante un mes estuve empleado en la clínica con su correspondiente sueldo, si bien se especificaba que no podía tener responsabilidad en la asistencia a pacientes. Una situación por lo tanto privilegiada para mí y que aproveché gustosamente.

 

            Aprendí mucho y descansé también mucho dada esa falta de responsabilidad asistencial y la laxitud de mis demás compromisos. Realicé rotaciones en hospitalización y sobre todo en el Hospital de día y tuve tiempo para recorridos turísticos por la ciudad de Mannheim, Heidelberg y alrededores incluidos Spira y Worms, las ciudades de ricas catedrales de románico alemán.

            El Hospital de día estaba próximo a la famosa Wasserturm de Mannheim y su dirección era J 4. Yo creo que Mannheim es la única ciudad europea organizada urbanísticamente como un tablero de ajedrez y cuyas casas o manzanas reciben estos nombres de coordenadas cartesianas. Fue así planificada por el Landgrave en el siglo XVIII, me parece, y su palacio es ahora el edificio central de la Universidad.

            Recuerdo muy bien su avenida principal y los tranvías  hacia el Rhein o el Neckar. El valle del Neckar y la carretera turístico romántica.... pero la verdad es que mi recuerdo no es demasiado preciso pues tampoco viví allí nada especial. Creo, eso sí, que hice una visita a Giessen y a  unos amigos de la época en que vivimos allí.

             En Mannheim asistí a un congreso en el cual participaron las autoridades psiquiátricas  más famosas del momento respecto la asistencia y Psiquiatría social. Recuerdo la quijotesca figura de Häfner, la rubicunda de Sartorius, creo recordar, y otros. Es curioso que andando el tiempo hubiera de contactar y colaborar con el Prof. Brenner,  en Berna, Suiza, discípulo del “Zentral Institut”  de Mannheim  y director del mismo un tiempo, me parece.

            Tuve suerte en cuanto al alojamiento. Una asistente social me cedió " gratis" una habitación en su sencilla pero confortable casa. Frl. Sch. me acuerdo muy bien de su nombre. Apenas nos veíamos. Estas cosas eran entonces posibles en Alemania plena del espíritu de sencillez y ayuda de la posguerra.  De Mannheim  volví con muchos nuevos datos e ideas a Santiago, pero la verdad es que la mayoría eran innecesarias o inaplicables.

            Fr. Sch.  Efectivamente no me cobró nada por la habitación. Por ello el ultimo día la convidé a cenar a un restaurante indonesio ( mejores que los chinos ) y la advertí: Pide lo que quieras sin la menor restricción. Me reí mucho por dentro al constatar una vez más el carácter alemán y entender tan bien su forma de ser: Pidió el plato más caro. Un plato de degustación de 52 marcos. Todavía me acuerdo. Tuve que colaborar yo, pero por supuesto no lo  terminamos. Estoy seguro que a pesar de todo lo dicho pensó : ¿Cuánto podría haberle cobrado por la habitación ?... Pues eso mismo tengo el derecho a gastar en la invitación que me hace. Eso me recuerda otro episodio en Giessen: Ofrecimos a un compañero un poco del turrón español, lo que nos costaba mucho pues lo recibíamos de nuestros padres, de España, y en una cantidad limitada. Le gustó mucho. Pocos días después me preguntó. "¿ Cuánto podría valer en marcos el turrón que me ha regalado ?.... Lo quiero saber para corresponder en cuantía similar....." El acabose !! Quizás en esta línea puedo contar todavía otra anécdota. Esta vez interpretada por Herr H. y su esposa, los psicólogos de Heiligenhafen que nos visitaron en Pamplona. Les convidamos a comer a casa. Yo creo que estuvieron incluso alojados en casa, pero venían con sus propios botes y conservas de comida y se empeñaban en hacer gasto de ello y no de lo nuestro.  Mi esposa les ofreció, naturalmente, les ofreció sus riquísimos platos, pues es una excelente cocinera y ella no quería tomarlos o todo lo más probaba un poquito. El temor latente seguramente obedecía al  sentimiento de compromiso – muy alemán – de  que un día tendría que corresponder de la misma manera. A él en cambio le entusiasmaban y se servia bien.... al darse cuenta su esposa le daba pataditas por debajo de la mesa para advertirle que no abusara. En esta situación entra siempre en consideración el "deber" de responder de la misma manera y moneda y si te dan mucho te toca después, claro está, devolver mucho.

 

 

3. La formación de los  equipos. Médicos y Asistentes sociales.

 

Hubo un tiempo, quizás cuando la economía era aún bastante precaria, en el cual  los políticos  disfrutaban inaugurando obras y edificios y olvidaban en cambio la dotación en personal adecuado que lo hicieran funcionar. Ello se cumplía tanto en las obras hidroeléctricas, como en las universidades y hospitales y aún hoy día sobre todo en la investigación con frecuencia se prima más la dotación en aparatos que en personal cualificado que los aproveche. Desde luego en Conjo se cambió totalmente la tendencia y bien conducidos por Montoya y con la aquiescencia y convencimiento de las autoridades de la Diputación y la Fundación se detuvo, como ya he dicho la política del ladrillo, para ser sustituida por la política de los servicios. Ello estaba ya conseguido cuando se convocaron las primeras plazas de  tres jefes de Servicio para cada uno de los tres sectores que inicialmente se pusieron en marcha. Montoya insistía diciendo          “ Quiero persones de autentica categoría y formación” y para ello, por supuesto las dotaciones tenían que ser suficientemente atractivas. Los responsables del centro, me imagino que por consejo de Montoya, convocaron primero a los puestos más altos; los jefes de servicio, con la intención de que los elegidos a su vez seleccionaran a sus colaboradores más inferiores.  La coyuntura era bastante adecuada: Por aquellos años un buen número de jóvenes universitarios que habían tenido que emigrar por falta de puestos de trabajo, después de una formación básica en el extranjero estaban deseoso de volver a España. Entre ello me cuento, claro está, a mí mismo. Así que a las entrevistas de selección que completaban la evaluación de méritos del currículum acudió bastante gente con estas características; algunos especialistas ya bien conocidos nacionalmente, si bien aquel en el que estoy pensando se retiró después de adjudicarle una plaza. Así que además de yo mismo entraron otros dos jefes de servicio: El Dr. F. Torres y el Dr. J. García. El primero con muy buena formación, ganada en las estructuras del servicio de salud de Gran Bretaña, totalmente socializado, como es sabido, y el segundo con experiencia en Alemania, en centro próximos a donde yo estuve y donde  me había visitado en tiempos. Posteriormente ocuparon cargos políticos sanitarios  importantes  en sus respectivas comunidades de origen; Granada y Asturias.

A continuación se convocaron plazas de jefes de sección. En principio dos por cada jefatura de servicio. Así entraron, entre otros, el Dr. Lado Romero,  el Dr. Rodríguez Lapuerta, Dr. J. Cubillo,  García de la Villa, Carbajosa, Gonzalez Palacios, ….y otros. A las plazas de jefes de servicio y clínicos se presentaron algunos, como el Dr. Lado que ya trabajaban en el Hospital y que lógicamente aspiraban a formar parte de los nuevos equipos jerarquizados que se estaban formando y que valientemente aceptaron las reglas del juego que se impusieron presentándose a las nuevas convocatorias. Ello entrañaba un cambio sustancial de dedicación y sueldo, pues en los nuevos puestos habrían de abandonar sus consultas particulares y pasar a dedicación exclusiva y bajo el régimen laboral incluido en leyes laborales y sujetos a negociación colectiva. La verdad es que quedó como fleco algún privilegio del que más tarde pude enterarme,( como derecho a mantener una consulta particular)  pero que no hace al caso.  Otros dos o tres médicos más, no daré ya muchos más nombres, opinaron que ellos ya debían ser reconocidos y aceptados  en esos niveles nuevos, optando por el camino de las reinvindicaciones laborales. Un caso particular lo representaba el Dr. B.  que, como ya reseñé, había sido nombrado director médico del centro, con anterioridad al comienzo de las reformas y como compromiso, parece ser, derivado de los acuerdos de compraventa del centro entre la Mitra y la Diputación de la Coruña.

Lógicamente, y también legalmente, los jefes de servicio deberían depender del director médico, y el gerente, Dr. Montoya, ocuparse de los aspectos superiores de gestión y organizativos del plan asistencial.  Sin embargo en la práctica los jefes de servicio y el resto de su personal jerarquizado dependían del Dr. Montoya con quien manteníamos continuas reuniones y estrechísima colaboración , mientras que el director médico se encontraba más integrado, al menos emocionalmente,  con el resto de médicos psiquiatras y no psiquiatras que no se habían jerarquizado, bien por no obtener la plaza o bien por no haberse presentado a la selección.  Los otros médicos no psiquiatras y que también trabajaban a tiempo parcial eran especialistas diversos, de cirugía, medicina interna, odontología… también  un electroencefalografista, que atendían a las necesidades en estos aspectos de los enfermos, que, como ya he dicho no salían del centro ni siquiera muertos. Estos especialistas  mantenían diversas enfermerías, quirófanos etc. De instalaciones y carácter bastante precario como puede suponerse. Nosotros, como “reformistas” y con Montoya, estimábamos que tales servicios o al menos las instalaciones existentes debían desaparecer y que los pacientes deberían ser atendidos por los servicios médicos normales de la ciudad. La cuestión no estaba tan clara pues la mayor parte de los enfermos no tenían seguridad social, que aun no estaba extendida a todos los ciudadanos, y además  en Santiago no existía  hospital provincial donde correspondería su atención, como enfermos de “beneficencia”. El Hospital provincial estaba en La Coruña. Más tarde, en las fechas en que yo marché de Santiago se construyó y habilitó un buen Hospital Provincial dentro de la misma finca de Conjo. Mas entonces este problema quedaba por solucionar.

 Así pues, se decidió que los psiquiatras no jerarquizados ( solo eran tres o cuatro a dedicación parcial) trabajarían más directamente con el director médico atendiendo a unidades no jerarquizadas de enfermos oligofrénicos graves, geriátricos avanzados, alguna enfermería somática… Mas como por otra parte era preciso proceder bajo nuestra supervisión a una evaluación  individual de todos los pacientes  tuvimos que actuar también en estas unidades, proceder a traslados de enfermos, y lo que era a veces difícil por no decir, penosos al menos para mí, visitar; es decir llamar a uno por uno a revisión a todos los pacientes, poner al día la historia y rellenar los correspondientes formularios de evaluación trabajando codo con codo en la misma mesa con aquellos psiquiatras no jerarquizados pero que hasta entonces habían atendido a aquellos pacientes y con cuyo conocimiento de los mismos queríamos contar. Eran diversos por carácter y formación; algunos se integraron posteriormente en los equipos; es decir, se jerarquizaron. Yo quiero recordar aquí al Dr. Alvarez de correctísimo trato, lo que era ya suficiente, y que no podría decirse de todos en las difíciles y molestas circunstancias también para ellos. Trabajaba también en Orense, y como anécdota citaré, que estos psiquiatras y los otros médicos ganaban mucho más que nosotros debido a sus consultas según las pautas que ya he expuesto de Santiago y Galicia y no dejaban de producirnos cierta envidia cuando cambiaban de coche o incluso cuando se ausentaban del centro con gran rapidez mientras que  nosotros casi nos casamos con los caserones, el servicio, las dificultades tremendas y el compromiso con nuestros propios ideales.

Mas seguiré recordando más datos sobre el personal y los equipos.  Dado el tipo de trabajo que se avecinaba reclamamos en seguida asistentes sociales y de una tacada entraron doce. Cuatro por cada sector. En mi equipo se integró la Srta. Charo Terrer, que ya trabajaba en el centro. Había  dos antes de la sectorización, mas la compañera de Charo, Carmela,  falleció de cáncer por aquella época. No llegue a conocerla. Todos hablaban magníficamente bien de ella y lamentaron su muerte. Charo Terrer, Maria Jesús Iglesias…. No recuerdo más nombres, trabajaron en mi equipo a total satisfacción. Vaya aquí mi recuerdo y agradecimiento. Diré que en aquellos momentos, más que siempre valoré en las personas que habrían de trabajar conmigo su educación, su buen trato y hacer y con ello hasta su forma de vestir, todo lo cual tenía y habría de tener posteriormente una gran importancia para el carácter y estilo de trabajo de cada uno de los equipos; asunto muy difícil de recordar y escribir “sine ira et studio”, es decir sin animadversión ni rencor. Yo mantenía y mantuve siempre que la  rehabilitación de los enfermos comenzaba porque recuperasen formas socializadas  de vida, costumbres y maneras,  y que el mero contacto más estrecho, vehiculado por el sin fin de reuniones y actividades,  operaba también o sobre todo  por el  ejemplo, y de aquí mi exigencia de estas formas en todos nosotros.

 

4. Celadores y enfermería.

La formación y colaboración del personal de enfermería es esencial para llevar a cabo una reforma asistencial, o mejor dicho para llevar a cabo cualquier labor asistencial, pero ya he dicho que aparte los servicios generales de dos  A.T.S.  que se ocupaban de extracciones, inyecciones y alguna cura espacial, el resto del personal no tenía cualificación y en todas partes eran designados como celadores, si bien en todas partes también, como en Quitapesares se les había dado alguna formación sin titulación especifica. De manera que una vez formados los equipos médicos era imprescindible la formación adecuada del viejo y nuevo personal. Inicialmente y dado que las reformas de Conjo se desarrollaron después de la crisis y los despidos de Oviedo pudimos contar con un elenco de personal formado  y necesitado de ocupar un nuevo puesto de trabajo. Yo no sé si alguien ha escrito sobre las reformas y avatares del Hospital Psiquiátrico de Asturias. Bien merecería una o varias publicaciones y digo varias precisamente para favorecer la multiplicidad de los puntos de vista, dado el complejo proceso y los fenómenos políticos que allí ocurrieron, como en Conjo según se verá después.

Así en seguida se contrató, al menos a seis encargadas de unidad con excelente preparación, dedicación e interés procedentes de Oviedo.            Mujeres, chicas, esforzadas, de inmensa experiencia en el trato con enfermos desde Oviedo y que se arriesgaron a venir con  Montoya para al aventura de Conjo. Tranquilas; seguras de sí mismas; con admirable contacto con los pacientes, tuvieron que asumir estas mismas cualidades para luchar o aguantar al movimiento  político antipsiquiátrico al que me referiré después y  que durante un tiempo se cebaron precisamente en las encargadas de unidad y que bajo los insultos habituales y nada inteligentes de "represoras" trataban de poner un poco de orden al desbarajuste que se iba apoderando del centro. Estos puestos equivalentes a los de Supervisora en la Seguridad Social, son fundamentales para formar y motivar al resto del personal y más en una situación de reforma que como es natural en el personal viejo producía inquietud o miedo.  Sin embargo también existían supervisores o jefes de personal antiguos y que colaboraron bien con nosotros dado su buena experiencia y buena disposición.  En nombre de todas las supervisoras  recordaré aquí a la admirable Carmen Alonso que se trasladó después conmigo al Hospital Clínico Universitario de  Valladolid donde desgraciadamente no se supo aprovechar sus cualidades. Posteriormente y después de superar una grave enfermedad se traslado de nuevo a Galicia. Citaré también a Gelly y Carlos, asturianos también y que me perdonen que no recuerde sus apellidos ahora. También vinieron conmigo a Valladolid y también  regresaron de nuevo a su Asturias en su Hospital General de Oviedo.

Recuerdo aquí a una entrañable persona procedente como digo, del antiguo hospital: El Sr. Vieiro.  Se trataba de un cuidador o celador mayor, de la antigua escuela. Tal como lo recuerdo era macizo de cuerpo y sencillo de alma y hablaba con el sentido común de la experiencia y la sensatez. Este con otros de su carácter no entendían ni mucho menos aprobaban "la revolución" y en cambio nos apoyaron bastante para la reforma. Lo recuerdo bien pues después de superadas casi todas las crisis cuando yo abandoné Conjo dijo de mí el mejor piropo que nunca me han dedicado: “ Ese señor siempre dijo lo mismo

Hubo que nombrar también un jefe de enfermería para el que se contó después de diversos avatares con el Sr. Carpio, A.T.S. también procedente de Oviedo y que a su vez estaba casado con  otra ATS.                     

Así que era muy urgente la formación del personal de enfermería. Organizamos en seguida cursos con el fin de convertir los celadores en auxiliares psiquiátricos. Ello suponía que después de superado el curso, además de recibir su diploma ( por la titulaciones de formación profesional) accedían a un nuevo y ventajoso contrato con lo cual estimulábamos participación, en principio voluntaria – e integración. A los cursos se fueron apuntando casi todos pero a la hora de  firmar el contrato encontramos reticencias y más miedos bajo la desconfianza y el temor de que se perdieran derechos de antigüedad y demás. Así que al principio solo unos pocos firmaron los contratos una vez superados los cursos. Mucho más tarde nos enteramos que los afectados habían sorteado entre ellos quienes firmarían en primer lugar los nuevos contratos a fin de observar durante un tiempo sus consecuencias….. Galleguismo ancestral seguramente justificado por  engaños  y padecimientos del sufrido pueblo gallego tan asediado por el caciquismo.   También era frecuente que en el momento de firmar, todos mirasen los papeles con detenimiento y por los dos lados para asegurarse de que no existía algún papel de copia con el que firmasen algún documento comprometedor. Pasados unos meses y después de comprobar que efectivamente los sueldos en los nuevos contratos aumentaban fueron firmando todos.

Los profesores de los cursos éramos nosotros los médicos. Mucho más tarde pude darme cuenta que algunos de estos médicos instruían más de política que de psiquiatría, y desde luego política sesgada desde un unitario punto de vista, todo lo cual tuvo una gran importancia en los sucesos que relataré  más tarde si el ánimo y el tiempo me lo permiten.

            También relataré como anécdota que en aquella época aun no era habitual el cobro a través de los bancos.  Casi nadie tenía una cuenta bancaria y  todas las transacciones se hacían en metálico. Así que a principios de mes todos, también nosotros hacíamos cola delante de la ventanilla de la administración del centro y el bueno del administrador el Sr. Guerra, un hombre encantador, un tanto grueso ( ya fallecido)  y que contó con mi amistad nos entregaba a cada uno nuestro sobre en cuyo reverso constaban las cuentas y detalles de la nómina. Recuerdo que al menos a mí me resultaba penoso comprobar el abultado sobre que me correspondía con varios billetes de mil pesetas y calderilla complementaria y el exiguo de otros trabajadores del centro  en la misma cola en la que formaban como decía hasta el ultimo personal de limpieza.

Los que veníamos de otros lugares un tanto más avanzados no tuvimos problemas para cobrar poco después ya por transferencias a cuentas bancarias, pero muchos de los tradicionales no confiaban en los bancos y les gustaba seguramente tener en sus manos el  sobre  con todos sus billetes el primer día.  El administrador se quejaba del riesgo que tenía recibir en la administración todos los meses los seis millones de pesetas del conjunto de las nóminas del hospital, amen del trabajo que suponía preparar allí los sobres  y realizar todos los pertinentes cálculos; desde luego a mano y con máquina de escribir. Parece que una de las reticencias para cobrar por el banco derivaba que de esta forma la esposa del trabajador, o en su caso, supongo, esposo, podía enterarse fácil y exactamente de las cantidades cobradas, mientras que el cobro en metálico permitía camuflar mucho más los números y los billetes. Yo recordaba una situación análoga, excluida la intención de camuflar a nadie nada, pues entonces estaba soltero,  en el  momento en que recibí mis primeras ganancias profesionales , que fueron primero como alumno interno de la Facultad de Medicina de Valladolid ( Doscientas pesetas al mes ) y luego como alférez provisional en prácticas del servicio militar que realicé en Campamento en Madrid, en la división acorazada Brunete, por cierto tan famosa por su intervención en el   golpe de estado fallido del 23 F. También en Pamplona recogía una libranza trimestral que completaba mis ingresos garantizados, pero en Alemania, desde luego,  eso de recoger  la nómina en mano y  en metálico  habría sido inconcebible. En su momento el gerente Sr. Porto Anido dio la orden de pagar a todo el mundo mediante transferencia bancaria.

 

5.  Los médicos internos residentes. Relaciones con la cátedra de Psiquiatría.

En aquel momento no existía todavía el sistema MIR de formación de especialistas. Cada centro convocaba sus plazas, si lo deseaba,  establecía los sistemas docentes y concedía títulos, o mejor dicho diplomas “ de la casa” que tenían el valor que tuvieran según el prestigio de la institución que los hubiera concedido. Desde luego que los mejores hospitales ya entonces, mantenían este sistema pues era también para “la casa” un compromiso y un prestigio; también una mano de obra barata, se decía.  Ahora bien era muy raro o más bien inexistente que se mantuviera un sistema reglado de docencia o estudio y todo quedaba relegado a “la práctica”  y al espíritu de estudio que pudiera tener el residente y a las dotes o intereses de docencia que pudieran tener “los jefes”. Así funcionaba por ejemplo Valdecilla como comenté en su momento en estas memorias.

En Conjo desde el principio tuvimos interés en contar con los residentes y un sistema de docencia, o al menos docencia aunque fuera sin sistema. Se concedieron nada menos que cuatro plazas para cada equipo que como dije tenia solamente tres de staff o plantilla ( el jefe de servicio y dos jefes clínicos) Un número excesivo, pues se dice siempre que el número de residentes debe ser menor que el del staff  debido a diversos motivos. Claro que en Valladolid en la clínica del Hospital Universitario en tantos años no se cumplió esta regla y contamos con cuatro residentes por año lo que proporcionaba 16 MIR de forma permanente.

Se hicieron los correspondientes concursos en cuyos tribunales estuve  obviamente pero en los que claramente me metieron numerosos goles los queridos compañeros que puntuaban, según fui averiguando después, más por sus afinidades políticas que por sus valores científicos. Así tuve que contar con personas variopintas de las cuales a la larga no pude fiarme, pero que a pesar de numerosas denuncias por mi parte tiempo más tarde tampoco conseguí que se marcharan de mi equipo o del hospital. Además no conseguí que contratasen personas de valía y de mi confianza algunos de cuyos nombres también tengo con pena  en la memoria.  Los residentes, como se verá, fueron un grupo fundamental de  corresponsales de  los sucesos que vinieron después, en lo que llamaré la segunda crisis o de antipsiquiatria politizada.

 

Organizamos sesiones clínicas y también conferencias o lecciones esporádicas. Recuerdo muy bien cómo invitamos a dar una lección  nada menos que al Prof. Cabaleiro Goas, que era el psiquiatra de más prestigio de Galicia en aquel momento y encargado de  cátedra en Santiago. Nos dio una magnífica conferencia sobre psicopatología y al final uno de aquellos niñatos  ignorantes y maleducados se permitió reírse sobre la psicopatología y afirmar seriamente que no servia para nada. Cabaleiro con gran dignidad tuvo la paciencia de contestar e intentar convencer a aquel mastuerzo. Aquel residente cuyo nombre desgraciadamente tengo en la memoria pero que no volvió a aparecer ni en publicación ni institución alguna que yo sepa, era de los más desaliñados y  politizados. Otro más inteligente y un poco mejor formado y que luego alcanzó un prestigio en psiquiatría infanto juvenil  en vez de razonar gritaba en las sesiones convertidas  ya en un mitin. En cierta ocasión me llamó neokantiano, lo que no dejó de halagarme aparte la intención con que fue dicho. Peor fue la baba de otro que cuando yo permanecía en silencio ante situaciones inefables me apostrofó con “catatónico”. Aún así el más  repugnante de todos fue aquel, hijo de un médico rural, que maldecía de su padre por “haber explotado a los pacientes”. El pobre padre, sin duda, habría realizado infinitos sacrificios por enviar a su hijo a  la Universidad en la capital.  Este es el ambiente que se fue produciendo en las sesiones comunes a todo el hospital y que por ello acabaron desapareciendo, manteniendo yo  alguna dentro de mi propio servicio que conservó en gran parte la sensatez.

De esta manera y por los sucesos sobre todo de la segunda crisis, se malograron varias generaciones de residentes cuya posterior suerte solo conozco en algunos casos que se salvaron como alguno que pasado el tiempo en un reencuentro confesó que se había convencido de que era necesario estudiar. Luego anteriormente creyeron que no era necesario. Quien me hacía esta afirmación tenía en su haber el ser de verdad una buena persona que además fue, es, un magnifico músico en el maravillosos grupo de Milladoiro que iniciaba su andadura por aquellos años y al que mi familia ayudó bastante en su aceptación a en  Santiago. Obviaré su nombre que adivinarán quienes compartieron con nosotros  aquellos años o conozcan Milladoiro.

Los residentes sin embargo apoyaron, sobre todo en la primera fase, la ideología reformista. Trabajaron duro en lo asistencial y fueron inestimable ayuda para el  enorme trabajo que realizamos aquellos años.  Sin embargo entre unos y otros problemas apenas se hizo trabajo científico, ni publicaciones  aunque estaba claro  que el  trabajo científico era fácil con el simple seguimiento de la reforma asistencial y sus resultados. Ya he citado un trabajo propio sobre el tema publicado en Archivos de Neurobiología.

Quizás deba decir aquí algunas palabras de nuestras relaciones con la cátedra y departamento de Psiquiatría de la Facultad de Medicina. Después de Cabaleiro, no se si ya después de su fallecimiento por cáncer de pulmón ( Fumaba como Freud incansables puros habanos), ocupó la cátedra el Prof. D. Barcia Salorio con quien mantuvimos amistad, recordando que su abuelo, creo, había sido director del mismo Conjo y que su familia de gran raigambre universitaria era de origen  gallego. Mas no hubo lugar para una colaboración asistencial o científica pues tareas e intereses estaban demasiado distantes. En el Hospital General de Galicia efectivamente existía una unidad psiquiátrica de agudos que tampoco tuvo relación  alguna con nosotros. Posteriormente ocupó la cátedra el Prof. Giner con quien sí tuve ocasión de impartir alguna clase en la Facultad de Medicina no  cuajando tampoco una colaboración ni asistencial o científica posterior. Es oportuno recordar que entonces se opositaba al “cuerpo” de catedráticos o adjuntos y luego por antigüedad y méritos se conseguían  los traslados deseados. Como consecuencia algunas ciudades y universidades menos deseadas o estimabas cambiaban frecuentemente sus profesores siendo consideradas por ello como “de entrada”. Santiago y La Laguna “gozaban” de esta fama. Las cortas estancias de muchos profesores, como en el caso de la psiquiatría, impedían un desarrollo conveniente de los equipos y trabajos. Arraigaban en general los profesores del mismo origen gallego entre los cuales pueden contarse muchas personalidades eminentes, como el mismo Cabaleiro que desgraciadamente no llegó a obtener oficialmente su cátedra..  Sentí mucho estas dificultades para colaborar con las cátedras de la Facultad pues desde la terminación de los estudios nunca perdí mi interés en un día poderme incorporar a una universidad y a la docencia, como afortunadamente conseguí más tarde en Valladolid. En aquel momento sin embargo estábamos suficientemente abrumados por el tremendo trabajo de “La Reforma”

Mas la Reforma misma hubiera brindado un ingente material  propicio para estudios y publicaciones.  Por unos y otros motivos no fue aprovechado ni entonces ni después

 

 

 

6. Sectorización intra y extrahospitalaria. Datos generales.

 Conseguimos, consiguió Montoya ya antes de llegar nosotros, los jefes de servicio, que el famoso proyecto de las dos mil camas quedase archivado en las estanterías de la dirección.  Todavía en una reunión del Consejo de Gobierno y Diputación publicada en la prensa local – el Correo Gallego del que tanto escribiré más adelante,  se informaba ufanamente del próximo proyecto de construcción de dieciséis unidades nuevas en Conjo para dar asistencia a toda Galicia y Leon..     Este proyecto ocupaba metro y medio de planos y memorias, que quedaron arrinconadas en el despacho del gerente.  Apareció un nuevo proyecto redactado por el Dr Montoya y el Dr. Hernandez Cochón que era entonces  el jefe de Sanidad de la Coruña,[1] un hombre joven plenamente identificado con los presupuestos de la asistencia psiquiátrica moderna. Se trataba de un plan de sector. Cada provincia gallega se haría cargo poco a poco de sus pacientes desarrollando todas las estructuras necesarias.

El axioma central de  organización de la psiquiatría comunitaria era, es: un solo  equipo para un solo y único sector y   cargar así ( toma a cargo en la jerga técnica) con todos los pacientes del sector y solo del sector. A mi me recordaban siempre las consignas del estado nazi; un solo pueblo, una sola nación, un solo Führer. Pero era un recuerdo meramente instrumental; es decir meramente fonético pero no semántico; quien pueda entenderme que me entienda. En todo caso nos enfrentábamos ante una ingente tarea de organización. ¿ Cuales eran los límites de la sectorización; es decir, habrían de abarcar absolutamente a todos los pacientes y todas las unidades o bien han de continuar existiendo unidades no sectorizadas, especializadas, por ejemplo como enfermerías, geriátricas o retrasados graves? La verdad es que no hubo necesidad de contestar explícitamente pues los mismos límites de lo posible  lo definieron. La sectorización debía ser eso sí, simultanea en lo intra y extrahospitalario y simultanea también en los tres equipos iniciales que formamos.

Comenzamos por una revisión individual del estado físico, mental y social de todos los pacientes, según un protocolo definido. Entro otros aspectos un chequeo radiológico en busca de afectos de tuberculosis.  Eso suponía que los nuevos médicos sectorizados habían de acudir a salas regentadas por médicos antiguos y con ellos y con las historias en la mano íbamos llamando a despacho a cada paciente.  Ello era  necesario por la escasa  colaboración que prestaron los no sectorizados anclados, hasta cierto punto comprensiblemente en reinvindicaciones laborales respecto sus  supuestos derechos adquiridos para incorporarse al nuevo sistema. Así que con desgana y con más o menos cortesía según el carácter de cada uno nos obligamos a tener que “pasar visita del jefe” en todas las salas. Yo recuerdo aquí sobre todo al correctísimo Dr. Alvarez que trabajaba también en Orense, y que se lamentaba de la pérdida de familiaridad  y tranquilidad en el hospital…. Claro, estábamos en la transición desde una asistencia paternalista y de antiguo régimen a otra más de acuerdo con los tiempos entre tantas otras diferencias.  

Este primer chequeo ya arrojó algunos datos asombrosos. Se descubrieron unos treinta casos de enfermos de tuberculosis abiertas y que exigían inmediato aislamiento y tratamiento específico por lo que hubo que crear una sala de enfermería en donde desde luego no cabía sectorización alguna. También sarna y piojos.

La sectorización arquitectónico-funcional consistió en la adjudicación a cada equipo de una unidad ( como se denominaban las salas según las nomenclaturas de los psiquiatras de la psiquiatría comunitaria) de agudos mixta y cerrada , si bien de casi cuarenta camas; una unidad de hombres cerrada y otra de mujeres, y otras dos de hombres y mujeres respectivamente abierta, si bien las denominaciones no correspondían totalmente con la funcionalidad expresada. Pero antes hubo que delimitar estas salas en las enormes crujías. Creamos grupos de unos 60 a noventa enfermos, separando las unidades con sencillos tabiques accesibles solo con llaves de paso para el personal. Más tarde, según fue posible por la disminución del censo de pacientes y con ello del terrible hacinamiento construimos en cada unidad unos módulos a manera de habitaciones semicerradas de ocho camas en las que ya se pudo poner una mesilla de noche.

Distribución de las crujías en módulos

  La sectorización territorial se organizó en un sector nr. 1, que era el mío o de Santiago; un sector dos o de la Coruña, adjudicado al Dr. García; y un sector tres o de El Ferrol cuyo jefe de servicio fue el Dr. Torres . Mi sector, el uno, comprendía además de Santiago la zona de Padrón, Noya, Muros, Corcubión, Porto do Son, Poboa Caramiñal y otros  y por el Este Arzua, Silleda… un total de 411 mil habitantes, nada menos. El de La Coruña  o sector dos comprendía   360 mil y el tercero o de El Ferrol 240 mil habitantes. Se consideró que los más próximos podrían ser mayores, por la mayor proximidad de pacientes y familias. Un tamaño sin duda excesivo en una provincia de enorme extensión y complejidad. Pero que desde  la situación actual española podría juzgarse como bastante favorable. En todo caso el hecho mismo de su organización y promulgación por así decir marcó el rumbo de la asistencia de base comunitaria.

  La sectorización de los pacientes existentes consistía naturalmente en  realizar intercambios   entre unidades para que  cada sector tuviera en su sala a los pacientes de su sector y solo a lo suyos. Mas esto que parece tan sencillo y que abordábamos con  enorme elan y aun un cierto fanatismo juvenil… conllevaba múltiples dificultades y aun sufrimientos. Pues no entendíamos bien el inmenso apego a la rutina del entorno, de los compañeros y del lugar que tienen precisamente los enfermos esquizofrénicos y por extensión todos los pacientes y personas, deficitarias o  mayores…. La diferenciación entre qué pacientes podrían ser dados de alta y que por ello se trasladaban a unidades de agudos y quienes no también era inmensamente difícil. En todo caso cada equipo tuvo que hacerse cargo de pacientes y unidades no sectorizados: Por una parte unidades de lo que antiguamente se llamaban “ Finales”. Pacientes muy agitados, defectuales o incontinentes o muy ancianos  que ya estaban en salas de este tipo y que hubo que mantener y para su asistencia repartir entre los equipos. Por otra parte en Conjo había numerosos pacientes de Lugo, que no tenia hospital psiquiátrico  , por lo tanto Conjo  tenía  todos los pacientes de Lugo, todos los hombres de Orense, porque el Hospital de Toen de Orense solo era de mujeres,  gran número de pacientes de Pontevedra, casi todos, puesto que allí solo existían en aquel momento algunas camas dispersas, y numerosos pacientes de León, aquellos de la selección negativa y del macrohospital de la política del ladrillo  de la que hablábamos.  Quedó claro que no podíamos crear sectores para estos pacientes extra, si bien andando el tiempo funcionó desde Conjo  un sector casi completo para Pontevedra que llamamos el cinco  pero por otra parte de momento  tampoco podíamos dejar sin la asistencia reformada a estos pacientes que hubo que incluir en programas por supuesto intrahospitalarios pera también extrahospitalarios.

La sectorización extrahospitalaria estaba centrada  inicialmente en la creación de dispensarios de salud mental en las cabeceras de comarca y que habrían de funcionar los días de mercado o romería  en los cuales era fácil el traslado de pacientes y familias. Así rápidamente se crearon dispensarios en  Poboa de Caramiñal, Arzúa y Vimianzo para el Sector 1; en Ordenes para el Sector dos en El Ferrol para el tres….  Lalín más tarde para lo que fue sector cinco de Pontevedra… y hasta Carballino de Orense  y  Verín … que visitábamos en esfuerzos inauditos. Como no intento escribir una historia sino solo un recuerdo no dará más detalles remitiendo a mis publicaciones  sobre el tema.  Los dispensarios se instalaron por gratia et amore de las autoridades locales y utilizando los más diversas ubicaciones y dispositivos: Dependencias del centro de salud  si existía; ( en aquel momento se estaban abriendo numerosos centros de asistencia primaria por toda Galicia ) o bien en  el Ayuntamiento ( muchos también nuevos y con locales disponibles) Otros en Escuelas o también en centros parroquiales. Todo ello supuso naturalmente numerosos viajes, conversaciones y contactos con unos y con otros que realizábamos los propios médicos de cada sector dedicados sobre todo los jefes de servicio a tareas de organización más que de asistencia, aunque yo mismo por entonces atendía con un jefe clínico a la unidad de agudos, una de rehabilitación ( eufemismo, claro está de crónicos) y otro geriátrica femenina.

La verdad es que en todas partes  nos recibían encantados y para nosotros suponían conocimiento  y viajes de la adorable Galicia, cafés o una cerveza en los bares de los pueblos, asistencia a romerías y mercados entrañables donde adquiríamos quesos y demás productos locales y hacíamos  amistades con los médicos, los alcaldes y las gentes. En su momento también había tiempo para ir un rato a la playa una vez terminadas las consultas y visitas.

Pero la labor era  muy ingrata por aquella pregunta   que había que hacer a todos los pacientes. ¿ Porqué sigue este paciente ingresado? Qué intentos se han hecho de alta, de permisos, de contactos con su familia….? Esta pregunta además había que contestarla al menos una vez al mes. Este es el tiempo medio de revisión y consulta al que nos obligamos  para todos los enfermos ( crónicos o de larga evolución)

Así que comenzamos a dar altas. Pero eso no era nada fácil. Con frecuencia llevábamos al paciente en nuestro propio coche a su casa, cuando sus familiares no podían o querían venir. Y eso hasta en los más remotas aldeas de Cabeza de Manzaneda, por ejemplo, a las que llegábamos andando por no ser transitable el camino para nuestro coche, alcanzábamos  las más arriscadas aldeas  costeras. Era digno de verse el espectáculo y conmoción que producíamos en la aldea al presentarnos con el fulano o la fulana, el “tolo” de la aldea ausente de la misma desde hacía equis años y cuyas leiras, casas y familias habían sido”asimilados” por familiares y vecinos. Y aún así nos recibían siempre amablemente aunque con recelo, y creo que todo ello no lo entendíamos bien cuando nos ofrecían el lacón de propia confección  o el aguardiente autóctono o las buenas y compungidas palabras de todas sus dificultades y de todas sus renuncias.

           

            Se vio pronto que la sectorización tenia sus límites, ya que las características físicas de las salas, las costumbres y amistades y las diversas situaciones de los pacientes, producían en los intentos de traslados a veces unas terribles protestas o reacciones de angustia y miedo.  Frente a nuestro juvenil ímpetu reformador tuvimos que aprender la prudencia que exigían las mismas características de las personas a las que deseábamos ayudar.

            Algo parecido ocurrió respecto a las presiones de alta. Con enorme frecuencia eran los mismos enfermos los que de ninguna manera querían irse de alta, por la sencillísima razón de que Vivian mucho mejor en el hospital que en sus casas, y porque en sus casas después de largos años de hospitalización no los deseaban, o bien porque en muchísimos casos no tenían naturalmente casa alguna a donde ir. Después de innumerables discusiones hubo que admitir que algunos  enfermos debían tener " derecho" a considerar al hospital como a su hogar y por lo tanto con derecho a la residencia permanente en el mismo abandonando las pretensiones de alta. Para ello y para todo lo demás se pasó una ficha standard a todos los pacientes en la cual las circunstancias sociales ocupaban un lugar preeminente.

 

 

 7. Mas tareas intrahospitalarias. Humanización del territorio y  de las personas.

            Las reformas arquitectónicas en el edificio central tenían por objeto distribuir a los pacientes en salas más pequeñas para posibilitar la sectorización de los mismos. Para ello las viejas e interminables "crujias" fueron divididas en unidades de unas cuarenta camas y a su vez estas se distribuyeron en módulos de ocho camas. Estos módulos y por las escasas disponibilidades de espacio no formaban habitaciones independientes propiamente sino divisiones parciales que al dotar a cada cama de su mesilla de noche y de su pequeño armario parecían realmente habitaciones. En la entrada al módulo, aun sin puerta se podía colocar también una cortina. Las nuevas colchas de alegres colores, la colocación abundante de espejos, calendarios, servicios higiénicos y televisión , amen de adjudicar un personal propio a cada sala fueron la base inmediata de la reforma " hotelera " y organizativa del interior del hospital. Con ello todo empezó a tener un aspecto más amable, limpio, colorido y menos hacinado gracias a las numerosas altas que se iban produciendo y que se mantenían en sus casas con apoyo del desarrollo simultáneo de los servicios extrahospitalarios.

Desde la teoría se hablaba de la necesidad de dotar a cada paciente de un espacio de intimidad donde pudiera colocar una fotografía, un calendario un objeto en un cajón propio y exclusivo de una mesilla de noche, de un espejo. El famoso libro de Gofman “Internados” que junto con el de “Comunidad Terapéutica” eran lectura obligada y de meditación diaria de los implicados en la Reforma  y mostraban como precisamente la ausencia de espacios íntimos en las Instituciones oclusivas y totales eran las productoras de los “defectos” asilares que intentábamos combatir y evitar.  Lo vimos palpablemente ante nuestros ojos. El espejo colocado a la entrada de la unidad y por donde habrían de pasar continuamente los pacientes permitía que estos accedieran a su propia imagen ya olvidada o descuidada y que como en un milagro, no solo las mujeres, si no también los hombres, comenzaran a cuidar su indumentaria, su  limpieza. La más leve colocación de una florecita del jardín  en el ojal o de cepillarse algo la ropa eran triunfos en los avances de la rehabilitación en aquel submundo.

Los relojes y los calendarios eran básicos para volver a orientar a los pacientes  en el espacio y en el tiempo. Recordábamos uno de los motivos de la desorientación psicopatológica. La carencia de información y al paso del tiempo de padecerla, el desinterés por la misma. Pasado un tiempo podía inventarse una nueva orientación espacio temporal y estábamos ya en el delirio

Por supuesto también la higiene. No puede haber higiene si no hay lavabos, duchas o jabón. No los había. Fue un triunfo caro el colocar un lavabo en cada módulo y servicios  completos en cada unidad. Todo ello necesitaba tiempo y dinero; mucho dinero que la Diputación iba poniendo generosamente a nuestro alcance y miente quien diga lo contrario refiriéndose a aquellas fechas  de los años 1971, 72, 73…  Era necesario enseñar de nuevo a los  más de los pacientes a lavarse, incluso a utilizar el papel higiénico…. ¿ Que se utilizaba antes en muchos casos? Si salían de las unidades a la finca   os lo podéis suponer, pues casi todos procedían de las aldeas donde la evacuación al aire libre no solo es discreta sino ecológica.

 Y por supuesto también calefacción y agua caliente. Se dice que en Galicia no hace frío porque no hiela excesivamente, pero la humedad fría y tremendamente inhóspita  de los inviernos se combatía tradicionalmente con el calor de los ganados que habitaban la parte baja de las viviendas rurales y cuyo vapor huía por las rendijas apropiadas del entarimado del suelo calentando así la alcoba superior de la vivienda humana. O bien la lareira se situaba baja sobre la piedra  en el centro de la habitación principal de la casa, y cuyo calor y humo se derramaba por la vivienda escapando entre sutiles rendijas, otra vez, de las tejas. La chimenea habría hurtado excesivo calor. En la ciudad la casa burguesa gozaba de un calor más bien precario e insuficiente con braseros o estufas de carbón, y en los tiempos y casas más modernas como en la que pude vivir, la calefacción no se encendía mucho para ahorrar o más bien para gastar los excedentes en gastos suntuarios y de representación en aquella sociedad bastante cerrada y escaparatera donde en muchos casos el abrigo de visón importaba más que la cara lavada.  

En el manicomio prereformista y  en las primeras fases de la misma en las que el hacinamiento parecía imposible de combatir los enfermos se amontonaban sobre los radiadores. Unos tumbados en el suelo accedían a la parte inferior de los tubos calientes. Otros con sus monos como única vestimenta se disputaban o alternaban en agarrarse a los resquicios libres que ofreciera  el radiador. El edificio de piedra granito a cara vista en la mayor parte de los lugares daba lugar a la aparición de verdín en las propias paredes y eso menos en las unidades de los enfermos que en mi despacho, el cuarto de guardia o otras estancias no recónditas como archivos, admisiones y oficinas. Así que todos gastábamos en invierno fuertes jerséis de lana.

            Algunos detalles que conservo en mi memoria emocional creo que os pueden interesar. Había que comprar nuevos vestidos a los pacientes cuando pudieron ir teniendo algún dinero propio, como luego referiré, o de la Institución, al principio conectamos con conocidas tiendas de la ciudad, y sin gran dificultad conseguimos que dependientes con muestrarios y género se acercaran a las propias unidades del hospital donde con ayuda del personal de enfermería y también nuestro se escogían modelos e indumentarias. ¡ No era fácil! ¡Los enfermos tenían sus manías a la ropa vieja, o bien la alimentación de patatas, los neurolépticos y la inactividad habían producido gigantescas obesidades que no casaban con talla alguna de confección!  Mas luego pensamos que seria más rehabilitador y adecuado que los propios pacientes, por lo menos algunos o la mayoría, acudieran a las propias tiendas en Santiago para escoger sus vestidos nuevos. Ello fue uno de los motivos de miedo y estupor de la ciudad o al menos sorpresa, pues miedo fue fomentado más bien por las campañas interesadas de las que luego hablaré.  Los enfermos en general se portaban muy bien. Iban acompañados también por el personal que en aquellos momentos de abnegación asistencial aceptaban toda clase de tareas aunque no estuvieran contempladas en los convenios ni estatutos del trabajador o profesionales. Los comercios por supuesto estaban encantados en servirnos  Oscilábamos aquí entre dos modelos teóricos de la rehabilitación o socialización: Uno era el modelo francés ( Modelo Hospital de Lanemezan )  de un  del “hospital pueblo” al que se le dotaba de todos los servicios de una pequeña villa y de la cual los pacientes no debían salir; otro era el modelo más avanzado que acabó prevaleciendo y consistía en la ubicación del hospital próximo a una villa o pueblo natural no muy grande y cuyos servicios comunes habrían de utilizar también los pacientes.  Por supuesto que con sentido común todo dependía del cuando del como y del quien. Entretanto seguían asesorándonos también el Dr. May desde la OMS y el Dr. Letemendia, español arraigado en Gran Bretaña y que con frecuencia visitaba centros en España dando cursos y conferencias.  

De todas formas  recuerdo muy bien de que Montoya decía, antes de toda teoría, que  calefacción, agua caliente, indumentaria decente y una perra en el bolsillo no eran exigencias de la rehabilitación psicosocial si no meramente exigencias humanas y derechos de todo ciudadano.     

 

 

8.      Documentación de los pacientes y cartilla individual de ahorro.

            También fue singular la colaboración con los bancos. La Caja de Ahorros abrió prácticamente una sucursal en el Hospital. Funcionaba un par de veces por semana y durante semanas se dedicó a abrir cartillas individuales a todos los pacientes. Muchos tenían pensiones de diversos tipos, según fuimos descubriendo, algunas las cobraba íntegramente el hospital sin reservar - en el antiguo régimen - ni un céntimo para dinero de bolsillo o vestimenta. Otras las cobraba la familia, allá en la aldea, y todo lo más traía de vez en cuando tabaco o caramelos a su deudo, quedándose con el resto de la pensión. Otros tenían derecho a pensión pero no había sido tramitada. El trabajo de las Asistentes Sociales en este campo fue al principio tremendo e importantísimo, pues algunos pacientes tampoco poseían documentos de identidad. Constaba de ellos en la documentación administrativa algo así como “dice o dicen llamarse el….y aparenta tener unos….. años. Se decía que algunos eran producto de incestos no demasiado infrecuentes en la Galicia profunda  Algunos, como ya he dicho que descubrimos horrorizados, tenían tatuado el número de historia clínica en el hombro en la zona donde antes se efectuaba la vacunación antivariólica.  Claro que eran enfermos profundos que quizás no podían ni hablar, mas los métodos estaban copiados de los campos de concentración. En fín, me disculpareis que me esté repitiendo.

 Conseguimos para facilitar los trámites que la oficina del D.N.I  se trasladase al mismo hospital para confeccionar los documentos, y por ello mismo también tuvo que venir un fotógrafo para hacer las correspondientes fotos de carnet. Os podéis imaginar la revolución inusitada y también la diversión que producía todo ello y las habladurías a las que se prestaba en la ciudad, o mejor el pueblo, como se denominaba coloquialmente a Santiago.  El asombro a las familias que escasamente visitaban a su familiar “Tolo” y al verlo bien vestido y fumando buen tabaco  era inaudito. Más adelante al comprobar que la cartilla del paciente contenía dinero contante y sonante procedente de la pensión, de la laborterapia etc… el asombro era aun mayor  y desde luego ese dinero fue motivo más que importante para conseguir un permiso o estancia del paciente un tiempo con su familia que nos lo devolvía después de que todos se habían equipado dejando la cartilla a cero. Eso nos indignaba, pero más adelante comprendimos que el paciente también de buena gana obsequiaba a sus familiares y que esta misma capacidad aumentaba en él su autoestima y decoro como factores básicos de su rehabilitación.

Mas la tarea no terminaba con la documentación. A continuación había que estudiar la situación legal del paciente, los bienes que podía tener en su aldea, las pensiones a que podría acceder y que habría que solicitar….. Por entonces empezaban a tramitarse las pensiones no contributivas a las que efectivamente iban a tener derecho casi todos los pacientes pues eran escasos los que habían cotizado a la Seguridad Social ya que en el mejor de los casos habían sido trabajadores autónomos, pero sin la categoría burocrática de ello. Era lo habitual.  Algunas situaciones eran irresolubles. ¿ Cómo iban a ser sinceros en la aldea sobre herencias, bienes, derechos… que hubiera abandonado el “tolo”.? La lucha era terrible, y también tardamos en entenderlo. Recuerdo con remordimiento el caso de una pobre anciana que una y otra vez vino a nosotros para solicitar que se incapacitase legalmente a su pariente – no recuerdo si padre esposo o qué- para poder así acceder a la propiedad  de   una minúscula leira. A lo que nos negábamos por defender los derechos del paciente sin entender que aquella pobre mujer estaba más necesitada que su pariente ingresado y sin posibilidades de salir de alta seguramente pero que por el hospital tenía asegurado mal que bien todas sus necesidades.

           

9. Laborterapia y otras actividades

            Como es natural el objetivo principal de la laborterapia era, es fomentar la rehabilitación y el alta de los pacientes, o al menos disminuir los riesgos de su deterioro psicosocial y además ofrecerles un medio de ayudar a su subsistencia. Es fundamental  distinguir claramente la terapia ocupacional, sin fin utilitario y adecuada para las unidades de agudos, de la laborterapia a base de subcontratas de trabajo y pago a los pacientes, y de los trabajos para la administración del hospital, en los servicios comunes. La administración, como decía, colaboró totalmente pero en algún momento los cambios eran difíciles y las circunstancias económicas también.  Tradicionalmente la propia administración sin contar con los médicos ofrecía trabajo y algún dinero a pacientes que colaboraban en limpiezas, cocinas y mantenimientos. Pero era obligado conseguir que el tipo de trabajo, su permanencia en el mismo y aun la administración de las pequeñas pagas,  quedase en manos de los equipos asistenciales responsables de cada paciente a fin de que todo ello fuera organizado y dirigido a su rehabilitación. Así la administración debía ofrecer un cierto número de puestos de trabajo remunerados en los distintos servicios, como lavanderías, limpiezas etc. Las unidades; es decir los médicos responsables, habrían de indicar qué enfermos podrían ocupar estos puestos y además podrían separarles del mismo en cualquier momento, precisamente cuando lo hacían mejor para que accedieran a otra ocupación de más nivel.. Ello tenía como objetivo impedir la institucionalización del enfermo a base de un "trabajo" estable dentro del propio hospital dificultando así el alta. Por otra parte el dinero devengado no iría directamente al paciente si no a una cartilla de ahorro a su nombre - y que abrimos, como os decía, a  todos los pacientes - y que precisaría siempre de la firma de su medico, Asistente Social o  responsable asistencial para ser manejada y ello a fin de enseñar y controlar al paciente sobre la adecuada utilización del dinero. Los pacientes  para acceder a dinero metálico tenia que presentar un autorización del medico respecto a la cantidad devengada y por otra parte el equipo podía detraer dinero del paciente para comprarle ropa, un billete o cualquiera otra necesidad obrando pues como si estuvieran incapacitados. Con frecuencia estas decisiones sobre pacientes individuales eran discutidas en las reuniones de unidad, de la misma manera que el manejo de los demás  problemas de convivencia, donde, como siempre se constatábamos que los compañeros son mucho más estrictos e intransigentes que los responsables, en este caso sanitarios.  La situación legal respecto esta administración del dinero no era muy clara pero  pensamos que obrábamos siempre de buena fe y con  máxima deontología. Esta flexibilidad con las nuevas normativas y  exigencias  creo que sería hoy imposible.

 

 Los talleres de laborterapia se ubicaron en unos agradables edificios prefabricados en madera  en donde los distintos talleres, mixtos de hombre y mujeres por supuesto, estaban separados por tabiques  de madera con puertas que se repetían a la misma altura. Las paredes a partir de 1,5 metros eran de cristal. Así estando de pié se vigilaba toda la serie de talleres, pero los pacientes estando sentados no veían a los del taller colindante. Una disposición que copiamos de los preciosos talleres del Hospital de Bermeo, y que hoy se repite en todas partes. Tengo una buena colección de fotografías de talleres de diversos hospitales, que visitamos para informarnos,  entre otros el de San Luis de Palencia,

 

            Andando el tiempo aún antes de marcharme yo del Sanatorio se abrieron más edificios prefabricados, esta vez de hormigón, donde se alojaron las unidades de agudos y los despachos centrales de los servicios amen de las consultas. Unidades de agudos que se referían en seguida solo al sector uno, ya que en el sector dos de la ciudad de La Coruña pronto se abrió un hospital de día y un centro de agudos y mas adelante lo mismo en El Ferrol.

            Desarrollamos una laborterapia propiamente dicha de la forma habitual en estos casos  subcontratando trabajo con empresas de la ciudad que pagarían por trabajo hecho.

            Tuvimos mucha suerte pues lindando tapia con tapia estaba situada a nuestro lado una empresa importante: "Televes". Fundada por un fuerte grupo económico de Santiago se había convertido en empresa de importancia y ámbito nacional e internacional y se dedicaba a la fabricación de antenas de televisión y toda serie de accesorios electrónicos en gran desarrollo ya en aquellas fechas por el auge de las antenas parabólicas. Además de su proximidad tenía para nosotros la enorme ventaja de ofrecer  todo tipo de trabajos: desde los más groseros y sencillos con piezas y tornillos grandes, a los más finos de soldaduras y ensamblajes de cajas y circuitos electrónicos. Pagaban bien. La dificultad mayor, comprensiblemente, la tuvimos con los sindicatos de la fábrica que veían peligrar puestos de trabajo por la competencia " desleal" que hacia el Sanatorio. De todas formas la presión no fue excesiva pues era costumbre en Galicia - al igual que en Cataluña - la realización de trabajos a domicilio; es decir trabajo negro en ultimo termino y que beneficiaba tanto a la empresa como al operario. La subcontratación al sanatorio entraría, me figuro, dentro del mismo régimen.

            Otra empresa que nos dio bastante trabajo derivaba de una industria muy necesaria en Galicia y en concreto en Santiago: una fábrica de paraguas. Fábrica " Caravel", no se me olvidará. También constaba de un trabajo bastante diversificado e interesante. Las  varillas, las “moñas” que eran unas piececitas de tela que se colocaban en el vértice del paraguas. El cosido de las fundas etc. Este trabajo lo realizaban sobre todo mujeres.  Para los niveles más inferiores contábamos con las habituales bolsas de papel, ensamblamiento de pinzas de la ropa, o confección de escobillas del retrete.

 

 10. La casita hogar.

Un dispositivo muy útil para propiciar altas sobre todo de mujeres consistió en el establecimiento de una " casita hogar". Una monísima construcción prefabricada de madera dispuesta como pequeño chalet con todos los servicios y en el que convivían 5 o 6 pacientes bastante autónomos para sus necesidades cotidianas. Así aprendían a limpiar, cocinar etc. y a partir de ello, intentábamos colocarlas en el servicio domestico en la ciudad ayudándonos a ello todas nuestras amistades amen de nosotros mismos. Muchas pacientes por este procedimiento se rehabilitaron totalmente. Los pacientes en cambio lo tenían en este aspecto mucho más difícil. Esta casita era uno de los servicios no sectorizados y estaba disponible por lo tanto para pacientes adecuados de cualquier sector; sin embargo lo utilizamos sobre todo desde el sector y equipo  numero uno dada su situación en el mismo Santiago. No tenía personal propio y solamente recibia visitas no reglamentadas por parte de la encargada de unidad ( supervisora) a la que estaba adscrita. Recibía también alimentos y demás artículos, como de limpieza etc.  del hospital, pero tenían que cocinarlos los propios pacientes. El movimiento de pacientes era frecuente, pero difícil pues comprensiblemente muchos, o mejor dicho muchas, no deseaban cambiar de lugar. A veces las pacientes  cocinaban  un pastel, u otro plato especial, e invitaban a otras pacientes a también al personal a probarlo.

 

 

 11. La cuadricula asistencial de Early.

El jefe de servicio  del sector tres había trabajado en Gran Bretaña con esta prestigiada personalidad en el campo de la Psiquiatría Comunitaria y social. Como esquema teórico describía la  red o cuadricula denominada por su nombre. En el eje horizontal se significaban las distintas situaciones de habitación y convivencia en la que podía estar situado un paciente, incluido el régimen especifico que pudiera concederse al paciente concreto; por ejemplo , un paciente podría estar en : Unidad cerrada;  Unidad cerrada pero con permisos dentro del propio hospital; permisos de salida al pueblo en horarios controlados; unidad abierta;  residencia en casa hogar en régimen de hospital de noche; o bien en régimen de hospital de día… residencia en piso protegido… y así sucesivamente hasta el alta definitiva.  En el eje vertical se situarían las situaciones de trabajo y movimiento; desde la terapia ocupacional en la unidad; laborterapia en el  servicio central de la misma en el  propio hospital, puesto de trabajo protegido en el exterior del hospital etc. El paciente a medida que ganaba en autonomía se iba situando en cada una de las casillas de posibilidades que ofrecía el esquema. Los cambios de situación frecuentes según los avances o retrocesos del paciente. Los estímulos devenían de la propia posibilidad del cambio frecuente. Así cada paciente individualmente podía colocarse en cada momento en una casilla determinada. La calidad de la asistencia prestada por otra parte podía evaluarse por la existencia de todos los dispositivos teóricamente posible que ofrecia la cuadricula o malla asistencial  

 

12.  Las reuniones y actividades  de unidad

            Uno de los instrumentos básicos de funcionamiento en la reforma, consistía en la realización diaria o por lo menos de un par de veces a la semana de una reunión de todos los pacientes de la unidad con el equipo medico y de enfermería. Ello solo fue posible después de la organización de las salas o unidades independientes tanto en lo arquitectónico como en el equipo. No pudieron ser menores de unos 40 pacientes en las unidades de crónicos. Las reuniones se celebraban en las salas de estar. Se publicaba el orden del día en el tablón de anuncios. El personal se distribuía  mezclado con los enfermos. Nos poníamos todos en corro. Corros por lo tanto grandes  y amplios. Los pacientes no tenían ni idea de lo que tramábamos. Mas bien tenían miedo. No querían asistir. Se colocaban cara a la pared o permanecían días y semanas en el más espantoso mutismo, y eso aún pacientes no excesivamente deteriorados. Después de la reunión con los pacientes obligatoriamente se realizaba la reunión del equipo terapéutico en la cual se analizaba tanto en lo referente al grupo, como a cada paciente. Análisis no dinámico, si no más bien comportamental. Con frecuencia a esta reunión se demandaba la asistencia de algunas otras personas o secciones que entraran en relación con el paciente; por ejemplo el monitor de terapia laboral etc. De todo ello se llevaba un protocolo en el libro de la unidad, donde también se anotaban las incidencias que se produjeran. En estas reuniones intentábamos implicar responsablemente a todos los pacientes de las cuestiones de convivencia que les afectaban. Por ejemplo el horario de la televisión; la organización de la limpieza; la decoración o color de la unidad, los ruidos nocturnos…. También  discusión de posibles amonestaciones, sanciones o comentarios para conductas inadecuadas

            Podría preguntarse donde habíamos aprendido estas técnicas. Gran parte por lecturas, intuición y buena intención. Yo mismo sin embargo podía vanagloriarme de bastante más. Un año entero de grupo cerrado de neuróticos con el Dr. Rohlfs en la unidad abierta de mujeres en Giessen. Casi dos años de tratamientos de grupos de alcohólicos en Heiligenhafen. Los tratamientos grupales, reglados y con manual para la rehabilitación de psicóticos no habían llegado todavía.  Los tratamientos de modificación de conducta eran puntuales. Los realizaban psicólogos y no en nuestras áreas, aunque yo al poco de llegar a Valladolid pasé unos días en Barcelona con  el Dr. Massana que tenia fama de dominar estas técnicas. La verdad es que tal organización no es otra que la de las órdenes monásticas  en sus reglas y reuniones capitulares. Es el único procedimiento posible de  convertir una masa en un grupo. 

 

            Desde luego nada sabíamos entonces de la "emocionalidad expresada"           término un tanto rocambolesco con el que se designa hoy día la presión o estress. Nosotros notábamos meramente la resistencia de muchos pacientes a acudir a las sesiones. Quizás por ello en años posteriores nos aplicamos a estudiar en profundidad el modelo vulnerabilidad- stress en las  psicosis, así como las escalas y andamiaje teórico para evaluarlo. Ello ha centrado entre otras cosas dirigido el trabajo de investigación estos últimos años con mi hija también psiquiatra y en colaboración con las escuelas alemanas de Bonn y Frankfurt. La "psicología" del esquizofrénico también nos era desconocida; es decir los déficits psicológicos de tipo negativo que mantienen el defecto psicótico. Seguíamos pensando con la literatura al uso que era el hospital lo que básicamente producía el defecto.

 

            Nos desesperábamos por eso, por organizar "actividades", pero estas tenían sus limites, avanzaban penosamente y también nos producían a nosotros un gran estress.  Era dificilísimo motivar y activar a los pacientes en general. Y aquí no valía y no vale la producción de “necesidades” más o menos artificiosas. Luchábamos efectivamente contra el defecto psicótico, y éste, lo entendí después, no era el instrumento adecuado. Seguramente, estas presiones en las reuniones de unidad  incluso eran  contraproducente para el paciente defectual y más de una vez asistimos a reactivaciones psicóticas derivadas de nuestra presión. Intentábamos también  que los pacientes salieran de la sala hacia la laborterapia general del hospital  pero a la vez entendimos que era necesaria como primer paso una terapia ocupacional en la propia unidad. Disponíamos de las actividades de limpieza al menos, y en cada sala un grupo de pacientes tenia asignada la limpieza bajo la supervisión del personal. Recibían una pequeña cantidad por ello. En las salas de mujeres sobre todo, esta “colocación” estaba muy aceptada y demandada.

En todo caso la creación de unidades bien delimitadas aunque fueran demasiado grandes – al principio unos 40 pacientes  . la colocación de espejos, calendarios y relojes, y los estímulos constantes para el aseo e incluso ornamentación de los pacientes obraban milagros poco a poco.

También conseguimos en todas las salas se instalara una televisión. Cuando hoy día tanto se censura el papel adocenado y deteriorante que produce la televisión no se recuerda ni tiene en cuenta la enorme eficacia que tuvo en los primeros años, y en aquel submundo del hospital en aquel momento. La televisión es responsable que poco a poco la aldeana vista igual que la “señorita” de la ciudad; que los gustos en el vestir, en las casas y en las costumbres se globalizasen, desde luego, pero para mejor en las grandes masas de la sociedad. Hoy ya no cabe el tipo de “el paleto” pues a todas partes ha llegado la televisión. Por aquel entonces  el Ministerio de turismo que presidía Fraga Iribarne comenzó a hacer mucho ya  por Galicia instalando en numerosísimas parroquias ( leasé como municipios o aldeas ) clubs de televisión donde se reunían las gentes para asistir a toda clase de eventos y emisiones. 

 

  13. Fiestas y romerías

                        Otras experiencias inolvidables tuvimos con ocasión de la celebración dentro del centro de varias romerías y fiestas al estilo tradicional. Pedimos ayuda a asociaciones benéficas, folklóricas... y musicales. Asamos cachelos y sardinas. Escuchamos la zanfoña y la gaita y con increíble entusiasmo y cual si se tratara de un milagro vimos como las mas graves enfermas postradas en las camas o en los suelos y totalmente pasivas inexpresivas y mudas se ponían en pié y comenzaban a cantar y bailar los aires de su juventud. En estas fiestas colaboraban nuestras familias en pleno y así poco a poco se establecieron también lazos de amistad entre nosotros.  Lo pasamos muy bien e hicimos infinidad de fotos que supongo guardará cada cual en buen recuerdo. Entendimos así, aunque entonces no sabía mucho de ello, que el ritmo y el canto es anterior al lenguaje; que el lenguaje incluso se originó a partir de la canción y del baile. Hoy está todo ello muy bien documentado y las actividades rítmicas con o sin vocalización son el a.b. c. del entrenamiento de deficientes psíquicos de todo tipo. Es más hoy día sabemos que la danza, el ritmo motor y el canto son anteriores al lenguaje propiamente dichos. En un trabajo sobre el tema aventuro yo a escribir que incluso los sonidos producidos en el trabajo, por ejemplo para la confección de los instrumentos líticos del hombre primitivo, pudieron ser acompañados e imitados omatopeyicamente generando así las primeras palabras. El asunto es interesantísimo desde el punto de vista neuropsicológico y psicoevolutivo pero no puedo profundizar en él ahora, ni parece tampoco oportuno fatigar con reseñas bibliográficas a quien tan solo espera al leerme un poco de anecdotario sobre la historia de la psiquiatría española. Aun así vease la siguiente nota al pie.[2]

 

 

14.  Funcionamiento general intrahospitalario. Historias clínicas e informes. La Junta Facultativa.

Ya he referido que en los tiempos de la prerreforma las historias eran, como en Pamplona, esencialmente administrativas. Es importante recordar cual era el procedimiento habitual de ingreso de pacientes. Era también esencialmente administrativo. Según la  famosa ley de la Republica de 1931, ley de ingresos, se entiende forzoso, en los centros psiquiátricos podía ser gubernativo; es decir por la policía en ultimo termino; judicial, por la correspondiente orden, o médico familiar, a petición de la familia e  informe de su medico de cabecera por enfermedad psíquica. Desde luego dentro de un plazo fijo debían los médicos de establecimiento confirmar la presencia de enfermedad que justificara el ingreso. Para el alta se debía contar con la autoridad o persona que ordenó el ingreso. Los médicos del centro no podían negarse al ingreso aunque como decía sí podían proponer el alta en su momento. Ahora bien, los casos agudos y ordinarios se solventaban en los centros locales que de una forma u otra existían en todas las capitales de provincia. El ingreso en los grandes manicomios exigía lo aprobación administrativa, como tal, que aprobaba la plaza, es decir, el pago de su pensión o plaza en el Hospital, a cargo de las Diputaciones provinciales que eran por ley las responsables de la asistencia “de beneficencia” en la que se encontraba toda la psiquiatría que no era atendida por la seguridad social. La Seguridad Social en aquel momento y mucho tiempo después mantenía exclusivamente unas consultas de neuropsiquiatría.  El sistema, como se ve era esencialmente administrativo y el visto bueno para el ingreso lo daba la administración del centro. Se entendía que el movimiento de pacientes era escaso y las estancias medias altisimas. Por ello mismo la autorización de  ingreso, ligado a la pensión de manutención o plaza, se consideraba como equivalente a la declaración de incapacidad  médica, social y laboral  bajo el supuesto de que permanecería ingresado toda la vida…. Podía así muy bien instalarse en la entrada del Hospital aquel terrible letrero de El Infierno en la Divina Comedia. “ Perded toda esperanza”.  Así que por otra parte era difícil obtener plaza en el Hospital, para un retrasado grave, o un enfermo neurológico incapaz y sin familia…. Pues el Hospital era un auténtico asilo. Esto  explica parte de las reticencias de las familias a aceptar un alta del paciente, pues eso podía conllevar la pérdida de la plaza y del derecho al reingreso. Así que en la primera fase aceptamos la ficción administrativa de que todas las altas eran provisionales, que el enfermo no perdía su plaza y que el reingreso podía y debía ser inmediato y fácil en caso necesario. Mas hacer comprender todo ella a las familias era muy difícil como podéis comprender.

 La documentación administrativa de ingreso, que contenía los datos médicos, era archivada en las estancias de la administración. En Pamplona no existía documentación alguna de los pacientes en las salas o unidades médicas, pero en Conjo sí. Estas historias sin embargo eran sumamente elementales y con frecuencia no contenían ni una sola anotación a lo largo de muchos años.

Así que un primer trabajo fue crear historias clínicas individuales que permanecerían en las correspondientes unidades. Al lado del enfermo, como es obvio que debe ser. Dentro de la psiquiatría social comunitaria que queríamos practicar se declaraba que la historia era un documento multidisciplinario en el que debían y podían escribir todos los profesionales implicados. Por definición postulamos que todo paciente era siempre también unc aso social, de la misma manera que era un caso médico, y un caso de enfermería y un caso administrativo. Así para mejor funcionamiento y señalización adjudicamos a cada profesional del equipo una hoja de historia de color diferente. Blanca para el médico, amarilla para enfermería, gris para la asistente social….. Cada grupo de hojas mantenía una numeración independiente.  Se consideró obligado que cada paciente al menos una vez al mes fuera visto, explorado y estudiado y que se contestase por escrito en la historia a la  famosa y  obligada pregunta: ¿ Porqué este paciente continua todavía ingresado?    Así que se postuló también que todos los pacientes eran candidatos al alta para seguir siendo atendidos por los servicios extrahospitalarios.

Siguiendo lo que habíamos visto en Alemania o en El Reino Unido, después de la visita diaria, o en las grandes unidades al menos una vez por semana, se realizaba lo que se llama la Kurvenvisite ; es decir, el comentario de cada caso a la vista de la historia clínica y en reunión de todo el personal. Esto, permitiéndome saltar fechas y lugares, lo he realizado, lo hemos realizado el Dr. J. Madrigal y yo en la unidad 11 Norte de agudos del Hospital Clínico de Valladolid diariamente y sin interrupción durante más de 25 años a las 8, 30 de la mañana.

Creamos en seguida una Junta Facultativa general con reuniones quincenales que completaban   las infinitas reuniones por separado que realizábamos los jefes de servicio con Montoya; nosotros con nuestros jefes clínicos; casi diariamente con el personal completo de cada sala y así sucesivamente.  Esta inflación de reuniones era  muy típica de la psiquiatría comunitaria y “reformada” de aquella época y con frecuencia, además de su politización en muchos centros, como sucedió en Conjo, conducía a la neurotización de las relaciones interpersonales del equipo  asistencial con la aparición de tensiones e incluso tremendo estress. Yo en mi equipo nunca lo permití. Desde luego ello no mejoraba la tarea asistencial si no todo lo contrario. Tenía siempre muy presente los datos que proporcionó la Mutua de Educación francesa; es decir la mutualidad asistencial Sanitaria de los funcionarios del Ministerio de Educación Francés que durante mucho tiempo fueron un modelo de organización psiquiátrico sectorial comunitario. La cuarta parte de sus recursos psiquiátricos, se decía, atendía al propio personal de las Instituciones Sanitarias. Los equipos podían ser acosadores   y deletéreos….    

En principio se suponía que la Junta era técnico asistencial y como es obvio hoy día, contaba con miembros natos y miembros elegidos. Natos  eran los directores y todos los jefes de servicio y supervisores generales de enfermería. Representados eran un jefe clínico por equipo etc….. No voy a presentar aquí los estatutos ni los recuerdo exactamente. Se llevaban libros y actas como es natural. Mas poco a poco, sobre todo en la segunda fase de la reforma, que llamaré fase antipsiquiátrico-política se  fue manipulando la Junta hacia temas laborales-políticos mientras que a la vez se intentaba que sus decisiones fueran vinculantes. Todo ello en una tremenda y cansada confrontación desde las infinitas palabrerias hasta el acoso posteriormente. En estos caso yo siempre argumentaba: ¿ Pero quién firma los tratamientos y las altas? ¿Pero quién es responsable legalmente de la marcha del centro….? Pues quien tiene la responsabilidad tiene que tener el mando; que siguiendo categorías romanas no consiste en la “autoridad” si no en el “imperio” que quiere decir sin más el poder.  Pero para aquellas fechas ya el horno no servia para aquellos bollos. Así podréis entender que  a partir de un cierto momento gran parte de los recursos, del tiempo y de las energías en vez de revertir a los pacientes se disipaba en interminables discusiones, papeleos y cansancios.   

 

 

15.  Excursiones y paseos por Santiago

             Dentro también de las  experiencias inolvidables  tengo  que recordar también las innumerables excursiones con los enfermos. Unas veces simplemente a la ciudad de Santiago a donde durante años o décadas no habían ido los pacientes, a visitar al Apóstol, a comprar vestidos o a sentarnos con los enfermos en un café o en la Alameda. No nos cortábamos, precisamente por nuestro elan ideológico, no teníamos reparo en sentarnos en los cafés más prestigiosos y burgueses, o codearnos con estudiantes, o bien íbamos al cine a las mejores sesiones.  Recuerdo en concreto la asistencia al cine para ver “ Jesucristo Superstar. Todo ello desataba en los pacientes unos entusiasmos sin límites. En esa sesión en concreto se levantaban de los asientos y cantaban al compás de la pantalla intentando también bailar desde las butacas. Intentábamos por ello asistir a sesiones de tarde o de escaso publico o de estudiantes más comprensivos para estos insólitos espectáculos.  Rarísimamente ocurrió algún disturbio grave  por parte de los pacientes, pero sí con frecuencia por parte del "público". La verdad era que nuestros pacientes se distinguían bien. En general  estaban un tanto deformes por la imparable colaboración durante años del haloperidol y meleril con las patatas. Gruesos; de marcha insegura, de mirada curiosa y asombrada; de dificultades sublimes para tomar el autobús o manejar las cucharillas.... Muchos no podían olvidar sus hábitos y pedían limosna a los transeúntes. Si la excursión era a la playa  el espectáculo de los pacientes en trajes de baño, que pese a nuestros esfuerzos eran anticuados ( por lo gruesos que estaban ) era verdaderamente insólito y nunca pasaban desapercibidos. Teníamos que enseñarles todo empezando porque no orinaran en las esquinas, no se levantaran las faldas a destiempo, no escupieran continuamente.... Sí; una labor de rehabilitación y samaritana sin parangón. Acompañábamos a los pacientes en esas excursiones  tanto los jefes de servicio como el último auxiliar aunque pronto al entusiasmo sucedía también el cansancio y el temor. Excursiones de varios días tardamos mucho en hacer. Todo ello ya lo había vivido en Alemania y en Quitapesares, y era habitual en los Sanatorios viejos de mediana calidad, pero en Conjo, paradigma de la pobreza y el abandono era todo nuevo.

En muchos casos sobre todo más adelante, según mejoraba la rehabilitación acudimos al “juego de roles” para que los pacientes aprendieran cuestiones tan elementales como necesarias: Ir a una oficina; llamar por teléfono; coger el autobús… pero en general no llegábamos ya a estos detalles.

 

16.  Los dispensarios.

            Todos conocíamos y seguimos conociendo al dedillo las instrucciones de la OMS de la época respecto a la asistencia psiquiatrita. Las emitía como informes oficiales elaborados por comités de expertos en cuadernillos no muy largos y de pasmosa claridad.  Tengo mi propia colección de estos informes de expertos. Conjo además desde el principio formó parte, como he dicho,  de lo que se llamó estudios en áreas piloto de Salud Mental en Europa, en la que se admitían todos los espacios político asistenciales comprometidos en una reforma de la Asistencia Psiquiátrica según las directrices de la OMS: Entonces el Officier para Europa era Wing autor del primer protocolo válido de exploración psiquiátrica o P.S.E. y más tarde  el Dr. May  que nos visitó, como ya he dicho,  varias veces. Tomé parte varias veces en estas reuniones en general en España. Los distritos más importantes eran del área anglosajona y nórdica amen de Mannheim con el sector de Häfner. En España al principio solo estábamos nosotros y mucho más tarde Leganés. Conjo fue sin duda durante muchos años el primero en calidad y precocidad en cuanto a una reforma asistencial ortodoxa....

            Según la OMS, pues, era muy distinta una consulta de un dispensario. La consulta era mera exploración y recetas. Un dispensario exigía tratamientos, reuniones con las familias, persecución del paciente que no acudía, control continuo en suma de los enfermos del área tanto fueron o no fueran a la consulta, y por supuesto reuniones con las  familias y visitas domiciliarias, administración de medicación depot, contacto con autoridades y personas clave de la zona.... Un dispensario como centro de una subarea exigía también actividades de divulgación e información al público en general de la zona y especialmente de los médicos que allí practicaban y reuniones con ellos con cenas o sin cenas.

            Los dispensarios se establecían en cabezas de comarca, en general en lugares públicos en los que pedíamos " asilo" en general ayuntamientos, muchos de ellos nuevos y que por ello disponían de espacios suficientes. Los días de dispensario en general dos por semana se hacían coincidir con los días de feria, mercado , o romería, aprovechando la afluencia de gentes y la disponibilidad  de mejores  comunicaciones en aquellos momentos.

            Así recuerdo muy bien la puesta en marcha de los relativos a mi sector, que era el 1 o de Santiago. Primero en Arzua, luego en Vimianzo, luego en Corcubión y posteriormente próxima ya mi marcha en Puebla de Caramiñal. En general viajábamos el medico y una asistente social o enfermera. Recuerdo aquí con agradecimiento  la labor de Maria Jesús Iglesias, asistente social. Otras  veces me acompañaba  mi esposa que ayudaba en la consulta y con quien hacia después un poco de turismo. Así recuerdo especialmente las comidas en Vimianzo con nuestro amigo el  joven notario procedente de Valladolid, y las excursiones maravillosas por zonas incógnitas entonces de Galicia, próximas a la Costa de la Muerte, los montes mágicos de El Pindo, y la maravillosa playa de Carnota donde en invierno veíamos saltar a los delfines.

            Comíamos en cualquier tasca de pueblo o en el Camping de Corcubión pescado recién traído del mar, o en aquella cantina de Malpica de Bergantiños cuya dueña lamentaba que no hubiéramos venido el día anterior que había tenido spaguettis y filetes de ternera,  pues hoy  solo podía ofrecernos percebes y rodaballo o robaliza en nombre gallego. Contamos  todavía con entusiasmo  la anécdota!!!!.

 

            La calidad de un dispensario se mide por los tiempos de decadencia en cuanto a seguimiento de las cohortes de enfermos en seguimiento. Y ello a la vez se consigue por el llamado perseguimiento del enfermo consistente en seguir e investigar su situación cuando no acude a la consulta. El enfermo psiquiátrico es así; cuando no viene es cuando está peor. Las familias pronto aceptaron con inmenso agradecimiento que nos acercáramos a sus enfermos y a sus casas y no entendían que fuera gratis. Intentaban darnos una propina; en general 25 pts. o similar. Mas bien nos acosaban para que lo aceptáramos. Nos metían la moneda en el bolso del pantalón o en el escote y nos echaban toda clase de bendiciones al bueniño del señor doctor. Discutido el asunto en el equipo acordamos que debían aceptarse las costumbres locales y que el rechazo de un patacón más bien era un agravio. Así que acordamos  que las propinas  debían echarse a un bote con el que tomábamos luego algún café o merienda de vez en cuando. Desde luego también querían obsequiarnos con sus cosas, sea unos mariscos, un queso, o manducatoria similar y  que contribuían a aquellas meriendas comunitarias del equipo.

Otros problemas contribuían también a esbozar una sonrisa; por ejemplo al intentar rellenar nuestras estrictas fichas de la OMS para estudios estadísticos y  documentación de los pacientes. Muchas preguntas resultaban inverosímiles, hilarantes  y sencillamente incontestables.  Era frecuente que los pacientes no supieran su año de nacimiento, ni estuvieran empadronados, ni siquiera estuviera claro el municipio al que pertenecían, pues  en la Galicia profunda seguía primando la unidad territorial administrativa de la parroquia, y más que el registro civil podía regir el certificado de bautismo. Las direcciones  ¿ postales? También eran galimatías incomprensible… de la parroquia de….. del lugar que se dice de……  junto a la leira de …..

Desde el punto de vista administrativo del hospital  estaba todo bien organizado. Recibíamos dinero de kilometraje. Algunos incluso un préstamo para comprar un coche. Unas dietas para la comida.  También un seguro adecuado para el coche.  Eran  suficientes pero comprensiblemente con frecuencia  fueron motivo de discusiones en convenios y demás, pero ello da cuenta de la flexibilidad o generosidad  administrativa  ya que tales dietas por ejemplo  no   se abonan   a  los médicos rurales, o de atención primaria como hoy se dice, de las servicios sanitarios de las comunidades autónomas, al menos en la nuestra actual de Castilla y León.  Nosotros, al menos yo, estaba encantado. 

            Al principio desde luego  era gratificante y hasta divertido por lo que suponía de excursión y novedad, pero en pleno inverno, por carreteras imposibles a veces y corredoiras, con lluvia y oscuridad, y humedad hasta los huesos para comer en alguna tasquiña un buen caldo resultaba tremendo. Así que muchos días el viaje era penoso y cansado pero éramos jóvenes y el impulso y abnegación asistencial absolutas. ¿ Cuál era el espíritu que nos movía.? A mí era el puramente médico y científico. A otros quizás todavía un afán humanitario y ascético, aunque fuera en el fondo político, al principio y en muchos sin saberlo, luego de forma explícita.   

            Los dispensarios, debían, así lo entendíamos nosotros, incorporar a toda la psiquiatría de la zona y por lo tanto deberíamos nosotros atender también a enfermos de la seguridad social. Uno de los postulados asistenciales era precisamente la unificación e integración de servicios y medios. Pero eso no se consiguió. Por más que lo intentamos se perpetuaron las llamadas “redes asistenciales paralelas” con el resultado de que unas eran para ciudadanos normales y otra para los “pobres” procedentes o candidatos de Conjo. Así se contravenían todas las normas de la OMS. El resultado era penoso Nosotros que hacíamos la mejor asistencia atendíamos solo a los enfermos que no tenia S.S. y dependían de las Diputaciones en último término en régimen similar al de las antiguas beneficencias. Los enfermos de S.S. de otro novel social etc. acudían a sus consultas de neuropsiquiatría de la S.S. Nosotros nunca tuvimos recetarios  de la S.S. El contacto con estos compañeros siempre fue malo por razones profesionales. Nosotros no habíamos hecho oposición; nosotros no éramos funcionarios; nuestras instituciones no estaban en absoluto concertadas.

            Es más; durante tiempo y tiempo se mantuvo un grave conflicto administrativo: Los enfermos de la S.S. ingresados en nuestros servicios, o que acudían a nuestros dispensarios,  no devengaban nada al Hospital o mejor dicho a la Fundación. Con frecuencia, ingresaban enfermos que tenían seguridad social y la Fundación se esforzaba en pasarles la factura a lo que se contestaba que no los ingresáramos. Mas los médicos desconocíamos la situación administrativa del enfermo e incluso tras largas discusiones se acordó que las asistentes sociales se ocuparían de las cuestiones psicológico sociales pero no de las social administrativas, aunque en este punto yo no estaba de acuerdo. Este pago  solo se consiguió en un momento muy avanzado de la reforma. Yo creo que después de marcharme yo. La integración completa presumo que solo se consiguió plenamente en el momento de la creación del Sergas o Servicio de Sanidad Gallego al asumir  Comunidad Autónoma todas las competencias sanitarias y asistenciales. En Valladolid por ejemplo actualmente aun no se ha logrado la integración completa aún después de asumidas la Asistencia social y sanitaria por la Junta. Pervive un curioso ente denominado El Consorcio médico-asistencial, residuo del concierto primitivo entre la Diputación y el antiguo Insalud.

            Otro problema administrativo derivaba del hecho de que los pagos  asistenciales de las mismas Diputaciones Provinciales  estaban ligados a los módulos enfermo-cama, pero al aumentar las altas disminuyan claro los ingresos económicos, precisamente según mejoraba la asistencia. Eufemísticamente se afirmaba que la reforma al disminuir el número de enfermos ingresados disminuiría los gastos, pero esto no estaba claro en absoluto.  En todo caso  hubo que pasar de un pago por cama ocupada a una financiación por servicios o por áreas cubiertas. Ello fue fácil en el ámbito de La Coruña cuya Diputación era la propietaria de la Fundación etc. pero imposible de conseguir en las otras Diputaciones como la de Orense y Pontevedra y Lugo. Lugo tenia solo hospital de hombres  en Toen;  toda la asistencia de mujeres quedaba a nuestro cargo. Pontevedra abrió pronto un hospital:  El Rebullon y una unidad de agudos, pero un área - la zona de Lalin de Pontevedra quedó mucho tiempo adscrita al sector 3,  creándose luego para ella todavía desde Conjo el  sector cinco. Nosotros en el Sector 1 teníamos adscritos a las enfermas de Orense y eran tantas que tuvimos que abrir un dispensario en Verín en una residencia de ancianos a la cual trasladamos también gran número de pacientes. El día de consulta en Verin teníamos que tragarnos más de 15o kmts. de ida y otros tantos  de vuelta. Recuerdo muy bien y como anécdota cómo veíamos asomar las piedras peladas al consumirse  por el fuego provocado  los montes próximos repletos de plantaciones de pinos sentenciadas por aquellos  seudoecologistas,  y nacionalistas trasnochados que poco a poco iban imponiendo el gran debacle en el que a punto estuvo de caer Galicia en la transición en hechos y circunstancias que precisamente se gestaron en Conjo en gran parte.

            Aun así, las marchas a los dispensarios eran agradables. También abrimos uno en Santiago en un despacho húmedo y viejo pero céntrico  en El  Franco, en edificio que pertenecía a Sanidad, pero eso no tenia gracia, salvo por estar próximo a una churreria y a la  que   podía ese día ir andando desde casa  por la tarde.

 

  17.  Otras visitas, viajes  y estancias extrahospitalarias.

            Un esfuerzo gigantesco hicimos en los primeros meses también para identificar a las familias que quedaran de los pacientes. Dada la inmensa dispersión y las malas comunicaciones de aquella Galicia, la mayor parte de los pacientes estaban completamente olvidados de su comunidad. Hicimos cuasi experimentos, dignos de la mejor de las novelas, cómo llevar a pacientes  ingresados desde hacía 15 o 20  años o más  a sus pueblos a visitar a sus familiares vecinos o sus casas, cuando éstos no venían al Hospital.  Los recibían con más temor que interés o cariño. Era terrible el intento de volverlos a dar de alta o al menos unos días de permiso  aunque luego lo conseguíamos por otros procedimientos indirectos que ya diré.

 

            Algo más puedo referir sobre estas visitas. Desde luego conducíamos nosotros mismos. Viajábamos en general un médico y una ATS o una asistente social. Llevábamos  a la propia paciente con la intención de que visitara su aldea o bien de intentar producir su alta después de contactar con la familia. Viajábamos hasta los últimos limites del espacio y del tiempo. Como en el Sanatorio había muchos enfermos de Orense, sobre todo mujeres ya que el Sanatorio de Toen de Orense era solo de hombres, teníamos que desplazarnos a más de 150 km. allá por los aledaños de Allariz o de Ginzo, de El  Barco de  Valdeorras o Viana do Bolo. Nos recibían con extrañeza siempre y con cuidada cortesía en esa infinita mezcla de desconfianza y cortesía inteligente que caracteriza " por lo pueda suceder"  al aldeano gallego. Así, desde luego conocimos la maravillosa, oculta y profunda Galicia. En una ocasión me tocó viajar hasta una aldea próxima a Cabeza de Manzaneda. No creáis que se podía llegar en coche hasta allí. El coche hubo que dejarlo como un Km. antes continuando el camino a pie en ausencia de una mula o asno que hubiera sido lo adecuado según mostraban los habitantes de la aldea que sin duda nos miraban en silencio con abstrusa extrañeza. La aldea, unas casiñas de madera en empinadísima ladera. Por el centro de la calle principal corría un torrente a cielo abierto sobre una cacera de piedra natural que descendía directamente de las nieves de la cumbre. En la casa de la enferma nos presentaron al abuelo. Un anciano arrugadisimo del que solo se veía la nariz por encima del embozo de indefinido color. Desde el cable desnudo de la luz con macilenta bombilla descendía otro cable cogido con un "ladrón " que descendía hasta la cama: "Es que tiene mucho frío sabe Vd, y tenemos que ponerle una manta eléctrica. Al "Sr. Dotor" y a su acompañante le obsequiaron con una copita de buen orujo. Lo malo fue la  la copita como continente. De una alacena sacaron una especie de dedal de cristal, parecía, adornado con múltiples cagaditas de mosca. Apercibiéndose de ello la anfitriona, aldeana hija del abuelo y hermana de nuestra paciente, se apresuró a limpiarlo con una buena barrida por el interior del vaso con su dedo pulgar. Pensamos todo aquello de que lo que no mata engorda y de que el alcohol, como es espíritu, todo lo purificaría.

            Estos viajes eran en general agradables cuando viajábamos sin pacientes y daban pié después de las visitas y las consultas, aunque no siempre coincidían estos viajes con los días de dispensario,  a visitar una feria o romería, a comprar buenos quesos artesanos como los que tanto recuerdo aún de Arzua, o a degustar la gastronomía popular en humildes fondas o bares que servían sin embargo maravillosas empanadas o.... magníficos pescados o mariscos. Ello amen de los numerosos regalos que teníamos que aceptar. Era mucho más difícil o desagradable si teníamos que viajar con algún enfermo bien para llevarle a prueba de alta a su casa cuando los familiares no venían a verle o recogerlo o bien cuando teníamos que traerlo a ingresar por empeoramiento....pues prometíamos en todas las altas que reingresaríamos inmediatamente al paciente en caso de empeoramiento o dificultad. Era otra norma de la O.M.S. También íbamos a buscarles  nosotros mismos en muchos casos. En estas ocasiones el paciente podía estar agitado, o ser desagradable o agresivo, pero a pesar de todo, lo peor era su habitual olor y suciedad que en el Hospital mismo a pesar de las duchas nuevas y aguas calientes eran muy difíciles de combatir. Con frecuencia el paciente se mareaba y devolvía en nuestro propio coche, o incluso era incontinente y teníamos ya que parar.... Estos servicios verdaderamente samaritanos eran impagables y hay que decir que funcionaron bien en la primera época de entusiasmo juvenil ilimitado de nosotros los reformistas y fueron languideciendo al compás del cansancio, de otras luchas, y de las reivindicaciones laborales, que se sucedieron después con las políticas y la crisis del centro. Su recuperación después fue ya por unos cauces más profesionalizados al compás también del auge económico y administrativo del entorno social de Galicia.

En algunos casos especiales logramos gestionar que  un o una auxiliar psiquiátrico se quedara unos días con el paciente en su casa a fin de enseñar a los familiares del paciente  cómo había que atenderlo y tratarlo. Un esfuerzo ímprobo.

 

            18. Las reformas laborales y de contratación.

            La Fundación se comprometía nada menos a que en caso de jubilación en su momento o prematura se percibiera hasta el 100 por cien de los sueldos. Teníamos dos pagas extras: una la de todas las empresas heredera del 18 de Julio y otra llamada de " beneficios" que se pagaba al cierre del año fiscal. En más de una ocasión repartió algún premio por trabajo extra como el consecuente al incendio terrible que tuvo el Hospital y que luego relataré. En todo caso todos teníamos contratos laborales ordinarios, fijos.     Seguros de todos los tipos mejorados por el hospital, días moscosos o de libre disposición y garantías de seguridad en el empleo. Además, y eso fue a la larga el camino de la crisis, se aceptaba la negociación colectiva con los comités de empresa y fue en estos donde poco a poco se fueron organizando los sindicatos ilegales en aquel momento y  que a través de movimientos asamblearios intentó hacerse con el control del Hospital acabando por gestionar las huelgas que produjeron la segunda y más grave crisis que ya comentaré si me quedan tiempo y ganas, y también la  prudencia y mesura que debe exigir la distancia histórica.

 

19. Primeros resultados y la evolución del censo.

            Entrábamos  en una cierta contradicción. El funcionamiento interno del Hospital y las salas exigía distribuir a los enfermos según su estado y capacidades de comunicación y colaboración. La ideología sectorial en cambio por áreas de sus lugares de origen. No hubo más remedio que en los crónicos estableces dos niveles: Los que se pensaban podrían salir de alta y los crónicos estables renunciando en estos últimos a la sectorización. Todo ello sin embargo exigía larguisimas discusiones, escritos, y  búsquedas de consenso  que era difícil incluso en las épocas de la paz social, en los primeros años de la Reforma. Desde luego el primer paso con ayuda de las asistentes sociales fue la realización de una ficha y una estudio estadístico elemental para conocer la situación del centro y conocer las necesidades y planes más inmediatos. Los éxitos fueron  al principio muy difíciles  por la cantidad de enfermos de larga estancia y  su desarraigo familiar, amen de las edades elevadas. Hay que decir que se partió de un censo de unos 1450 enfermos. Todos los días se emitía un censo que elaboraba el supervisor general. De vez en cuando se suprimían camas. Así fue bajando paulatinamente el número de pacientes ingresados. Cuando me marché debía rondar los 800.

Contemplado desde la distancia de 30 años creo hoy  que la presión que ejercíamos era excesiva y que seguramente contribuimos de buena fe a alguno de los males que hoy observamos desde una reforma de excesivo celo bajo, aun jóvenes psiquiatras. Era nuestra fe de entonces, aunque quizás ya diferente y de forma diferente en los diferentes equipos…mas en esta primera  fase todos estábamos unidos y unánimes o quizás yo todavía no me daba cuenta bien de lo que comenzaba a suceder y por ello tampoco entendí bien algunas de las razones de la primera crisis que abordaré en la tercera parte de este capitulo de mis memorias. Lo que sí recuerdo muy bien son las quejas y resistencias de las familias, de los municipios, de los notables de las diversas aldeas, de las llamadas, cartas, recomendaciones y hasta sucesos chuscos como el de aquel hermano de paciente, candidato al alta, que nos ofrecía un jamón para que  retuviéramos a su pariente  en el hospital y al negarnos seguía intentando seducirnos diciéndonos “ si no basta un jamón le traeré “outro”…

También los pacientes se resistían y así después de grandes deliberaciones llegamos a la conclusión que algunos pacientes de largos años de estancia en el Hospital, y que aun estando relativamente bien se resistían por todos los medios a salir, tenían de alguna manera derecho a seguir viviendo allí en calidad de “residenciales” y en compensación también de que el centro no les hubiera ofrecido posibilidades de alta y asistencia  años antes.  Piensese en pacientes añosos, sin medios económicos sin capacitación profesional en una Galicia todavía muy deprimida…. Vuelvo a decir que ahora me arrepiento de la excesiva presión que ejercíamos. En todo caso, aceptamos como decía que algunos pacientes quedaran en situación “residencial” en unidades abiertas.

            Así que el trabajo era enorme aun con el entusiasmo de la primera fase. Quizás llegue ahora el momento de describir en algún detalle más la organización asistencial en la primera fase de la Reforma.

            Yo como jefe de servicio me reservaba la unidad de agudos y una de crónicos por ejemplo, y así sucesivamente. Sin embargo como jefe de servicio tenía señalado días concretos de visita y supervisión a las otras unidades en las que revisaba todo y veía a algún paciente.

            Instauramos la obligatoriedad de los informes de alta y  de establecer  diagnósticos, pero eso se cumplía ( hoy día resultaría increíble, pues obligación legal)  bastante mal.

                        El principio fundamental de organización era lo que los anglosajones llamaban "la toma a cargo del paciente"; es decir, la responsabilización total del equipo respecto el paciente  y en todo momento, esté ingresado o de alta. De aquí que cada medico o subequipo tuviera que trabajar tanto en servicios hospitalarios como en los ambulatorios. Eso evita también el llamado peloteo; es decir, que un enfermo más o menos difícil sea remitido a ingresar para que lo trate otro. En esta organización siempre un médico se  remite el paciente  a sí  mismo pues ha de seguirle tratando en uno o en otro lado. Ello desde luego y respecto a enfermos difíciles aumenta el estress más bien del medico, que para eso sin embargo tiene su ayuda precisamente en el equipo. Así que el equipo se ve abocado también a ser un equipo de autoterapia, cuestión que en la psiquiatría de esos años ha costado más de un dolor de cabeza, o por decirlo más exactamente: En la mutua de servicios psiquiátrico sociales del Ministerio de Educación francés que quedó como modelo organizativo, una cuarta parte de los pacientes eran los propios empleados de la institución. A mí siempre me ha repelido visceralmente que en las reuniones de equipo se abordasen problemas personales, o que se interpretasen dinámicamente, de forma en general, errónea e inaceptable  y por parte de aficionados. Yo no lo permití en mi equipo nunca.

 

Y seguimos trabajando. Si algún lector en este momento desea conocer el futuro desarrollo de la reforma remito a la siguiente  publicación propia, pero esto es adelantar los acontecimientos.[3]

 

 

20. Dificultades objetivas  y prolegómenos de la primera guerra.

 

 Es evidente que una reforma tan profunda no podía realizarse sin incidentes y aun errores y que estos muy bien podrían, como así sucedió, ser aprovechados por los resistentes a la reforma, que como se verá se fue decantando alrededor de los médicos postergados en los nuevos equipos con el apoyo de una parte de la Sociedad de Santiago y aun de Galicia puesto que el problema de Conjo fue saltando a cada vez más altas esferas de comentario o de escándalo.

El primer problema lo generaban las salidas individuales de pacientes a la ciudad, al pueblo de Santiago. Con asiduidad pedían limosna; o andaban mal trajeados, a pesar de nuestros esfuerzos, o molestaban a alguien. La verdad es que no ocurrió agresión o problema grave en este aspecto,  que yo recuerde, pero las “molestias se magnificaron” En un caso concreto un paciente estaba recluido por orden judicial por – años atrás – haber molestado, acosado, diríamos ahora a una señorita de la sociedad de Santiago, hermana además de un médico. El acoso era mayormente a través de cartas obscenas…. Y en su momento también le dejamos salir de paseo…. Tras las protestas se nos presentó una duda, que nadie quiso resolvernos. Un paciente ingresado judicialmente quería decir, claro está que no se le podía dar de alta, pero un permiso “ terapéutico” por la ciudad. La respuesta es que ello gravitaba sobre la responsabilidad de su médico. Ahora bien. Su médico era un miembro, claro está de los nuevos equipos, mas legalmente era el director médico, responsable de todo…. Y no podíamos contar mucho con él. A el le llegaban los documentos y oficios judiciales y él los contestaba sin contar con nosotros. Se trataba de una situación tremendamente disfuncional.

Otro problema fue el de los suicidios. Creo que hubo unos siete dentro del hospital en los años en que yo trabajé allí. La verdad es que no son muchos, pero la cuestión también se magnificó. Primero en comentarios, luego como se verá de forma mucho más peligrosa y grave.

Las fugas  fueron frecuentes, pero la mayor parte de una u otra forma regresaban . La verdad es que nuestros enfermos en general vivían mucho mejor en el Hospital que en sus posibles aldeas, casas y familias.

Agresiones intrahospitalarias entre los pacientes o respecto el personal no hubo graves, que yo recuerde. Graves en cambio fueron, como describiré en su momento las agresiones y acosos entre unas y otras personas y grupos de entre los “no enfermos” Curioso ¿no?

Y el ultimo aspecto era el primero respecto a la producción de escándalo y pretexto de los ataques. La cuestión sexual. Con el sexo hemos topado, dijimos. Con la liberación y apertura indefectiblemente hubo alguna conducta inadecuada, que no llegó nunca a pesar de todo a la judicial….. claro que quizás porque el hospital-manicomio  hasta en este aspecto estaba segregado de la sociedad y de la vida.

Además claramente y ya muy desde el principio se fue produciendo una importante divergencia en estilos y formas primero y  de fondo  después entre los equipos que funcionaban con una casi total autonomía.      

Así que todas estas reformas se seguían con escepticismo y con mucho rumoreo en la ciudad, o pueblo, como ellos decían de Santiago. Con frecuencia se publicaban  en los periódicos noticias de ampliaciones de personal, cursos o lo que fuera del Hospital o Sanatorio. Hicimos varias reuniones de información en el Circulo Mercantil situado en la Plaza del Toral. El centro de la ciudad.  En ello se distinguió mi sector el uno, creo yo que por contar en él al bien recordado Dr. M. Lado con arraigo completo en la ciudad y también por las buenas relaciones que mi familia estableció enseguida con miembros de  la universidad y otras personas, digamos importantes de la misma. Ello nos sirvió de mucho en las dos graves crisis que sufrimos.

También organizábamos, como era obligado según los esquemas de la O.M.S. mesas redondas con los médicos y autoridades de la zona en cada uno de los subsectores de los dispensarios. También dimos numerosas charlas de divulgación para aceptación de la reforma y contactamos con las “personas clave” del entorno, todo ello como misiones de la psiquiatría comunitaria y social que practicábamos. Todo iba bien y algún laboratorio pagaba alguna cena... poco y pocas, no había llegado la época de la inflación en este sentido.

Poco a poco fuimos entendiendo también  el espíritu de la ciudad y sus gentes y valorando también los usos de la riquísima clase médica de Santiago, ( a la par que la de los constructores)  de la cual ciertamente teníamos un “poquiño” de envidia, aunque estábamos en otros intereses y en el inicio de otras costumbres que se fueron consolidando en el futuro hasta la actualidad. En Santiago, evidentemente,  había también  magníficos especialistas profesores y no profesores de la Facultad de Medicina, recordando aquí sobre todo a ginecólogos, internistas, otorrinos… y traumatólogos. Había alguna clínica, como La Rosaleda, de magnífica calidad y en relación nada menos que con Garcia Sabell, médico humanista en la mejor línea de aquellos internistas como Marañón, Rof Carballo… etc. También un magnifico y  luego malogrado  psiquiatra, el Dr. Lopez Nogueira y el internista Prof. Oya. Es imposible recordar a todos los que lo merecerían y que también nos ayudaron.

 ¿Deseas seguir leyendo la 3ª parte del 7º Capítulo?.Adelante pues:

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[1]  Más tarde Consejero de Sanidad de la Junta Autonómica de Galicia.

[2] A. Jimeno Valdés: “Sugerencias para una psicopatología evolucionista” En el apartado de Colaboraciones de esta misma revista electrónica “ Encuentros”.

Steven Mithen The Singing Neanderthals. The Origin of Musica, Language, Mind and Body. London Weidenfeld and Nicholson. 2005.

[3] A. Jimeno Valdés; “Cinco años de Psiquiatria sectorial a partir del Sanatorio Psiquiátrico de Conjo en Santiago de Compostela”. Archiv. de Neurobiol. XLII. 2 . (87-114) 1979 Marzo Abril 1979.

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