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Es posible que algunos trastornos mentales residan en el funcionamiento de los significados representativos, sin correspondencia con ninguna disfunción descriptible en el hardware neurológico. Wakefield, Michael First y varios españoles opinan lo mismo...
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CAPITULO VIII
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 CAPITULO VIII

Cuarta parte.

Investigación y Publicaciones. Contactos con centros extranjeros.

 

      Voy a tratar este apartado de una manera global; es decir, sintetizando aquí todos, o casi todos los años y   mis publicaciones    más importantes relacionándolas con las diversas personas e instituciones  implicadas en las mismas.

1. Prehistoria.  Puedo partir de la época de mi padre. Años de la posguerra española, no me remontaré más atrás. La psiquiatría española entonces estaba dominada por dos personalidades y sus discípulos: El Prof. López Ibor en Madrid y el Prof. Ramón Sarró en Barcelona. Los grandes de la época anterior a la guerra civil como Rodríguez Lafora y  Bartolomé Llopis, que tanto estudié y me influyó y a cuyo hijo Rafael tanto traté en las primeros años de mi dedicación a la lucha antialcohólica, habían desaparecido de la escena en parte por las represalias políticas, aunque yo creo que no solo, pues Marañón, José Casas y tantos otros muy tempranamente se incorporaron a sus cátedras y servicios.

       El panorama mundial en los años 50 estaba dominado todavía por la psiquiatría alemana o sus epónimos, que seguía aun la tradición humanística y filosófica. La elaboración conceptual: las descripciones de caso individual, tipo Biswanger; las contaminaciones derivadas del psicoanálisis; y los largos y complejos párrafos sobre consideraciones etiológicas, evolutivas, clasificatorias y estructurales,  consumían las tres cuartas partes de la Hacienda, que diríamos recordando a Cervantes. A mi me pareció siempre que la separación que cristalizaba en esos años entre la neurología y la psiquiatría, aunque inevitable, condicionaba una mayor tendencia de la psiquiatría; es decir, de los psiquiatras a la especulación con ribetes más literarios que científicos.

       Pueden ejemplarizar estas tendencias en  España el texto clásico de  La Angustia Vital de Lopez Ibor o Introducción a la Psicopatología Dialéctica de Bartolomé  Llopis. Los autores más sencillos y cuento aquí como ejemplo a mi esforzado padre, publicaban descripciones clínicas con escasa casuística y nula elaboración estadística. Así, mi padre, que era simultáneamente psiquiatra y endocrinólogo con ambas especialidades en ejercicio público en el I.N.P.[1]  publicaba observaciones sobre trastornos de ansiedad en los bocios, cefaleas de diverso origen y trastornos hipofisarios y su delimitación en las anorexias, así como las características psicológicas de unos y otros pacientes.

2. Buenas intenciones.  Yo comencé a publicar muy tempranamente.  En el Apéndice nr. 6         presento todas mis publicaciones tal como las presentaba en oposiciones y demás referencias a mi curriculum. Mi primera y atrevida publicación, aun antes de terminar la licenciatura, apareció  en Medicamenta. (Nr. 1. 1956)  (La revista gratuita de medicina general de gran  divulgación en el momento) Allí especulé sobre circuitos  y redes neurales; en concreto la  estructura posible que serviría de base fisiológica a los procesos de  aprendizaje por reflejos condicionados. La cuestión procedía de mi fascinación por la comprensión o especulación sobre las relaciones psiconeurológicas o lo que es lo mismo por las bases físicas de las funciones superiores, como aprendizaje, memoria y consciencia. Estaba influido por las clases de D. Pedro Gomez Bosque, las lecturas de trabajos de Lorente de No, de Pierre Latil sobre cibernética y los juguetitos de Grey Walter que eran pequeños robots electrónicos  en forma de tortugas   con capacidad de ciertas conductas autónomas, y las clases de doctorado de Justo Gonzalo en Madrid de quien cabría escribir mucho. Como anécdota puedo referir que  vendí cuatro maravillosos tomos de la Anatomía del Testut procedentes de mi padre, para comprar un texto francés sobre circuiteria neurológica y que, desde luego aún conservo. Fue un error, y  mi padre no debería habérmelo permitido. Sucedía entonces que las universidades y departamentos apenas tenían fondos para la compra de libros o la suscripción a revistas y cada investigador tenia que comprarlas de su bolsillo. Aun recuerdo a este respecto a D. Jesús Casas que compraba aparataje y reactivos que llevaba al hospital donde como alumnos internos (con J. A. Gutierrez y demás  internos, realizábamos algún estudio  sobre las lipoproteínas mediante electroforesis.)  En fin, como puede comprenderse, se trataba de un mero diletantismo que no podía tomarse en serio respecto la investigación en panorama internacional. En España, al menos en medicina, entonces no se investigaba nada, podemos decir.  Así que en escritos, tesis y publicaciones de los aspirantes a cátedras propiciaban la psiquiatría literaria, en la cual no podían faltar las referencias al existencialismo, o desde luego a Jaspers, que era también bastante literario-filosófico.

        Realicé la segunda publicación en Folia Clínica Internacional gracias al Dr. F. Arasa, (nr. 2) de quien ya he escrito y con quien tuve entonces mi primer contacto. Ya desde luego conocía la revista porque la recibía mi padre, lo mismo que Folia Humanística que comencé a leer asiduamente con toda fascinación. En este trabajito  me atreví a tocar un aspecto trivial de sexología. Sí; atrevimiento; y en todo caso sin maestro, sin critico, sin mentor que me aconsejara, me animara o me criticara. Para bien o para mal puedo decir que durante mucho tiempo, demasiado, fui completamente autónomo y autodidacta, salvo lo dicho respecto D. Pedro.

 

  3. Autarquía.  Durante mi estancia en Valdecilla no tenía tiempo para nada, aunque siempre quedaban los sueños  y los apuntes precipitados  y en borrador en agendas y papeles sueltos que aún conservo, y en el que esbozaba posibles líneas de autentica investigación en psiquiatría  y que quería desarrollar en mi tesis o en trabajos en el extranjero. Recogí, por ello,  mucho material en forma de historias clínicas, producciones y dibujos de pacientes y un semidiario de actividades y casos vistos. Escribí un único trabajo, pero que aun hoy día puede resultar interesante, pues presentaba en él a propósito de una enferma esquizofrénica crónica del Hospital de Cueto[2], diversas particularidades en  preciosos dibujos  con características y defectos que yo intentaba retrotraer a trastornos en las praxias constructivas, siguiendo en ello al pensamiento de Wernicke; es decir buscando siempre desde el biologicismo las bases neurológicas de los síntomas psicóticos. Publicación nr. 4. Obsérvese que, como es frecuente, el orden cronológico de las publicaciones es distinto al orden cronológico de la investigación pertinente o de las fechas de redacción del trabajo, debido, claro está a las demoras y problemas en las publicaciones. 

   Me interesó muchísimo el libro de Behringer sobre la borrachera mescalínica ( Das Meskalinrausch) por  los fantásticos trastornos que produce en la percepción, sobre todo la visual, alterando los parámetros guestalticos de la misma. Con todos estos datos e intereses yo esbozaba para mi tesis el estudio de los factores  conformantes del Guestalt en los psicóticos. Este tema no podía desarrollarse en el Instituto Max Planck de Munich donde trabajé mi tesis doctoral, pues no tenía acceso entonces a pacientes y por ello   tuvo que centrase en correlaciones anatomoclínicas entre algunos síntomas psicóticos. Aún así este fue mi primer trabajo serio que sirvió de tesis  y que publiqué primero en resumen ( nr. 5)  y luego  integro por benevolencia del Dr.   A. Lopez Zanon en sus Cuadernos Madrileños de Psiquiatría. ( 17)

 

4. Interesante. Y  en el resto de los años de  mi estancia  en Alemania, aunque parezca mentira y no sea precisamente motivo de orgullo, prácticamente no publique ni investigué gran cosa. Vivía en el Nirvana de mi cómoda posición y abandonando a la buena ventura o suerte el volver o no volver a España. Es verdad que Erbslöh me preguntó si deseaba seguir la carrera académica, y que yo contesté que sí, pero no hice con él nada en este sentido pues no congeniábamos bien y  yo no quería ser esclavo de nadie. Sin embargo cuando trabajé en el departamento de neurorradiología con el Dr. Wiedenmann  escribí primero un trabajo en el que describía la novedosa técnica y utillaje  que estábamos utilizando para visualizar las estructuras cerebrales: La encefalografía fraccionada en hiperpresión y con radiología topográfica con cambiador electrónico de imagen  y que publique en la Revista Española de Hospital General ( nr. 3) Simultáneamente con el mismo Dr. Wiedenmann publicamos un trabajo muy interesante, que ya he citado en los primeros capítulos de estas memorias,  sobre la evaluación de la anchura del tercer ventrículo en relación con la llamada masa intermedia, que no es propiamente una comisura cerebral, si no un simple pegamiento de los epitelios internos del sistema ventricular. ( nr. 7) 

      Es necesario que  ahora profundice algo más sobre este  trabajo y unas  curiosas casualidades  en relación con el mismo. Ya he dicho que nuestro trabajo parecía contradecir las afirmaciones por entonces del Pof.  Huber  en Bonn respecto las atrofias, que encontraba,  de los ganglios basales de los esquizofrénicos, debido, escribíamos,  a insuficiencia de su técnica que no consideraba la existencia y extensión de la llamada masa intermedia que “pegaba” en  área mayor o menor,  las dos paredes internas de tercer ventrículo.  Y es que ya en aquel momento los trabajos de Huber y su escuela en Bonn sobre las esquizofrenias me importaron mucho, puesto que defendía hipótesis neurobiológicas respecto la etiología de las esquizofrenias en el mar mundial de opiniones – poco contrastadas, y en las que nunca creí,  – respecto su origen psicológico o  socioeconómico, y  que estaban entonces en moda. Lo  que entonces no pude suponer es que andando el tiempo, a partir de mi estancia en Valladolid en años 80 contactaría intensamente con esta escuela de Huber y su principal colaboradora Gisela Gross en Bonn así como Lilo Sullwold en Frankfurt y que mis investigaciones más serias  mías y de mis discípulos, comenzando por mi hija, precisamente se realizaran, se realizarían, en el seno de aquellas escuela y aquellas hipótesis. También debo recordar aquí pensando sobre todo en posibles lectores jóvenes que ignoren la bibliografía española de aquellos años, que en Salamanca el Prof. Ledesma Jimeno (catedrático de psiquiatría, y quizás pariente lejano mío) y el Dr. Borreguero, director del Hospital Psiquiátrico o manicomio de Salamanca ) investigaban sobre el mismo tema y bajo las mismas hipótesis de Huber llegando a resultados parecidos. Pero los trabajos de Ledesma  y Borreguero, que yo conocía bien, sobre todo por mi padre, que también se   interesó siempre  por las esquizofrenias, han quedado en el olvido, me parece.   En fin, mas adelante   volveré a esta cuestión.

      En todo caso durante mis años en Giessen y en Heiligenhafen nada  escribí que pueda denominarse investigación propiamente dicha aunque escribí  varios artículos en revistas españolas relacionados con la organización de la asistencia psiquiátricas, legislación y  algún otro tema de reflexión.( 8,10,11,12) Por otra parte colaboré asiduamente  como corresponsal  en Alemania de Semana Medica donde con frecuencia abordaba temas de la medicina, pero también de la cultura y modo de vida de Alemania y por lo que me pagaban alguna cantidad que cobraba con ilusión cuando regresaba de vacaciones a España.

 

5. Alcoholismo. A partir de la estancia en la clínica de Alcoholismo y Toxicomanías de Heiligenhafen comencé a interesarme por el alcoholismo, sobre lo que leí muchas publicaciones internacionales estando también al tanto de las primeras investigaciones epidemiológicas serias que se estaban desarrollando en España ( Drs. Santo Domingo, Alonso Fernandez, y Murcia Valcarcel.) Fruto de ello algunas publicaciones sobre el tema (12,13,15,16)

       Una vez en Pamplona  realicé y publiqué otro de los  trabajos de cierto mérito, centrado en lo que nos era accesible: la epidemiología, no directa si no a través de los pacientes asistidos o ingresados en los distintos servicios.  Utilicé la misma metodología y  inventarios de recogida de datos que los citados  Joaquín Santo Domingo y R. Llopis que también por aquella época y al amparo del PANAP estaban creando los primeros dispensarios específicos para alcohólicos y que yo, como ya he reseñado, imité, tras su permiso y asesoria,  en el Hospital de Pamplona. La publicación nr. 19 es así una de las primeras publicaciones españolas sobre el grave problema del alcoholismo que empezaba a cobrar aspecto médico y no solo moral; un trabajo que  fue bastante comentado, salvo, curiosamente en las tesis doctorales que sobre el mismo tema se realizaron en Valladolid en los años 90  y en las cuales y por, rencillas de pobres de espíritu no imputables a los doctorandos,  no  me citaron..

      La publicación 14 ¿Es Vd alcohólico? responde a un concurso organizado por la Academia de Medicina de Bilbao ( Presidente Dr. Guimón  “senior”) para un librito o folleto de divulgación y prevención y que me premiaron. Con las 25 mil  suculentas pesetas del premio compré una preciosa mesa de despacho antigua – pura tabla de nogal – y una magnifica langosta que degustamos  en casa con los amigos Paco y Carmen Rodríguez.

       A esta siguieron algunas otras publicaciones de este carácter especulativo o menor a la par que ya en España por estos precoces años 70 las revistas  iban cambiando radicalmente el tipo y exigencias de sus publicaciones. La reflexión teórica, que sin embargo sigo creyendo necesaria,  fue denostada y desapareció completamente. El caso único, de no estar exhaustivamente desarrolladlo y ser verdaderamente único, dejó de interesar. Llegaba el momento de la descripción de series de enfermos para los que poco a poco se exigió la utilización de las clasificaciones internacionales  y la aplicación de escalas, pruebas psicológicas u otros instrumentos. Sin embargo al trasladarme a Conjo produje allí el segundo artículo de índole epidemiológica que considero importante: el 29, que describe el desarrollo de la Reforma Asistencial de Conjo. Paralelamente a ello escribo de nuevo trabajos de índole descriptiva o doctrinal sobre la asistencia psiquiátrica y que una vez más, digo, no constituyen propiamente investigación. Continuo escribiendo sobre estos temas aun después de incorporarme a la cátedra y Hospital Clínico de Valladolid aprovechando el material y conocimientos adquiridos, aunque, como ya he dicho había quedado muy cansado de temas asistenciales interesándome entonces dedicarme a algún tema, o a los temas descritos de mi interés en investigación más seria y propiamente dicha. (Publicaciones 20,21,22,23,24,25,27,30,31,)

 

6. Reflexiones. La Publicación 26: La Memoria Función Eje y que me publicaron también en la revista española  de más prestigio (Archivos de Neurobiología) merece una mención aparte, pues expone por vez primera mis ideas básicas psicopatológicas centradas en dos patas doctrinales: La Evolución Biológica, como teoría central inalienable en cualquier formulación biológica y el intento de organizar sistemáticamente la psicopatología como autentica ciencia central, o quizás única,  de la psiquiatría. Defendía ya en esta publicación que la memoria, con la afectividad  son  las funciones psíquicas más arcaicas, origen de todas las demás y fácilmente comprensible en sus bases neurobiológicas y aun moleculares. Presentaba ya un atisbo del cómo y del porque de la sucesión onto y filogenético de funciones a partir de la memoria y afectividad ( que inicialmente consistían meramente en respuesta positiva o negativa respecto al estímulo) y me aventuraba nada menos  a comparar esta serie evolutiva  con la serie matemática de las relaciones entre la masa y la aceleración y los dos tipos de masa, ( inercial y en reposo )  También alguna persona me alabó mucho esta publicación que fue citada  en una revista rusa animándome a que siguiera mis trabajos en esta línea que sin embargo se extinguió, no sé si por inoperancia de la teoría o por inoperancia del investigador.

 

 7. En Valladolid, como ya he dicho, alrededor del nuevo catedrático, se había formado un equipo estupendo, con enormes ganas de trabajar. Tenía este nuestro equipo  inicial  diversos grupos de edad, los más jóvenes procedentes del equipo del Prof.  Santiago Benito Arranz, y de diversa formación, también e intereses. A poco de llegar a Valladolid, todavía, y por última vez,  participé en Madrid en una reunión de las áreas de Salud Mental en Europa. Nuestro primer trabajo, y en mi caso ultimo,  en  equipo con el catedrático y otros colaboradores del departamento, todavía se realizó en el estilo de la vieja escuela y prácticamente al dictado. Constituyó una ponencia en el Congreso Nacional de Psiquiatría de Barcelona. “Introducción al Estudio de los Delirios” ( nr. 28)

       Yo tenía unas ganas enormes de volver a realizar una estancia de trabajo, o al menos una visita a algún centro alemán, y para ello en 1981-82 se brindaron dos oportunidades: La primera consistió en la petición conjunta de una beca de la D.A.D.: es decir de lo que podemos traducir como Junta de Ampliación de Estudios Alemana. La segunda la realización por encargo de un trabajo remunerado que me permitiría viajar y pasar algunos días en un centro alemán. Solicitamos la beca conjuntamente  y para los dos el catedrático  y yo. Se la concedieron solamente a él pero  no la aceptó  ni la disfrutó, quedándome yo con las ganas…. Sin comentarios. El trabajo remunerado era un encargo de la casa Knoll que acababa de sacar al mercado un antiparkinsoniano de posible aplicación como corrector en el uso de neurolépticos (Biperidona). Pasé el verano entero  de 1982 leyendo y seleccionando  una muy abultada bibliografía, que se plasmaron en un librito titulado “Los Síndromes Extrapiramidales Yatrógenos y su Tratamiento”,  que a mí me parece era el mejor resumen del controvertido tema en aquellos momentos.  Entregué el escrito completamente terminado al catedrático. Lo leyó, añadió una  tabla con la descripción de los neurolépticos entonces al uso y apareció la publicación con su nombre en primer lugar. (nr. 41) Al menos la remuneración la cobré yo integra con lo que pude viajar una semana a Alemania donde comencé un fructífero contacto con la Prof. Lilo Süllwold de la Clínica Universitaria de Frankfurt y  de cuyos resultados escribiré más tarde. Recuerdo muy bien la fecha y el año, pues en 1982 se disputó en España el Campeonato Mundial de Fútbol y durante todo el trabajo, que en gran parte realicé durante las guardias de presencia física en el Hospital, tuve como acompañante y música de fondo la retransmisión de los partidos. Los horrendos gritos de entusiasmo a cada gol, con emociones de triunfo más propias de la conquista de América o de la luna me han resultado siempre insoportables en aquella sacralización de la banalidad a la que se referiría D. Pedro escribiendo sobre estos temas. 

      Estos dos sucesos y otros relacionados con mis aspiraciones, pero al principio titubeos, para presentarme a las oposiciones a profesor adjunto, terminaron para siempre con mi posible colaboración en los equipos y publicaciones, que podemos llamar oficialistas, del departamento, lo que me permitió a la vez campear por libre en este aspecto con gran fortuna para mí y mis futuros seguidores y colaboradores.

     Por entonces se organizó también en toda España y con muy importante participación de Valladolid el llamado P. T. D. o grupo para la prevención y estudio de las depresiones al amparo, claro está, de las correspondientes firmas farmacéuticas. No solicitaron mi colaboración; tampoco en otras actividades, de suyo meritorias e interesantes de la cátedra por aquellos años, como la fundación de la Sociedad de Psiquiatría Biológica y su revista; la Sociedad de Psicogeriatría y aun la Castellana de Psiquiatría y después Castellano Leonesa una vez vencidas las rencillas entre las dos cátedras principales de la autonomía e  incorporada Salamanca y su área de influencia de Zamora y León.  Desde luego a mi no se me daba nada bien ni se me dio nunca la organización, ni quizás el trabajo en grupo, en cumplimiento  de uno de mis preceptos más queridos: “Ni mandar ni que me manden.”

       También por entonces  comencé a ser colaborador asiduo de Folia Humanística, (Prof. F. Arasa) teniendo la inmensa satisfacción de asistir en 1982 al Simposium de las Ciencias del Hombre, como se denominaban  en el Parador de Sigüenza. A los siguientes Simposia asistí ya como ponente invitado, y tal como ya he dicho allí, con mi esposa, tratamos a las más variadas personalidades europeas siempre, de primera categoría. en los campos de las ciencias, la medicina y el humanismo, pero ya me he referido a ello.  Diré aquí solo que  en años sucesivos escribí y publique en Folia Humanística numerosos artículos que trataban de temas tan varios como afines como el concepto de persona en relación con el trasplante de órganos; el espíritu de la filosofía y cultura alemana; la personalidad de Rilke y Lou Andreas Salomé; el origen filogénico de la mente y la conciencia; la drogadicción; La religión desde el punto de vista de la ciencia natural o La Función Social de la Cultura, que es seguramente la mejor etc.  (nrs: 34,35,38,38,44,48,49,57,61, En fin, ya lo he citado. Todos estos temas me encantaban, me interesaban y  escribía sobre ellos  con facilidad, pero desde luego no constituía investigación propiamente dicha tal como yo mismo exigiría; no obstante, como todo el mundo, citaba todas estas publicaciones en los curriculums, concursos de méritos o demás documentos para solicitar becas, ayudas o ascensos de escalafón. Más tarde volveré a comentar el contacto con el Prof. Kanitscheider y la cátedra de Filosofía de la Ciencia de Giessen.

 

8. Más doctrinas y publicación de un primer  libro de psiquiatría. A pesar de esta falta de investigación genuina según mi propia opinión, podría decirse que estaba llegando a una posición doctrinal propia y de madurez respecto la psicopatología y la psiquiatría, que completaban los estudios que iba haciendo sobre la escuela de Bonn y Frankfurt: Lo neurobiológico recordando a Kleist y a Wernicke; la psicosis única con sus defensores en España Llopis y Valenciano; la emocionada lectura en concreto de la Psicopatología Dialéctica de Bartolomé Llopis y  el regalo por parte de su hijo Rafael, a quien conocía por la lucha antialcohólica,  de su  libro clásico de la Psicosis Pelagrosa, me confirmaron  a mi afirmación  de la posición de la   consciencia como función abarcadora y más compleja a partir de cuyas disfunciones podían entenderse la mayoría o todos los psicosíndromes. Añadí lecturas de  H. Ey, también  autor destacado en esta línea de pensamientos,  y por fin y de nuevo los psicopatólogos alemanes del momento, en este caso  Bash, Janzarik, Glatzel y  Bouchard. El resultado fue una monografía, la primera  de las de tres o cuatro según se mire, que escribí. Es la publicación nr. 45 ( Consciencia, Conscienciación y Psicopatosociología). En ella exponía  todas mis ideas sobre el desarrollo filo y ontogenético de las funciones psíquicas desde los dos puntales de la memoria y la afectividad hasta la consciencia como función abarcadora, y yo recordaba aquí a K. Jaspers en aquello de Die Umgreifende. Explicaba  la aparición y síntomas de los diversos psicosíndromes así como su evolución en el tiempo al compás de la acción de los factores etiopatogénicos y defendía desde luego el concepto de psicosis única, basado sobre todo en la inespecificidad de  los síndromes respecto sus causas. Así pues nada Kraepeliniano y todo Bonhöffer, pero es que todo ello no era solo consecuencia de mis posiciones  y reflexiones doctrinales de siempre, si no que como Bonhöffer en la Charité de Berlín y que los lectores me perdonen  tan presuntuosas  comparaciones,  yo trabajaba también  en la unidad de agudos del Hospital Clínico donde  veía los mismos cuadros agudos y sintomáticos, también como B. Llopis en el Clínico de Madrid. Me dejaba allí las pestañas en casos cada vez más complejos,  sobre todo por la incidencia del consumo de drogas y el alto porcentaje de crónicos,  y personas de vida marginal  de todo tipo, que no era lo que se esperaba de una autentica unidad médica dentro de un gran Clínico, pero ganaba en experiencia y en el refuerzo de mis convicciones psicopatológcas.

El libro lo publicó el Secretariado de Publicaciones de la Universidad en 1985, aunque  había completado su redacción inicial  por lo menos año y medio antes. Por cierto que escogí para la portada una  antigua imagen que yo conocía bien y que había ilustrado una obra famosísima de de divulgación astronómica del siglo XIX. La Historia del Cielo de Flammarion  equivalente en cosmología a la obra de E. Haeckel, cuyo nombra ahora se me escapa[3] pero en la que defendía dentro del evolucionismo aquella ley tan importante de: La ontogenia muestra en resumen la filogenia. En esta imagen un sabio al estilo de mago oriental con su cucurucho atraviesa con su cabeza la esfera de las estrellas fijas para observar al cosmos aun más allá. Andando el tiempo el Prof. Kanitscheider de Giessen (Cátedra de Filosofía de la Ciencia)  se asombró de la coincidencia pues él había escogido esta misma imagen, clásica pero cuyo autor desconozco, para  portada de otro libro suyo.

 

9. En serio. Década de los 80. La cátedra compraba continuamente libros de forma autónoma. Unos eran catalogados por la biblioteca de la Facultad; otros se amontonaban en las estanterías.  Se recibían, claro diversas revistas; yo además de las más  comunes españolas leía el Nervenarzt  alemán de cuya presentación de resúmenes en las sesiones era responsable. Se trata de  una publicación más bien de divulgación   para los especialistas alemanes que de investigación. Y entre aquellos libros de la cátedra, más bien abandonados que leídos, me encontré de repente con una joya emocionante: El Inventario de Frankfurt de Lilo Süllwold.  Un inventario que recogía  un montón de nuevos síntomas y una nueva concepción de los mismos en las esquizofrenias sobre todo y precisamente en la situación pre y pospsicótica  y que enlazaba, por lo tanto con  los defectos (puros, decía Huber)  permanentes previos y posteriores a la enfermedad aguda y que enlazaba con la doctrina de lo síntomas básicos de Huber cuyas obras y doctrinas comencé a profundizar.

 

Primer viaje a Frankfurt. 1982. Me apresuré a traducir el inventario y a aplicarlo a diversos pacientes con ayuda de algunos residentes que se convirtieron en primeros colaboradores sobre el asunto y a los que en seguida se añadió mi hija a la sazón alumno interno y poco después ayudante del Departamento universitario. Por eso en aquel viaje con el pago por la casa Knoll (no es desdoro publicar su nombre) por mi trabajo sobre los síndromes extrapiramidales, visité a la Prof. Süllwold en su Clínica Nerven II del Klinikum de Frankfurt que me acogió excepcionalmente bien. Desde entonces comenzó una fructífera amistad que se extendió a mi familia habiéndonos visitado varias veces y residiendo en nuestra casa.

       El momento no podía ser más oportuno, y no podría haberse demorado más pues incluso las publicaciones españolas daban un salto de gigante en calidad y exigencias: No se concebía ya  un trabajo sin los  diagnósticos en los sistemas internacionales, ni sin evaluaciones a partir de las escalas que correspondiesen, ni con elaboraciones estadísticas mínimas. La verdad es que la mayoría optaban por lo que yo llamaba relato y conteo; es decir datos epidemiológicos a partir de enfermos asistidos en los diversos servicios, o bien  estudios más o menos abiertos, naturalisticos o ciegos o medio ciegos de nuevas drogas en las que muchos encontraron buenos filones, yo también, pero solamente en pocas ocasiones. Se presentaba un nuevo medicamento casi cada mes; ello suponía una simple “pastilla y cena” como se denominaron las presentaciones de cada nuevo fármaco o suculentos viajes por medio mundo que en los primeros años afectaban solo a los jefes hasta que los laboratorios se dieron cuenta de quienes escribíamos las recetas eran al fin y al cabo los curritos en las salas y en las consultas.  La mayoría de los medicamentos en estos primeros años ochenta y  noventa  se caían en pocos meses. Nosotros en la unidad más bien teníamos dificultades para la introducción de cada nuevo producto porque  la dirección  exigía la aprobación de la Comisión de Farmacia del Hospital y  la aceptación de muestras gratuitas estaba prohibido.  Ello no sucedía en las consultas externas. El Dr. Madrigal y yo aducíamos  continuamente que teníamos la obligación de probarlos y acceder a la innovación, pero por lo bajo más de una vez pensé que quizás libramos a algún paciente de  molestias innecesarias con lo que  personalmente cambié de actitud, animándome a utilizar un nuevo medicamento cuando ya otros lo habían probado y llevaba algún tiempo en el mercado. Además de la pastilla y cena, los viajes o los “estudios” promocionados, algunos laboratorios nos enviaban bellas delegadas que hicieron mella en algún colega, pero ello pertenece ya a la metahistoria y yo debo seguir con el Inventario de Frankfurt.

       Tenía también claro otra condición ineludible de la investigación seria y que también se fue adoptando  en la psiquiatría española en estos años: La exigencia de dedicarse a un tema o grupo relacionado  concreto en el que había que convertirse en experto y profundizar. Desde luego no era este el ejemplo que se nos daba, pero era fácil no equivocarse: bastaba con hacer lo contrario de lo que veíamos en el entorno más próximo.  Así que me fui convirtiendo en experto en este tema y surgieron las primeras publicaciones, sin olvidar a alguna otra de “conteo” como la 42. Sobre el Frankfurt versaron las publicaciones 43,46,51.  Estábamos ya en los primeros años 90. Dio la casualidad que otra escuela liderada por nuestro antiguo residente Dr. M Cuesta con su colaborador asiduo Dr. Peralta, abordaron este mismo método de los síntomas básicos y el Inventario de Frankfurt, consiguiendo numerosas publicaciones internacionales, lo que no llevó sin embargo a la utilización extensiva de dicho inventario ni mucho menos el más complejo de los Síntomas Básicos de Huber, que  con Dra. N. Jimeno y Dr. M Vargas también tradujimos y aplicamos.  Y así debía ser pues siempre afirmé que se trataba de escalas e inventarios de difícil aplicación y evaluación aptos,  y aquí inexcusables,  para la investigación. Mantenía esta opinión en consonancia por mi repudio expresado públicamente más de una vez por el uso indiscriminado de inventarios y escalas sin que hubiera mediado una preparación especifica ni una acreditación para su uso. El tema me llevó – tan solo internamente – más de una vez, sobre todo en los últimos años 90 y dos mil a la indignación y luego a la misma sonrisa condescendiente, pues era frecuente recibir en la unidad  montañas de folios en decenas de copias de inventarios sacados de Internet o cualquier otro lugar y que condicionaban las justificadas protestas de la dirección por los miles de folios en vano que se consumían; es un decir, se amontonaban – en secuencia temporal de su recibimiento – en armarios y estanterías.

 

10. Temas y publicaciones.  La experiencia clínica que proporcionaba la unidad de agudos era enorme. Comenzaron a acudir  cada vez con más frecuencia consumidores de drogas psicotropas. Siempre el cannabis, a la vez la heroína y los estimulantes, como el llamado speed,  o metaanfetamina, luego la cocaína que se hizo cada vez más popular. Yo me acordaba siempre de Bonhöffer, como ya he dicho. La experiencia confirmaba cada vez más mis presupuestos doctrinales centrados en la inespecificidad de los psicosíndromes cuyo aspecto clínico dependía sobre todo de los factores patogénicos, pero no de los etiológicos propiamente dichos. La dosis, la velocidad de absorción, el terreno,  no solo biológico si no también psíquico. De aquí mi interés en las psicosis tóxicas y en su comparación respecto las espontáneas o “endógenas”. Así la tesis de mi hija  consistió en un estudio comparativo entre tres grupos de psicosis: toxicas, reactivas y endógenas utilizando como instrumentos las escalas de Frankfurt y las de la psicopatología clásica ( el A.M.D.P) introducido en España por Lopez Ibor. Sobre ello mismo en estudio de cohorte versó a tesis de Martin Vargas y entremedias diversas publicaciones sobre psicosíndromes tóxicos.  Aquí publicaciones con  M. Teresa Cañas, A. Galindo, A. Ruiz Otazo, y otras.  (nr. 42,46,53,54,62)

Además de  estos temas algunas otras salpicaduras varias de menor interés doctrinal, como un estudio sobre las creencias en Castilla y León mediante una encuesta elaborada por mi y que pretendía correlacionar las creencias con las frecuencias de suicidio, otra tremenda plaga  que abrumaba las urgencias del Hospital. Trabajos estos con la colaboración imprescindible de M.I.R de aquel momento, como de nuevo  las Drs. Maite Cañas, Martinez Roig, y otros. Otras publicaciones sobre alcoholismo derivadas de otros trabajos y tesis que se realizaron por aquel entonces en el Departamento no son merito mío, si no atención de sus autores o promotores, como M. Franco, G. Medina, Soraya Geijo y otros, que me incluyeron como coautor. (nr. 63)

       Por otra parte mis inquietudes de tipo más filosófico y humanístico o biológico-médico tuve la suerte de poder expresarlas en Folia Humanística, como ya decía,  en la que publiqué prácticamente todos los años,  sobre asuntos  y títulos que a he citado. (nrs. 48,49,61)  No tengo intención de mostrar o describir aquí pormenorizadamente todas mis publicaciones, que ya he citado, si no solamente las tendencias y temas que me interesaron, seguidas de algún comentario sobre la opinión que me merecen pasados los años. 

 

11. Más novedades en investigación. Farmaindustria. Publicaciones y Congresos. Por otra parte  las revistas, también las nacionales de prestigio seguían aumentando las exigencias y seriedad en los artículos: Sistemática de la exposición. Normas Vancuver en la forma y en la bibliografía; clasificación del propio artículo en original o recensión o caso único, o psicofarmacologia, que era lo más socorrido pero también lo que más se prestaba a contubernios…  y por ultimo la recensión de trabajos a ciegas por censores cualificados.

      Además  también en la presentación de méritos para la obtención de becas, puestos de trabajo y desde luego el acceso a los  puestos universitarios  se comenzó a exigir la evaluación del nivel de impacto internacional de la revista en cuestión; del numero de veces que un trabajo era citado por otros investigadores,  y ¡lo más novedoso y aun peligroso! En muchos casos se exigía que solo se citaran y presentaran para evaluación los trabajos publicados en los últimos cinco años. Un trabajo sin publicar valía cero, y un trabajo de tipo humanístico o de reflexión también…. ¡Cuánto se quejaba José Luis Rubio sobre todo de esta ultima exigencia. El psicoanálisis entero quedó relegado al puro limbo, salvo para las revistas  psicoanalíticas propias. Así que el País, como se denominaba a la antigua España, parecía caminar en el sentido políticamente correcto.

       Otras innovaciones, seguidas en algún lugar con reticencias,  se fueron  imponiendo en aquellos  años: En primer lugar que los artículos fueran firmados por varias personas; es decir que fueran trabajos de equipo y en segundo lugar que firmara en primer lugar precisamente el ultimo llegado, el ayudante más joven, con la finalidad de  que adquiriera méritos rápidamente, mientras que el jefe  de servicio, catedrático o primer responsable, que si era generoso ya no necesitaba hacer más méritos, lo hacia en ultimo lugar.  Claro está que en general el jefe era el responsable del diseño del trabajo y los ayudantes y colaboradores eran  los curritos que hacían la labor de campo: Recogida de datos y elaboración de las sábanas y tablas. De nuevo el jefe extraía las conclusiones y comentarios pertinentes. La costumbre de firmar varios fue imponiendo cada vez más nombres y colaboradores, que a veces  figuraban sin haber participado en la investigación y que lo hacían solo por aceptar la recíproca; es decir que en sus trabajos firmaran también los demás.    Ello obligó a imponer ciertos límites por lo que en los baremos muchas veces solo se valoraba  hasta el tercer firmante.  Así estas estrategias y estas meritocracias a la vez que el auge en número, aunque no siempre en calidad, de congresos, cursos, publicaciones etc. costeadas por la farmaindustria  acabaron y siguen produciendo una verdadera inflación de publicaciones que eran imposible de leer y menos de evaluar. Por si fuera poco a partir del cambio de siglo sobre todo comenzaron a abundar las revistas electrónicas; la disponibilidad en línea de toda clase de trabajos y de citas y hasta que cada persona investigador o no publicara su propia página en la Gran Red donde podía escribir lo que quisiera. En estos momentos en que escribo aun no está muy claro qué valoración puede concederse a publicaciones puramente electrónicas, pero el asunto habrá de dilucidarse pronto pues las revistas técnicas en papel tienden a desaparecer y la velocidad y precisión de la información en Internet a aumentar. Ello provoca desde luego el aumento de  artículos basura, como el correo basura, lo que va a tener otro efecto, en principio saludable: Los trabajos habrán de valorarse en sí mismos y no por el lugar donde se publiquen o las firmas o avales que los acompañen. Con ello la globalización, y  democratización de la información se irán y se van extendiendo. Es obligado que recuerde aquella situación anecdótica de las clínicas del Hospital de  San Carlos en 1959  cuando el jefe retenía las revistas en su casa durante años.  Por ello mismo yo insistía en que solo debían citarse en las bibliografías artículos que hubiera leído uno mismo y a los que se debía acompañar con un comentario personal.

       Otra clara innovación, como decía,  que fue aumentando lentamente en la década de los 80 y rápidamente en la de los 90, consistió en  que la farmindustria fue invitando a sus viajes y congresos no solo a los jefes si no también y cada vez más suculentamente a los jefes de sección, adjuntos, ayudantes….  Luego a un cierto número de los MIR que por diversos procedimientos seleccionaban quienes en concreto habrían de asistir a cada invitación.  Así que poco a poco  todos fuimos invitados.  Se producían, claro, abusos, pero hasta la fecha no se puso coto aunque hubo algún atisbo de ello como la prohibición a los médicos de la Comunidad de Madrid la asistencia a un magno congreso, que me parece tenia lugar en Italia y a donde se habían convocado varios miles de psiquiatras de toda Europa. Yo no fui de los que más me beneficié ni abuse de estas facilidades, pero desde luego tengo que agradecer a las firmas con productos estrellas de nuestra especialidad visitas y viajes a Copenhague, varias veces a Paris, a Heidelberg, Viena, Londres, Ginebra, Siempre rehusé ir hacia el sur, pero algunos compañeros recorrieron medio mundo por este sistema sin excluir, Norte  y Sur de África, Australia y infinidad de veces Estados Unidos a las reuniones de la APA a las que yo nunca fui.

       Eran viajes absolutamente agradables. Todo organizado; todo pagado y en los mejores hoteles. Los delegados nos cuidaban como a niños de excursión en un Colegio ya que tenían como uno de los objetivos principales de su mercadotecnia el conseguir una cierta amistad y compromiso con nosotros. En unos casos se trataba de invitación a congresos generales en los que intentaban mantener unido al grupo  promocionado por cada firma; en otros la empresa organizaba cursos de promoción con personal y conferenciantes propios sobre los asuntos que interesaban. En estos casos los conferenciantes eran profesores de prestigio nacionales que siempre se prestaban a predicar las excelencias del producto. En general, en estos años 90  y primeros del nuevo siglo no nos cansaban demasiado quedando siempre mucho tiempo libre para paseos, visitas turísticas o otras actividades dentro de la misma programación oficial. Muy al principio, y más bien en los años 80, se permitía que acompañara la esposa, por lo que todos los congresos mantenían un programa social. Por supuesto que alguna vez dio lugar a equívocos y anécdotas  que cubriré con tupido velo, aunque yo por mi despiste no solía enterarme ni interesarme gran cosa por las habladurías. Después, en años 90, se prohibió estrictamente la asistencia de esposas o parejas, lo que redundaba en mayor contacto entre los médicos de la misma especialidad. En estos años últimos la censura y control estatal bajo los gobiernos socialistas y bajo el pretexto de despilfarros y contubernios se fue estrechando el cerco a todos. Se vigiló el número de horas dedicado a trabajo en relación con el ocio; Se vigiló el carácter formativo; y se intentó controlar el número de veces o días al año que cada especialista podía dedicar a los viajes. El resultado era que algunos estaban siempre de viaje por Australia, Africa del Sur o América, y otros al final nos contentábamos con ir a Toro o Aranda de Duero, a las reuniones de nuestra Sociedad Castellano Leonesa de Psiquiatría. Una de los reuniones que más apreciaba y que era multitudinaria por reunir a psiquiatras de toda España era la que en Febrero de cada año celebraba Smith Kline en Madrid bajo el título general de Aula Medica y a la que acudí los últimos 10 o doce años alojándonos en el Eurobuilding de Madrid o en el Meliá Castilla.  Los organizadores (Profesores José Luis Ayuso y Jerónimo Saez) traían verdaderamente cada año a profesores internacionales de máximo prestigio,  sobre todo americanos, ingleses y alemanes, que así tuvimos  ocasión de conocer y escuchar. Yo aprovechaba además esta reunión para visitar a algún familiar, primos míos, de Madrid. Este año en que escribo, el 2007, es la primera vez que no asistiré a esta reunión lo cual siento verdaderamente, pues el año pasado, aun ya jubilado, pude asistir a la misma por deferencia de la  eficiente y agradable delegada de Smith Kline en Valladolid la Sra. Ana Ureta.

 

        Todo ello prosperaba al compás de la frecuente aparición de nuevos medicamentos. La década de los 80 grosso modo fue protagonizada por los antidepresivos y la de los 90 por los neurolépticos. A pesar de los muchos controles, niveles de la investigación y los ensayos clínicos llegaron  a la calle muchos medicamentos inmaduros que caían de uso o eran prohibidos pronto por su toxicidad: Recuerdo muchos nombres  que no citaré. Yo en todo caso me decía para mí y para quien quisiera escucharme que un especialista individual era imposible que en el ámbito de su trabajo personal adquiriera experiencia ni casi conocimiento alguno racional sobre un medicamento. La índole de los síntomas psíquicos; la lentitud y variación de las respuestas; la rotación de los pacientes  entre diversas consultas y sus cambios continuos  de tratamiento lo hacían imposible. Así que todos éramos victimas de lo que nos decían los delegados de los laboratorios y las publicaciones sesgadas que nos presentaban y que casi nunca leíamos. Yo, desde luego, rarísima vez participe en algún ensayo clínico o publicación aunque era difícil sustraerse a ello. Quise por eso dedicarme más a la investigación básica como he referido.  Eso sí; siempre respeté valoré y aprecie la difícil labor de los delegados y visitadores a quien traté con educación y muchas veces con amistad.

 

12. Nuevo y esforzado libro.  Así que metidos de lleno en estas escuelas alemana de Huber y cols. en Bonn y que antes he citado  y trabajando en esa misma línea pude consolidar un equipo de investigación serio con el Dr. Martín Vargas y N. Jimeno, que realizaron sus tesis doctorales sobre estos temas como ya dije,  y que pude yo dirigir, y que dieron materia también para una monografía de 1996,  (El Inventario de Frankfurt y el Síndrome psicótico) en mi opinión magnifica,  y que nos publicó nada menos que Springer Ibérica. (Nunca cobramos ni un céntimo) (nr. 69) En ella además de publicar nuestra versión del Inventario de Frankfurt, mostrábamos los datos de una muestra española  de psicóticos con su   control con   lo que se consiguió la baremación del Frankfurt  para España. Eso nos permitió seguir trabajando con seguridad con esta prueba para incluirla en diseños más ambiciosos. Por estos mismos años el otro grupo español citado, tradujo por su cuenta y comenzó también a emplear este Inventario de Frankfurt sin tener relación con nosotros ni, que yo sepa, relación o contacto directo con su autora la Prof. Süllwold. Ello animó al conocimiento de la prueba y sus bases teóricas, así como a la revalorización en España de la Psicopatología clásica.

        Por ello mismo y con la intención de que tendiera un puente entre la cultura científica  - y de la otra- entre Europa, léase Alemania y América, léase Estados Unidos, me preocupé de que mi hija psiquiatra, trabajara en ambos continentes y así después de estancias de más de un año en Alemania ( Homburg, Aachen, Frankfurt) conseguí mediante las correspondientes becas que también viajara varias veces a Iowa al lado de Andreassen hasta que consiguió la acreditación personal en la aplicación de sus escalas.

      Siempre he insistido que la aplicación de escalas indiscriminadamente y sin experiencia ni aprendizaje en las mismas tal como muchos lo practicaban y otros inútilmente lo exigían, era absolutamente desaconsejable, es más, era y  es deteriorante. Respondía tan solo desde luego a esa intención tan hispana desde aquellas épocas del Siglo de Oro y de tiranía de los sentimientos del Honor, por  los, que es más importante aparentar que  ser.

 

13. Nueva fase de publicaciones serias. Afortunadamente el nivel  y prestigio de la Investigación Española aumentaba rápidamente y con ello, como decía,  las exigencias de seriedad tanto en las publicaciones, sometidas ya a censores externos como en las evaluaciones a plazas becas y oposiciones. Tuve la suerte de que continuara en nuestro equipo y participara de nuestras  doctrinas, el Dr. Martín Vargas luego y siempre además entrañable amigo lo que siguió produciendo publicaciones “serias” en las que yo personalmente cada vez participaba menos constriñendome solamente a dar las líneas generales del diseño o a dar algún consejo. Insistía a todos los que quisieran escucharme que en la investigación “seria” era un error gravísimo  intentar tocar diversos temas  picoteando  o incluso mordiendo por aquí y por allá, como hacían algunos de quienes estaban a nuestro alrededor. Ello era residuo de las costumbres y exigencias del “antiguo régimen” sobre todo de oposiciones a los puestos académicos  para las que era obligado conocer y haber tocado todos los grandes apartados de la psiquiatría. Era un aspecto más de las contradicciones y falta de claridad entre las necesidades docentes y las de investigación, contradicciones que realmente no se han resuelto totalmente todavía. La investigación desde luego exige concentrarse y profundizar en un tema; es una actividad analítica. La docencia exige sobrevolar todos los temas seleccionando lo más importante: es una actividad sintética.  En las antiguas oposiciones, las que yo hice,   debía presentar el candidato su propio programa del que se extraían a suertes  tres temas de los que a su vez el tribunal escogía uno. A partir de la L.A.U. en cambio el candidato exponía un tema de su elección como lección magistral, además del inexcusable curriculum y ejercicio práctico, pero dejó de exigirse la exposición de una lección del programa.  Non multa, sed multum, decía yo a quien quisiera escucharme, pero pocos sabían en esta época latín.

        Así que bajo todas estas premisas  pudimos realizar las primeras publicaciones importantes sobre nuestros temas, algunos   en revistas  ya de impacto, se entiende que en inglés, convertido ya en único lenguaje franco de la ciencia. (nrs. 67, 68, 74, 76)

 

14. El Orden y el Caos. Uno de mis intereses constantes a lo largo de mi vida ha sido el entender y el saber el funcionamiento general o básico del mundo y de la vida, un interés pues, filosófico y eso exigía, me exigió, estar al tanto en lo fundamental de diversas ciencias, sobre todo de la física, química, cosmología y desde luego biología. Desde los años finales de mi bachillerato tenía ya muy claro el origen fisicoquímico de la vida y su progreso en el cosmos según lo explicaban  las doctrinas de la evolución biológica y de la evolución del universo, que había aceptado a través de autores como Darwin, Bertrand Russell y sobre todo  Herbert Spencer. Así había superado y rechazado completamente las teorías vitalistas, sin afirmarme por otra parte como mecanicista puro, negadome a este dualismo maniqueo al que parecían compelir las habituales controversias, que sin embargo en lo teórico se iban apagando en el panorama mundial de aquellos años. Con la excepción, claro está, de las opiniones de mi querido maestro D. Pedro, que conocía bien estas discrepancias.

       Quedaba siempre por explicar el cómo, el porqué, y sobre todo los  balances energéticos y las fuerzas constructivas que podían posibilitar este ascenso de la complejidad de los seres en la evolución del Cosmos. La segunda ley de termodinámica y de la entropía parecían limitar y aun prohibir aquella anamorfosis, como yo decía, de los seres que progresaban en la evolución y en la historia, Mas por entonces tropecé con las doctrinas del orden y del caos.                                                Primero supe de ellas por mi asidua lectura de la revista de alta divulgación científica Investigación y Ciencia a la que estaba y estoy suscrito y que me mantenía al día en los temas básicos de las diversas ciencias. Luego leí a Monod en aquel estupendo libro de El Azar y la Necesidad, y por fin los mismos libros de Mandelbrot, aun los antiguos de Poincaré con su demostrada no integrabilidad de la dinámica  de los tres cuerpos gravitatorios; y al fin con los libros del mismo ILYA PRIGOGINE. Este ultimo, premio Nóbel de química, precisamente por sus estudios sobre el caos el orden y la autoorganización en reacciones químicas, pude conocerlo personalmente. Tengo dedicado  por él uno de sus libros y estuvo cenando en mi casa en Mayo de 1995. Todo ello fue posible  por  circunstancias diversas e increíbles consistentes en  que mi yerno, que luego dejó de serlo, ( M. Gadella) profesor de matemáticas en la Universidad de Valladolid, trabajaba con Prigogine en  Austin   ( Texas), y  en la Universidad libre de Bruselas. Es más; en nuestra nueva y amplia casa en el campo donde vivía desde 1990 celebrábamos reuniones de amigos de diversas especialidades y profesorados y allí dedicamos un día precisamente a las doctrinas del orden y del caos.  En 1995  impartió una lección magistral en la Facultad de Ciencias y fue entonces cuando le invitamos a reunión y cena en nuestra casa. Se emocionó porque al entrar en casa  mi esposa  colocó en nuestro reproductor del salón,  un disco de música popular  rusa (era ruso de nacimiento) Mas estuvo poco tiempo en casa; era bastante mayor y estaba cansado. Marchó temprano a su hotel. Fue una magnifica experiencia y hemos sacralizado la silla donde se sentó en nuestra bodega de reuniones. Ya ha fallecido.

       Con las doctrinas del caos y el orden   yo estaba completamente fascinado y entusiasmado. Por fin comprendí el como y el porque de la evolución ascendente en el cosmos. Comprendí, o creí comprender, los procesos de autoorganización; las afinidades y las repulsiones entre átomos, moléculas y formas diversas a diversas escalas  y en estructuras fractales y la aparente superación de la segunda ley termodinámica. Y así por todas partes surgían procesos de autoorganización, como en la economía liberal, precisamente y aun en el curso de la historia y el progreso de los países liberales que precisamente permitían  el libre juego.

Fruto de todo ello fueron;

       Mi interés por la Sociobiología y el dictado de un curso optativo sobre la misma y en la cual mostraba entusiasmado como el juego liberal de los memes, expresada en la libertad de pensamiento, opinión y acción  producía  el progreso económico e histórico de las sociedades y pueblos.

      Creo que no peco de orgullo al escribir, pues no refiero más que la verdad, que yo desde joven, desde aquella monografía mía impublicada y que titulé Ensayo sobre el yo, ya  lo había intuido al contradecir precisamente aquella absurda “prueba” de la imposibilidad del surgimiento de estructuras complejas por el mero azar, explicada con el cuentecillo aquel de aquel librito, que aun recuerdo bien del P. Muñoz S.J. ( El origen de la vida) “Si se echaran al aire, como si fueran dados, las miles de letras del alfabeto, al caer ¿ Acaso formarían El Quijote o incluso cualquier otra frase con sentido?”  Pero los átomos y las moléculas no eran lo mismo que las letras de una caja de imprenta. Átomos, moléculas y por extensión, cada objeto y ser del Cosmos mantienen afinidades y repulsiones y ello precisamente produce que las probabilidades de interrelacionarse o ensamblarse no sean idénticas no cumpliendose  un azar total, y por lo tanto que surjen estructuras diversas… y todo ello sin pensar en la segunda ley ni en la autoorganización propiamente dicha, aunque aquello era ya autoorganización. Si el ojo es como la cámara fotográfica, escribí yo en aquel ensayo,  es porque ambos están hechos desde, para y por la luz y en su estructura ejemplariza las leyes de la misma. Para que estos  procesos de causalidad no lineal  ocurrieran eran necesarias diversas circunstancias de las cuales la más importante es que existieran cantidades excedentarias de los elementos que habrían de reaccionar y que el sistema estuviera lejos de su equilibrio dinámico.  En fin; no es posible que yo describa aquí con más detalle todo ello. Remito a la bibliografía que cito y citaba .

       Efectivamente fruto también de mi interés por el Orden y el Caos fue  la orientación de un largo escrito que entregaba todos los años  a los MIR. Efectivamente a partir de los años 80 y con sucesivas modificaciones y versiones, según cambiaban sutilmente los tiempos, escribí también unas páginas aconsejando  lecturas,  comentadas,   y añadiendo diversos consejos también respecto la investigación dirigidos a la formación de los M.I.R.  Véase el apéndice  nr. 2 de este capitulo. Respecto la investigación aconsejaba que partieran de diversas ciencias y que intentaran integrarlas en su campo particular de su psiquiatría o de su tema de interés.   Además así estaba sucediendo en el panorama general de la investigación donde la psiquiatría ya decididamente biológica estaba contactando con la informática lo que dio a su vez a luz al enfoque cognitivo como doctrina importante en la investigación psicopatológica y psiquiátrica.

      Esta misma orientación di a las lecciones que impartí en estos últimos años en “Antropología Medica” por invitación, que agradezco, de su  responsable  la Profra. Mª Nieves López Fernández, así como la asignatura optativa que presenté solamente un año, pues posteriormente se exigían al menos cuatro créditos para una optativa. Se trató, como decía,  de un cursillo de “ Introducción a la Sociobiología” y de nuevo allí expuse los problemas del orden y caos, de la autoorganización, de la dinámica de los sistemas complejos no lineales  enfatizando sobre todo lo que todo ello suponía de nuevo paradigma en la ciencia que así comenzaba a entender el cómo y porqué de la evolución biológica y por extensión la de todo el cosmos organizándose en formas cada vez más complejas que superaban la ley de la entropía.

       Es curioso  cómo los intereses y las modas dominan la ciencia y su desarrollo histórico, aquellas “modas” que puso en evidencia la doctrina de los paradigmas de Kuhn. Así como el siglo XIX se desarrolló alrededor de la termodinámica, me parece, el XX lo fue sobre la física cuántica y nuclear; el XXI será el siglo de los sistemas complejos al compás de los progresos de la informática y electrónica.

      De nuevo mi interés y estudio del problema de la autoorganización y del caos me llevaron a profundizar en el contacto con el Prof. Kanitscheider catedrático de Filosofía de la Ciencia      ( Grundlagen der Wissenschaft) de Giessen a quien como he dicho, conocí en los Simposia de “Las Ciencias del Hombre” de  Folia Humanística.  Especialmente lo traté en las reuniones de los últimos años que se celebraban puntualmente en el otoño en un magnifico y a la vez curioso Hotel en Aguablaba en la Costa Brava catalana, muy próximo a Bagur. Resulta que precisamente en dicha cátedra de la Facultad o Área (Fachbereich, como se llamaban las Facultades de la Universidad en Alemania en aquel entonces) se interesaban muy especialmente por los problemas filosóficos de la biología, por lo tanto de la evolución biológica y de todos sus presupuestos y bases centrados precisamente en los problemas de la autoorganización y el Caos. Además de Kanitscheider trabajaban con él en estos temas Voland, Irrgand, y otros autores que publicaban continuamente. Así en alguna de las reuniones del Prof Arasa, que de suyo no era profesor, pues  en realidad no tenia cargo académico, aunque bien se lo hubiera merecido, Kanitscheider presentó trabajos sobre el orden y el caos que culminaron después en una sabrosa beca de la Fundación Letamendi Forns patrocinadora de los Simposia y de la Revista. Por el interés que tuvo para mí en aquel entonces cito este trabajo en la nota al pie.[4]

        B. K. conocía muy bien el español, que según me dijo había aprendido por su cuenta utilizando libros y manuales en Giessen. Con ello era su español muy gracioso repleto de frases castizas, cuentos, giros y chascarrillos de sus manuales y que resultaban un tanto anticuados pero que  demostraban un magnifico conocimiento y también una magnifica dicción. K. era oriundo del Tirol donde residían sus hijos, por lo que viajaba continuamente entre Giessen ( en el centro de Alemania) y el Tirol. Así que era, es, austriaco, que es bastante diferente de ser alemán. Hicimos una cierta amistad y por el interés que tenia en España, y la posibilidad de establecer un convenio entre las universidades de Giessen y Valladolid   me invitó como profesor visitante a disfrutar de un mes de estancia en Giessen. Me produjo una enorme alegría y satisfacción, pero yo no podía ausentarme un mes seguido de Valladolid por lo que acordamos que podría disfrutar de 15 días en dos veces. Me ilusionaba además volver a Giessen donde había vivido con mi familia cinco  años y donde aun conservaba una familia amiga ( Dra. Maria José Solé,  y su marido Dr. Soltan Csecke)

 

15. Lección conferencia en el Departamento de Filosofía de la Ciencia de Giessen.

En Noviembre de 1994,  K. me invitó a impartir, el día 22  una lección en su cátedra con el título que yo  escogiera. Escogí como  tema el origen de la consciencia a partir del lenguaje. Lo denominé Erkennen; es decir, conocimiento. Me invitó a su propia casa en un pueblo próximo a Giessen. El día anterior estuvo repasando mi lección, que yo había escrito en alemán, y que tuvo que corregir, como es comprensible bastante. Presenté la lección en un seminario con unos 25 alumnos y quedé bastante satisfecho, al menos yo, pero parece que el público también.  Solamente he dado cuatro conferencias o lecciones en alemán: La primera en el grupo de los Buenos Templarios en la lucha antialcohólica en Heiligenhafen; La segunda, la que acabo de describir en Giessen, la tercera  en Berna al presentar mi prueba de ritmos y la cuarta también en Berna, con ocasión de cumplir 65 años el Prof. Brenner  a la cual me referiré más adelante.

Esta visita a K. en Giessen produjo dos anécdotas que contaré a continuación.

        Esta es la primera: Quedó la  esposa de K., Crista, encargada de llevarme a Giessen a la hora de la lección.  Yo me había quedado admirado de ver en la casa dos coches. Uno más o menos corriente,  desde luego bueno, y otro impresionante: Un Porsche deportivo, con solo dos asientos delante y unas enormes deflectotres de viento detrás, un enorme radiador…. Yo creí que K. utilizaría el coche grande y que su esposa me llevaría en el pequeño. Fue al revés. Y así Crista, su esposa me invitó a subir al Porsche lo que hice con bastante recelo. Arrancó con un inmenso rugido y en la cercana autopista aceleró continuamente en el carril de adelantamiento, aceleró con la intensidad…. de un avión, dije yo horrorizado,  No, no, me ilustro, Crista, mucha más aceleración que un avión en la pista de despegue. Yo no dije nada pero por dentro pensé lo que quise sobre lo que me pareció una fantasmada si trataban de impresionarme,  o una horterada, si era habitual en ellos. Me aclararon luego sin embargo que necesitaban un coche tan rápido y potente para sus frecuentes viajes al Tirol donde tenían su auténtica casa con sus hijos.

        Vaya la segunda anécdota: La tarde anterior a la lección me invitaron a dar con ellos un paseo, tal como acostumbraban, por los alrededores de su casa. Inocentemente acepté. Andaban deprisa pero al principio lo seguí y me pareció bien. Luego llegamos a caminos empinados y embarrados por las colinas de los alrededores. Totalmente solitarias. Sí, precioso bosque de hayas y robles. Ya tenía mis únicos zapatos que había llevado para la lección embarrados. El bajo del pantalón, también único, embarrado, y empecé a jadear pues era imposible seguirlos. Me planté. No estaba dispuesto a que me diera el infarto. Recordé siempre a un discípulo de Bañuelos, compañero de mi padre, el catedrático de medicina interna de Sevilla André Urra  y que murió en un paseito por el campo. Se quedó solo mientras el resto hacia una ascensión. Yo también me senté en una roca y me negué a continuar. Los K. siguieron su paseo. Me dejaron solo y me recogieron a su regreso.  Eso sí; ya en casa me dejaron unos trapos para que limpiara como pudiere mis maltrechos zapatos y pantalón. No me sentía nada a gusto. Como ultimo detalle de su deportividad o por su culto del hedonismo jamás subían en ascensor  a su departamento en el piso dos del edificio de la Facultad de Filosofía donde estaba situado, lo hacia siempre por las escaleras de dos en dos y a toda velocidad. Cuando me invitaron a hacer lo mismo yo me acordé de Marañón que defendía el reposo antes que el movimiento y preferí utilizar el ascensor.  

   

16. Estancia de trabajo en el Departamento de  Filosofía de la Ciencia en Giessen. Mayo  de 1996. Kanitscheider en 1996 me invitó a realizar una estancia de trabajo  en Giessen de un mes como profesor visitante.  Acepté de momento, como ya dije  por 15 días.

          Me alojé en una residencia para profesores de la Universidad. Un encanto de miniapartamento con la Kochnische; es decir, el nicho de cocina dentro de la misma habitación. Todo situado en una zona muy tranquila dentro de un hermoso jardín, en el picoteaban mirlos y avefrías.  K. me acompañó en su coche a comprar provisiones y a adquirir bonos  para la mensa universitaria; desde luego otros días me invitó él a comer y yo insistí en también invitarle a él un día.

         Aproveché el tiempo libre que fue naturalmente mucho, para recorrer todo Giessen con mi sistema de los bonos para autobuses y tranvías. Una mañana entera la dediqué a recorrer a pie el barrio donde había vivido en la Thaerstrasse. Pateé la Frankfurterstrasse y los edificios de las clínicas universitarias que están allí mismo. Es curioso que con frecuencia sueñe con estas calles y edificios, como el de la Stempel Kreuter Fabrik cuya insípida fachada con sus grades anuncios divisábamos desde la ventana de nuestro dormitorio. Estaba todo poco cambiado, al menos en el exterior. Visité también la casita Am Anger 23  en cuya bodega acondicionada  vivimos los tres primeros meses de estancia en Giessen en 1962. Muchas veces ahora al entrar en la bodega de mi casa que también tiene ventanitas próximas al techo pero que dan al nivel de la calle  recuerdo aquella entrañable bodeguita vivienda de emigrante donde nos trataron y ayudaron muy bien. 

        En esta estancia disfruté  también enormemente descansando en primer lugar del cansado Hospital y acudiendo a todo tipo de lecciones y seminarios no solo del departamento de K. si no también de historia, filosofía etc. Especialmente recuerdo seminarios sobre el orden y el caos, sobre la dignidad humana como base de la bioética, y otros sobre los seudoconocimientos y “mancias” asunto de especial interés también de K. Recuerdo que en este seminario con alumnos se debatió sobre la  grafología.    La verdad es que K. no conocía demasiado bien el tema, me pareció, y en la discusión intervine diciendo que existe realmente un “estilo motor”  propio de cada persona y que la firma autógrafa es también bastante o totalmente personal, como muestra su reconocimiento a todos los efectos administrativos y bancarios. Me referí también al famoso, para mí y para Angel Moríñigo y nadie más hoy día, el famoso test mioquinético de E. Mira que identificaba distintos estados personales, como de tensión o relajación en la ejecución de unas simples líneas en zigzag sobre una plataforma especial que lo registraba.

       Otro tema de especial interés en el Departamento era la Psicología evolutiva, pero no evolutiva en la ontogenia si no en la filogenia; es decir, lo que hoy se denomina Psicología evolucionista. Un tema que continua siendo muy estudiado debatido y aun controvertido ideológicamente por los nuevos integrismos que están surgiendo en América y ha visto que también en Europa. El País de ayer refería que el Ministro de Educación de Polonia ha prohibido también que se defienda en las escuelas la evolución biológica. Yo mismo recuerdo con horror una discusión sobre este tema con personas aparentemente cultas y lo que es peor con alguien del personal de enfermería de la planta de psiquiatría del Clínico a quien un tanto indignado, tuve que callar la boca diciendo que “tonterías”. Así que en Giessen aprendí mucho sobre la autoorganización y los principios que posibilitan y dirigen la evolución biológica, psicológica y por extensión cósmica. K. defendía en la ética, y la practicaba para sí mismo, un hedonismo filosófico o psicosocial que engarzaba con el clásico de Epicuro pero adaptado a la situación actual. No se trataba de una opinión privada sino eje de muchas de sus publicaciones y entrevistas, que están también en la Red para quien desee consultarlas. Por otra parte se presentaba como un ateo militante, hasta cierto punto, y ello se ejemplarizaba también en otras publicaciones suyas como un libro sobre “La búsqueda del sentido (de la vida) en el que concluía que sentido y objetivo de la vida era más vida y disfrute de la misma en el placer, la alegría etc.  y otra sobre “La doctrina de la condenación” ( Die Unheillehre) en la que él mismo condenaba a dichas doctrinas según se expresan en las distintas creencias religiosas. A mí, en principio todo me parecía bien pues al fin se decantaba toda esta doctrina en la búsqueda de una ética natural basada en la Naturaleza Humana según la descubría y describía la Ciencia y que así pudieran aceptarla todos los credos y todos los seres humanos constituyendo la base de los Derechos Humanos. Menos me gustó que por este camino en otros escritos defendía también el uso “placentero” de las drogas psicoactivas…. que plasmó también en una publicación. Yo que estaba tan impresionado por los tremendos desastres mentales y biográficos que veía todos los días en mi planta de la unidad de agudos de psiquiatría, no podía por menos de ya no solo negarlo por el conocimiento y la experiencia, sino que comenzaba también a asustarme en una visión pesimista del curso de la cultura europea que me parecía marchar a la deriva. Temores y opiniones que fueron aumentando en años siguientes como se fue mostrando más que en la Alianza de Civilizaciones por la guerra entre las mismas, bajo la continua “Decadencia de Occidente” y el auge del Islam y de China, que al fin y al cabo continua siendo comunista, pero me digo que quizá todo ello son visiones pesimistas producidas por mi situación y edad.

      No obstante durante estos años – hasta o incluido  el 1998 – mantuve    con él una animada correspondencia e intercambio de libros. Una parte por el correo electrónico  pero mayormente por el correo postal. Nuestra disputa principal precisamente se centró en el problema de las drogas psicoactivas,  ya que él defendía la legitimidad de su uso dentro de una ética general y por consecuencia la legalización de esas drogas  con lo que se terminaría también con toda la delincuencia que comportaba su tráfico ilegal.   Conservo copia de mi larga carta en contra de estas ideas y también una larga carta de contestación a la misma  y en la que me escribe en manuscrito y  en papel timbrado del hotel Moser Verding en Klagenfurt, al parecer una ciudad austriaca. Yo me manifestada en contra de todo ello, y por extensión también en contra de otras conductas adictivas y de riesgo que él defendía, como el uso del alcohol, los deportes de riesgo etc. Yo de nuevo en contra  incluso poniendo como ejemplo el uso del Porsche, (pensaba en las anécdotas   de mi estancia en Giessen, que he contado). Mi argumento se basaba entre otros en la obligación de la solidaridad social y de no poner en peligro o en gastos a los demás y más dentro de los sistemas democráticos y con seguridad social total. (Riesgo por ejemplo producido gratuitamente respecto  los equipos de rescate que han de acudir a salvar a montañeros insensatos.

       El y su esposa también eran montañeros por los preciosos Alpes de El Tirol.  Hablamos de la ética kantiana y él me mostró a qué exageraciones condujo al mismo Kant como la condena acérrima de la homosexualidad. Yo le advertía, según creía entonces, pues puede que ahora no esté tan seguro de ello, que estas posturas tan permisivas de la intelectualidad occidental, y añadía al cesto las doctrinas de la Escuela de Frankfurt, ponían en peligro  nuestra misma cultura europea. Además si la legitimidad hoy día en la democracia surge de la opinión de la mayoría, afirmaba que esa mayoría estaría en contra de esas liberalizaciones y permisividades. Ahora en vista del auge de la estupidez dominante – a través de las cartas al director de los periódicos y los resultados de encuestas y cuotas de audiencia de las TV - tampoco estaría seguro. No sé qué habría opinado sobre el terrorismo y tantos gravísimos sucesos que están aconteciendo desde el comienzo del nuevo siglo.

 

         Nuestra relación continúo tibiamente. El convenio con Valladolid no cuajó, seguramente por mi causa ya que siempre se me dieron fatal los trámites burocráticos.  Lo invité a participar en un tribunal de tesis con el Prof. Riera, que era en nuestra universidad catedrático de Historia de la Ciencia, y por lo tanto próximo a la cátedra de K.  Solo tenia presupuesto para tres días alojándole en la Residencia de Santa Cruz.  K. y su esposa andaban por el Levante de España y no quisieron acudir. Intuí que esperaban alojarse en nuestra casa y durante una semana o algo así, pero mi esposa no estaba por la labor, aunque conocía a ambos. Así que la amistad o lo que fuere, se  enfrió del todo. Todavía me envía alguna publicación de vez en cuando. Por otra parte yo sigo asiduamente  en la Red los resúmenes de lecciones y de actividades de aquel Departamento  y que siguen interesándome muchísimo. A K. no lo he vuelto a ver, ni tampoco he vuelto por Giessen donde en cada visita, como decía,  hacia una foto y visitaba por fuera a nuestra antigua casita en la Thaerstrasse 2.  

 

 17. Las pruebas de ritmos y de siluetas.

 Ritmos. Otra consecuencia de mi interés por las doctrinas del caos y del orden, que integraban conocimientos de la matemática, la fisicoquímica de los sistemas complejos y el cerebro, fue entender que el síndrome psicótico deficitario tenia que deberse – por supuesto yo no descubrí eso, si no que el espíritu de los tiempos  iluminaba simultáneamente a quienes reflexionábamos -  tenia que deberse a fallos en los procesos informáticos cerebrales; es decir a la pérdida de complejidad de la  estructura  neural y por lo tanto a rigideces y falta de adaptabilidad de sus funciones. La complejidad exige esfuerzo y capacidad informática. ¿No sería posible de una forma sencilla investigar la complejidad y adaptabilidad del sistema informático cerebral? Claro está que sí. En Giessen  en Chicago y en Zurich estaban estudiando los niveles de complejidad de diversas señales biológicas como el latido cardiaco (Sabelli en Chicago) o el electroencefalograma ( Babloyantz en Zurich y  Meyer Linderhof en Giessen, y otros ) Los registros digitales permitían la aplicación  a la señal registrada de complejos algoritmos que identificaban parámetros del orden y caos como la ecuación de dimensiones y otros.

         Pero yo pensé que sería interesante y novedoso   estudiar los niveles de complejidad de funciones motoras o de funciones perceptivas y así con mi hija, el estudioso e inteligente MIR  Dr. Justo Díaz  y profesores informáticos de la cátedra de teoría de la señal del TELECO, o Escuela Superior de Telecomunicaciones   de Valladolid, Prof. Alonso y R. Hornero y posteriormente la colaboración  para aplicación a pacientes del electrofisiólogo del Hospital Clínico Dr. Pedro Espino,  desarrollamos primero la llamada prueba de ritmos cuya hipótesis  inicial mía consistía en lo siguiente: La generación de ritmos complejos tecleando por ejemplo con los dedos sobre la mesa …. y por lo tanto sobre el ordenador, tiene que exigir un gran esfuerzo informático cerebral.  Me venia aquí a la memoria también la biografía del gran y alegre físico nuclear Feymann que era batería en orquestas de Jazz y que era famoso porque en la pared del ascensor o en su mesa de trabajo tecleaba complejos ritmos con los dedos. Además entre los ejercicios de la larga pero estupenda prueba de Luria sobre funciones cerebrales  se incluía la demanda de imitar tecleando sobre la mesa, diversos tipos de ritmos que  tecleaba previamente  el explorador.

       Así que los informáticos diseñaron un programa que registraba los golpes del paciente sobre la barra espaciadora del ordenador. Al paciente se le pedía que produjera el ritmo más irregular posible; es decir, lo menos rítmico posible. Era bastante difícil y los primeros experimentos en personas supuestamente normales; es decir, nosotros mismos, arrojaron curiosos resultados. El ritmo registrado, naturalmente, era sometido por el programa a  registro y presentación en histogramas de las distintas agrupaciones de  frecuencias de ritmos así como gráficos y cifras de  sus dimensiones caoticodinámicas. Esta prueba está patentada a través de la Fundación General de la Universidad.

      Tomamos en años sucesivos numerosas pruebas con pacientes y controles ayudados de sucesivos MIR que realizaban con nosotros sus trabajos de doctorado. Sin embargo gran parte de los datos que espero estén bien guardados, no han sido suficientemente elaborados y publicados. Esta tarea quedará ya para mis herederos, que no todos tienen, como un día tuve que decir a alguien. 

 

 Fenómeno de Wertheimer. De la misma manera se me ocurrió construir una prueba basada en el fenómeno phi de Wertheimer. Es sabido que el fenómeno, en el cual se basa el cinematógrafo, consiste en la percepción del movimiento  - o salto – de un objeto cuyas imágenes se proyectan bajo determinados intervalos   en diferentes posiciones del espacio visual. Es una ilusión óptica, pero que como todas las demás se fundamenta en las formas guestalticas de la percepción que organizan el espacio visual de acuerdo  con los aprendizajes  filoontogenéticos. Las ilusiones ópticas y las percepciones “engañosas” precisamente evidencian el contenido de dichas leyes.

El  programa, desarrollado también por la Escuela Superior de Telecomunicaciones o Teleco de la Universidad de Valladolid (Prof. Alonso Alonso y Roberto Hornero) mostraba una barra de tres centímetros de ancha que se “desplazaba” sobre el fondo homogéneo de la pantalla del ordenador. El  programa permitía variar los parámetros de permanencia de cada imagen y del intervalo de presentación de la segunda imagen. La hipótesis consistía en que el psicótico, y otros enfermos cerebrales, precisarían de intervalos menores de presentación  de las imágenes. A esta función se la denominó también función o frecuencia de fusión (de las imágenes) y en los observaciones antiguas como las de Behringer en las intoxicaciones mescalínicas, se estudiaba mostrando en la oscuridad un disco giratorio que presentaba en el extremo externo de un radio un pequeño foco de luz. La fusión se conseguía, cuando a una determinada velocidad de giro del disco  el punto se convertía en una circunferencia. Sin embargo este programa, con el que me había entusiasmado, resultó poco practico, poco discriminativo y muy adulterado por las calidades de la pantalla del ordenador que en los portátiles sobre todo fluctuaba también de forma incontrolable. Pensé que solo podría presentarse mediante un taquitoscopio más bien mecánico. Este tipo de artilugios y métodos, sin embargo, estaban tan pasados de moda que resultaban inutilizables.

 

Prueba de siluetas. En vista del fracaso de la prueba W. se me ocurrió otra que denominamos de Siluetas, pues se trataba de reconocer la silueta que dibujaba en la pantalla del ordenador un punto fino que se desplazaba a velocidades regulables. El parámetro a medir era la velocidad necesaria para que el probando identificara la silueta  que describía el punto. La silueta en cuestión era la del famoso toro de Osborne que adorna muchos puntos visibles de las carreteras españolas.

      El programa funcionó muy bien. También lo patentamos. Faltó y faltan todavía investigadores que quieran trabajar con él. Puedo pensar que son legados que aún duermen el sueño de los justos y que desde luego me gustaría que doctorandos u otros  psiquiatras los utilizaran también como pruebas cognitivo dinámicas en el estudio de las psicosis. El programa no pasó su fase experimental  en la que  lo aplicamos a diversos amigos que se divirtieron con ello. Faltaría incorporar otras varias siluetas similares para que la solución no fuera fácilmente conocida por el probando.

       Para todos estos trabajos obtuvimos  becas F.I.S (Fondo de Investigación de la Seguridad Social)  y además de comprar material, sobre todo ordenadores y libros, pude enviar a Martín Vargas y Natalia Jimeno a Frankfurt y a Aachen (donde a la sazón dirigía la clínica psiquiátrica el Prof. Klosterkötter, discípulo principal de Huber y premio Kurt Schneider, el más distinguido de la psiquiatría alemana). Envié también   a Justo Díaz a Chicago, con el Dr. Sabelli y más tarde a Pedro Espino a Zurich. De todo ello además de varias amistades y colaboraciones surgieron varias publicaciones: Las nrs. 79, 80, 82, 83  todas ellas en inglés y en revistas de impacto por lo que tuve la satisfacción de haber puesto al menos un granito de arena de investigación autentica en la línea neurobiológica que tanto apreciaba. 

 

 

18. Más contactos con la Prof. Lilo Süllwold y estancias en Frankfurt. La Prof. Lilo Süllwold  se había convertido en amiga de la familia y nos visitaba con frecuencia. Mi hija  y yo  unas veces juntos y otras independientemente realizamos varias visitas a su Clínica de Frankfurt. Lilo, más tarde Oma Lilo, para mis nietas,  es psicóloga, de orientación eto y neurobiológica y trabajaba a la sazón en diversas líneas relacionadas con el tratamiento cognitivo conductal de los trastornos obsesivos y psicóticos. Trabajos de su grupo se centraron por ejemplo en los trastornos cognitivos, de atención y de memoria en los grupos diagnosticas citados.  La visité por vez primera en 1982, como ya redicho, con el dinero que gané escribiendo para la casa Knoll aquel librito sobre Los Síndromes Extrapiramidales Yatrógenos.

        En   1992 mi hija  pudo hacer una larga estancia de un mes en Frankfurt aprendiendo   los Inventarios de Frankfurt y de los Síntomas Básicos y sobre todo el I.P.T y otras técnicas de las que luego hablaré. Aprovechando esta circunstancia en Febrero de 1992 acudí otra vez a Frankfurt  en  estancia de una semana alojándome en su mismo apartamento, una de esas habitaciones de esplendida comodidad y con”todo en uno”, tan típicas de Alemania.

Entre otras actividades viajamos  en tren hasta Bonn para  visitar a  H. Huber y Gisela Gross, que nos recibieron con amabilidad y el acostumbrado regalo de sus libros dedicados personalmente. Huber y Gross con sus doctrinas de los síntomas básicos, su enorme cohorte de 500 enfermos durante tres decenios y su clara defensa, desde siempre de la organicidad de las esquizofrenias eran, como he dicho nuestro referente doctrinal más importante.  El viaje en tren desde Frankfurt a Bonn , por lo demás por las orillas del Rhin,   pasando por lugares que me eran tan familiares como Koblenz, Remagen, Mainz, Bingen, Andernach, y Bonn me traía maravillosos recuerdos de mis primeras visitas de estudiante a aquellas ciudades. Especialmente Andernach donde viví dos largos meses como invitado en casa del Dr. Freusberg en 1956!!!, pero esto pertenece a otros episodios de mi vida de estudiante lejos de  mi ejercicio de la psiquiatría como tal. Andernach es una preciosa y pequeña ciudad en la orilla izquierda del Ruin, Conserva antiguos monumentos, a pesar de la guerra, y una gran grúa del siglo XVIII en el puerto fluvial. Natalia y yo al regreso paramos unas horas en Andernach. El caserón de la farmacia del pueblo, la Hirschapotheke,  en  la Markplatz o plaza del mercado – la central del pueblo - donde yo había vivido aquel verano, había sido derribado, pero sustituido por otra del mismo estilo y carácter, tal como suele hacerse en Alemania cuyos pueblos  siguen teniendo el idílico aspecto medieval y de cuento y se practica un urbanismo férreo derivado en gran parte de que el suelo es propiedad municipal o estatal y solamente se alquila durante 100 años renovables al constructor y propietario de la casa. Son drásticas e inteligentes medidas que fueron determinadas por  la tragedia de la guerra y las necesidades de la reconstrucción. Visitamos también su iglesia, ejemplo del llamado románico alemán donde tantas veces había escuchado al Dr. Freusberg al órgano.

       En fin; la Prof. Süllwold trabajaba a la sazón con un programa de rehabilitación cognitivo- conductal para psicóticos más o menos residuales  que  había sido elaborado por el Prof. Brenner, catedrático de una de las dos clínicas de Berna, en Suiza y Volker Röder, su ayudante. El programa se denominaba I.T.P. en español, Programa de Terapia Integrada. Asistimos Natalia y yo a las sesiones y quedamos absolutamente fascinados. En España cuando se hablaba e Psicoterapia todavía se seguía entendiendo la de orientación analítica o posanalitica basada en el bla bla bla. Nada de hojas de trabajo y control, nada de colaboración del paciente, nada de evaluar previamente los déficit y después los progresos, nada de fijar objetivos fechas y finalidades, condiciones todas ellas que se preveía habrían de exigir, como ya en Alemania los Seguros Sociales para aceptar las psicoterapias.

       El I.T.P. era, y es un programa cognitivo conductal. Se realiza en pequeños grupos dirigidos por el terapeuta ayudado por  un auxiliar y consta de diversos pasos y  niveles en las que se va atendiendo a la función abstracta o categorial, a las funciones verbales, a las de memoria y por fin a las de comunicación, primero comunicación sencilla y luego comunicación con implicación emocional. Se aplica a lo largo de meses y se repite periódicamente. Su eficacia probada en diversos ensayos multicéntricos. Su ámbito de aplicación: poco a poco mundial a partir de aquellos años. Este programa y los de Libermann prácticamente son, eran en aquel momento,  los dos únicos reconocidos  y baremados mundialmente para la rehabilitación de psicóticos.

     Así que N. tras diversas estancias consiguió la acreditación para aplicar este programa y más tarde lo tradujo y publicó en España. A ello siguieron por los años 90 numerosísimos cursos y talleres de enseñanza del programa por muchos hospitales y centros españoles y que presentaron siempre el  Dr. Volker Röder y Dra. N. Jimeno

 

19. Contactos  con  el Prof. H. Brenner y  visitas a a las clínicas de Berna. En todo caso  en seguida quisimos conocer al Prof. Brenner y su organización en Berna para profundizar en este y otros programas. Así que  en los años siguientes yo mismo realicé estancias  de trabajo breves en Berna  a las que acudía financiado con mis becas y otras veces financiado por la propia clínica de Berna.

        Realicé varios viajes en la década de los noventa, unas veces solo y otras con  mi hija,  entretanto también y como yo, profesor titular de psiquiatría en Valladolid.  Así pudimos conocer bien a otras personas del equipo del Prof. Brenner, como K. Andres autor también de un programa de rehabilitación sociolaboral que también tradujo y adaptó mi hija. La clínica de Berna atendía a un sector de los dos en la que estaba dividida la ciudad y su entorno. El jefe del otro área era el Prof. Böcker que no parecía llevarse muy bien con Brenner.  El área de Brenner tenía dos instalaciones principales: Una en el antiguo Hospital Psiquiátrico; otra como centro psicosocial y de la jefatura del área, próxima a la estación de Ferrocarril y por lo tanto completamente céntrica en la ciudad. El Hospital Psiquiátrico constaba como todos de varios vetustos edificios decimonónicos  en magnifico parque   desde el que se percibían a lo lejos las cumbres en largos dientes de sierra nevados de los Alpes Berneses. El interior estaba renovado, como es natural. En un pabellón estaba situada la residencia de invitados con coquetones miniapartamentos, similares a los de Giessen donde estuve albergado varias veces. En este mismo pabellón se encontraba el centro social y cafetería de los pacientes y así las comidas y desayunos se compartían con ellos. No me extrañó  nada que tanto el personal de servicio en cafetería y limpieza como varios pacientes fueran españoles lo que producía un ambiente sumamente familiar. Los servicios en Suiza estuvieron, y supongo que seguirán estando en gran parte por emigrantes y en ellos los españoles fueron casi los principales hasta los últimos años del siglo XX para ser sustituidos poco a poco por africanos.  El viaje en tren por lo demás desde Zurich o desde Ginebra, a donde había que volar, puesto que Berna no posee aeropuerto propio, es encantador, sobre todo desde Ginebra pues el tren, que también parece de juguete, bordea el lago  con el Jura a su izquierda para  escabullirse luego entre impresionantes montañas hasta llega al pequeño valle donde reposa Berna. 

        Otro gran pabellón en el Hospital antiguo lo ocupaba la biblioteca en la cual pasé también,  muchas horas.  Me permitieron que me encerrara en la biblioteca durante un fin de semana durante el cual pude fisgar lo que quise tomando notas sobre todo de los temas de la autoorganización y la curiosa doctrina de la autopoyesis que conocí entonces y propugnada por un chileno, Maturana, de quien no había oído hablar nunca pero que era un persona y doctrina muy importante, Ya me referiré a ello si llega el caso. También entonces estuve bien acompañado:   el vigilante de seguridad que comprobaba todos los edificios era andaluz.

 

20. En Febrero  de 1988 efectivamente había realizado  mi primer viaje a Berna   para presentar   el programa de Ritmos en una sesión de la cátedra de Brenner.  Quedó todo el mundo muy impresionado por la prueba, aunque no se animaron a trabajar con ella. Yo había llevado mi propio ordenador pues por experiencia sabía que con frecuencia los programas informáticos se abren mal en ordenadores ajenos y no quería sufrir un fiasco. En este viaje aunque fui, en principio por mi cuenta, me pagaron por la sesión lo suficiente para cubrir gastos. Me pareció muy bien y hasta obligado pues desde mis tiempos de Alemania estaba acostumbrado a que nadie moviera un dedo sin que lo pagaran; tanto peor por ello llevaba la costumbre española de trabajar gratis y recibir como recompensa un libro que no necesitas, una cena, o  algún objeto imposible.

        El Profesor Hans  Brenner  había trabajado en Mannheim con Häfner, centros que yo había visitado durante un mes desde Conjo. Manheimm y Häfner eran los centros de referencia más importantes para toda Europa en Psiquiatría Comunitaria y Social que estaban entonces de moda y centro de atención. Hombre de media-alta edad; de escasa cabellera pero de brillante intelecto, auque brillaba más en él la parsimoniosa reflexión y expresión que las frases relumbrantes. De trato afectuoso y fácil no respondía a la imagen de científico alemán clásico, pues ejemplificaba más bien el estilo de la nueva generación  en cuanto su  camaradería y buen contacto. Suiza estaba llena de científicos y profesionales alemanes en todas las ramas pero muy especialmente según comprobé en la Psiquiatría. ¿Porqué? Muy sencillo: Los psiquiatras suizos se dedicaban a sus consultas  de oro privadas  con clientela  de millonarios internacionales y así tenían que cubrir sus puestos en los servicios públicos por alemanes, de la misma manera que en los servicios comunes lo hacían con españoles.

Brenner me fue a esperar  la misma estación central de Berna, muy similar a las alemanas en cuanto a su profusión de tiendas, negocios, y  hasta terracitas de cafeterías y puestos de comidas de todos los tipos.  Me llevó a alojarme  en la miniresidencia del complejo Hospitalario y luego me invitó a cenar en un recoleto  restaurante desde donde se divisaban las lucecitas de la ciudad al anochecer y que simulaban un alegre nacimiento. En Suiza casi todo es así; como de juguete, especialmente las abundantes fuentes y placitas en la ciudad vieja donde dominan colores alegres, aquellos que la Naturaleza no proporciona demasiado en aquellas latitudes.

        Recuerdo muy bien la impresión que recibí al levantarme al día siguiente que era domingo. Era un día frío pero claro. En el horizonte los dientes de sierra de los Alpes Berneses. Los grandes jardines del complejo hospitalario con enormes cedros, píceas, y yo creo que también alguna sequoia. Sin ruidos, ni humos pues los escasos de la tranquila Berna, con sus silenciosos tranvías, los amortiguaba el parque y …. de  repente  comenzaron a repicar infinidad de campanas y campanitas por toda la ciudad.  ¿Porqué no sucede lo mismo en España?  ¿Se está avergonzando España de ser cristiana? Si no lo es ¿qué será? En la Suiza reformada, calvinista, agnóstica en su mayor parte seguramente, con las iglesias  convertidas en cafeterías  o  museos, repicaban todas las campanitas los domingos por la mañana y yo de nuevo recordaba al entrañable cuento novela de Heidi  y en el cual Clara la niña enferma de Frankfurt muere en una mañanita de domingo junto a los tilos mientras suenan todas las campanitas de la ciudad.

 

       Contacté especialmente con el Dr. K. Andres, psicólogo,  que también había desarrollado un programa de rehabilitación e integración social para psicóticos que en el año 2000 traduciría y publicaría  en España Natalia. Se denominaba S.E.T.  o Terapia de Grupo Integrada para la Superación de la Esquizofrenia. Yo no llegué a conocer ni aplicar  este programa pero charlé animadamente sobre el mismo con K. Andres que me acompañó a dar varios paseos por la ciudad visitando en concreto un precioso museo de mineralogía dedicado especialmente a los Alpes y en el que disfruté mucho aunque estaba en obras y parte de las colecciones no eran visibles.  Recuerdo muy especialmente el ingenuo y a la vez orgulloso comentario de Andrés al pasear sobre las instalaciones subterráneas del Banco Central Suizo: Me decía con unción: Mira; aquí debajo está todo lleno de oro. Tomamos también café en un delicioso y pequeño local. Nunca se agradecerá bastante este oficio de pasea niños o pasea niñas que se da siempre en estas circunstancias en las que una persona visitante de Universidad, exposición o congreso tiene que ser acompañada y agasajada por alguien del departamento, clínica o lo que sea. Por supuesto yo he tenido también que ejercerlo más de una vez y puedo decir que me costaba casi más que dar una lección o comunicación, salvo circunstancias de especial amistad como con Süllwold o el propio Brenner.

        En este viaje conocí también al colaborador más singular de Brenner, una persona con voz propia y muy bien conocida por mí en sus escritos y publicaciones centradas en el estudio de cohortes de esquizofrenicos seguidas durante innumerables años. Fue, me parece colaborador en estos trabajos de Gisela Gross y Huber pero siguiendo líneas divergentes y hasta poco ortodoxas.  Mayor ya de edad, vestía como un joven contestatario de los 60. Desaliñado  inteligentemente descuidado hasta en el aseo, con larga y desmelenada cabellera gris, paso titubeante y corta palabra… así me pareció Ciompi. No hablé con él, pero me preguntaron si deseaba visitar su peculiar unidad clínica conducida bajo sus peculiares tratamientos y denominada SOTERIA.  Me figuro que pocos de los lectores que puedan tener estas memorias mías conocerán el término. Se trata de un método “terapéutico” filial de aquellos principales antipsiquiatras como Cooper,  Laing, y Bassaglia. Desde el supuesto teórico de que la esquizofrenia es un síndrome artificialmente patológico producido por el carácter alienante de la cultura  occidental capitalista, el “tratamiento” consiste en permitir que el paciente viva sus delirios, no aplicarle restricción ni norma alguna, ni por supuesto medicamentos desterrados como malditos. Se esperaba así – durante años – que el paciente llegara a las más graves regresiones, como la coprofagía o la desorganización total de toda clase de hábitos. Una vez regresado a la etapa fetal, se esperaba que el paciente asumiera su propia resurrección psíquica para instalarse en su auténtica personalidad.  Me dijeron que solo la bondad de Brenner  pudo aceptar a Ciompi y sus métodos, pero yo me quedé muy impresionado al observar la supervivencia de la superstición ideológica interesada en un lugar tan relevante como Berna. No quise en manera alguna ni visitar Soteria ni charlar con Ciompi cuyos libros tanto había admirado por otra parte. Callé y guardé para mi mismo todos mis comentarios.   

       El resto de los días que pasé en Berna   comí también con Brenner  y  con otros de sus colaboradores  que fui conociendo. Su afabilidad me dejó ya estupefacto cuando al marcharme me acompaño al tren, subió a mi apartamento para cerciorarse de mi cómoda instalación y al despedirse con un estrecho abrazo me regaló para amenizar el viaje un montón de tabletas de chocolate de los tipos más variados y que como sabe todo el mundo son los regalos y recuerdos más habituales y sabrosos cundo se viaja a Suiza. Acabamos tuteandonos, lo cual siempre aprecio y admiro en un nórdico aunque voy constatando que aquella rigidez antigua con el usted ( Sie)  ha ido poco a poco relajándose o aun abandonándose tal como está sucediendo en España en que se reserva solo, me parece, para aquellos casos en los que existe una gran diferencia de edad. Así que Brenner se convirtió para mi en meramente Hans.

        Desde entonces me escribe en preciosas postales y nos escribimos por motivos profesionales y por todas las fiestas de guardar en los países transpirenaicos que son amen de las Navidades, Pentecostés y Pascua. Este afecto tan singular quizás puede entenderse por su conocimiento y relación con lo que se llama latino, pero que es sobre todo hispánico. Resulta que su esposa de nombre  y trato encantador – Adelita – es Chilena y es descendiente del  gran Bulnes, que fue presidente de Chile y que procede de misma  familia de mi esposa, que lleva ese mismo apellido; así pues cuando se conocieron con ocasión del viaje de Brenner a Valladolid para impartir una lección en el curso de Terapia Cognitivo Conductal en el año 2000 y del que escribiré después, al presentarnos mutuamente decía Adelita. No, No; Bulnes soy yo….  No; soy yo también Bulnes …  decía mi esposa. No cabe duda que esta increíble coincidencia estrechó nuestros lazos y colaboración. Hoy día, Hans Brenner, jubilado reside en Chile, en Santiago, donde hay desde antiguo una extensísima colonia alemana.

 

21. Cumpleaños de Brenner. El 11 de Noviembre de 2003 se celebraba en Berna el 65 cumpleaños de Brenner y los organizadores de los diversos actos, que fueron especialmente, como sucede siempre también en el Norte, las fieles secretarias de la Clínica me avisaron y me invitaron    a acudir  a las celebraciones y a presentar una comunicación en el Acto Académico que se celebraría en el edificio central de la Universidad de Berna. Acepté con muchísimo gusto. Además por razones de los pasajes del avión que eran mucho más baratos si incluían la estancia durante un fin de semana permanecí, me parece unos cuatro días en Berna lo que me dio tiempo para muchas visitas y paseos por la ciudad. 

       En esta ocasión me alojaron  en la residencia para profesores y visitantes de la Universidad y que estaba situada  en un palacete que fue propiedad de un famoso profesor de cirugía. Un encantador palacete decimonónico, con su varanda, sus salones sobre el jardín con amplias cristaleras y un enorme y magnifico salón comedor con gran chimenea palaciega.  En realidad la residencia de visitantes era un edificio dentro del propio jardín de la casa noble pero aparte y me figuro que antiguamente fue residencia de la servidumbre. Yo aquí recordaba el palacete donde vivió un tío abuelo mío, también cirujano famoso en los años de la posguerra en Valladolid. ( Dr. Antonino Guzman)

       En este viaje tuve la mala suerte de que se perdiera  mi maleta y aunque después de los obligados trámites me la depositaron al día siguiente dentro de mi misma habitación en la Residencia de la Universidad pasé el mal trago de tener que asistir a la cena privada y solemne en el citado palacete de la Universidad y también presentar al día siguiente mi comunicación con el mismo traje con que hice el viaje en el avión. Afortunadamente yo soy muy previsor para estos detalles y además de llevar el dinero repartido en cuatro o cinco distintos lugares, de que viajaba también con una chaqueta sencilla y sobre todo que llevaba mi Comunicación en el bolso de mano, pude salir bastante airoso de la situación. El equipaje llegó cuando ya no me hacia falta pues además de todo lo dicho en el bolso de mano llevaba también jabón, brocha y maquinilla de afeitar…

       La cena fue encantadora aunque se prestó también a alguna reflexión sociológica respecto nuestra situación cultural europea. Se celebró en el gran  salón decimonónico con su  espléndida chimenea a la francesa en aquel palacete de la Universidad. Nos habíamos reunido unas diez personas con la pareja Brenner, puedo suponer que los más queridos o respetados por él y entre los cuales tuve el privilegio de estar. Creo recordar que había un delicioso asado y unos magníficos y preciosos postres dulces. Íbamos lo mejor vestidos posible. Y de repente apareció el hijo de los Brenner. Un zangolotino desarrapado  con las inevitables zapatillas deportivas y chándal que llegó tarde, se sentó mal y se marchó cuando quiso. No saludó a nadie. Estuvo a mi lado e intenté charlar un poco. Sabía bastante español. No parecía interesarse por muchas cosas. Sus padres nada le dijeron y yo, claro está, nada comenté.

 

La Comunicación.  Al día siguiente y todavía con mi atuendo de viaje presenté mi muy simple comunicación en la que relataba el número, lugar, fechas y demás circunstancias de los talleres de I.P.T realizados en España en los últimos años y que habían dirigido N. Jimeno y V. Roder, promocionados por la casa Janssen Cylag. En mal alemán, sin corregir, y con bastante inseguridad e impaciencia aunque la buena de Lilo me dijo que no se había notado.

El edificio central de la Universidad de Berna en estilo decimonónico e impecable en su cierta frialdad debida quizás a la falta de esos rasgos barrocos    que en España encontramos en todos los lugares, está situada en alto respecto al nivel de la estación central desde cuyos pisos bajo suelo se asciende en ascensores públicos. Ello proporciona curiosas vistas y trayectorias por las cuales me perdí en diversos momentos observando o fisgando según queramos calificar y recogiendo prospectos y revistas, que dan siempre muy buena cuenta del funcionamiento y actividades de estos centros aunque luego a la larga y por falta de espacio en casa, tenga  que destruirlos. Debido a la prolongación de la estancia para disminuir, como decía los costes del pasaje en avión, comí varios días en la mensa universitaria – estupenda aunque no tan barata como las alemanas - Otros días en sencillos restaurantes y por fin en otras ocasiones en los Imbissstube de la  misma estación.

 

La Fiesta en el Jardín. El día del homenaje, el 11 de Noviembre, los actos académicos se desarrollaron por la mañana. Por la tarde se celebró la fiesta y homenaje más intimo en el jardín. Yo ya había participado a lo largo de mi vida y por mis contactos con Alemania en numerosas fiestas de empresa o no, reuniones y homenajes, pero jamás, jamás había asistido a una fiesta tan preparada, tan enormemente afectuosa y tan ditirambicamente elogiosa como la que organizaron los colaboradores de Brenner en esta ocasión de sus 65 cumpleaños. Se celebraba la fiesta en el jardín del centro psiquiátrico social de Berna, cuya foto muestro en los apéndices de este capitulo.  ( Laupenstrasse  49.) Esta   clínica  psicosocial  está situada en pleno centro de la ciudad y próximo a la Estación de Ferrocarril, por lo tanto cerca también de la Casa Residencia de la Universidad donde me alojé. Además de los despachos del propio Brenner y colaboradores  mantenía un centro  de día y salas ocupacionales   para pacientes ambulatorios, todo ello decorado en estilo totalmente alemán, quizás conseguía un ambiente un poquito más cálido.  El jardín aunque pequeño  tenia unos enormes abetos, o quizás cedros bajo cuyas extensas ramas ( yo recordaba aquel verso clásico de “patule recubans sub tegmine fagi…”) prepararon mesitas, cocinas servidas por cocineros andaluces, y unas carpas con las mesas corridas de comedor decoradas con toda clase de plantas y de flores. Brenner  y Adelita aparecieron cuando ya estábamos todos esperándolo mientras prorrumpíamos en entusiastas y largos abrazos. Le entregaron toda clase de regalos, que ahora no recuerdo y de  flores, pues en estos países se regalan flores tanto a las damas como a los caballeros, pero lo más entrañable fue una especie de trono o silla gestatoria, con profusa decoración más bien floral, en la que hicieron sentar a Brenner y a la que se fueron, o nos fuimos acercando todos. Yo me senté al lado de Lilo que en plenas molestias de sus caderas no podía moverse bien, pero pasado un tiempo comenzamos todos a movernos…. como en los banquetes de bodas españoles y estuve un buen rato al lado de Brenner y Adelita, joven, guapa y encantadora.

        Muy sorprendente fue también el menú preparado por los cocineros andaluces. Unas enormes paellas, que estaban riquísimas.!!!  Además del resto de platos sobre todo abundantes postres. ¿ Y la música? También un grupo hispánico, quizás hispanoamericano que nos obsequio sobre todo con música latina. Fue una  fiesta entrañable y deliciosa.

        Quizás deba entenderse todo ello por los lazos de Brenner con Hispanoamérica, por la popularidad y buen prestigio en Suiza también de los colaboradores emigrantes españoles que ocupan casi todos los puestos de servicios como ya he contado, pero también, como supe aquella tarde porque Brenner pensaba jubilarse próximamente para trasladarse con su familia a vivir a Chile.  En estas fechas en que escribo ya debe llevar varios años en Chile, aunque desgraciadamente se ha roto mi relación con él y  desconozco su dirección en Chile.

 

  La Invitación con los psicoanalistas.  Al día siguiente de la fiesta Brenner una vez más me distinguió con su afecto y consideración invitándome a cenar en su casa en compañía solamente de otro matrimonio: una pareja de educadísimos, cultos y encantadores señores. Solo recuerdo que ella se llamaba Hannelore. Tenían todo el aspecto de ser judíos. No es cosa de que yo hable ahora de los judíos. Solo diré que la cultura e inteligencia de estas gentes siempre me fascinaron y de otros posibles inconvenientes o abusos siempre me salvó mi dificultad para mantener largas amistades.   Vivía Brenner en un extenso piso en una de las laderas que dan a Aare, con unas deliciosas vistas a las torres y siluetas de la ciudad siempre decoradas a lo lejos con los picachos de los Alpes Berneses. Como siempre en estos casos acudí a la zona en autobús mucho tiempo antes de la hora con el fin de recorrer los alrededores. No recuerdo mucho la conversación. Solo recuerdo que pasé un largo rato agradable. 

Todavía antes de regresar a casa volví a mantener a petición mía una conversación de trabajo con Brenner en su despacho de la Clínica Psicosocial. Cuestiones relativas a la traducción española del I.P.T. y otros programas de rehabilitación elaborados por su estupendo grupo.

 

22. La ciudad de Berna y Suiza. Suiza siempre me  recordaba los deliciosos cuentos y ambiente entre poético  y nostálgico de Heidi, que había leído en español de niño y en original alemán después. Por cierto que las películas japonesas que han popularizado la delicada historia no me gustan nada. En todo caso conocía un poco Suiza por  aquel precipitado viaje a Basilea cuando estuve a punto de trabajar para Hofmann La Roche. Luego hice  otros viajes a Ginebra con diversos laboratorios y para la presentación de diversos fármacos como el Seroxat  de Smith Kline que tanto prescribí en los últimos años de mi actividad profesional.   Pero aunque Ginebra con su lago y sus inmensos jardines es pese a todo tranquila y acogedora, Berna lo es aun más, pues parece auténticamente una ciudad medieval y de cuento en cuanto a su aspecto general y arquitectura. Durante este mi ultimo viaje para la celebración del cumpleaños de Brenner tuve bastantes días y tiempo libre para callejear, debido a que, como ya he escrito,  para disfrutar de tarifas bajas en el billete de vuelo se exigía permanecer un fin de semana completo en el lugar que yo aproveché para algunas de las visitas y paseos que relato.

         Enclavada Berna  en un largo meandro del Aare, con sus callecitas de bajos soportales que conducen al río desde la parte alta de la ciudad, su impecable limpieza, y la sorpresa de ver aparecer en las pequeñas tiendas los más maravillosos artículos de lujo de todo el mundo y  con los edificios no ostentosos del parlamento y gobierno, producía una agradabilísima impresión. Como Suiza no fue destruida, como Alemania, por la guerra, conservaba mucho mejor el encanto antiguo defendido por un urbanismo racional y humano originario creo yo del medioevo y  que tanto nos hace  llorar cuando lo comparamos con  el nuestro por ejemplo en Valladolid donde sistemáticamente se sigue destruyendo la memoria física y la memoria histórica, a pesar de los esfuerzos que nuestros políticos dicen que hacen para conservar la una y tergiversar y neoescribir la otra. Estas ciudades alemanas y suizas han tenido además la inteligencia de conservar y mejorar sus tranvías, que no autobuses ni trolebuses. Para las ciudades de medio tamaño  en las que no es necesario ni rentable el metro, los tranvías modernos, limpios por dentro y por fuera, silenciosos, rápidos y seguros además de su servicio indispensable proporcionan una agradable imagen. Yo siempre sacaba abonos para el día o los días que fuera a permanecer  en la ciudad y en los tiempos libres recorría un buen número de las líneas disponibles llegando siempre hasta el fin del trayecto o subiendo  y bajando en uno u otro lugar. Era y es el mejor procedimiento para conocer una ciudad  y  que he repetido en otros lugares cuando he tenido tiempo y que vuelvo ahora, de jubilado  a practicar en mi ciudad natal.

         Visité con detalle la catedral, fría y de parca decoración  como todas las iglesias reformadas; visité también una inmensa iglesia en el centro de la ciudad, enfrente de la Estación Central, llamada creo de La Trinidad y en la que me llamó mucho la atención que en una esquina o capilla había un cafetín con periódicos y en el resto cuadros de tipo abstracto actual en exposición temporal. Así como numerosas iglesias en toda Europa, como en el mismo Valladolid, se han convertido en museos, archivos o salas de exposiciones o música otras, como una preciosa que recuerdo de Copenhague se han transformado incluso en cafeterías. Así que el uso mixto de esta iglesia de Berna me pareció una magnifica solución.

          Visité también el museo de la ciudad. Admirablemente puesto me llamaron la atención infinidad de habitaciones habilitadas como dioramas con escenas de diversas épocas, lo cual he visto también en el museo Carnavalet de París, y últimamente también en España, como en el museo Colon de Valladolid recientemente inaugurado.   El museo de Berna mostraba escenas complejas de luchas y asedios, de destrucciones de imágenes de la época de la Reforma y ¡Oh curiosidad!: Restos de estas misma imágenes más o menos deterioradas que se encontraron en años posteriores entre los escombros y en excavaciones. Algunas magnificas de facciones sobre todo románicas, me pareció.

El programa I.T.P. fue publicado en España por Ariel  en 1988. y el Programa S.E.T. traducido y adaptado por Natalia en el 2000.

 

23. Proposición de estancia como profesor visitante. ( Gastprofessor)  Las atenciones de Brenner conmigo culminaron  en mayo el año 2000  cuando  me propuso realizar una estancia de un mes  en Berna como profesor invitado. Las obligaciones no serian muchas. Dar alguna lección, participar  en algún seminario  todo ello bajo gastos pagados más una remuneración suficiente para hacer algunos viajes por el país y desde luego ir a esquiar a Interlaken o Gastaad. Yo desde luego no sabia esquiar   ni pensaba aprender. Viajar, sin embargo,  siempre me gustó  y precisamente en tren.  El Decano de la Facultad a quien se lo comenté no solo me animó a que aceptara sino que vino a decirme que era un honor para la Universidad de Valladolid y que debía aceptar.

        Pasé mucho tiempo en grandes dudas. Inicié las gestiones para organizarme en cuanto a sustituciones en la Unidad, guardias, clases, la consulta privada... Desde luego no pondré como excusa estas dificultades. El caso es que decliné la invitación.

 

 24. Curso de  Especialista Universitario en Terapia Cognitivo Conductal. 1999 -- 2000. Fruto en gran parte de nuestros contactos con Alemania y Suiza  fue la  organización  en 1999 (De Octubre a Junio)    de      un curso    de  titulo propio, como así se denominan los oficiales de la Universidad y aprobados por la Junta de Gobierno,  en técnicas cognitivo conductales   que poco a poco estaban sustituyendo al bla bla psicoanalista y superando  las limitaciones de las terapias de modificación de conducta.

      Este curso exigió un enorme esfuerzo pues las sesiones se realizaban los fines de semana para facilitar la asistencia a quienes estuvieran trabajando. Se  extendió durante casi todo el curso académico y al planificarlo al más alto nivel, con la participación docente de nuestros profesores amigos alemanes y suizos, exigió también que las tasas fueran correspondientemente altas, al menos para lo que era habitual en la Facultad de Medicina. Todo ello, quizás condicionó que apenas alcanzáramos los alumnos justos  para salvar el curso y que en nuestro afán para que se celebrara, los propios organizadores; es decir, yo como director y Natalia como secretaria, nos quedáramos casi sin cobrar. Invitamos  a Lilo que dio unas lecciones sobre el tratamiento de los trastornos obsesivos; a Brenner que explicó el origen, evolución y datos del programa I.T.P. Desde luego a Volker que intervino  en varias sesiones  presentando el I.P.T. También a a Ravensdorf  un curioso psicoterapeuta amigo de Volker  que trajo y nos regaló un montón de libros más bien en la línea de la autoayuda.

         También  dirigió   una sesión; es decir, todo un fin de semana, el Prof.  Olbrich de Mannheim  que había desarrollado un programa interactivo aplicable por ordenador  y sumamente interesante,  dirigido especialmente a la rehabilitación cognitiva en las demencias pero que podía aplicarse también en las psicosis. Vino con su esposa, pasamos como siempre unas horas sumamente agradables con ellos y nos dejaron una copia del programa con la intención de aplicarlo en el futuro. Todos deseaban que participáramos en estudios multicéntricos sobre estos programas que por entonces estaban apareciendo como innovación en muchos lugares. Aquí cerca, en Zamora, la Fundación INTRAS  promovida por el Dr. M. Franco también desarrolló un programa de tipo cognitivo en aplicación en su ámbito de influencia.

            Volker hablaba bien el español. A los demás los traducía yo sobre la marcha; es decir a cada párrafo o frase se detenían y yo traducía. Era muy cansado, para mí y también par los oyentes.  A Brenner lo paseamos por supuesto por  Valladolid en coche, pues no hubo tiempo para más, quedándose admirado del tamaño y aspecto de la ciudad, pues dice que se la había imaginado como muy pequeña y primitiva. Lo llevamos a comer, como es obligado, a una bodega de Boecillo asistiendo también mi esposa y quedando todos como amigos para siempre.

         Yo por mi parte presenté diversos modelos psicopatológicos de las psicosis orientados a la comprensión de su correspondiente base neurofisiológica. En estos casos si que es obligado estar al día y así, y gracias a los contactos de Natalia con Andreassen pude presentar unas estupendas ideas y esquemas de Andreassen que integraban circuitos motores cerebelosos en la fisiopatología de las esquizofrenias, además de mis ideas sobre la génesis y aparición filogénica de las funciones psíquicas, las procesión en la clínica de los psicosíndromes etc. 

El curso tenia una importante parte práctica con talleres  en los que los alumnos debían a su vez participar en grupos, impartir clases o simular sesiones terapéuticas. Así que se diferenciaba mucho de  los cursos habituales consistentes en escuchar una serie de conferencias y aun con la asistencia muy mal controlada y la expedición de un diploma de participación. Por estos pagos la gente está acostumbrada a que por el mero hecho de matricularse y pagar si era curso de pago, se obtuviera la papela.  Nosotros fuimos muy exigentes en la asistencia lo que nos ocasionó más de un disgusto. Además pudimos conceder, al fin a todos los matriculados, un titulo propio de especialista universitario y otro de acreditación de la Universidad de Berna y firmado por lo propios Volker y Brenner. Creo en suma que fue uno de los mejores cursos impartidos por la Facultad y desde luego de nuestro departamento. Intentamos organizar al año siguiente un segundo curso para el que llegamos hasta imprimir el programa, pero no se interesaron suficientes alumnos y nosotros tampoco hicimos muchos esfuerzos por encontrarlos. Habíamos acabado exhaustos en el curso anterior durante el cual prácticamente, no pudimos descansar ni un solo domingo.

Entre lo participantes en este curso recuerdo a Pilar Molina, Fermina del Teso, Enrique Macias,…….   . Sé que acudieron también algunas personas de Palencia y de Burgos Casi todos eran MIR de psiquiatría en formación o que habían terminado en los años anteriores. Al menos uno era psicólogo. El hijo del Prof. Macias Fernández.

 

25. Psicopatología clásica y los Simposia del Grupo de trabajo de   Weissenau.

Reunión en Bonn  del 7 y 8 de Diciembre de 2001.  A partir de los contactos con el grupo de Huber y Lilo Süllwold entré o entramos en contacto, pues ya casi todas estas actividades iban a la par con mi hija, con los psicopatólogos más distinguidos de Alemania que alrededor de Huber intentaban mantener la tradición clásica alemana de índole fenomenológica y filosófica con las nuevas corrientes de inspiración anglosajona, más bien fisiológica, bioquímica  e instrumental. Este grupo se reunía bajo la advocación de Weissenau tomado de la primera ciudad en la que se reunieron. Yo acudí a la reunión de  Bonn acompañado de Natalia y en ella tuve el gusto de saludar o conocer a Sazs, Klosterkötter, o charlar con Crow sobre las relaciones entre esquizofrenia y lenguaje. Luego Natalia continuo estas asistencias presentando comunicaciones como por ejemplo en la  reciente reunión, respecto al día en que escribo y que ha tenido lugar en Colonia el pasado mes de Noviembre de 2006. Del prospecto de la reunión de Bonn recuerdo bien su lema “ ¿ Es la Psicopatología  un manantial que se está agotando? No; no se está agotando. Pero no deseo adornarme con plumas que no me son propias. Mi papel en estos y en todos los congresos ha sido siempre mas bien de observador pasivo y en muchos o casi todos de los últimos, ni siquiera observador al ser contaminado como casi todos, por los ídolos del momento, como es el del farmaturismo; es decir, el turismo a expensas de las poderosísimas industrias farmacéuticas. Así que nada voy a decir aquí sobre los numerosos congresos por España y Europa (pues nunca quise salir de ella) a los que asistí en los últimos años, aunque desde luego acepté muchos menos de los que me ofrecieron y muchos menos de los que otros del mismo departamento disfrutaron y que visitaron en estos años desde Australia a Ciudad del Cabo, Las montañas Rocosas y otros lugares del ancho mundo.

        La reunión  Weissenau se celebró, como ya era habitual en todas partes, en un buen hotel, Hotel Königshof, desde cuya sala de conferencias veía el majestuoso deslizarse de las gabarras por el Rhin. Al atardecer, que ocurría en seguida, el espectáculo de los diversos barcos que encendían sus luces y cuyo ronroneo de motores cubría el horizonte me subyugaban resucitando mis viejas vivencias de mis paseos por el Rhin desde mi primera visita a Andernach en 1956 ¡!! . Quiere eso decir que atendía más bien con el rabillo del ojo al Rhin que a las comunicaciones – en esta ocasión todas en alemán - pero horas seguidas de psicopatología en alemán acaban agotando.

       En esta reunión se celebraba el 80 cumpleaños de Huber. En el mejor estilo académico se pronunciaron diversos “Laudatio”, pero el más jugoso fue el del mismo Huber relatando su biografía  plagada de anécdotas y de buen humor. Son  siempre unas estupendas satisfacciones  y motivos de tremenda emoción esos homenajes a profesores que dejaron un reguero de discípulos agradecidos. No muchos se lo merecen. En Valladolid estoy recordando al más entrañable de todos en los que periódicamente participo: La comida con D. Jesús (Casas Canicero)  El siempre se emociona lo que parece tratamos de conseguir siempre precisamente quizás por su talante de serio e inconmovible que aparentemente tenía cuando fue nuestro maestro de Patología Médica. Unas emociones propiciadas por la edad  y el impacto que en determinadas personalidades hacen los recuerdos. Recuerdos que se extienden no solo a las personas si no también, al menos en mi caso a los entornos, los edificios, los paisajes y hasta los olores de las calles.

      Así pues que desde las calientes salas del Königshof también me escapé de las sesiones para asomarme al fabuloso Rhin.  Recorrí un inmenso puente hasta su mitad aguantando un pavoroso viento helado. El resultado fue que regresé a casa con un imponente catarro. Lo compensaron las intensas vivencias.

 

26. Psicopatología Actual: Problemas y Conjeturas.  Desde luego mi interés por la psicopatología ha sido constante, pues he defendido que es la única y autentica ciencia básica de la psiquiatría. La Psiquiatría como arte médico aplicado está  compelido a la actuación aun en la ignorancia y, desde luego, la exigencia actual de la medicina  basada en la evidencia, creo que mal puede aplicarse a la psiquiatría obligada a actuar  en gran  parte sobre imponderables, subjetividades y aún ideologías, que se extienden no solo a la relación médico paciente sino a sus trabajos aparentemente más materiales, como  el uso de los medicamentos psicotropos, pues en psicología es posible evaluar, pero no medir y precisamente es la medición el primer presupuesto de un ciencia que se estime.

 Por todo ello en 1977-78 escribí una nueva monografía en la que intentaba concretar todas mis ideas sobre la psicopatología en el marco del resto de las ciencias y de la medicina. Citaré  aquí  a  algunos de mis  mentores espirituales y puntos de partida: Bochenski  y Kuhn respecto los métodos en la ciencia y la gnoseología general; Llopis respecto a la inespecificidad de los psicosíndromes tan densamente expuestos en su obra “ Introducción a la Psicopatología Dialéctica”; Bash, en cuanto el papel central de la consciencia en la organización teórica de los síndromes;  Wieck y Conrad respecto la sucesión dinámica de los síndromes en la evolución del cuadro clínico y sobre todo ello doctrinas sobre  la evolución de los mismos en el curso concreto de la enfermedad en cada paciente; y desde luego mi mismo libro anterior sobre la Consciencia.

       Muchas de estas ideas las había expuesto ya fragmentariamente en publicaciones anteriores más breves como la 65, 66 o  77 en las que firmaba con mi hija, o incluso otras más antiguas de menor importancia y que no citaré.

         El libro  (nr.  78)  publicado por la Universidad con patrocinio y ayuda a la distribución de Janssen-Cylag se tituló: Psicopatología Actual: Problemas y Conjeturas”. Así que conjunté para el primer capítulo  antiguos escritos, como los de las oposiciones que exigían largos comentarios de filosofía de la ciencia, sobre la definición, las fuentes y las bases del conocimiento y métodos de las ciencias en general y de la  especialidad en particular. En el capítulo siguiente presenté diversas doctrinas generales de la psicología y psicopatología,  comentando siempre la importancia que me merecían sobre todo respecto a la elaboración de modelos de las psicosis que a su vez permitieran el establecimiento de sistemas terapéuticos con base teórica demostrada.  Expuse luego  los problemas de la significación, de la semiótica, de lingüística etc. Luego reelaboré de forma más precisa mis ideas acerca de la estructura del síntoma, del orden y caos y de la importancia de la teoría de la información en P.P. En el ultimo capitulo describí el origen, síntomas y evolución de lo psicosíndromes según la evolución y forma patogénica de los factores morbosos. En fin, no se trata de exponer aquí ni resúmenes ni complementos a lo que escribí en ese libro, que firmé yo solo y del que ya dije que no era para principiantes. Era un escrito “sin consideraciones”, decía; sin consideraciones hacia el lector.

        Debido a los diversos avatares y circunstancias de mi posición entre los colegas, mi retraimiento de los congresos, mi escasa capacidad para alianzas o amistades (también enemistades que han sido solo las inevitables y justas) el libro tuvo escasa, por no decir nula repercusión.  Que yo sepa, solamente el Dr. Colodrón publicó en Archivos de Psiquiatría un comentario sumamente elogioso y muy de mi gusto y que agradezco enormemente. Me pareció también elogioso que dijera que yo escribía muy poco.  Otros lo dijeron en comentario que llegó a mis oídos: Ese Jimeno está mal aprovechado.. Añadiré solo que a pesar de  que parezca que presumo  demasiado en estas memorias y especialmente en este capitulo sobre la investigación,  yo practiqué siempre aquello de “primun vivere et deinde philosophare.” No se convirtió nunca la psiquiatría en una tarea vital apasionada.  Seguí sintiendo pasión por el conocimiento y el saber, para saber “estar en el mundo” o “saber a que atenerme” siguiendo los preceptos filosóficos predominantes en aquellos años 55, 56, que fueron los centrales y decisivos en mi formación y en mi posterior actitud ante el mundo y la vida. Quise seguir estando al tanto de las artes, de las letras y de las ciencias en sus aspectos y cambios básicos. La ciencia de la realidad empírica, como interiormente denomino a la política, me produjo siempre tremendo rechazo, pero no así la historia de la que en los últimos años fue constante lector…. Para constatar una vez más el carácter básico de ser el hombre un ser de la naturaleza, un animal en el sentido general y no despectivo de la palabra, pero a la vez tan lejano de todas las aspiraciones angélicas….. y de todos los delirios compensatorios cuyo origen y función en el aparato mental humano creo haber entendido. Claro está que al final siempre queda la duda pues esa misma comprensión  tiene a la vez la misma estructura del delirio.

 Dediqué  un ejemplar del libro a todos los MIR que rotaron conmigo en aquellos años, exceptuando alguno que me pareció que no lo merecía.       

 

27. El Acto Humano y  la Metateoría sobre el Delirio. A lo largo de todos estos  últimos años  fui perfilando unos esquemas sobre la estructura del Acto Humano. Un nombre que me inspiró un libro de Colodrón titulado, me parece,  La  Estructura de la Acción Humana del  Esquizofrénico. Mi intención principal era recuperar para la psicopatología las funciones y conceptos de la libertad y la voluntad  que son elementos básicos y determinantes de  la conducta; es decir, que su calidad y circunstancias definen precisamente la calidad y circunstancias de la conducta de la  persona y son por lo tanto indispensables en la evaluación de la imputabilidad y la responsabilidad. Así que el estudio de sus características tanto en el momento del pensamiento, intención y  planificación  como en el de ejecución de una conducta me parecía muy importante y por otra parte un aspecto bastante descuidado o explicado mal o de forma muy confusa en los escritos al uso.

 Remito a las publicaciones  65, 66, 73. No obstante describiré aquí brevemente mi pensamiento:

       En el acto de consciencia de una situación biográfica concreta la escena del campo perceptivo se organiza en diversos niveles. Primero sensoriales – color y forma – en segundo lugar gnósicos – reconocimiento del o los objetos; en tercer lugar lingüístico -  atribución de o los nombres a los objetos percibidos. Hasta aquí, estos niveles son estudiados por la neuropsicología.  Su estudio se realiza bajo el diseño anátomo-clínico, ya que las lesiones cerebrales provocan diversos niveles de deficits que separan, como en una  cromatografía,  estas diversas  funciones  que operan integradas  en la persona sana. Pues bien, siguiendo este esquema afirmo que los niveles siguientes de comprensión e interpretación de la escena, que abarca todos los objetos presentes en la percepción más las evocaciones y pensamientos de la memoria que se integran en la  misma, afirmo que estos niveles funcionales producen las ideas y opiniones del pensamiento de la misma forma obligatoria e inequivoca  que se percibe, identifica, y nombra por ejemplo una manzana. Denomino a estos niveles superiores significación y sentido y son niveles específicamente psíquicos y sus trastornos son por ello no neuropsicológicos si no ya psiquiátricos. El significado  de la escena consistiría en la integración de todos los componentes percibidos y evocados, como decía, en una situación propiamente biográfica y de consciencia ; por ejemplo yo ahora estoy escribiendo unas memorias. El sentido constituiría el último nivel de integración y englobaría motivaciones, esperanzas, deseos respecto la situación presente integrados o englobados en el sistema de creencias e ideologías del sujeto.  En mi ejemplo:  Escribo estos recuerdos como legado a mis amigos y como satisfacción propia y de ocupación de mi tiempo, y por ultimo como esfuerzo para testimoniar en el mundo mi existencia y pensamiento en ausencia de garantías de cualesquiera otras formas de supervivencia.

        Ya en esta primera fase del Acto Humano, que es la instalación del yo en la escena del momento presente, todo lo dicho y aceptado no es asunto baladí; si el significado y el sentido,   son la idea, la intención y la volición  y se producen en el psiquismo de la misma manera y con los mismos atributos  que los niveles inferiores de la percepción, quiere decirse que el propio yo no es libre para pensar y opinar lo que piensa y opina, pues ello surge automáticamente en el mismo proceso de la percepción y debido a la misma estructura de su yo dependiente siempre de sus experiencias, biografía y conocimientos. Así si yo al percibir el mundo exterior pienso  y creo que todo   se produce  y se mueve según estructuras y funciones  fisicoquímicas regidas por las leyes de la Naturaleza  conocidas o por descubrir y que por lo tanto no ha lugar a fuerzas ajenas al mismo capaces de producir milagros o providencias,  no puedo pensar o creer otra cosa, de la misma manera que no puede pensar o creer otra cosa quien  procedente de una experiencia personal, biográfica y cultural piensa y cree que todo movimiento se produce por la acción de las fuerzas espirituales de los dioses y su providencia. Y así unos creen en la inmortalidad  tras la muerte del cuerpo del ser consciente propio y de las demás personas y otros no. Y así de la misma manera se originan y se afirman los pensamientos que por su extrañeza o discrepancia respecto las demás personas denominamos ideación delirante. Esta misma se produce según las mismas funciones no necesariamente patológicas.

        Este es el contenido de dichas publicaciones que clarifican aun más lo expuesto en mi monografía de Psicopatología de 1998 y  expuestos también en otros artículos no publicados, como mi comunicación a la Reunión de la Sociedad Castellano leonesa de Psiquiatría celebrada en Toro en Octubre de 2005. Titulo: Una metareflexión sobre el delirio.

Una consecuencia ulterior con implicaciones en el concepto de imputabilidad es mi afirmación, de que tanto el normal como el delirante son imputables en la misma forma de sus creencias, opiniones o delirios; es decir, podría firmarse que no son imputables puesto que no son libres para pensar otra cosa (aunque ello depende del mismo concepto de imputabilidad, que quizás debería corregirse). Sin embargo  a partir de lo pensado y su derivado inmediato que es el deseo, interviene en la planificación y ejecución de una conducta la libertad y la voluntad y es ésta la conducta  propia y con seguridad  imputable. O expresado en terminología religioso moral: No somos responsables del pensamiento o tentación y el deseo  que originan, pero sí de las conductas en que pudiera derivar. (La casuística católica añadía que el pensamiento se convertía e imputable o culpable, según contenido, si se caía en la delectación pecaminosa; es decir si era afirmado o cultivado conscientemente, pero ello no puede aplicarse al primer movimiento o ocurrencia, vivenciada como tentación, que es idéntica en su estructura psicopatológica, claro está, a la ocurrencia delirante )

¿Pero que importancia tienen hoy día estas cuestiones? Soy consciente que en esta época de predominio de lo que yo llamo pensamiento plano…, pues ninguna.

 

28. Los Diálogos de Fin de Siglo.  El cambio de siglo, que a la vez era cambio de milenio,  provocó mucha expectación y preocupación. Con las constantes del siglo XX parecían reproducirse los temores milenaristas del año 1000, que nos cuentan nuestros libros de historia. El temor principal afectaba a los sistemas informáticos que como, según se decía, no tenían previstas más que dos cifras en el cómputo de los años y que al marcar 01  actuarían como si se tratara de 1901  con lo que se produciría un caos mundial en las finanzas y en las comunicaciones. El ciudadano particular no notó nada de esto y la mayoría de los P.C. parece que no lo superaron ágilmente  y con la mayor soltura aceptaron las nuevas fechas correctas.

Otro “grave” problema consistió en la duda sobre cual era la fecha en que se producía  el cambio de milenio y de siglo. La razón nos decía a todos que de suyo el año 2000 era el último del siglo XX y que por lo tanto el cambio de milenio se produciría el 1 de Enero de 2001. En todo el mundo, sin embargo pudo más el efecto psicológico de dejar de escribir l9… y tener que comenzar a escribir 2000. Así que a lo largo y a lo ancho de la tierra se celebró por todo lo alto, sobre todo con fuegos artificiales,  el 31 de Diciembre de 1999 y pasó sin pena ni gloria el 31 de Diciembre de 2000. Al fin no sucedió nada excepto las habituales guerras,  pobrezas, asesinatos de mujeres, subidas de impuestos y alegre vivir de la mayoría en cotilleos impúdicos basura y viajes de placer cargados de incidentes.

       En 1998 D. Pedro y D. Ángel Torio (catedrático de derecho penal y buen amigo)  entre otros organizaron una serie de lecciones o seminarios extraordinarios en la Facultad de Medicina centrados en la imputabilidad, responsabilidad, libertad… Me encargaron una lección o conferencia en la que expuse mis esquemas y teorías sobre El Acto Humano. En las reuniones consiguientes a este seminario surgió la idea, ya no sé si de D. Pedro o mía, de  organizar unos diálogos públicos universitarios sobre lo que podríamos llamar la situación espiritual de nuestro tiempo en las expectativas del cambio de milenio. Grabaríamos en cinta magnetofónica todo con la intención de una vez depurado y trascrito publicarlo en la Universidad. Pensábamos que  estas reflexiones podrían ser útiles a nuestros jóvenes universitarios, al menos a una élite de los mismos, recordando siempre nuestras propias experiencias  en esta misma Facultad de Medicina y en los años 50 de mis estudios en los que en Colegios Mayores, especialmente en el  magnifico y querido Colegio Mayor Santa Cruz, donde yo residí toda la carrera y el Reyes Católicos donde D. Pedro durante años y años ayudado por D. Santiago Benito Arranz impartió toda clase de coloquios y seminarios.

       Desde muy joven había leído y admirado los diálogos de Platón. Tenia y tengo una preciosa edición antigua (del siglo XIX que había pertenecido a mi bisabuelo D. Policarpo Mingote) a los que añadí ediciones populares pero muy cuidadas  de J. Bergua  que contenían los dos diálogos más sublimes y que no contenía mi edición antigua: El Banquete, (sobre el amor)   y El Faidon  (o sobre la inmortalidad)   

        Bien, pues para estos diálogos con D. Pedro  redacté   yo el esquema general y los  títulos concretos para cinco  diálogos, que reseño aquí: Un tema espiritual, que denominé Conocimiento y saber: ¿Son necesarias hoy las creencias de la salvación? El diálogo segundo:  El Universo y su origen: ¿Puede la Ciencia explicarlo Todo?. El tercero: Desde el animal al Hombre: ¿Son la Consciencia y la libertad Funciones psicobiológicas?  A continuación: Desde la Organización Social a la Trascendencia del Hombre: ¿Cuales son las condiciones fácticas de la libertad? Y por último:  ¿A Donde vamos. Es posible planificar el futuro?

      Mantuvimos los diálogos en un mismo día de la semana, creo que los jueves, a las 7 de la tarde y en cinco semanas sucesivas. Se celebraron en un aula de la planta baja de la Facultad de Medicina. Asistió poquísima gente. Amigos inmediatos nuestros, en general profesores, como Julio Ardura o de Lorenzo. Algún residente de excepción como  el Dr. Martín Vargas. Varios señores mayores asiduos a todas las actividades gratuitas de la ciudad.   Dialogábamos primero D. Pedro y yo y luego ofrecíamos el dialogo a los asistentes.  Pasó todo sin pena ni gloria, pero para nosotros, al menos para mí, fue la experiencia tremendamente útil. No digo que clarificase mis opiniones sobre le mundo y sobre la vida porque ya las tenia claras desde 50 años atrás, pero sirvió para ponerlas por escrito  en contraste con las creencias  bastante diferentes de D. Pedro. Y ninguno de los dos se recataba de hablar y escribir con claridad, claro está que de nuevo el asunto maldita sea, a nadie interesaba un pito, por lo que yo tampoco tenía  porqué avergonzarme si me mostraba demasiado radical.  Las discrepancias más importantes se producían en la visión espiritualista trascendente de D. Pedro respecto la vida, el hombre y el curso incluso de la historia, y la unitarista, no quiero llamar monista, de la mía al entender que la misma Naturaleza según es conocida por las ciencias físicas, informáticas, biológicas etc. etc. se sobran y se bastan para dar cuenta del ser y funcionamiento del mundo y del hombre. Pero aun así, quizás muy pocos asistentes se dieron cuenta de ello.

       Las grabaciones realizadas con procedimiento muy rústicos eran malas, y el esfuerzo de ponerlo todo por escrito enorme, pero lo hice con ilusión y el libro fue publicado.[5]  

En la Introducción nos presentábamos los dos mediante un apunte biográfico, que satisfacía una cierta autovanidad  y terminábamos con dos apéndices; uno de D. Pedro: Reflexiones éticas sobre la tolerancia y la Solidaridad y otro  mío Sobre la Tolerancia y violencia desde la Ciencia Natural del Hombre.

      Para la portada se me ocurrió  que un amigo (D. Daniel Landa) nos hiciera unas fotos a D. Pedro y a mí paseando  y platicando por el Campo Grande. Escogimos un paseo umbroso que desde La Fuente de la Fama conduce al estanque. Estamos los dos de espaldas, yo con las manos enlazadas detrás, y así figuramos  en el libro bajo un suave tono amarillo. Este lugar y forma materializaba unos diálogos que efectivamente estaba,  y continuo, escribiendo entre tres personajes ficticios y que se identifican con tres aspectos distintos de mi mismo, pero ello es asunto propio de  otro lugar.

     Como siempre regalamos unos cuantos ejemplares entonces y en años sucesivos. Muy pocos por mi parte. En las fechas en que escribo una estudiosa, psicóloga, está trabajando en  su tesis doctoral sobre la vida y obra de D. Pedro y con esta ocasión me ha entrevistado largamente respecto lo que yo podía contar sobre él.  Saqué  así otra vez a relucir este libro que claramente lo que muestra es que ya estos temas y por lo tanto nosotros, estamos fuera de época, una época en la cual La Razón Instrumental ha barrido completamente del panorama de Europa la reflexión; la reflexión sobre sí misma, que es el presupuesto básico de la consciencia, de la critica y por lo tanto de la excelencia en la cultura como garantía de pervivencia. Pues nuestro libro era, me parece, importante  en temas y formas. Ahí está disponible: En la Gran Red o como escriben mis amigos de Investigación y Ciencia: La Gran Malla Mundial, pero aquí también se ha generalizado el anodino nombre de Internet, aunque debemos agradecer que el término tenga sus reminiscencias latinas.

 

29. Estudios y publicaciones sobre el caos cerebral y otros temas.

La colaboración con los que yo llamo informáticos, pero que en realidad son ingenieros de la Escuela Técnica Superior de Comunicación, departamento de Análisis de la Señal, fue dando cada vez más frutos. Hay que decir que en gran parte por el esfuerzo de ellos y menos, quizás del nuestro. En todo caso participamos en varios Proyectos de Investigación Financiados; Publicamos varios trabajos en Revistas de Impacto y lo que es más importante, al menos para mí: Se mostró la viabilidad e interés de los diseños de investigación centrados en el análisis caótico dinámico de las series de ritmos de golpeteo generados por los pacientes y s sus controles y posteriormente por el análisis del electroencefalograma recogido en señal digital y analizado según diversos algoritmos para determinar su grado de complejidad caótico- dinámica. Confirmamos así estudios de otros autores, como Sabelli, de Chicago Babloyantz de Zurich (que con ímprobos esfuerzos conseguimos diera una lección en Valladolid motivada por las riquísimas ensaladas que la ofrecimos en casa)  y Meyer Linderhof en Giessen de la clínica de psiquiatría dirigida por el Prof. Gallhofer y que yo también visité en aquellos años. Así que conocía a todos personalmente lo que facilitó el acceso a sus trabajos.  Fue inestimable la colaboración de nuestro electrofisiólogo del Hospital Clínico – Dr. D. Pedro Espino – y  los Prof. Alonso Alonso y Roberto  Hornero, por parte de los ingenieros. Este último leyó su tesis doctoral sobre este tema y Natalia formó parte de su tribunal. 

Corresponden a estos trabajos las publicaciones nrs. 79, 80, 82 y 83, 

        Entre tanto también el Dr. Martín Vargas había leído su tesis dirigida por nosotros sobre el seguimiento con el Frankfurt de una cohorte de esquizofrénicos y poco más tarde publicó un libro con diseños y sugerencias muy importantes sobre el síndrome decificitario del esquizofrénico centrado en sus disfunciones en la atención  selectiva,  filtrado perceptivo,  y los fenómenos de intrusión  y distorsión  del pensamiento. Presentó además en esta obra  una escala derivada y simplificada desde la compleja escala de Bonn ( Huber) de síntomas Básicos  y que denominó escala ESEA. [6]

       Estos temas y también con  la Dr. N. Jimeno y Martín Vargas publicamos varios artículos de impacto más, que fueron decisivos para que mi hija  Natalia Jimeno ganara la  reñida oposición de acceso a su puesto de Profesor Titular de Psiquiatría  en  el año 2002. Son las                

publicaciones nrs. 74, 75, 76.  En algunas colaboró también la Prof. Maria Nieves López, nuestra compañera en el Departamento y amiga y que es Profesor titular de nuestro área y profesora encargada  (se denomina ahora coordinadora) de la Psicología Medica. 

Por mi parte publiqué algunos otros trabajos sobre doctrina psicopatológica que precisaban o ampliaban lo expuesto en mi monografía. Nrs. 65, 66, 63, 73 y 76.

 

30. Cursos de Doctorado. Durante estos años 2003, 4, 5 y siguientes volvimos a realizar cursos de doctorado, lo cual suponía un enorme esfuerzo y escasa consideración par parte de la Universidad. Como única satisfacción aducíamos obligaciones de prestigio del Departamento, que me parece no era muy deslumbrante, y por otra la ocasión  de  trabajar estrechamente con gente joven: los discípulos y doctorandos que eran casi todos nuestros propios MIR del Hospital Clínico . Dentro de la enorme complejidad  y obligaciones que alcanzaban ya los cursos  de doctorado Martín, Natalia y yo nos encargamos de los módulos denominados Modelos Actuales de las Psicosis. Unos temas que bien podrían haber constituido un nuevo libro. En concreto yo expliqué varias veces  los paradigmas de la imagen científica del mundo comenzando por la Nueva Ciencia de Galileo pasando por Kant y hasta llegar a Poincaré,  y los sistemas complejos y autoorganizados, lo que me producía un inmenso placer al clarificarme cada vez más ante mí mismo aquel eterno problema insoluble en  mi juventud: El problema del origen en la Evolución del Universo de los seres en aumento creciente de complejidad y organización, sobre todo, claro está de los seres vivos. Luego explicaba los diversos modelos psicológicos y psicopatológicos, como la teoría de la Guestalt o forma, la de los campos de fuerza, los etobiológicos y del aprendizaje para terminar con los modelos neuropsicológicos actuales de las esquizofrenias basándome sobre todo en las teorías del déficit frontal, de las deficiencias informático cerebrales y en la imagen y circuitos cerebrales alterados de la psiquiatría llamada neokraepeliniana americana  ejemplificada por Nancy Andreassen con quien estuvo trabajando N. Jimeno en IOWA para adquirir la acreditación en la utilización de sus famosas escalas y  cuyas publicaciones, amen del contacto epistolar y electrónico, seguíamos asiduamente. Las ultimas novedades, que expliqué  de Andreassen  consistían en la aceptación de que en el síndrome psicótico intervenía un circuito motor cerebeloso, lo cual no me sorprendió nada, si no que más bien corroboró mis suposiciones.

        Varias tesis sobre estos temas están en marcha y en los días en que escribo estas líneas – diciembre de 2006 – se han leído tesinas (Llamadas ahora “acreditación de suficiencia Investigadora”) de estos últimos doctorandos en los que he colaborado. ( Carolina, Loles, Belén Arribas, Rocío…..) 

 

31. El Delirio Sensitivo de Referencia de E. Kretschmer.  La editorial   Tricastela está realizando una muy encomiable labor al reeditar textos clásicos de medicina, especialmente psiquiatría y un texto clásico es, sin duda, el del nombre de este párrafo. En su época había sido ya editado por Labor  en traducción de  J. Solé Segarra pero     entretanto habían salido nuevas ediciones alemanas siempre en la editorial Springer ( Heidelberg, Berlín) La cuarta de 1966  aparece revisada por el  del autor, Wolfgang Kretschmer, que añade un nuevo  largo y enjundioso capitulo, el doce, original suyo y denominado: Concepto, Historia y Situación Científica del Delirio Sensitivo de referencia. Da la casualidad que yo había conocido bastante a Wolfgang porque asistía a las reuniones del Dr. Arasa donde coincidí con él tratándole después con frecuencia por cartas y por el envío mutuo de publicaciones. Hablaba muy bien español y le  interesaba mucho la cultura y paisaje español. W. Kretschmer, era alto y enjuto. Pálido y pecoso castaño en aspecto que a mi me recordaba mi antiguo y querido profesor del Colegio de San José, el Padre Schweitzer, también alemán. Hablaba muy deprisa y con mala pronunciación. Muy afectuoso. Mantuvimos durante unos años una buena amistad aun en la distancia. Era también catedrático de psiquiatría en Tübingen, habiendo sucedido en el puesto a su padre. Sé que ha fallecido ya aunque ignoro la fecha.

      Este nuevo capitulo 12 escrito por Wolfgang es sumamente interesante: Comenzaba por escudriñar el origen histórico del concepto y palabra de sensitivo que había sido utilizado en psiquiatría ya anteriormente, aunque yo creía que era original de Kretschmer. Dedicaba luego varias páginas a las controversias  de su padre con los kraepelinianos acérrimos, con Jaspers, Schneider y  otros prebostes de la época, centrándose en la explicación y aceptación de la psicogénesis del delirio a partir de la conjunción entre las predisposiciones endógenas y los avatares biográficos. Explica cómo Kraepelin, al igual que tuvo que hacerlo con Bonnhoeffer  admitió el origen psicogenético de este tipo de delirios y por lo tanto de la realidad clínica del Delirio Sensitivo. No queda muy clara en mi opinión su diferencia con la paranoia auténtica también descrita por Kraepelin. Dedica también largos  comentarios,  pues es un capitulo de 35 páginas impresas, a las características psicológicas del delirio psicogenético. Su no incomprensibilidad, su relación con la ética y con la lógica, y aún la metafísica y desde luego profundiza en  su dinámica psicológica eludiendo en todo caso las posibles explicaciones psicoanalíticas pues los Kretschemer, comprensiblemente, eran antifreudianos.  

     Mediante la recomendación, me supongo del Dr. Colodrón y por nuestro buen conocimiento del alemán, lo que ya no es frecuente en los psiquiatras actuales,  nos encargó la editorial  la  revisión y traducción de esta obra clásica de El Delirio Sensitivo. Realizamos primero unas pruebas que fueron remitidas a jueces independientes y anónimos para nosotros. Nos dejaron ver sus comentarios y criticas que fueron muy favorables. Nos encargaron por lo tanto la traducción y así lo hicimos entre Natalia y yo en una ardua labor, pues es una tarea esforzada, como sabe quien tenga experiencia de ello, el traducir del alemán al español y más una obra de psiquiatría. El trabajo empero fue gratificante pues así nos familiarizamos con este importante tema de la psiquiatría: El delirio y sus distintos tipos. Kretschmer efectivamente en su época consiguió defender y conseguir que se aceptase que algunos delirios son psicogenéticos y que su origen puede comprenderse como consecuencia del choque entre un cierto tipo de personalidad, la sensitiva, y algunos avatares concretos de la vida.      

En la revisión de la  traducción anterior encontramos un interesante detalle: En la edición española se había omitido, supongo que censurado, una frase laudatoria sobre Lutero, lo que hicimos constar en nuestra traducción.  Esta edición salió en el año 2000 y fue repartida como era habitual, y sigue siendo, por la farmaindutria como regalo a los profesionales. Me parece que en concreto el libro fue regalado por  Janssen Cilag.

 

32. Otras lecciones y artículos. En estos últimos años de trabajo en Valladolid además de las publicaciones  sobre trabajos de investigación di y escribí, como es  habitual en profesionales y profesores, otras muchas lecciones algunas de las cuales escribí para su mayor precisión al leerlas y otras además se publicaron en ediciones más o menos locales. Contabilizo aquí por ejemplo las publicaciones 56, 58, 60, 62, 63, 72, 75, 81, 86, 87, Unas son capítulos de libros editados por otros profesores del Departamento como Prof. Macias y Profa. Mª Nieves López Fernandez. Otros son encargos pagados  de farmaindustria para sus publicaciones acompañando la información sobre medicamentos, como el 85 y 87 que forman parte de un pequeño tratado de psicopatología que se distribuyó por entregas. Menciono especialmente la publicación 71  sobre la agresividad y la tolerancia que  corresponde a  uno de los seminarios  que organiza  todos los años  en el marco de sus asociaciones para la prevención y tratamiento de lo que él llama adiciones sociales. el amigo y querido Dr. Blas Bombín. En sus cursos, que se imparten en la propia Facultad de Medicina o en la sede de estas asociaciones ( Cetras, Ajupareva… )  participé y sigo participando todos los años con diversos temas, como la empatia, la impulsividad, la voluntad, la agresividad y otros.

Muy importante ha sido en los últimos 14 años el curso organizado por el Prof. J. Angel Macias dedicado cada año a un tema psiquiátrico  de actualidad como, psiquiatría de la mujer, Ancianidad, Alcoholismo, Sexualidad, Suicidio y otros. Estos magníficos cursos tanto por su organización como contenido han sido los únicos con proyección exterior organizados dentro del departamento pero no propiamente por el Departamento por ser iniciativa y responsabilidad exclusiva de nuestro amigo Macías. Se extendían durante varios meses con sesiones maratonianas una vez por semana,  día en el que se impartían de cuatro a cinco lecciones a las cuales se invitaban a profesores de primera importancia de Madrid, Salamanca, Sevilla, etc. Aparte de la calidad de cada lección permitía conocer a profesores importantes de nuestro alrededor y lógicamente establecer amistades. Los conferenciantes invitados cenaban después con los organizadores. Las lecciones eran escrupulosamente y generosamente pagadas  obviando muchas veces los raquíticos márgenes impuestos por la Fundación General de la Universidad  dentro de  cuyo marco se organizaba el curso.  Asistían más de cien personas de los diversos grupos sanitarios siendo asiduos muchos de nuestros A.T.S. y auxiliares así como gran número de  nuestros  residentes. Desgraciadamente curso tan importante  después de su 14 edición ha fallado este año debido dificultades logísticas y por otros indicios me parece que ya no se volverá a realizar. Es mucho el esfuerzo y poca la compensación, salvo el prestigio personal, para el organizador. Nuestro jefe oficial por lo menos  y por lo que a mí respecta, no me proporcionó en estos mis 27 años de trabajo en Valladolid ni una sola lección, clase, conferencia o asistencia a congreso (excepto el primer año con la asistencia en Madrid a una reunión de la OMS sobre   las áreas de salud mental en Europa)  aquí o en cualquier otro lugar tanto pagada como gratuita, claro que yo a él tampoco, así que nuestro agradecimiento mutuo será eterno.

Son escritos sin publicar procedentes de estos cursos, títulos como;  El Juego y el Ocio en la Tercera Edad; El sentido de la Vida;  Enamoramiento y Amor  y otros. Algunos están colgados en la Red.

 

33. La Evaluación. Año 1999.

 De acuerdo con la normativa de la LAU, que ya he explicado, para conseguir el complemento y méritos del “sexenio de investigación” había que realizar el consiguiente trámite administrativo remitiendo la documentación a la agencia Central Evaluadora de Madrid. Los mismos trámites eran enojosos y complejos y exigían un buen esfuerzo  ya solamente el cumplimentarlos mediante los formularios recogidos en  el correo electrónico. Solo se evaluaban los seis años que se escogieran  y dentro de ellos los artículos, libros o méritos que se indicaran. Había que escoger  cuales considerabas que eran tus trabajos principales  más importantes, si la publicación se efectuó en revista de impacto y qué impacto etc. Muy importante se consideraba que tus trabajos hubieran sido citados por otros investigadores.  Realicé todo el papeleo con gran ilusión alegrándome en el fondo de que hubiera una evaluación  que se suponía objetiva por fin y que pusiera a cada uno en su sitio, según me decía. Confiaba mucho en mis libros de psicopatología y en las últimas publicaciones en inglés y de impacto que habíamos realizado con los ingenieros. Además había patentado a través de la Universidad nuestras pruebas de ritmos y siluetas.

El resultado tardó en llegar, así que mi impaciencia se extendió muchos meses en el tiempo.

Cuando llegó me llevé una tremenda desilusión. La evaluación fue negativa. No me concedieron el sexenio de investigación.

      Noté in mente como curiosidad que firmaba la resolución negativa, como director de la Agencia Evaluadora, una persona que había conocido y tratado bien en Santiago: el profesor de física Julio Casado Linarejos que fue en Santiago director del Centro de Formación del Profesorado de la Universidad y con quien programé y realicé algunos cursos desde Conjo. Además le conocía porque había sido Colegial del Colegio Mayor de Santa Cruz, aunque de un curso un poco menor que el mío. Por último, como última coincidencia, en la blanca pared del pequeño claustro del Colegio Santa Cruz figura mi Víctor al lado del suyo. No le había tratado ni vuelto a ver en todos estos años.

     Comentando el caso comprobamos que en medicina casi no se habían concedido  sexenio alguno y que casi todos se los llevaron profesores de Ciencias o de carreras técnicas.  A pesar de todo hice un esfuerzo por conservar mi autoestima sin caer en racionalizaciones, pero desde luego se me quitaron las ganas de solicitar más sexenios en años sucesivos.  Así sin sexenios llegué por lo tanto al final.

 

  


 

[1] I.N.P. “Instituto Nacional de Previsión” organismo estatal del que a la sazón  dependía toda la Seguridad Social y Sanitaria.

[2] Hospital Psiquiátrico de las Hermanas Hospitalarias, inaugurado en aquellos años y destinado más bien a pacientes de larga estancia. El pequeño pueblo de Cueto, hoy precioso lugar residencial,  está situado en las alturas detrás de la segunda playa de El Sardinero.

[3] Al repasar este escrito recuerdo el titulo de esta obra de Haeckel:  Los enigmas del Universo

[4] B. Kanitscheider. Caos y orden como nuevo puente entre las ciencias y las humanidades. Folia Humanística: XXXII. Nr. 337. Marzo- Abril 1994. Pag. 90-128.

[5] Pedro Gomez  Bosque; Agustín  Jimeno Valdés: Diálogos de Fin de Siglo. Apuntes para un ideario en la transición al tercer milenio.. Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Valladolid. 1998. ISBN84-7762-858-0.

[6] Martín Vargas Aragón; Natalia Jimeno Bulnes: Esquizofrenia ye Insuficiencia Atencional. Escala ESEA para la Evaluación Subjetiva de Errores Atencionales.  Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Valladolid. 2002. ISBN 84-8448-193-X

¿Desea seguir leyendo la 5ª parte del Capítulo VIII?.Adelante pues.

 

 

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