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                                             CAPITULO  VI.

                                   

EN EL HOSPITAL PSIQUIÁTRICO DE PAMPLONA. 1968 A 1972.

 

        Nota preliminar.

 En los días en que reviso este capítulo para enviarlo a la revista electrónica “Encuentros” gestionada por mi tantas veces citado amigo Dr. Salvador Porras, recibo por correo dos libros sobre la Historia del Hospital Psiquiátrico de Pamplona que me envía el Dr. J. M. Cuesta Zorita, también antiguo discípulo MIR en el Hospital Clínico de Valladolid y actualmente precisamente  psiquiatra en la Clínica Virgen del Camino de Pamplona que es la actual unidad de agudos de Navarra.  Al Dr. Cuesta bien y merecidamente conocido por sus trabajos de investigación,  le agradezco aquí   su obsequio, que me refresca la memoria con algunos datos.

El primer libro[1] es una documentada historia sobre la fundación y primeros tiempos del Hospital y que abarca  hasta 1954.   Por ello y en principio este libro por lo demás interesantisimo, no precisa más comentarios en estas mis memorias. El segundo,[2] escrito por el Dr.  Lizarraga, compañero en aquellas fechas de mi trabajo en el Psiquiátrico de Pamplona, como ya referiré,  y director del mismo tras la jubilación del Dr. Soto, me merece algún  afectuoso comentario  ya que abarca también aquella época común. Se trata, este segundo libro básicamente   de un detallado prontuario de fechas, efemérides y hechos oficiales. Son deliciosas las fotografías, tomadas algunas del archivo del Dr. Arazuri y otras, me parece, propias. Dedica amplias páginas al Dr. Soto Yarritu, al igual que lo he hecho yo en los párrafos que siguen, pero  como  convivió más tiempo con él narra anécdotas y carácter de aquella personalidad inigualable con mucho más detalle y claro está,  con el mismo cariño que yo. Echo sin embargo de menos con pena   en la detallada y prolija obra del Dr. Lizarraga alguna referencia a muchas de mis tareas de aquel tiempo en el Hospital y que referiré en este capitulo. Nada dice, efectivamente, ni del Dispensario de Alcoholismo, ni de los grandes esfuerzos de “predicación antialcohólica” por los pueblos de Navarra     ( a mis propias expensas) ni de la fundación de Socidrogalcohol, ni de la puesta en marcha, modestamente pues no obtuve más medios, del taller de laborterapia. Me entero en cambio que las dos monitoras de laborterapia que yo había conseguido y cuyo despido, o no renovación de contrato, me produjo grave disgusto, que en gran parte  motivó precisamente mi desengaño y marcha de Pamplona, fueron contratadas otra vez posteriormente, cuando yo ya me había trasladado a Santiago de Compostela. ¡ En fin.!  “Sic fata libelli

 

        1. El tipo de plaza.

 

        Ya que me he referido a ello, en el capítulo anterior, describiré en primer lugar el tipo de plaza y sueldo al que accedí. De suyo las nuevas plazas habían sido creadas para el Hospital General de la Diputación Foral de Navarra. Plazas de jefes de servicio para las especialidades más importantes dentro de una fase de jerarquización y adecuación de sueldos a fin de conseguir mayor dedicación a los centros. En esta situación el Dr. Soto consiguió que se creara una plaza también adscrita al Hospital Psiquiátrico - antiguo manicomio - con características similares. En todo caso según me explicaron no quisieron conceder a esa plaza la categoría de jefe de servicio, pensando que el Jefe de Servicio era como tal el Dr. Soto, como director. El me explicó, sin embargo que este empecinamiento se debió al secretario de la Diputación pues él precisamente deseaba crear servicios especializados independientes en el Psiquiátrico. En todo caso las características y emolumentos de la plaza eran idénticos a los del Hospital General. Una plaza, pues de funcionario, con un sueldo oficial exiguo, mas la convocatoria de la plaza aceptaba que en el centro se atenderían pacientes privados que completarían dicho sueldo de tal forma que la Diputación en todo caso " garantizaba unos ingresos mínimos al año de 450 mil Pts." Estos ingresos parecían fabulosos al resto de los compañeros y en todo caso sí que permitçian una vida razonable sin más. La forma de cobrarlo no podía ser por lo demás más peregrina. Al fin de cada trimestre tenia que presentar en la Diputación un documento jurado elaborado por mí mismo en el que reseñaba los ingresos privados obtenidos. A partir de ello la Diputación por una libranza me pagaba lo que faltaba hasta la cantidad estipulada. Por cierto: lo pagaba en metálico, dentro de un sobre y sin más. No me dí cuenta, seguramente  por ser todavía joven y considerarme al comienzo de mi vida profesional, no me dí cuenta, digo, que el bajo sueldo repercutía en los derechos pasivos y de jubilación ya que los complementos pactados no contaban. Hace pocos meses respecto a estas fechas en las que reviso estos recuerdos, que he comprobado con inaudito asombro, que aun la ridícula nómina no contaba nada absolutamente!!! La Diputación de Navarra no tiene concierto alguno con el resto de la Seguridad Social Española!! ( Quizás en estos importantes detalles más que en la palabra nación o no nación se comprueba quien  come  aparte!! ) Por decirlo más claro el tiempo trabajado en Navarra no contaba absolutamente nada para el cómputo de la pensión de jubilación !!! Ni siquiera el tiempo trabajado se puede computar.!!! Conseguí que eso me lo pusieran por escrito con lo que pude presentarlo a diversos laboralistas que ignoraban tan inaudita injusticia. Como referiré en su momento la solidaridad de Alemania a traves de los pactos de la Unión Europea eran y son perfectos!!!

         En fín aquel sistema del complemento mínimo de la retribución  funcionaba perfectamente en el Hospital General. Muy pronto, incluso, alguno de los jefes de servicio nombrados en aquella ocasión, en concreto el de oftalmología, comenzó a ganar cantidades muy superiores a las estipuladas gracias, según decçian, o decía comentandolo el propio Dr. Soto, a que dedicaba la mayor parte de su tiempo al trabajo con los privados. Así decía  el Dr. Soto, con su guasa habitual, que el oftalmólogo del Hospital tenia muy buena vista. En todo caso se olvidaron de dar las instrucciones administrativas pertinentes al psiquiátrico y nadie se ocupó del caso, pues entonces las administraciones, me parece, eran bastante imperfectas y ambiguas. En el Psiquiátrico el único que cobraba privados a través de la administración era el Dr. Soto. Nunca estuvo muy claro qué tipo y quienes eran los pacientes  privados que traáabamos nosotros al igual o más que él. Nunca recibimos nada por este concepto con lo que el recuerdo de lo que he descrito que sucedía en Alemania con el Prof. Erbslöh se hacía más  inevitable. Puestas así las cosas y ante  el silencio administrativo, yo, después de consultarlo al Dr. Soto, o mejor dicho de decirselo meramente, comencé a ver enfermos privados en consulta después de haber atendido a los habituales del Hospital. Es preciso decir también que yo era entonces el único médico con dedicación completa y exclusiva y que el resto de los médicos, concluida la visita; es decir, hacia las 11 de la mañana se marchaban del Hospital quedandome solo con el o los residentes, a la sazón cuatro. Se entiende que cobraba yo personalmente y en mano del paciente que en general eran enfermos que habían estado hospitalizados y que había atendido yo y que al ser dados de alta solicitaban que les siguiera atendiendo yo.

        A mí me parecía muy feo y poco conveniente, pero nadie protestó, ni siquiera el Administrador de quien luego hablaré y que no parecía entenderse demasiado bien con el Dr. Soto. Yo cobraba directamente al paciente y lo anotaba para descontarlo al fin de cada trimestre de las cantidades que debía abonarme la Diputación. Nunca las rebasé; es decir la Diputación tuvo siempre que seguir complementando el sueldo, y quizás nadie protestaba del sistema puesto que cuantos más enfermos viera, menos tenia que complementar la Diputación al fin de cada trimestre. Yo no daba cuenta de ello a la Administración del Hospital.

 

 

        2. El traslado.

       

        El traslado material  en sí desde Alemania a Pamplona formaría parte de una biografía y no tanto de la psiquiatría si no de y con mi vida, pero al menos unas palabras parecen necesarias. Fue tremendo. Yo acababa de comprar un magnífico coche Peugeot 404. Un coche sólido y prestigiadísimo en aquel momento, pero como aún no le había utilizado  durante dos años que se exigía como mínimo para ello  no pude importarlo y  tuve que venderlo malamente haciendo posteriormente al traslado un viaje ex profeso a Saarbrucken. Perdí casi  todo el dinero. El regreso familiar lo hicimos en este coche atiborrado hasta arriba de trastos y con las tres niñas. !Terrible.!!! El resto de los enseres ocupó tres grandes contenedores de ferrocarril precintados  que  llegaron felizmente a Pamplona  tres meses después. Durante esos tres meses tuvimos que vivir en precario en una casa amueblada... pensando que ya era nuestro tercer traslado de domicilio. Realizamos después hasta 8, según creo y recuerdo.

        Además tuve que devolver al hospital de Heiligenhafen todo el dinero con el  que me habían ayudado para el traslado desde Giessen, puesto que la concesión de aquella ayuda  exigía una estancia mínima de dos años en el puesto y yo no  lo cumplí. Durante años estuvieron enviándome escritos y amenazas para su cobro, pero yo al principio no tenia un céntimo aunque siempre dije que lo pagaría y lo pagué, desde luego, pero  con retraso.

        Mil chismes que habíamos comprado tuvieron que quedarse allí. Aun así estuvimos contentos por poder trasladar toda una línea de electrodomésticos A. E. G. Una televisión Grundig, cubiertos, vajillas y otros elementos decorativos comprados en Heiligenhafen y del mejor estilo nórdico que allí dominaba.

 

 

        3. Los otros compañeros y el Dr. Soto Yarritu.

 

        Prefiero escribir primero sobre los otros compañeros y después sobre el Dr. Soto. Eran básicamente, o mejor dicho, totalmente solo dos. El Dr. D. Javier Lizarraga y el Dr. D. Miguel Angel Zuazua. Vaya en primer lugar para los dos mi emocionado recuerdo y mi gran agradecimiento por la maravillosa acogida que me dispensaron. Lejos de las rarezas de Alemania, a pesar de los elogios que he hecho anteriormente respecto a la estancia posterior, el recibimiento fue estupendo y  allí me encontré al menos al principio como en casa. Amigos, conversación, comprensión, ayuda total para la logística  doméstica y ausencia absoluta de presión para la organización del trabajo. Ambos están ya jubilados, el Dr. Soto Yarritu, fallecido  y solo de muy de tarde en tarde tengo alguna noticia de ellos, si bien de Lizarraga tengo el recuerdo permanente en mi biblioteca en forma de una pequeña estatua de San Fermín que entrañablemente me regaló cuando marché de Pamplona. Durante toda mi vida he agradecido muchísimo  estos pequeños y entrañables recuerdos con los que me han obsequiado algunas personas y que decoran anaqueles de mi biblioteca, colocados delante de los libros.

        En estos momentos me asaltan  enormes dudas respecto el fondo y forma de referirme a personas que o viven todavía o viven sus más inmediatos descendientes. La historia reciente, al igual que el periodismo tiene esas cargas y responsabilidades, mas los deberes de información,  y más los deberes de sinceridad personal obligan a ser justo y ponderado, pero también a describir los hechos según nuestro recuerdo. Por lo demás ya, en otros episodios, me he referido a personas aun vivas y fácilmente identificables aunque no haya escrito textualmente sus nombres.   Afortunadamente respecto las personas que acabo de citar tengo que describir muchas más virtudes que defectos; muchas más anécdotas que censuras.

 

        El Dr. M. A. Zuazua estaba y está casado con una fisioterapeuta alemana que había venido a trabajar al hospital algunos años antes y que por avatares administrativos, parece,  volvió a descontratarse. Persona sencilla, conocedor palmo a palmo de la bellísima Navarra en sus paisajes, fauna y flora. No tenían hijos y dedicaba con su esposa intereses y aficiones a lo que hoy llamaríamos senderismo, por otra parte muy bien desarrollado desde siempre en Navarra, desde la caminatas a Javier o javieradas, a las peregrinaciones por el Camino ( de Santiago ) que entraba en España por Roncesvalles.  Exploraba también  los restos arqueológicos y los numerosos pueblos abandonados por los bellísimos valles navarros, que yo también ocasionalmente visité. El Dr. Zuazua atendía las unidades de hombres más o menos teóricamente pues como luego narraré más bien el trabajo se llevaba en común. Zuazua, me parece,  no tenia grandes ambiciones, ni personales, ni profesionales, ni políticas y mantenía un trato cotidiano encantador. Era un ejemplo de hombre feliz, el mejor ejemplo que una persona puede darnos.

 

        El Dr. Lizarraga, de nuevo teóricamente, llevaba las unidades de mujeres, pero su dedicación más especial era a la electroencefalografia de todo el centro y que también practicaba en su consulta particular. Casado, con numerosos hijos, y  de trato también afable y sencillo tenia una muy buena formación tanto neurológica como psiquiátrica habiendo publicado, que yo recuerde, unos interesantes trabajos sobre meningoencefalitis. Tenia multiples aficciones. Bien sea haciendo música en  el órgano electrónico, produciendo  cortos de cine con aquellos métodos antiguos de la maquina Super ocho.  Eran unos cortos encantadores y con temática psiquiátrica entre el humorismo tierno y la critica social. Pasamos más de una deliciosa velada  disfrutando de sus producciones.

 

        El Hospital contrataba también cuatro  residentes como especialistas en formación de los que podría narrar algunas características y comentarios. De momento solo citaré los nombres de los que están en mi recuerdo. Guillermo Martín Sappia, Ana Diaz Yarza, Julio Lequerica, M. Bueno, E. Ciganda..... Ripa, que ocupó después de mi marcha el puesto que yo desempeñaba.

 

        D. Federico Soto Yarritu que llenó una importante época de la psiquiatría española y de las incipientes sociedades de psicología, era alto, aguileño de nariz, facil de palabra, sonriente y socarrón, si lo quería, profundísimo, rapidísimo e inteligentísimo en el saber, el opinar, y el actuar respecto los enfermos, los colaboradores y el mundo en general. Una personalidad cautivadora y ejemplar en el sentido de predicar con su vida y actitudes una sapientísima forma de dirigir la propia biografía.

        Sabemos que era santanderino; que fue interno en Valdecilla del Dr. Aldama, de las primeras hornadas de sus internos, creo y  como ya he referido  que llevaba muchos años viviendo en Pamplona como director de su psiquiátrico. Vivía en un chalecito oficial pegado al propio hospital  y rodeado de su esposa y sus numerosos hijos. Abuelo del actual consejero de Sanidad de Navarra; suegro del actual catedrático de psiquiatria de Navarra (  Prof. Salvador Cervera)  que se  casó con  una hija del propio Dr Soto. Me contaron que  fue muy dificil sacarlo de allí, cuando ya jubilado tuvo que abandonar aquella casa oficial.

        El Dr Soto era famosísimo en toda Navarra y aledaños. El mismo cultivó su fama de excéntrico y de psiquiatra según los estereotipos sociales, pero yo os diré que jamás he conocido persona más cuerda, persona más clara en cuanto la motivación y organización de su conducta. Pero le encantaba esa notoriedad y ese excentricismo. Durante años fue tipica su agil y larga persona,vestida siempre con impecable terno azul marino  entrando con un salto  a sus maravillosos automóviles del entonces poco frecuente color rojo ( era su aficción más favorita ) saltando por encima de la puerta. En modelos, claro descapotables.  Otra de sus particularidades consistia en que le encantaba deslizarse por la barandilla de las escaleras- o el barandau - en el argot pamplonica. Y lo hacia tanto en el propio hospital que tenia una  escalera imperial desde el segundo piso al vestíbulo, como en un hotel u otro lugar que se terciara. No se sentaba a horcajadas, sino elegantemente de lado como en la forma de montar  a caballo las mujeres a la inglesa. Mantenia la apostura y la distinción. Elegantisimamente podia ir fumando o con sus documentos en la mano, o incluso con un vaso. Se deslizaba a la velocidad ´adecuado según los casos, lo que conseguía  introduciendo habilmente  el pié  entre los barrotes de la escalera de forma que si descendia con un interlocutor al lado que bajaba por el procedimiento común de los escalones, él podia ir continuamente a su lado y velocidad departiendo la conversación con total normalidad. En un momento dado sin embargo le encantaba manifestar su prisa y desencajando el pié de los barrotes se alejaba de nosostros  a toda velocidad deslizandose impertérrito hasta acabar en salto mortal para esquivar el remate o pomo de la barandilla. Para subir la escalera lo hacía de dos en dos escalones siempre, o de cuatro en cuatro poniendo de manifiesto tanto su espíritu juguetón como sus capacidades físicas. Precisamente en una de las últimas ocasiones que le ví, ya jubilado, aunque seguia trabajando, me decia en voz baja: " la edad se nota sobre todo en las piernas, ¿ No le pasa a Vd. lo mismo" ? Sí nos pasa a todos.

 

        Las anécdotas sobre su persona eran múltiples  y variadas. Llenaba seguramente muchas conversaciones en aquella época amable de Pamplona en la cual el mundo aun estaba en orden y ser Navarrico era escudo de gloria para pasear por todo el mundo. Si sonaba persistentemente el teléfono de su despacho en un momento inoportuno era capaz de coger el auricular para increpar: " Pero no ve usted que no estoy..." Respecto al clericalismo del  ambiente mantenía una crítica interna tan luminosa como despiadada, así como tan adaptativa y adecuada hacia el exterior. Vestía siempre de terno azul. No puedo decir que impecable, pues debido a su velocidad con frecuencia estaba arrugado. Parecía siempre el mismo y por lo tanto podia dar alguna vez la impresión de "viejo". Averiguamos, sin embargo, que tenia varios trajes iguales y que siempre, si necesitaba uno nuevo, se volvia a hacer uno igual, así no tenia jamás que pensar ni dudar respecto  a su indumentaria. Ello le daba un aspecto distinguido acentuando su personalidad de educadisimo y festivo gran señor. Algunas veces internamente me recordaba la personalidad que me había inspirado Bertrand Russell. Por cierto que eso del terno azul - chaqueta cruzada de impecable franela - debía ser entonces uniforme esperado en actos solemnes ( a mi me recordaban la misa domincal con beca en el Colegio Mayor de Santa Cruz donde estudié ) y yo mismo tuve que acudir a saludar al presidente de la Diputación - el multimillonario constructor D. Felix Huarte - con él. Me puse por lo tanto mi terno azul de la época de Santa Cruz que apenas utilizaba. Al llegar a casa comprobó mi esposa con espanto que estaba apolillado precisamente entre las perneras y que a traves de los agujeros se vislumbraba el blanco de los calzoncillos.....

 

        D. Federico tenía una inmensa biblioteca en su casa. Dominaba el alemán y una de sus aficciones temáticas con aspecto tanto lúdico como profesional, era la Psicología del Destino de Szondi. había traucido y adaptado su curioso test y había traducido unos buenos tomos de su análisis del yo y del destino y de las monografias sobre Cain para cuya traducción  yo más de una vez le asesoré. Así que tenía una magnifica y profunda formación que quizás las circunstancias de la época y del ejercicio profesional en aquel entonces, quizás tambien sus numerosisimos hijos impidieron que desarrollara más en los aspectos de investigación. Trabajaba efectivamente mucho  en su consulta particular, de las más concurridas del norte, incluyendo en él al país vasco y atendía tamben   un centro privado de las hermanas hospitalarias situado en el mismo Pamplona y que denominaba la casita. Yo creo que tambien iba de vez en cuando por el otro centro hospitalario de las Hermanas en Elizondo. Así que no paraba, aun teniendo tiempo para otras muchas aficiones, aparte los coches poderosos, la conducción veloz pero segura, debido a su pericia y que culminó ya bastante mayor con el pilotaje de avionetas deportivas  en el areódromo de Noain. ( Creo que estaba ya al límite de edad pero consiguió el título.)

 

        Yo lo he pasado muy bien charlando con él y gozando de su comprensión del mundo, de la vida y de las personas. En este aspecto era certero y rapidisimo, dotado de una innata inteligencia como  la que hoy  pedantemente denominamos emocional. O sea era lo que los alemanes llaman un "Lebenskünstler" una artista de su propia vida. Mi recuerdo y agradecimiento hacia él es total. Respecto el trabajó me animó y aconsejó pero jamás me presionó, ni me exigió; quizás no estaba en situación de hacerlo, pero para ello es preciso referir algunas cuestiones más del Hospital y de la Psiquiatria en Navarra en aquella época.

 

 

        4. El Hospital.

 

        El Hospital Psiquiátrico estaba situado en el barrio de la Rochapea de Pamplona. Zona baja, próxima al rio Arga y atravesada por la carretera de circunvalación que conducia desde las entradas a Pamplona procedentes del oeste y del Sur hacia las salidas hacia el norte. Zona entonces de talleres, almacenes y viviendas sencillas que más tarde fue convirtiéndose en residenciales de segundo nivel. Nosotros alquilamos casa en Burlada, pueblo anexionado y próximo al Hospital aunque practicamente era imprescindible el coche para acceder a él. Desde nuestra casa veiamos las esplendidas sierras ya pirenaicas, pero el hospital situado en bajo y entre casas apenas tenia perspectivas.

 

        Se trataba de un edificio inmenso casi escurialense. Un enorme cuadrado de pasillos y tránsitos anchísimos y altísimos de techo. Ventanas solamente en  lo alto de forma que el exterior no era visible. A la mitad de uno de los lados la entrada principal. A la derecha todas las unidades de hombres y a la izquierda las de mujeres. En el lado enfrentado con la entrada una gran capilla, separada a su vez por mamparas de madera de unos tres metros de alto en zona izquierda de hombres y derecha de mujeres, accediendo cada grupo por su lado de forma que no se mezclaban ni se veían los dos grupos.

        Los diferentes pabellones - unos 20 en total - colgaban por así decir, de los tránsitos que formaban los lados del cuadrilátero y todos ellos tenían a su vez diversos patios y dependencias. Las instalaciones de servicios, como cocinas y roperías se situaban de forma análoga respecto a los tránsitos. Cada pabellón era independiente en cuanto a servicios de comedor, patios, salas de estar y dormitorios. Todo desde, luego dentro de la estructura decimonónica clásica. Grandes salas, ventanales altos que no permitían vistas al exterior. Abundante rejería. Mobiliario o elementos decorativos nulos. Mesas corridas. Dormitorios de camas pegadas unas junto a otras.

        Los pabellones en la entrada ostentaban su nombre oficial. Todos nombres de santos como era habitual. San Fermin, San Francisco.... pero son nombres que apenas recuerdo, pues en la vida cotidiana estaban sustituidos por los muchos más expresivos y funcionales de: Sucios, agitados, trabajadores, tranquilos, tontos, epilépeticos etc. En total unos 600 enfermos. Muchos de ellos activos en las dependencias del Hospital o con permisos habituales de salida en régimen custodial. En resumen un ejemplo de lo que no debía ser un hospital de acuerdo con las normas de la rehabilitación psiquiátrica que yo traía aprendidas, pero no practicadas, desde Alemanía y se suponía, o suponía al menos yo y por supuesto el Dr. Soto que mi misión era poner en marcha esa "rehabilitación" de la que tanto ya se hablaba.

La verdad es que dentro de su contexto y época el Hospital era magnífico. En el citado libro  sobre la fundación y primera época del Hospital  confirmamos que fue construido según los mejores modelos europeos  que fueron para ello visitados por sus constructores. Probablemente, con la excepción de el de Santa Isabel de Leganés contemporáneo suyo y construido bajo los auspicios de los mejores psiquiatras españoles de la época apoyados por Isabel II ( de quien toma su nombre),  y algún catalán no habría otro mejor en España respondiendo a la riqueza y autoestima propia de Navarra, pero evidentemente se había quedado anticuado respecto a las exigencias ya de los años medios del siglo XX. Por supuesto que el Hospital de Heiligenhafen que describía en mi anterior capitulo tenía una estructura y funcionamiento similar, pero en Alemania este hecho quedaba en parte superado por la existencia desde mediados del siglo XIX de clínicas psiquiátricas universitarias instaladas en los hospitales generales, tal como se demandaba en la época a que me estoy refiriendo.

        Ya se habían hecho, sin embargo, algunos esfuerzos de renovación. En concreto la construcción de un pabellón de agudos totalmente nuevo situado delante del vestíbulo principal antiguo. Era de  arquitectura moderna y más adecuada, con nuevos despachos y albergando las oficinas administrativas, reproducía parcialmente las separaciones de sexos del Hospital antiguo. Parece ser que esta unidad - es decir, dos unidades de unos 30 enfermos cada una llevaba muchos meses construida, pero solamente hacía muy poco se había puesto en marcha debido a discrepancias importantes respecto al personal y seguramente y en concreto discrepancias del Dr. Soto respecto administración y las Comunidad de Religiosas ( de la Caridad) del Hospital.

        Efectivamente el Hospital en general estaba regido por Hermanas de la Caridad bajo el sistema tradicional de "concierto" entre la comunidad y el hospital. Atendían tambíén en los aspectos logisticos a la parte de hombres. En ambas partes sin embargo existían a la vez un número importante de celadores y cuidadoras sin especial calificación profesional.  Mas bien, y como tambien era habitual por entonces, eran destinados al hospital conserjes, empleados y demás tipos de funcionarios de la Diputación que se hubieran mostrado incapaces, o aún peor, que hubieran  presentado conductas impropias o claramente penalizables, muchas veces de índole sexual. Era pues un lugar de destierro y purga para la Diputación. Por supuesto no era la mayoría así. Los celadores y cuidadoras eran en general reclutados de zonas rurales, con frecuencia de aquellas de donde procedían diputados o jerarquías de la Diputación que así mostraban ayuda y reconocimiento colocando a personas que no encontraban colocaciòn o salida en otro lugar. No puede decirse por lo tanto que tampoco por este lado fuera la selección positiva. Estas rémoras debidas al origen y situación del personal auxiliar constituyeron en todas partes en aquella época, los principales escollos para las necesarias reformas asistenciales. Sucedia lo mismo más o menos en todos los "manicomios" de la época y que tenían que gestionar por ley  las Diputaciones Provinciales, obligadas a prestar los servicios de beneficencia que incluía la psiquiatría desterrada durante largos decenios todavía de los servicios médicos de la Seguridad Social. Mas de una vez oí quejarse a papá por estos motivos. El tambien se esforzó en realizar cursos de formación para estas personas.

        Así, pues, teóricamente de mi nuevo puesto se esperaba el comienzo de la reforma asistencial. Eso al menos pensaba D. Federico. O eso al menos creo yo que pensaba o debía pensar.

       

        5. La visita matutina y otras menudencias.

        En Navarra, acostumbrada a la vida conventual y ascético-higiénica, se madrugaba bastante en comparación con otras zonas y costumbres de la época. No me importunaba sino todo lo contrario, pues yo ya estaba acostumbrado desde los 14 años de edad cuando abordé el bachillerato superior ( a partir de cuarto curso ) a entrar en los colegios y luego en todos los lugares de trabajo, a las 8 de la mañana y por lo tanto mi reloj interno me ha despertado y sigue despertando a las 7 en punto. Digamos que se comenzaba hacia las 8 y cuarto. Nos reuniamos todos los médicos en el vestíbulo de la parte antigua y todos juntos, a la cabeza Soto, comenzabamos la visita. ¿Era un maratón de los Mil metros ? Probablemente más. Yo hubiera querido disponer de un podómetro. En todo caso aquellos tránsitos tenían unos 300 metros de largo en cada tramo que había que multiplicar por cuatro para el conjunto del Hospital. Soto utilizaba la visita para su entrenamiento gimnástico matutino. A largas y rapidísimas zancadas le encantaba mostrar que estaba mucho más joven y ágil que todos nosotros. Desde luego no quedaba a nadie aliento para charlar durante la marcha. El Dr. Lizarraga completa estas anécdotas refiriendo el prurito, de alguna manera infantil,  que tenía el Dr. Soto de ser el primero y de adelantarse a todos nosotros. Con ello cada día comenzábamos antes la visita o maratón. Refiere Javier Lizarraga que como el Dr. Soto vivía en chalet adosado al propio Hospital ere difícil vencerlo en esta carrera. No obstante el grupo de acompañantes idearon un artilugio mediante espejos que permita atisbar al Dr. Soto cuando salía de su casa sin que él los viera. Creyéndose solo comenzaba la visita encontrándose entonces con todos los demás que lo esperaban y así se habían adelantado.  Entrábamos en algunos de los pabellones. No en todos, sino que se  escogía alguna variación de un día para otro.  Nada más entrar el enfermero de turno tocaba palmas fuertemente y todos los enfermos se situaban en corro. Todos menos los que estaban peor que no acudían, permanecían en la cama o estaban sujetos en sus camas o celdas. Como en un saludo protocolario el grupo de médicos se movía a lo largo de las hileras de pacientes en corro.  ¿ Qué tal, Qué tal...? Desde luego Soto se conocía a casi todos.  La población de enfermos era manicomial y estable. Nosotros no los conocíamos, por lo menos yo no. Alí no había historias clinicas. Las historias eran documentos administrativos que custodiaba la administración del centro.  Desde luego los celadores conocían a Soto y a la inversa. según las noticias que recibía el Dr. Soto  iba dictaminando: tal medicación.... dos de largactil ( de cien) trescientos de meleril.... o en algun caso: paso a la unidad de agudos. (raramente). Para algunas preguntas guardaba incongruentes y jocosas respuestas, pero para ello recomiendo el libro citado del Dr. Lizarraga. Es una verdadera delicia y recuerdo para uno de los psiquiatras más sorprendentes, sin duda, que ha tenido España y que pareciendo servir al prejuicio de que todos los psiquiatras están algo locos, demostraban la más sublime categoría de lo inteligente y cuerdo expresable en el sentido contagioso del humor.  En las unidades de agudos se repetía la misma mecánica descrita. Aquí solamente se apuntaba y escribía algo más, disponiendo de historias  y nos acercabamos tambien a las camas donde numerosos enfermos recibían sus tratamientos de neurolépticos inyectables en la forma clásica; es decir dosis altas de neurolépticos   con los que se conseguía una  semihibernación o cura de sueño, según también se llamaba. Dosis por ejemplo de 14 ampollas de 25 mg. largactil al día. Así un enfermo pudo protestar exclamando, según anécdota que refiere el Dr. Lizarraga: “Por favor, Don Federico que esto es ya cirugía.”

Era costumbre, explicable por la piedad general de la época y más en Navarra, que todos los días  al atardecer se rezase el rosario en la gran capilla del Hospital ( años después destruida en un incendio) Este rezo, al igual que el de la misa los domingos se transmitía  por un sistema de megafonía a todos los pabellones del hospital, que resonaba así en  esas  horas como a una gran celebración religiosa. Evidentemente que esto me parecía un tanto arcaico y fuera de lugar, si bien debería haberme preguntado  entonces, como  lo habría hecho  ahora,  que opinaban de ello los propios enfermos. En todo caso un día un joven  médico residente llevado sin duda de afán jacobino, ( olvidemos su nombre )  ni corto  ni perezoso arrancó los cables acallando con ello el artilugio. Estuvieron a punto de expulsarlo, pero al fin tuvo que arrepentirse y cumplir una sanción administrativa.

 

        Las historias, excepto las de la unidad de agudos, se guardaban en la administración, como he dicho. Una única historia para los datos administrativos y médicos. Constaba el motivo de entrada, el informe medico, judicial, forense o policial, ya que la antigua ley de ingresos admitia las tres vias: Familiar, gubernativa y médica. Solia tener alguna nota del médico que le recibía o había visto al día siguiente y poco más. Los tratamientos eran anotados en los libros de unidad no individuales que mantenía cada sala, y en muchos casos no eran  ni siquiera anotados.

        No existia una laborterapia propiamente dicha, si no solamente la habitual ayuda - que llevaba a veces el peso principal - de los pacientes a los servicios del hospital. No recuerdo que existiera alguna actividad agrícola como la que he descrito respecto Quitapesares en Segovia.

        A continuación de la visita general, hacia las diez de la mañana, Soto se marchaba y nosotros; es decir, Zuazua,  Lizarraga y yo y algún residente nos íbamos a un café situado enfrente del Hospital, pues éste no tenia cafetería, y nos tomábamos sin excepción un café. Siempre de pié. Siempre no más de 15 minutos. A continuación volvíamos al hospital y cada uno trabajaba en alguna tarea personal. Hacia las 11, 30 o lo más tarde las doce se marchaban todos; es decir,  los dos, y yo que estaba en dedicación completa y exclusiva me quedaba completamente solo frente a aquel tinglado. Nadie me dijo lo que podía, o quería hacer. Entonces comencé a reflexionar.

 

        La denominación de mi plaza era la de Jefe de Rehabilitación y Psicoterapia. No tenía talleres, no tenía monitores, no tenía espacios, no tenía presupuesto, no tenía la colaboración de nadie. He de hablar del administrador el cuyo nombre no quiero acordarme : Un señor tal como puede concebirse que es o solía ser un administrador. Grueso. Tranquilo. Seguro de sí mismo. Dueño realmente del Hospital y lo más importante de todo: gozando de la total confianza de los diputados responsables del Hospital. El tenía la confianza, los médicos, incluidisimo D. Federico no. La confianza de un administrador se centra desde luego en la precisión y ahorro en las cuentas por lo tanto no había un céntimo de más para nada.  Desde luego nadie duda ni dudó de su honradez. Se comprobó incluso de su escaso patrimonio a su fallecimiento en contra de lo habitual. Lo más fastidioso, por no decir curioso era que al saludarme de vez en cuando insistía con retintín: "Vaya, vaya, pongasé a rehabilitar....." y el metamensaje: "Vd. trabaje y no proteste ni diga, ni pida nada". Yo acostumbrado a Alemania me hinché a hacer informes. Intenté por lo pronto organizar una laborterapia: Necesitaba, al menos, locales, material, al menos muebles y monitores. Nada de nada. Al cabo de muchisimo tiempo conseguí una pequeña partida para material. Me acuerdo perfectamente de la cifra: unas 30 mil pts. Lo justo para unos alicates, unos cortaalamabres, un poco de mimbre y pinturas y papel. Ya había renunciado a organizar nada respecto los crónicos en los antiguos pabellones. Así que establecí alguna actividad ocupacional ( que no de laborterapia en las áreas de agudos ) ¿ Monitores ? Da risa contarlo. Pude conseguir que vinieran a cumplir el servicio social al Hospital dos chicas de la Sección Femenina. Mas tarde volveré a la Sección Femenina. Baste decir ahora que esta situación podría compararse con la de los cumplidores de servicios sociales por objeción de conciencia en años posteriores, solo que en el primer caso bajo una mucho mejor organización. Nuca ponderaré bastante la abnegación y el entusiasmo de estas dos colaboradores que no recibieron ni un céntimo, ni creo yo el agradecimiento oficial que se merecían. después de sus servicios como "cumplidoras" conseguí que las contratase el Hospital pero a los pocos meses y sin más explicaciones y por influencia, desde luego del administrador las descontrataron. Eso fue para mí una gota que colmó el vaso, pero ya  he escrito algo de ello.  Entre tanto creía percibir alguna sonrisa más o menos maligna en el administrador.... y desde luego más de una vez taxativamente le oí decirme " sin el administrador no podeis hacer nada." Efectivamente: no hicimos nada. Así que como tantas veces en nuestro triste país las animadversiones personales prolongadas en el tiempo esterilizaron los esfuerzos más encomiables. Claro que pasados los años puedo hacerme la autocrítica y me veo lleno de impulso juvenil, tajante y tambien intolerante, poco flexible y poco dado al convencimiento por via de la conversación ni mucho menos de la mano izquierda. Bastante inflexible en el fondo y en la forma era todavía por entonces un pibe inmaduro precisamente por mi seguridad en creerme lo contrario. Esa impresión saco tambien de la lectura actual de mis informes de la época en los que brillaba bastante petulancia y bastante poco tacto describiendo defectos suciedades y carencias, que aunque exactas quizás no eran tantas, ni merecían tanta mención a costa de enfadar profundamente el administrador de quien dependían todos esos servicios.  Recuerdo otro momento en el que se reía de mi porque había pedido cortinas para el despacho y las salas de los pacientes. Yo estaba acostumbrado a la pulcra Alemania donde no faltaba ni en el más mísero de los hospitales o habitaciones una planta verde, una cortina y un cuadro. Los despachos de Pamplona estaban alicatados hasta el techo en blanco monótono y sus grandes ventanales daban a desvencijados patios llenos de escorias y escombros.

 

        Ellas, las de las Sección Femenina, tambien intentaron ayudarme. Dirigieron toda clase de manualidades. Organizaron toda clase de juegos. Mantuvieron una tabla de gimnasia en el jardín-patio. Alguna hasta sobrepasó un tanto su dedicación saliendo de paseo con algun paciente lo que censuramos como se debía cuando nos enteramos. Todo ello dirigido a los pacientes de la unidad de agudos, como decia. A los  demás médicos, incluido D. Federico les parecía todo muy bien, pero no movieron un dedo a favor. Quizás el Dr. Soto estaba ya cansado y harto de que nounca le escucharan y que su fama de excéntrico sirviera para que tampoco tomasen en serío sus reinvindicaciones asistenciales. Solo el Dr. Lizarraga intentó  consolarme una vez al comprobar cómo  mis esfuerzos conducían al vacío más esteril.

 

         A pesar de todo yo comencé con enorme entusiasmo la labor que creí se me encomendaba. A los 25 dias de estar trabajando ya tenia listo un primer informe, largo, detallado, con datos y con doctrina respecto a qué consistia la asistencia psiquiatría, cómo había de funcionar un hospital moderno, y desde luego expuse con valentía las enormes deficiencias del hospital en todos los campos. Es que yo era aun joven y acababa de llegar de Alemania. No tenía ni idea de cómo funcionaban las cosas, como ahora se dice en España y en la Navarra de aquel tiempo. Comentaba la nula formación del personal, la ausencia de una organización, la suciedad..... Acabe escribiendo que la organización  era sencillamente nula y elaboré un plan escalonado de mejoras. Contacté personalmente con el diputado responsable, con los directores.... He releido estos informes detallados y exactos. A lo largo del tiempo que estuve en Pamplona redacte cinco informes oficiales que no recibieron ninguna contestación sino la animadversión, creo yo de todos, y sobre todo la del administrador. La verdad es que leídos hoy día debo decir que pequé mucho de ingenuidad, me falló totalmente la mano izquierda ya que debía haberme ganado en primer lugar la confianza del administrador dandome cuenta de que de el Dr Soto  en este aspecto no podía esperar mucho.

                 A pesar de todo algunos esfuerzos más intenté en un amago de reforma institucional. Por ejemplo que las historias estuvieran en los pabellones correspondientes, al lado de los enfermos; o que se anotaran por escrito las decisiones sobre terapia farmacológica; o que nos repartiéramos los pabellones de crónicos y realizáramos así una visita más individual. Practicamente nada de ello se hizo y continuamos actuando de la forma descrita todo el tiempo que allí trabajé. En las dos unidades de agudos sin embargo sí logramos introducir  de acuerdo con los demás médicos, la siguiente organización: Zuazua atendería a la sala de mujeres y Lizarraga a la de hombres y yo me responsabilizaría de todos los alcohólicos de las dos salas y de algún otro caso que se decidiera en la visita cotidiana. Los residentes también se adscribieron "preferentemente" a una u otra secciones. D. Federico como siempre pasaría su visita relámpago de la forma habitual. No se responsabilizó de esta organización, pero tampoco se opuso. En los momentos en que tratamos sobre estos temas más bien logramos entender que se había sentido durante años y años bajo el abuso de la Diputación al haber sido el único medico psiquiatra existente en el Hospital y con sueldos de miseria. Ahora no iba a cambiar de manera de trabajar.  En fin cosas de la historia y los tiempos para los cuales desde joven no se tiene mucha sensibilidad.  A partir de estos pequeños cambios  una vez terminada la visita común, cada uno de nosotros ayudado de un residente o interno veíamos más individualmente a los pacientes asignados. Lo de más habitualmente quiere decir que antes era más bien excepcional que se explorara individualmente a los pacientes en el despacho. Ello comenzó a hacerse, como digo, con los agudos.

        También pude hacer alguna movilización y agilización en el tratamiento de los crónicos. En primer lugar porque había alguna sala - como las de "trabajadores" - que mayoritariamente  cobijaban alcohólicos, que  continuaban sin embargo  saliendo y emborrachandose. Poco a poco me fui ocupando cada vez más de estos pacientes consiguiendo altas, permisos, y desde luego normas estables en vistas a una rehabilitación etc. Juntamente con ello y con las voluntarias de la Sección Femenina colocamos varias pacientes  esquizofrénicas en situación residual en regimenes de hospital de día o incluso de alta. La mayor parte colocadas como ayudas domésticas en nuestras casas o en las de nuestros amigos. El resultado nos parecía muy bueno y nos entusiasmábamos con este inicio de                      " rehabilitación".

        En mi propia casa trabajó como fija una psicótica residual que se adaptó profundamente y que adoraba a nuestras hijas, incluso años después en los que pasó a trabajar a otras casas, seguia visitandonos.      Posteriormente trabajó también una alcohólica desarraigada, también con magnífico resultado salvo alguna recaida como es comprensible. Por ello y respecto a este punto puedo decir que me "caí del guindo" cuando en un momento dado el administrador aludió a esta enferma que trabajaba en casa como "esa pobre chica" dando a entender que estabamos abusando laboralmente de ella cuando de hecho recibía un buen sueldo, y estaba encantada saliendo a la calle y a nuestra casa en vez de fregar suelos en el Hospital por una propina o por nada. Realmente y al igual que había sucedido en los demás Hospitales que funcionaban bajo el antiguo régimen, el propio administrador y otros muchos empleados funcionarios, comunidad etc. tenían en uso o como propios infinidad de muebles y enseres fabricados en los talleres de mantenimiento del centro que tenían algunos operarios normales y a contrato pero en el que ayudaban infinidad de pacientes sin sueldo y sin ninguna orientación clara de su trabajo respecto a su rehabilitación. Por supuesto que todo ello debe ser considerado en el contexto de la época y que había algunos otros  modelos de "laborterapia" en España que adolecían  tambien  de ventajas y deficiencias importantes. Intenté informarme. En Cataluña un psiquiatra - Lartigau - había organizado una auténtica fábrica con enfermos mentales que producía buenos ingresos al parecer a satisfacción de todos. El Dr. Morales Belda de buen recuerdo también por su trágico y prematuro fin en un accidente, era famoso porque en el Psiquiátrico de Guadalajara por aquellos años había organizado su laborterapia como cooperativa de pacientes y producía muebles de tipo rústico con muy buen resultado económico en aquel momento en el que comenzaban a edificarse chalets y casas de campo. Esas cooperativas con frecuencia eran dominadas por pacientes con personalidades psicopáticas y era dificil  dominar y dirigir la cooperativa desde el punto de vista médico. Por otra parte el mercado laboral era escaso y también las ayudas sociales o pensiones de incapacidad que podrían ayudar a las familias para que mantuvieran a sus enfermos, eran escasas. Por todo ello los pacientes una vez ingresados  aceptaban facilmente su permanencia perpetua o casi perpetua en el Hospital. La movilidad era escasísima. Las estancias medias de decenios. Los contactos con el exterior casi nulos. En fin; ejemplos de sociedades ocluidas como las denominaría el famoso trabajo de Gofmann. Mas en Pamplona ni siquiera pude disponer de una sala o espacio donde pudiera organizar una laborterapia minimamente reglada y nadie parecia tener interes en ello.

        Tambien pude en el hospital aumentar algo más las actividades de "laborterapia " de los enfermos hábiles a base de las consabidas pinzas de la ropa, pero ello chocaba con el resto de las laborterapias que servian al hospital y manejaba el administrador. Así pues después de un tiempo de relativa independencia durante el cual yo pagaba a los enfermos según normas y estrategias rehabilitadoras, el administrador de nuevo se hizo cargo de todo a pesar de mis protestas. Una solución adecuada a este problema se consiguió más tarde en el Sanatorio de Conjo en otro contexto, como relataré si me llegan las fuerzas para un asunto tan tremendo como fue y viví la reforma y revolución de Conjo. La solución es sencilla: consiste en que la administración ofrezca plazas remuneradas para los pacientes cuyos emolumentos quedan en una cartilla que es administrada por el médico responsable del paciente según criterios rehabilitadores y psicoeducativos. Qué pacientes y en que condiciones se incorporarian a estas plazas debe depender tambien de los responsables terapeuticos a fin de que toda la organización sirva a los efectos finales del alta del paciente.

 

        En vista de las terribles e insuperables dificultades para realizar una mínima reforma asistencial del Manicomio ( así se le debe llamar )  me decidí cada vez más a dedicarme al alcoholismo y a los alcohólicos. A fin de cuentas me había dedicado a ello en Heiligenhafen y podia entenderse que suponia una especie de superespecialización por mi parte. Además el segundo aspecto de mi puesto de trabajo era "Psicoterapia" y ya que parecia impensable una psicoterpia clasica para las neurosis o cuadros afines organicé lo que conocia bien respecto a los alcohólicos.

 

        5. La lucha antialcohólica en Navarra y mi lucha.

        Comencé por las terapias de grupo habituales con los alcohólicos. Matiz básico de información, motivación y rehabilitación, tambien con las familias. Me encontré con que ya existia en Pamplona un grupo de Alcoholicos Anónimos no excesivamente ortodoxo y que funcionaba con cierta languidez. No era extraño. Navarra cultivaba, no la vid solamente, si no que cultivaba el culto al bebedor, a la bebida y a la orgia festiva entre los vapores de alcohol. Los Sanfermines ya eran como los describiera Hemingway y por toda la Ribera especialmente los ritos de iniciación de los muchachos consistían siempre en coger en grupo la primera borrachera. En un cierto afán folklorista me dediqué un tiempo a hacer fotos por Pamplona y otros lugares en fiestas. Unas fotos que mostraban lo que decía:  el triste espectáculo de adolescentes caídos en el suelo, casi comatosos, con las vestimentas desgarradas, y sucios de vino y su propio vómito. Hoy estamos más acostumbrados a estos espectáculos como fruto de la marginación aún más grave de la droga, el sida y el crimen organizado y que decoran más o menos todas nuestras ciudades. Allí la actitud era de gamberrismo orgiástico, pero los consecuencias no podian ser más penosas. En fín. Eran unos auténticos ritos de iniciación. La primera borrachera en la peña de amigos. Así sigue sucediendo,seguramente hoy en todos los pueblos de España con ocasión de sus fiestas.

        Así que remitía los pacientes al grupo de A.A. y durante largos meses a intervalos mantuvimos emisiones  con ellos en las emisoras de radio locales. A todos mi agradecimiento, Todos colaboraron admirablemente y cada vez, después de la animación inicial que hicimos nosotros mismos y nuestras familias, cada vez teníamos más cartas, más colaboraciones y mayores éxitos.

 

        Recuerdo que nos ayudaron mucho hasta los fabricantes de bebidas no alcohólicas. En concreto por aquel entonces la firma Kas creó el Bitter Kas sin alcohol y con este motivo nos imprimió grandes tiradas de folletos sobre el alcoholismo y de recetas de bebidas sin alcohol además de incluir alguna información sobre síntomas del alcoholismo y del delirium tremens inicial.

        Por cierto que  estos folletos fueron protagonistas de otra anécdota. Desde Pamplona viajaba por entonces de vez en cuando a Francia.  A veces solo a Hendaya, otras a San Juan de Luz o a Biarritz. En una de estas ocasiones llevaba el maletero repleto de estos folletos editados por Bitter Kas. En la aduana a la entrada a España me detuvo la Guardi Civil y me demandó que descargara todos los paquetes para su inspección. Insensato de mí no me dí cuenta de que ya estaba en pie de guerra la Eta y que tales folletos exigían su inspección para asegurar que no eran propaganda subversiva. Yo apenas me di cuenta. Expliqué de qué se trataba y volví a cargarlo todo en el coche.

 

        6. La Sección Femenina en las tareas extrahospitalarias. 

        En este mundo plano de la acción y en pensamiento que nos toca vivir, en esta España o Península Ibérica en la cual escasean o están ausentes la inteligencia crítica, y en este mundo que va presentando solo dos alternativas: la del consumo y capitalismo neoliberal, y la de los fanatismos político-religiosos, es difícil entender la ponderación con resultado elogioso que yo voy a hacer ahora en favor de la Sección Femenina. Teoricamente era una rama del "Movimiento" expresión de la época de Franco para instituciones ideológicas y sociales vagamente descendientes del falangismo, pero de suyo afines solo al regimen que canalizaba así diversas actividades.

                 La Sección Femenina del Movimiento así pues, dirigida por Pilar Primo de Rivera, la hermana superviviente de José Antonio, era una Institución que entre otras tenia a su cargo las siguientes tareas: Organizar las prestaciones sociales de las mujeres. No existiendo el servicio militar femenino en los gobiernos de Franco se ordenó que todas las mujeres que desearan estudiar una carrera, salir al extranjero, obtener permiso de conducir y quizás alguna actividad más tenian que realizar un servicio social prestatorio o sustitutivo en los albergues y campamentos de la Sección Femenina. Aparte le preparación física y la educación política de cara al regimen se inculcaban los valores tradicionales que lo son y lo siguen siendo de nuestra cultura cristiana y de sus sucesoras en la ideología del esfuerzo, de la ayuda a los demás de la formación de la personalidad y el caracter en la probidad, en el sacrificio y en el cumplimiento del deber.

        Aparte de ello enseñaban los modos y maneras de la burguesia dentro de la alegria de la convivencia y las actividades lúdicas. Naturalmente que aparte de las cumplidoras, un extenso grupo de monitoras que se dedicaban totalmente a ellos - denominadas en aquel argot - los mandos, realizaban todas las tareas de organización y dirección como miembros o funcionarios permanentes.

        La labor fue ejemplar. Una de las Instituciones en mi opinión, que mejor funcionaron en el regimen de Franco. Se ocuparon de la recuperación de las vestimentas y danzas en labor del mantenimiento de la cultura popular. Se ocuparon de enseñar a pie de aldea de casa y de cama, el cuidado de los niños, la higiene en la casa, la realización de labores domésticas, las de cada día y las extraordinarias en la gastronomia, los bordados. etc. Por supuesto resaltaban el papel de la mujer en la casa, pero las monitoras y todas sus colaboradoras por toda la superficie nacional, eran ellas mismas mujeres emancipadas que viajaban organizaban y dirigian en total independencia estando muchas desde luego casadas aunque otras mantenían la personalidad de una monja laica en semejanza al ejemplo que daba la misma Pilar. Además eran encantadoras, educadas e infatigables.

        Magníficos eran los castillos y edificios clásicos transformados y recuperados en residencias y albergues, como el de la Mota en Medina del Campo que fue su casa central ( Un recuerdo para la inolvidable Nuria que durante tanto años fue su regidora), pero no menos admirable era su trabajo en las cátedras ambulantes. Se trataba de un reducido grupo de monitoras y cumplidoras que durante un tiempo - de meses - se trasladaba a la aldea más remota e inhóspita, vivian en una caravana de forma precaria, y no perdían ni la sonrisa ni la alegría, y se introducían así en las mismas casas de las gentes a cocinarlas, a decorarlas, a limpiarlas a enseñar a educar a sus niños o enseñarles a leer o a ir adecuadamente a la escuela.

        Pues bien en estas cátedras ambulantes encontré unas colaboradoras preciosas para organizar campañas de divulgación y de lucha contra el alcoholismo. Primero en Navarra y más tarde en Galicia. El alcoholismo que no existia como problema sanitario en aquel momento, ni casi como diagnóstico científico, pero que destruía los hogares y arruinaba la educación de miles de familias por todas partes.

        Así que con ellas, con la Sección Femenina, recorrimos casi todos los pueblos de  Navarra - como más tarde los de La Coruña y Lugo y Orense, cuando trabajé en Conjo. Hablaba en los cines, en los salones parroquiales, en los ayuntamientos. Me acompañaba mi esposa. Precisamente solían ir a escucharnos las mujeres, mientras los hombres recelosos quedaban en los últimos bancos o esperaban en el exterior en una conducta igualita a la de los domingos respecto la misa. Por toda recompensa material algún café, alguna pasta... desde luego tambien alguna botella de vino.

        Casi no resultará creíble que todo ello lo hacía sin el menor apoyo por parte del Hospital o de la Diputación; es decir, gasolina, coches, viajes y cenas o comidas en ruta, todo salía de mi propio bolsillo. Desde luego que todo ello, como al igual después en Galicia, me ha permitido conocer paisajes, ciudades pueblos y gentes de una forma sin igual y además la autosatisfacción en una tarea bien motivada y bien hecha es la mayor recompensa que esperar se pudiera y tanto más precisamente por estar realizada con el sacrificio propio. Era duro desde luego predicar contra el vino en la Ribera Navarra; pero no éramos unos fanáticos ni defendíamos la ley seca sino que adveríiamos  respecto sus riesgos y aconsejábamos cómo salir de las situaciones y peligros patológicos.

 

        6. El dispensario para el alcoholismo.

        Simultaneamente a estas actividades hacia el exterior y la asistencia a los alcohólicos ingresados, establecí contacto con el PANAP y en concreto con los Dr. Santodomingo y Rafael Llopis ( hijo de Bartolomé Llopis ) que estaban encargados de la puesta en marcha y coordinación de una serie de dispensarios para la lucha contra el alcoholismo que habían organizado en toda España. Lo que yo pretendía era que a efectos técnicos y funcionales en la consulta, que según decia, abrí en el Hopsital  en cuanto a atendiera a alcohólicos, formara parte de ese grupo de dispensarios. Como es natural estuvieron de acuerdo y por ello mismo comencé a utilizar sus mismos formularios de tratamiento y sobre todo una hoja de recogida de  datos que serviría como base para estudios epidemiológicos que eran, como he dicho practicamente inexistentes. Todo ello lo comuniqué a mis superiores del Hospital y de la Diputación sin obtener ninguna contestación, ni por supuesto tampoco ninguna ayuda o apoyo especial, pero tampoco me pusieron dificultades lo que no es poco. Estas dificultades que son y siguen siendo tan frecuentes en "niveles superiores de organización " o sea de burocracia por una parte y de incremento de los males hispánicos de la envidia disfrazados bajo la competividad.

        Así después de unos años pude publicar mis resultados sobre "El alcoholismo en Navarra" [3]constituyendo esta publicación una de las primeras en España al lado de la monografía de Santodomingo, si bien en los años siguientes menudearon ya excelentes trabajos sobre el tema, mientras iban decantándose una serie de especialistas en diversas ciudades, como el Dr. Piqueras en Oviedo, Bogani en Valencia, Freixa en Cataluña, y Murcia Valcarcel creo recordar que tambien en el Levante Español. Este trabajo fue citado multiples veces, si bien es gracioso que en varias tesis en los años 80 y 90 que se realizaron sobre el alcoholismo en el Hospital Clinico de Valladolid donde ya a la sazón trabajaba, fuera cuidadosamente omitida su cita; o mejor dicho tachada y censurada por el director de estas tesis cuando había sido reseñada en la bibliografía seleccionada por el doctorando. Sucesos que refiero no a efectos de lamento vengativo, si no como ejemplo, que reiteraré en otras ocasiones, ejemplo digno de aquella "majaderia" que describe tan magistralmente Erasmo en su "Encomio de la necedad" que es como debe traducirse el "Encomium Moriae".

 

 

        7.  El Congreso  de Alcoholismo en Pamplona.

        Fruto de estas colaboraciones fue la celebración precisamente en Pamplona en  Octubre de 1970 de un Congreso sobre Alcoholismo en el cual se fundó la sociedad científica "Socidrogaalcohol" de la cual soy socio fundador. Parece que adivinábamos ya el problemón que se nos iba a echar encima con el aumento del alcoholismo y sobre todo con la aparición de las drogas psicotóxicas que entonces eran cuestión meramente anecdóticas.

         El Dr. Soto fue el presidente del congreso y yo su secretario o coordinador. Santodomingo y Alonso Fernandez, entre otros, los ponentes más destacados y responsables de la parte científica.  Recuerdo tambien a otros compañeros figuras tambien  destacadas entonces y después en la lucha antialcohólica española como los Dres. Piqueras, Murcia Valcarcel,  Freixa, Bogani..... Yo ya sabia que era un mal organizador. Desde luego Soto tampoco tenia virtud alguna en este aspecto al cual se añadía la declinación en mí de  toda responsabilidad respecto la organización del congreso.   A pesar de ello  el congreso resultó muy bien. Contamos con un asesor - figura extranjera - el Prof. Fouquet de Francia que dio categoría internacional al mismo y tampoco falló la logística ni la gastronomia. Recierdo que una de las comidas se celebró en un mesón  situado en la carretera a Vitoria,  entonces recién inagurado nada menos que por Fraga Iribarne. Se denominaba y se sigue denominando el Mesón del Toro en clara alusión a las impresionantes fiestas de San Fermin En la organización del Congreso sin embargo hubo múltiples fallos que repercutieron en el enfado de múltiples personas, en concreto diversas autoridades de Navarra, que se sintieron marginadas con más o menos razón. En fín, más o menos porque todas querian estar en la presidencia y en el primer plano. Entonces conocí la penuria que supone la organización de cualquier cosa y quizás mi escasa capacidad para lo mismo. También la idiosincrasia española que comenté anteriormente a diferencia de la serenidad  y claridad alemana. Una prepotencia hija, como no podia ser menos, de la inseguridad y de la conciencia de la propia insuficiencia. Al ímprobo trabajo se añadieron los múltiples disgustos con lo que quedó sellada para siempre mi actividad como organizador.

        "Socidrogaalcohol" en otras manos y en los años y decenios siguientes hasta el momento actual, ha continuado una vida vigorosa, ha publicado una revista y ha seguido realizando periodicamente sus reuniones y congresos a los que dejé de asistir al trasladarme en 1972 a Santiago de Compostela como más tarde referiré. Puede decirs que permanece como la sociedad y actividad de referencia en tgan importante tema hasta el presente. Editó muchos años una modesta revista o boletín donde se publicaron importantes articulos sobre la especialidad. Tengo la impresión que actualmente el tema en cuanto a magnitud  e importancia de la Sociedad ha sido desbordado por el inmenso problema de la toxicomanía y adicción en nuestro país. Desgraciadamente.       

 

        8. Grupo de Trabajo de Psiquiatría Asistencial del Norte de España.

        Dado el aislamiento institucional y personal en el que me encontraba en mi puesto de Pamplona, me ví en la necesidad de enterarme de cómo estaba la situación en las provincias colindantes a efectos de estimular la emulación a la Diputación de Navarra para que me proporcionara medios con los que comenzar la reforma asistencial y la famosa " Rehabilitación y Psicoterapia " que me encomendaba el titulo de mi cargo.

        Así pues me puse en contacto en primer lugar con Valdecilla en Santander donde trabajaba ya el Dr. Diaz Manrique, amigo y antiguo compañero de mis años de interno en aquel hospital. En Oviedo comenzaba por aquellos años la primera reforma asistencial seria de un Manicomio y de la Asistencia Psiquiátrica. Una reforma que por lo mucho que se politizó al final perdió categoría y prestigio científico, como sucedió en parte en la Reforma del Sanatorio de Conjo en Santiago. Pero a ello ya me referiré en su momento. En Oviedo y al amparo del Hospital General de Asturias los Drs. Montoya Rico,  Mezquita y Gonzalez Palacios, todos con formación anglosajona ( americana y canadiense ) formaron en poco tiempo un equipo motivado y activo en el que se encontró enseguida el Dr. José Garcia Gonzalez, que después de su estancia en Marburg y Giessen volvia a su tierra natal. Tambien en Oviedo, que era el hospital más activo en este sentido,  los Drs. Martinez Sierra,  Piqueras, Carlos Samaniego, Sandonis, e Ignacio Bellido se integraron en el grupo que estaba promoviendo.

        Con todos ellos promoví la formación de un Grupo de Trabajo sobre asistencia psiquiátrica con el fin de intercambiar experiencias y conocimientos y hacer fuerza, tambien a efectos de conseguir medios y apoyo público. Mas tarde se incorporaron al grupo  los Drs. Fernandez Cruz, Gonzalez Guija y Suarez de Puga, de Vizcaya, el primero director del Hospital de Zaldivar. El último pertenecía ya a otra generación mayor.

        Se trataba efectivamente de un grupo de trabajo que denominamos " Grupo de Trabajo de Psiquiatria Asistencial del Norte de España". Contamos también con el  Hospital de Zamudio de la Diputación de Vizcaya, del Hospital de Bermeo, tambien en Vizcaya y con alguna persona de Logroño. Ni en Vitoria, ni en San Sebastian encontramos, me parece, compañeros en situación o interes por reformas a grupos de trabajo. Es preciso recordar, pues la memoria histórica de los españoles es muy escasa, que el éxito o aun la puesta en marcha de las recomendaciones que produjo dicho grupo, en alguna manera ya habían sido aprobadas y avaladas por las instituciones y autoridades responsables en aquel momento y en aquellas zonas. El Hospital o Clinica de Zamudio era  por ejemplo y ya desde algunos años antes una maravillosa clínica de agudos pública para Vizcaya creada por la Diputación de la misma y en concreto por el ímpetu de Pilar Careaga a la sazón presidenta de la Diputación y una de las primeras mujeres ingeniero y activas a nivel importante en la política española del momento y procedente desde luego de la derecha politica y por ello mismo postergada aun en su recuerdo después. El Hospital General de Asturias denominado de Alonso Vega en memoria de este importante militar, fue creado efectivamente por este ministro de  Franco y según se dice a instancias de Carmen Polo su esposa, que siendo asturiana pretendió así privilegiar a Asturias. La Reforma del Psiquiátrico - la antigua "carellada" tambien provino en primer lugar por el interés de los diputados y gerentes del momento. Y recordemos por ultimo que la Seguridad Social universal en España así como las Universidades laborales donde encontraron formación y acomodo innumerables generaciones de estudiantes aventajados de humilde origen, fue creada por uno de los ministros más caracterizados de Franco: José Antonio Girón. Quizás la singularidad más importante sin embargo de estas reformas y privilegios era precisamente esto; es decir, que no eran concebidas dentro de un plan general estatal justo si no que surgian merced al interes esporárodico y hasta cierto punto particularista.

 

        En las primeras reuniones en el año 1970 en Santander y Oviedo redactamos nuestras " Bases constitutivas" que comunicamos al PANAP ( Dr. Serigó ) y al que pedimos también apoyo institucional y  material. Transcribo dichas bases:

 

        1. El Grupo de trabajo comprende las siguientes provincias: Asturias, León, Santander, Vizcaya, Guipuzcua, Alava, Navarra y Logroño.

        2. Las finalidades de la actividad del Grupo de Trabajo son las siguientes:

        a) Promover en las provincias correspondientes la organización, realización y coordinación de la moderna Psiquiatria Asistencia..

        b) Intercambio de experiencia científica. Coordinación y normalización del trabajo sobre todo para la investigación psiquiátrica cuyo reconocimiento es imprescindible para el planteamiento a nivel comarcal de " Servicios Comprensivos de Salud Mental"

        c) Organización de actividad profiláctica; es decir, higiénica mental y prevención primaria sobre todo mediante educación, información, propaganda etc. sobre la población en general.

        d) Coordinación a nivel interprovincial de la formación del Hospital Psiquiátrico.

 

        3. Dadas las finalidades del " Grupo de Trabajo" se estima que el número de sus miembros no ha de ser excesivamente numeroso comprendiendo principalmente personas - no solo médicos - interesadas en problemas asistenciales.

 

        Estas bases constitutivas del Grupo de Trabajo fueron redactadas y aprobadas en la reunión preliminar del dia 25 de Enero de 1970 celebrada en el Hospital Psiquiátrico de Santander.

Secretario: A. Jimeno.

       

        Uno de los primeros alicientes del Grupo fue que nos posibilitó, bien por pretexto, bien por la amistad que produjo, la visita a los distintos centros.

        En Bermeo, por ejemplo, en un lugar precioso sobre el puerto y con un maravilloso paisaje de mar, habían construido una galería de talleres ocupacionales y de laborterapia ejemplares En Oviedo tambien, además del despliegue de dispensarios y el esfuerzo desinstitucionalizador, la laborterapia ocupaba un lugar primordial. No solo comenzamos a reunirnos periódicamente bajo la ayuda, entonces escasa, de algun empresa farmaceútica, si no que hice docenas de fotografias y docenas de informes que envié sin cesar a los responsables del Sanatorio; es decir, al Diputado delegado con copia al director, creo también que al administrador de Sr. Lerga  obteniendo siempre la misma respuesta; es decir el silencio administrativo.

        Acudimos a los medios de comunicación y en todos los sitios hablamos en radio y periódicos sobre la Asistencia Psiquiátrica. A nivel más profesional la revista " Semana Médica" de Medicamenta donde yo había publicado mis artículos desde Alemania se ofreció a ir publicando periodicamente los informes sobre "la situación asistencial" en cada una de las provincias implicadas. Conservo todas estas publicaciones y pueden ser una fuente importante a efectos del desarrollo y conscienciación de estos problemas. Reformas, veasé bien de los años 1970 y que parecen ya olvidadas en esta desmemoria de los españoles y más los profesionales respecto a lo que han hecho otras personas en su mismo campo.

Respecto la situación asistencial en Navarra publiqué un trabajo en la revista de las Hermanas Hospitalarias.[4]

 

        Aparte la mejoría arquitectónica y hotelera, la mejor dotación en médicos, los cursillos para el personal y su nueva capacitación laboral, con nuevos contratos y nuevos sueldos, existían dos grandes tendencias en la organización general de la Reforma: La primera era la tendencia francesa dirigida a la creación del "Hospital Pueblo"; es decir de un ámbito de convivencia social entre enfermos y personal pero autárquico y en principio aislado del exterior.  Modelo concreto era el Hospital de Lanemezan en el Sur de Francia; y en cuanto a la organización exterior: el modelo de Sector. Esta Reforma en Francia se había llevado a cabo en el distrito XVI de Paris y en los pacientes dependientes de la Mutua General de Educación frances; es decir, los funcionarios de la docencia que como era ya sabido entonces generan un enorme porcentaje de enfermos. Ya metidos en este tema recordaré que más adelante se pudo demostrar que el mismo personal de los hospitales y consultas psiquiátricas involucrados en estas reformas, se convirtieron en el grupo más alto de clientes de "ellos mismos". Aquí una vez más se barajó la doblemente posible interpretación del hecho y que constituía el eje de la psiquiatría comunitaria: ¿ Hipótesis de la deriva? o ¿ Hipótesis de la causalidad ? Es el ambiente el que genera la enfermedad, o es el enfermo el que por su enfermedad crea un ambiente anómalo tendiendo a desplazarse hacia la marginalidad social ?  Una pregunta por lo demás bizantina que desconocia la verdadera interrelación de causas y el caracter "caótico-dinámico de la realidad "

        La segunda tendencia asistencial se dirigía hacia la desinstitucionalización total que comenzaba por la presión para que los pacientes de los centros salieran a la ciudad o barrio donde se asentara el hospital para utilizar los servicios comunes con los demás ciudadanos. Ir al cine, a correos, a hacerse fotos para el documento de identidad o a la tienda a comprarse ropa son el comienzo de la rehabilitación. Los partidarios de esta tendencia que es la que acabó dominando tildaba a la anterior del sistema de la "jaula de oro" por mantener a los pájaros ( los pacientes ) en buenos hospitales pero aislados socialmente en una vida ficticia y ocluida. En compensación los fieles a la otra tendencia pronto comprobaron el régimen de "puerta giratoria" que determinaban las altas precoces y la insuficiencia o imposibilidad de los servicios intermedios o externos.

        Así que teníamos la cabeza llena de Planes, de Reformas, de Sugerencias, de Informes, de datos epidemiológicos, de fichas y también de fotografías, de intercambio de experiencias y de encuentro poco a poco de amigos. Tengo sin embargo la impresión de que todo ello no sirvió para mucho y las cosas quedaron en cada sitio tal como estaban o tal como habían ya querido que quedaran los responsables políticos correspondientes. Las reuniones además se celebraban en un ambiente y medios completamente caseros y precarios. Nada de los grandes cenáculos actuales patrocinados por la potentísimas multinacionales. Eso sí. Hicimos amistad unos cuantos colegas - unas perduraron y otras se disiparon - y conocimos un poco esas maravillosas regiones del Norte. La politización y posterior crisis del Hospital de Oviedo a la que luego me referiré trajeron un primer paréntesis a las reformas y un final a nuestro Grupo.

 

        En todo caso era inevitable que algunos ejemplos ajenos nos alargaran los dientes. Por ejemplo Zamudio al que ya nos hemos referido: El nombre oficial era el de "Hospital Psiquiátrico Nicolás de Achúcarro", el gran neuropatólogo. Tenia una magnifica y masiva estatua en el jardín del centro. Luego el Hospital estaba dotado con auténtico superlujo. Contaba con una monitora de gimnasia terapeútica, con unos talleres ocupacionales con magnificos hornos para el trabajo en vidriados y esmaltes; con unas instalaciones deportivas de todo tipo y con una ! unidad de investigación !!!. Por supuesto hubiera sido imposible extender este tipo de servicios a todos los pacientes. Por lo demás cada vez se fue exigiendo más que las unidades de agudos debían estar ubicadas en los Hospitales Generales, una exigencia de los psiquiatras para que su especialidad de una vez obtuviera el rango de una especialidad médica análoga a las demás.

        Un resultado paralelo, pero no propio, de estas reuniones fue la fundación de la Sociedad Vasco Navarra de Psiquiatría que promovió sobre todo Suarez de Puga. Mas yo no participé especialmente en ella y no recuerdo ahora cual fue su destino posterior. En todo caso las amistades fraguadas dentro del grupo sirvieron sin duda a futuros trabajos y colocaciones como referiré más adelante en estas memorias cuando escriba sobre mi traslado al Hospital Psiquiátrico de Conjo en Santiago y la politización y posterior crisis del Hospital Psiquiátrico de Oviedo.

 

 

 

        9. La Escuela de Asistentes Sociales de Pamplona.

        Debo manifestar que dado el escaso avance de mis gestiones y proyectos, la oposición del administrador y la ausencia e indiferencia de los demás sustentada entre otras cosas por ser yo el único médico en dedicación exclusiva, fueron minando mi entusiasmo en el Hospital. Pamplona sin embargo ofrecía en aquel momento un campo muy interesante sociologicamente. Ciudad levítica por antonomasia que dedicaba las mejores cabezas de la familia al servicio de la iglesia, se hallaba estancada en un conservadurismo rural con un alto nivel económico favorecido por el peculiar régimen fiscal. Desde luego para nosotros, que regresábamos de Alemania el nivel económico no nos asombraba, pero comparado con  nuestras provincias de origen en Castilla, la Diputación Foral de Navarra, las carreteras forales, la policía foral, y el carácter ministerial y de consejeros de los siete diputados, denominados sin excepción los "siete magníficos", Navarra era impresionantes. Se unía a ello la maravilla de su paisaje con la montaña en el norte, la cuenca media tan poblada en el centro, los numerosísismos rios y estrechos valles que descienden de los Pirineos, la peculiar y bellísima Sierra de Urbasa, lugar mágico y maravilla ecológica donde las haya, y la inmensa ribera con sus ricas huertas y viñas y hasta el desierto de las Bardenas. Tenia, tiene, de todo. El pueblo Navarro era entonces orgulloso y seguro de sí, noble y trabajador a la vez. Desde luego cristiano profundo. Contrastaba, pues todo ello con ese cierto conservadurismo en las costumbres de las familias - muy endogámicas - del machismo - en el vino y en el toro.... si bien en casi todo participaba, pero ordenadamente, la mujer. El espíritu del carlismo todavía era bastante activo y el periódico " El pensamiento Navarro " era toda una muestra antológica de la sectarización estancada en el pasado. Nos provocaba su lectura a sonrisa y a pena simultáneamente. Por todo ello, si me es permitido aquí cantar una elegía, es tanto más triste comprobar cómo en los momentos actuales, Navarra  está en peligro de ser  sido sacrificada en su espíritu y en sus hechos en sectarismo desde una ideologia espúrea, que aparte de prostituir su propio ser, puede sumirla en el más absoluto abismo. El de la balcanización.

 

        Existían en aquel momento atisbos de reforma y cambio, desde luego. Uno de ellos en la iglesia, de inmensa importancia y poder y que se debatía entre la reforma  consecuente sobre sí misma, la reforma politizada ( en principio de izquierda y próxima a la teología de la liberación)  que dió lugar a la situación actual, y la reforma sustentada por el Opus Dei, que mantenía también su propio seminario teológico. Entonces luchaban a muerte dos tendencias teológicas. Luchaban apenas por el dogma, sino por el poder en la calle y en las mentes. La del Seminario y la del Opus. En la calle y en las parroquias estaba la tercera vía representada por sacerdotes jóvenes desinsitutcionalizados. Era pues la Iglesia casi en exclusiva la detentadora de la poca cultura existente.

 

        Pues bien; La Escuela de Asistentes Sociales pertenecía al obispado de Pamplona siendo la única entonces existente. Al estar reconocida, otorgaba los títulos oficiales de trabajadora social y al margen de la didáctica oficial ofrecía una amplia panoplia de conferencias y reuniones que en aquel tiempo aún dificil del regimen de Franco, eran más fáciles bajo la mediación o organización  de la Iglesia. Puede recordarse aquí el papel de las organizaciones eclesiales en la preparación de la oposición al régimen, dando cobijo a reuniones y incipientes organizaciones políticas  como la muy importante que prestó la Acción Católica juvenil. La vitalidad y eficacia de la Escuela de Asistentes Sociales de Pamplona  se debía al alma - y cuerpo - también infatigable de su directora: La madre Maria Angeles Brun, perteneciente a la congregación de las Hermanas de la Caridad, y a su secretaria y antigua alumna Dña.Maria Dolores Morondo. Pues bien mediante los avatares habituales de conocimiento personal, referencias boca a boca, sobre todo del entrañable amigo economista D. Francisco Rodriguez que ya era profesor de la Escuela me nombraron y contrataron como profesor de psicología y  psiquiatría.. Ello me ocupaba dos tardes a la semana, con unos emolumentos que me llegaban para la gasolina del coche durante todo el mes. La pertenencia a la escuela, sin embargo, fue un factor decisivo para mi desenvolvimiento en Pamplona. En un esfuerzo de modernización intelectual y con la plena aquiescencia de la dirección, realizamos a los largo de los 4-5 años de mi permanencia en Pamplona una serie de cursos y conferencias sobre los temas que podemos llamar más arriesgados. Por ejemplo: Un ciclo sobre educación sexual que repetí luego en el Seminario Diocesano y cuyos contenidos fueron publicados posteriormente como libro de en Ediciones Paulinas.[5] Visto desde nuestra perspectiva aparece como  tímido y parcial, pues en él se defendía una información sencilla a padres educadores y educandos basadas en la sinceridad y naturalidad al compás de la comprensión del niño. Mantenía también el concepto de educación centrado en el aprendizaje de hábitos saludables abogando por ello por una mayor convivencia entre los sexos. La verdad es que no podía suponer entonces la auténtica revolución sexual que se desarrollaría en años posteriores hasta perderse casi toda distinción entre normal y anormal en un confusionismo inexplicable entre los criterios médicos, sociales y morales.

Precisamente en una ocasión impartí en el Seminario Diocesano de Pamplona una lección sobre este tema de la educación sexual. Al día siguiente apareció un breve escrito en el periódico “El Pensamiento Navarro” titulado “Sexualidad en el Seminario” y que en espíritu retrógrado y crítico intentaba escandalizar a sus lectores de los grupos tradicionalistas con gran vigor todavía en aquel tiempo en  Navarra. ¡ Como si los manuales de casuistica para los confesores y las instrucciones antiguas de los Azotes de Brujas inquisitoriales no hubieran estado ilustrados con toda clase de aberraciones precisamente sexuales y que, claro está , mas bien ayudaban a propagar! 

 

        Un segundo tema  objeto de varios ciclos de conferencias en la Escuela  fue el de la Evolución Biológica así como sus implicaciones filosóficas, teológicas y morales desde la perspectiva de la sociobiología. Era otro tema tabú y de mi especial interés desde siempre; es decir, desde mis estudios secundarios en el Colegio de San José de Valladolid y que  me llevaron a escándalo ante la evidencia del antagonismo, al menos histórico, que no formal,  entre la ciencia y la fe. La Fe, claro, según entonces se  entendía. En estos ciclos nos acompañaba, tanto por interés como por "protección" siempre algún sacerdote o teólogo. Recuerdo en concreto el nombre de D. Alejandro  Apesteguía,  que trabajaban en parroquias, en general, periféricas de Pamplona. Tampoco se nos pasaba en la imaginación entonces la posibilidad de que estos sacerdotes en el camino de la creciente "responsabilización social" pasaran a la política activa; es decir, de activistas en la sombra, determinando, como en la época del carlismo, un peligroso sesgo en la situación de aquellas provincias del norte.

        Con estos temas, los de la asistencia psiquiátrica y los del alcoholismo, realicé un trabajo continuo de divulgación, que dado el tipo de público podemos llamar alta, en el campo bastante yermo de aquella ciudad rodeada del círculo vaticano como así se llamaban unos extrarradios llenos de conventos de todas las ordenes religiosas del mundo que allí tenían en su mayoría sus casas centrales.

        Por cierto que un tema constante en las conversaciones con D. Federico Soto era precisamente este: la selección negativa que acontecía en la sociedad Navarra. Las mejores cabezas desde tiempo antiguo se dedicaban a la iglesia, permanecían por ello célibes reproduciéndose más lo segundones en personalidad y cultura. En todo caso es sabido que por todo el mundo toda madre provincial, o jefe o prior o superiora de convento o misión es por definición Navarra !! Era una gente extraordinariamente maja abierta y deseosa de aprender. Fueron así unos años de intensísimos trabajo y enormemente fructíferos tanto en lo personal como en lo social. Por ello cuando anuncié mi marcha nadie lo entendió. Incluso hoy día yo mismo casi no lo entiendo. Era funcionario de la Diputación Foral. Tenia ya una clientela particular ( dentro del hospital dado mi carácter de dedicación exclusiva como he explicado) y  que podria haber incrementado y poco a poco me había hecho con una fama consolidada en la zona. No supe entonces aquel problema de la falta de conciertos con la Seguridad Social española y del riesgo que ello en años venideros pudiera comportarme.

 

        Mas yo estaba tremendamente frustrado en el Hospital. De mis sueños sobre la creación de estructuras para la rehabilitación, la reforma del hospital, y la creación de un equipo propio no tenia nada. Entre la desidia de los más, la enemistad y oposición de algunos y la terrible situación del centro me sentía cada vez más desanimado e incluso a temporadas angustiado. No se remediaba nada  tergiversando el nombre de la Diputación  en mi fuero interno. No se remediaba nada si no que todo fue aún a peor pasando a una cierta oposición guerrera activa.... Hice por ejemplo unas fotos de algunos pabellones, de algunos patios, de algunas escombreras, de algunas letrinas .... del hospital que incluí en algunos de los  informes a que antes me referí. El enfado del Sr. administrador, que en paz descanse y cuyo nombre no diré tampoco ahora, fue mayúsculo, perdiendo por mi ingenuidad y falta de tacto político, toda posibilidad de colaboración. No quiero hablar mal de aquel Sr. con quien me entendí tan mal. Probablemente la enemistad contra los médicos provenía de antiguo por experiencias en su relación con el Dr. Soto y yo por ello lo heredé. Probablemente era ejemplo de funcionario probo y eficaz para la Diputación; es decir  exacto en las cuentas y tacaño en el gasto. Me comentaron que cuando murió le chocó a todo el mundo que no tuviera mayor fortuna pues era corriente en los  administradores de todo tipo por entonces.... Por ello no dudo de su honradez; quizás tanta como su tozudez. En todo caso allí en Pamplona no se rehabilitó nada. En realidad bien puedo pensar ahora después de tantos años y de  mi forzada madurez, que quien fracasó fui yo solito por no saber entender ni situación ni medios dejandome llevar de una inocente ignorancia.

        Las monitoras de la sección femenina - citaré el nombre de la esforzada Elena Lorea - no vieron prolongados sus contratos, lo que me produjo un hondo disgusto. Habían trabajado mucho conmigo en las unidades de agudos, como ya he dicho. Los enfermos trabajaron, pintaron, construyeron las habituales manualidades, realizamos exposiciones, la visitaron los periodistas, aparecieron referencias en los periódicos, vendimos los productos  y disfrutamos la recaudación... Además Elena puso en marcha tablas de gimnasia y ejercicios con los pacientes. Trajimos, incluso a algún funcionario de Cataluña para que diera alguna conferencia o charla a ver si con ello ablandábamos el corazón del administrador, pero naturalmente éste no acudió a la misma.  Visité también el Hospital de Zamudio de Vizcaya, que era en aquel momento  envidiable ejemplo de estructura dotación y funcionamiento, Ya he referido, sin embargo, en la nota preliminar que posteriormente a mi marcha del Hospital estas mismas monitoras fueron otra vez contratadas. ¡Quizás era yo el estorbo!

        Yo estaba por todo ello  harto, y sin embargo me cautivaba la esplendida belleza de Navarra; la nobleza de sus gentes; la riqueza de sus costumbres y folklore,  y hasta su situación tan próxima al mar y a Francia como a nuestras ciudades de origen en Castilla, facilitada aún más por sus magnificas carreteras tan cuidadas desde siempre por la Diputación Foral.

        Tampoco nos faltaron amigos, y como ya he descrito actividades, pero aún tomé otra iniciativa más:

 

        9. Psiquiatría de enlace en el Hospital Provincial y la Clínica Universitaria del Opus Dei.

        Establecí un consultorio de lo que hoy llamaríamos psiquiatría de enlace en el Hospital Provincial de Navarra. Todo derivaba de mis ganas de trabajar y tambien, como es comprensible por acceder a pacientes distintos a los que veía en el psiquiátrico. Actué por el primitivo procedimiento administrativo habitual. Hice una pequeña memoria describiendo lo que era la psiquiatría de enlace. Mostré la ausencia total de psiquiatras en el Hospital General. Hice la proposición de desplazarme dos días a la semana a última hora de la mañana para realizar dicha tarea y asímismo dí noticia al director del Hospital Provincial y a los jefes de servicio de mi intención.

        Nadie contestó nada pero yo interpreté el silencio administrativo como afirmativo. Estaba pues la administración en un nivel relativamente primitivo y no existía tampoco una lucha importante de clanes o de psiquiatras en paro. Tampoco se preocupó nadie de responsabilidades jurídicas o económicas. Hoy esto seria impensable. Yo en principio actué allí gratuitamente. No atendí a demasiados casos pero trabajé más estrechamente con algunos servicios. Por ejemplo el de piel con el Dr. Ruben Tejada, de grato recuerdo. Hicimos un tratamiento sistemático y conjunto de las alopecias areatas y escribí con él un trabajo de cierto interés sobre ello, tratandolas con infiltraciones de novocaina primero y de corticoides a dosis bajas después, amen del efeto placebo y sugestivo que lo acompañaba. Ví también bastantes anorexias, que aún no constituían plaga, y los casos habituales de alcoholismo y trastornos de ansiedad.

 

        El Hospital era un caserón a la antigua con algunos atisbos de reforma arquitectónica y de funcionamiento, pues como ya he dicho por aquel entonces se nombraron las jefaturas de servicio de especialidades en el mismo que poco a poco fueron construyendo equipos y trabajando integramente en el hospital. Lo recuerdo con grandes tránsitos, altos techos, y grandes jardines, pero a la vez con unidades reformadas de habitaciones pequeñas, salas de estar acogedoras e instalaciones y medios dignos.

        El Hospital estaba situado en la otra punta de Pamplona respecto a mi casa y al Psiquiátrico, en la carretera a Logroño. En su entorno, aparte del parque de la ciudad -  La Taconera - albergaba el Campus Universitario del Opus Dei entonces en plena expansión y sobre todo su  Hospital o Clínica Universitaria que mantenía también una importante unidad de psiquiatría. Precisamente parece ser que el ejemplo de calidad que ofrecía la clínica del Opus fue el acicate para la remodelación y mejora del Hospital Provincial manifestándose aquí las luchas – o colaboraciones - soterradas que mantenían ya por entonces el Opus con las antiguas instituciones y servicios de la Diputación Foral.

        Contacté de todas formas y con gusto también con este servicio de psiquiatría de la clínica de Opus, dirigido entonces  por el Dr. D. C. Soria y a cuyo alrededor trabajaban Salvador Cervera, Baldomero Baca, M. E. Madoz, Pedro E. Muñoz y otros.  A mi me admiraba el lujo de la unidad, su maravillosa decoración, la categoría de sus enfermos, la abundancia de despachos y el tono afectuoso contenido, educado y solemne, cordial y a la vez distante que lograba crear el Opus en sus personas e instituciones. No solo eso: Podía admirarse también la  educación y belleza de las secretarias y enfermeras en esa controlada actitud del Opus hacia las mujeres como servidoras en segundo plano de la actividad masculina pero a la vez servidoras con eficacia, amabilidad y precisión. Ah ! y lo escogido de sus perfumes tanto masculinos como femeninos !! Por otra parte, la inflación de títulos, nombres de dirección, membretes, letreros y actividades era también impresionante aunque no fuera respaldado por su amplitud e importancia. Así pues procedían inteligentemente  de forma inversa a la universidad  española habitual, donde medra la envidia y dificilmente te felicitan, aceptan o estimulan tu trabajo o tu prestigio o tu categoría; donde los compañeros se esfuerzan  casi siempre por ningunearte y minimizar tu labor y donde así hagas actividades de saltinbanqui o te vistas de colores, no te harán el menor caso. Tendrías que ganar el Premio Nobel quizás, para causar una cierta sorpresa y reconocimiento. Quizás entonces se desvivirían por estar a tu lado y firmar contigo. En el Opus, bajo la más inteligente mercadotecnia, sucedía todo lo contrario. El recién llegado era enseguida director de algo. Tenía su despacho, sus membretes y sus secretarias. Se creaban grupos de trabajo distintos sin parar formados por las mismas personas en los mismos sitios y a las mismas horas y toda esta parafernalia tenía la virtud de obrar como atractores del progreso de forma que poco a poco los directores estaban formadísimos y eran conscientes de su categoría y autoridad y los grupos competían en eficacia y resultados. ¿ Cuál sería la palabra clave que describiría la actitud y ambiente en Estados Unidos? No tengo la menor duda: la palabra clave allí, en el centro del Imperio Mundial es: "Inténtelo usted. Nosotros le ayudaremos y luego compartiremos el éxito." ¿Y en Alemania?. En Alemanía la palabra clave sería: "Escriba  Vd. un informe detallado y lo estudiaremos. Pero luego lo estudiaban de verdad y te respondían por escrito también largo y documentado

 

        En la Clínica, pues, de la Universidad del Opus de Navarra, me acogieron con total amabilidad y franqueza y asistí frecuentemente a sus sesiones clínicas, a su biblioteca etc. Allí logré encontrar un ambiente de buen nivel científico y adecuado calor humano.... si bien como puede comprender el lector traía aparejado una cierta tendencia seductora hacia mí y hacia algunos miembros de mi familia, y un cierto rechazo al comprobar mi ideología de fondo y mi prudente distanciamiento ideológico y de funcionamiento cotidiano, en lo que quizás influyeran también las formas y contenidos de otras de mis conferencias o lecciones. Pero como es sabido, la asiduidad y tenacidad de los miembros del Opus en sus esfuerzos seductores era y es infinita y así pude continuar disfrutando de su compañía y también ayuda.  En todo caso les estoy a todos muy agradecido, incluso respecto a aquel momento en el que me ofrecieron que participara en una organización asistencial psiquiátrica que fundaron por entonces, y que no acepté en el momento en que me dijeron que no se trataba de cobrar por mi trabajo, si no al revés, de "invertir" un capital en la misma. Yo no estaba por esa labor  y además siempre ha sido para mi sagrada la independencia, que si bien podría dificultar el trabajo en equipo, salvaguardaba la idiosincrasia de mi personalidad, mis creencias y mis actitudes. Mi agradecimiento a todos ellos es, vuelvo a repetirlo infinito, pues me encontré acogido cuando me encontraba en el Psiquiátrico más solo y desamparado en lo que a labor científico asistencial se refiere.

        No corresponde describir aquí la historia posterior de este servicio  y de  las personas que he citado. Baste decir que casi todas forman uno de los grupos de psiquiatras  más distinguidos de nuestro país. A todos mi recuerdo y agradecimiento.

        Otros trabajos frecuentes a la moda entonces eran las charlitas en los colegios, bien para los padres, bien para los alumnos en diversos campos de la psiquiatría ( me resisto a utilizar el horroroso término vacío de concepto de "salud mental") Ello era siempre agradable, no exigía un gran esfuerzo científico, se asistía con la esposa y en general te daban de cenar o te regalaban un libro o alguna espantosa figura realizada en las actividades ocupacionales de unos o de  otros. Todos los médicos tenemos un desván de los horrores donde van a parar un sin fin de los regalos de los pacientes que suelen ser mejor intencionados que considerados con nuestros gustos estéticos.

 

        Con todo eso mi vida, nuestra vida, en Pamplona y con la familia, discurría apaciblemente dentro de unas y otras actividades logrando crearme un prestigio y un acomodo que desde luego no venía acompañado por un auge económico en manera alguna, si no meramente en un digno estar, pero nunca pensé en la medicina como procedimiento para hacerme rico si no solamente para vivir " del altar " como decía San Pablo. No obstante mi frustración por el escaso avance de los planes de reforma y rehabilitación en el Hospital eran muy grandes.

 

¿Deseas seguir leyendo el 7º Capítulo?.Adelante pues:

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[1]  Azcarain Diez J. “El Nacimiento y Consolidación de la Asistencia Psiquiátrica en Navarra, (1868-1954) Publicaciones del Gobierno de Navarra. Pamplona 2005. ISBN  84-235-2824-3.

[2] Lizarraga Larrión, Javier.” La Casa del Tejado Colorado.” Publicaciones del gobierno de Navarra. Pamplona, 1993.

[3] Jimeno Valdés. A. " El alcoholismo en Navarra. Epidemiología 1969, 1970, 1971." Archiv. Neurob. XXXVI, 5, 393-410. 1976.

    [4] Jimeno Valdés, A. " Estado Actual de la Asistencia Psiquiátrica en Navarra". Mundo Hospitalario III, 32, 1971.

    [5] Jimeno Valdés, A. " Cuatro lecciones sobre Educación Sexual" Ediciones Paulinas. Zalla. Vaizcaya. 1972. Libro de 142 páginas.

 

 

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