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                                                           CAPITULO VII

 

                                                      NUEVOS HORIZONTES

DESDE

EL HOSPITAL PSIQUIÁTRICO DE PAMPLONA.

EN SANTIAGO DE COMPOSTELA.

 ( Desde el  1 de Mayo de 1972 a 15 de Mayo de 1978)

 

 

Nota preliminar.

 

            Los sucesos que viví y en los que participé en el Hospital Psiquiátrico de Conjo en Santiago pueden contemplarse como una aventura, o como un muy particular episodio en la historia de la Asistencia Psiquiátrica Española, o como una auténtica guerra en la que lucharon voluntades y entendimientos tanto con los medios lícitos de la discusión como de los ilícitos de la amenaza, el chantaje y aún terrorismo en diversas fases y episodios y producido por personas y instancias diferentes, como se verá. En todo caso y en lo que a mí respecta, y  tal como lo recuerdo,  fue ante todo una época de tremendo trabajo e innovación, de tremendas ilusiones y también desengaños y en muchos momentos, porqué no decirlo, de miedo  duro y puro que recibimos o en todo caso recibí, como suelo decir y decirme primero por la derecha – quiero decir desde la derecha y luego desde la izquierda. Una auténtica experiencia, pues de centro, como la que, salvando las distancias, vivirían después aquellos patriotas de la transición. Y no lo digo como eufemismo, imitando a Ovidio en aquello “de  si es lícito comparar  en   sucesos parvos los grandes…….  “  si licet exemplis in parvis grandibus uti, haec  facies Troiae , cum caperetur, erat”.[1] Sí; Conjo fue también para mí mi Troya.

Por ello mismo es para mí muy difícil, aun después ya de treinta años, ser en primer lugar ecuánime. No lo pretendo pues se trata de unas memorias, no de una historia. También por eso muy difícil recordar mis emociones y opiniones sin incurrir en posibles desagrados, mas en este caso sí que intentaré no herir a nadie en un intento de comprensión de motivaciones y actitudes de quienes estuvieron encontrados conmigo. Mas entender no es justificar sobre todo cuando atañen, como se verá, en algunos momentos a conductas, que me parecieron  no solo antideontológicas sino también  en algún caso delictiva. Desde luego en aquel entonces no entendí muchas cosas que ahora ya comprendo y quiero adelantar ya aquí que todo ello se debió a la enorme complicación y contaminación que el proceso de reforma de Conjo sufrió por la situación previa e inmediata a la muerte de Franco y la consiguiente transición política.

Por ello seré parvo en citar nombres o lo haré solamente al principio manifestando mi clara intención de no ofender a nadie sino meramente relatar en mis recuerdos admitiendo ya previamente también posibles errores de interpretación o recuerdo.

 

 

 

 

 

 

 

  

Primera parte. La situación de partida.

 

1.      Oviedo y el Dr. D. José Luis Montoya Rico.

 

  Vayamos primero a los antecedentes de mi traslado a Santiago de Compostela en su Sanatorio de Conjo.

 

            Mediante las reuniones del famoso grupo de trabajo y también por visitas personales yo estaba muy bien informado de la situación del Hospital Psiquiátrico de Oviedo. Ya he dicho, aunque en parte está ya hoy olvidado, que fue el primer psiquiátrico que realizó una reforma asistencial en serio y moderna. Yo mantenía allí la amistad sobre todo con José García González y posteriormente con Jose Luis Montoya.

            El Dr. Montoya se había formado en Estados Unidos, entonces con gran influencia procedente del Canadá y este a su vez de Gran Bretaña, realmente el centro más importante del desarrollo técnico de los planes de reforma asistencial. El DR. Wing, autor del P.S.E; es decir el protocolo de exploración que sirvió de base al gran estudio piloto internacional sobre las esquizofrenias, era el responsable en la O.M.S. de las directrices de las reformas asistenciales. De la mano del Dr. Wing, y posteriormente del Dr. May,  empezamos a participar entonces y con más intensidad más tarde y desde Conjo en las Reuniones de " Áreas Piloto en Salud Mental de Europa " que no eran nada más y nada menos que reuniones de planificación, seguimiento, investigación y también consejo sobre la ejecución de estas directrices en las áreas que quisieran sumarse a las reformas. El Hospital de Oviedo fue el más importante y precoz de los españoles en estas reuniones. Posteriormente se añadieron a partir de 1972 los de Conjo, Leganés en Madrid y poco a poco muchos más, si bien ya por entonces fueron diluyéndose estas reuniones a partir de 1980 que yo sepa.

 

            El Dr. Montoya en Oviedo, con  el Dr. Mezquita era director gerente y por lo tanto responsable y ejecutor máximo en Oviedo de la reforma. Yo creo que no se le ha agradecido suficientemente al Dr. Montoya su difícil labor en aquel entonces.  Por aquel entonces nos manteníamos en el Grupo de Trabajo en el escueto plano de la reforma asistencial técnica y médica.

            El Dr. Montoya era alto de cuerpo; ligeramente inclinado de espalda, de lenguaje pausado y a veces un poco inseguro, de ideas claras y de ejecución débil. Débil también en los momentos difíciles y acostumbrado sin duda a conseguir e intentar el consenso en grupos y gremios. El tenia también una importante formación psicoanalítica como era habitual en Estados Unidos entonces y este lastre, si se me permite hablar así, se hacia notar precisamente en esa cierta debilidad. Es más la debilidad se tornaba en evasión. Era un excelente compañero y un agradable director, que en educación y amistad plena nos hacia la vida agradable mientras, desde luego con la ayuda de todos, íbamos llevando a cabo unos planes importantísimos de reforma. El en Oviedo. Yo posteriormente en Santiago. Pero estamos todavía en el año 71  0 72 y yo a pesar de las reuniones no conocía bien el fondo interno y los intríngulis políticos de la reforma de Oviedo, y el personal de Oviedo, y la situación, ideologías o creencias de las personas, o algunas de las personas de Oviedo, ni por ello de sus profundas y distintas motivaciones, pues yo solo me ocupaba de lo profesional e incluso de la gran política del país estaba totalmente alejado.

            El caso es que los reformadores de Oviedo, no sabiendo si debo excluir o incluir al Dr. Montoya en ello, tenían un fuerte compromiso ideológico y político con lo que se llamaba socialismo y que en gran parte era comunismo, Quizás, muchos desde luego, estaban en la mera reforma democrática, pero los más, como en aquellos lejanos y trágicos días que vivieron nuestros padres, estaban más bien en el aprovechamiento del río revuelto de la reforma "democrática" para pescar el resultado del régimen autocrático.

           

            El Dr. Montoya tenía una numerosa familia, entonces de hijos todavía pequeños. Disfrutaba con múltiples aficiones entre las que recuerdo la fotografía y la música. El me perdonará, espero, que a pesar de la amistad y la convivencia, también entre familias, me produjera siempre una cierta inseguridad, duda o incluso a veces desconfianza, debido sobre todo a esa debilidad suya expresada después en su reiterada ausencia en los momentos más difíciles en los que nos tocaba a los demás lidiar la situación. ¿No puedo opinar sobre su conocimiento, temores o deseos  respecto las personas que colocó en las jefaturas y demás puestos de Conjo y que debía conocer bien desde Oviedo. Quizás el Dr.  Montoya[2] pensó que aquellas huelgas tuvieron  una justificación puramente asistencial médica y que por ello no tuvo reparo en colocarlos en Santiago, conociendo su innegable competencia profesional y su compromiso respecto a una reforma psiquiátrica bajo los auspicios de la Psiquiatría  comunitaria.  Claro está que cuando en cierta reunión más tarde en Santiago yo quise desligarme de lo político para centrarme en los meramente asistencial o " tecnocrático" como entonces se decía, me contestaron: Es que todo es política. Y quizás tenían razón y era yo el equivocado o el que jugaba con cartas insuficientes para tan graves reformas. La historia, que no es nadie juzgará, aunque  me temo que no lo hará, pues  salvo a algún investigador futuro de la historia de la psiquiatría ¿a quién han de interesarle esas  guerras ya  tan antiguas?  Su motivación, lo entendí después, fue esencialmente política, pero esto es adelantar los acontecimientos.  El caso es que por otra parte el Dr. Montoya también contrató a una serie de enfermeras que fueron las llamadas "Encargadas de unidad ",  que procedían de Oviedo y que manifestaron con gran esfuerzo y entereza un compromiso médico asistencial y no político. No hará falta que diga al buen entendedor de todas formas,  que quienes estábamos en esta posición eran tildados por los otros de regresivos, o tecnócratas o de "derechas" lo cual  se transformó luego como era de esperar  al insulto de  "fascistas"   cuando llegó el caso, quiero decir, su caso, por supuesto no por todos ni siempre. Un recurso muy hispánico, el del insulto, cuando se discrepa de la opinión. Pero ya verá el que leyere que esta gran crisis y lucha “desde la izquierda” fue precedida por otra “desde la derecha”. Así coloquialmente en nuestra familia decíamos que nos habíamos quedado como los “rapantes”; es decir, como aquel pescado basiplano de buen recuerdo y mejor sabor. El rodaballo o rapante.

 

            En Oviedo estalló la crisis, que no conozco  si no por los periódicos de dentro por una parte y los panfletos de fuera vehiculados todavía por aquel esperpento de la Estación  Pirenaica de "Radio España Independiente" financiada,  desde Moscú.

            La crisis fue de índole sindical en apariencia y de fondo político en sus directivos y en el fondo. Consistió en una serie de huelgas seguidas paso a paso por la citada estación de radio como si se tratara de una guerra. Terminó por la expulsión del Hospital de un sin fin de personas, médicos y no médicos. Otros se marcharon voluntariamente. Quizás para estas fechas de la crisis final de Oviedo, Montoya estaba ya trabajando en Santiago. No lo recuerdo bien.

Y verá, quien leyere, que en Santiago sufrí y sufrimos los pocos que conmigo quedaron, dos crisis  guerras, como decía una desde la derecha inmovilista, otra desde la izquierda anarcorevolucionaria. Mas vayamos por partes. Describiré primero el Sanatorio en su situación física y funcional. Luego me referiré a la situación de la medicina en Santiago de Compostela en aquellas fechas y por último en una segunda  parte las actividades, esfuerzos y resultados en la primera etapa, y en la primera lucha de la reforma psiquiátrica en aquel centro y lugar.

 

 

            2. Sanatorio Psiquiátrico de Conjo en Santiago de Compostela.

 

            El caso es que la crisis de Oviedo coincidió casi secuencial o temporalmente con el inicio  de la fase institucional de la Reforma del Sanatorio de Conjo. (Escribo Conjo y no Conxo, puesto que escribo en español) Denomino Institucional a la fase inicial o política y en la cual los responsables de la psiquiatría manicomial, que eran las Diputaciones provinciales, se avergüenzan del estado del Manicomio y se plantean su mejora o reforma.

           

 

            El Sanatorio de Conjo estaba instalado en el barrio de Conjo, antiguo municipio, ahora englobado en  el municipio de Santiago.  El nombre es famoso en la historia de Galicia, pues en la época del Resurgimiento tuvo lugar en él un banquete llamado “Banquete o cena  de Conxo” de índole conspirativa y revolucionaria que no llegó a nada pero que quedó en la memoria como esfuerzo del galleguismo frustrado pero ensalzado románticamente.  Allí existía un primitivo monasterio mercedario con restos de un precioso claustro románico adosado a algún "tránsito" renacentista. La enorme iglesia del Monasterio era, es, la iglesia - parroquia del barrio. Todo ello en una gran finca de eucaliptos, huerta y árboles frutales surcada por el río Sar - en su fase más sucia y no en la Rosaliniana de zonas más altas de Santiago,  también lo surcaba la vía del tren.. Ambos río y vía  sin protección alguna. Se suponía en el antiguo régimen que los enfermos no abandonaban el edificio.  En el centro de la finca el edificio principal del Sanatorio. Como siempre un enorme cuadrilátero dotado de una magnífica escalera imperial adornada de abundantes mármoles y estucos. El resto grandísimas salas en camas continuas; suelo  de tarima, ventanas de escaso cierre, y servicios higiénicos casi inexistentes. El cuadrilátero con sus crujías distribuía cuatro patios interiores por los que corrían canalillos de agua. Los enfermos desnudos a primera hora de la mañana  en toda época del año se colocaban sobre los canalillos y el enfermero cuidador con una gran manguera a presión limpiaba traseros y delanteros a joven o viejo, incontinente o incontenido, pero eso vendrá más adelante. Lo de los cuatro patios derivados por la estructura de las crujías remedaba curiosamente al Hostal famoso de la Plaza del Obradoiro y que lógicamente también frecuentábamos los médicos o al menos algunos como yo. La comparación resultaba tanto más impactante en la reflexión continua de los abismos entre los ricos y los pobres, los desheredados y los detentadores de la fortuna de la vida....  Ello nos animaba a todos, y no solo a los politizados, al trabajo, casi misional de la Reforma asistencial....

 

            El caso es que los edificios, el sanatorio como institución, el personal todo etc. etc. pertenecían a lo que en Santiago se denomina la Mitra; es decir, el arzobispado poderoso y magnífico de la gran sede arzobispal. La mitra había arrendado ! pásmense ustedes !!! el Sanatorio a una sociedad anónima de la que formaban parte el Banco Simeón y otros pudientes de la ciudad. El arzobispo cardenal Quiroga Palacios  decidió, en valiente criterio, que la situación no podía continuar así, y conminó a que se disolviera la sociedad mercantil y vendiera el centro a la Diputación Provincial de La Coruña que habría de proceder a las necesarias reformas. Todo ello era aún más ofensivo si se considera que el Sanatorio obtenía pingües superavits cada año que repartía entro los accionistas de la Sociedad y que por ello de ninguna manera deseaban disolverse. Los ingresos que producían dicho superavit procedían en su mayor parte de las cuotas que pagaban las Instituciones por cada enfermo ingresado y también de algunos privados, como diré más adelante, que gozaban de los correspondientes privilegios. Por supuesto que situaciones análogas se daban en el resto de los Manicomios de la época como muy bien puede leerse en la monografía sobre el Manicomio de “La Casa del Tejado Colorado” de Navarra que citaba anteriormente.

El Presidente de la Diputación, que acogió estos deseos del cardenal se llamaba Porto Anido, por supuesto  político del Régimen, que con otros muchos también en su época trajeron reformas y adelantos importantes en lo social y que es preciso recuperar y se recuperará en el cultivo de la Memoria Histórica ahora tan de moda. El diputado consejero responsable más directo Sr. D. José Luis Mariño.

 

            Los primeros esfuerzos de la Diputación se dirigieron como suele ser habitual a la reforma arquitectónica. Construyeron en un patio un inmenso comedor. Ampliaron con unas feos añadidos hacia el exterior los patios y salas de estar. Distribuyeron generosamente agua caliente, calefacción y mejor ropa institucional que sustituyera al standard que llevaban los pacientes: mono  de dril azul sin nada debajo y corte de los cabellos al cero. Sin embargo la reforma más importante que permitió todo el desarrollo posterior fue la transformación del Sanatorio en una Fundación Pública lo que permitía su gestión con métodos empresariales y autónomos deslindados del funcionamiento funcionarial de la Diputación. Ello no empece que las condiciones laborales fueran realmente estupendas, - entre otras estaban previstas jubilaciones con el cien por cien del sueldo,-  en cuanto a estabilidad, progreso y régimen de bajas y jubilaciones. En fin, el mecanismo que ahora se quiere poner en marcha en la Seguridad Social.

            El funcionamiento de estos centros era autárquico en casi todos. Granjas de cerdos y grandes huertas de patatas producían casi todo el condumio. Una lavandería sobre un pilón del río cuidaba, es un decir, la ropa sucia llevada siempre en enormes hatos sobre la cabeza de los pacientes. El centro tenia pequeño quirófano y un cirujano. Clínica y  enfermería con su internista, y hasta batipsterio en su gran capilla central, que nunca faltaba ( aparte de la primitiva del monasterio que servia, como decía, al pueblo ) y pásmense otra vez  ! cementerio ! Algún parto debió producirse aún antes de la supuesta liberación sexual que según prensa adversa y conservadora trajimos nosotros, pero en todo caso eran frecuentes los óbitos que no salían de allí ni de cadáveres, quedando enterrados a estilo claustral  simplemente con el sudario sobre y bajo la tierra. He de recordar aquí las primeras páginas de estos recuerdos sobre el Sanatorio de Quitapesares, que sin embargo no "gozaba" de tan drásticas características seguramente por haber sido su fundación mucho más moderna que el de Conjo.

 

            El arquitecto de la Diputación y por su encargo ya había elaborado un enorme proyecto, quiero decir un proyecto para un edificio enorme, que fue nuestro primer sobresalto al llegar. Un edificio que preveía centralizar la psiquiatría de toda Galicia !! 2000 camas y derribo de caso todo el edificio anterior. Los planos de este proyecto ocupaban metro y medio de estantería en el despacho de la gerencia del centro. Son cosas que pasaban entonces.... y ahora.....

            Cuando llegó el Dr. Montoya - ya he contado - ya se había construido dentro del recinto un gran comedor cubriendo un patio y se habían ampliado algunas salas de estar por el procedimiento de sacar al exterior del edificio noble una especie de excrecencias en construcción moderna rompiendo toda estética y en nuestra opinión, también toda funcionalidad.

            Montoya insistió en que no se trababa de una reforma del edificio sino una reforma de la asistencia psiquiátrica en la  Provincia de la Coruña, pero que en consecuencia sería una reforma de la Asistencia Psiquiátrica en toda Galicia y demás regiones de influencia. “No ladrillos si no servicios, es lo que hay que crear”. Volveré sobre todos estos temas aunque sea de forma sistemática dado el carácter de memorias y no de historia de esta narración. Os contaré cómo llegué yo a Conjo y abandoné Pamplona.

 

 

 

            3. Obtengo plaza de Jefe de Servicio en el  Sanatorio Psiquiátrico de Conjo en Santiago.

 

            Naturalmente que me avisó el mismo Montoya. Se iba a proceder a la organización de momento de tres equipos asistenciales responsables de los tres sectores asistenciales en los que se dividiría la Provincia: uno alrededor de El Ferrol; otro en la misma Coruña y el tercero alrededor de Santiago. Principio básico pues la sectorización adoptada por la O.M.S. como estructura y filosofía básica para luchar contra la manicomialización producida por la acción de fondo de saco y selección negativa de los pacientes: Un solo sector, un solo equipo, un conjunto completo de medios e instituciones para cada sector. Prohibido el traslado de los enfermos de un sector a otros. Puestos y equipos con dedicación exclusiva y sueldos suficientes. Autonomía en el funcionamiento. Tareas de organización y reforma básicas  y con el necesario  apoyo oficial.... y  todo un equipo de médicos y auxiliares bajo su supervisión y organización. Es decir aparentemente exactamente lo que soñaba y deseaba por entonces y con posibilidades reales de realización y eficacia.

 

            Quizás la línea divisoria entre la madurez y el comienzo del declive es precisamente el entusiasmo creador del saber acumulado que todavía perdura en la primera, y la primacía del acomodo personal y la seguridad en la segunda. Yo me encontraba todavía en plena situación de creación, casi al comienzo de la madurez en este sentido del desarrollo profesional y no pensé en mi cómoda posición en Pamplona de funcionario de por vida de la Diputación Foral !! que trocaría por un contrato laboral, si bien indefinido. Otros muchos se espantaron que echara por la borda un magnífico prestigio profesional y personal que tenía en Pamplona, así como todas las posibilidades de desarrollo científico y económico que se me abrían por delante. Yo no ignoraba de todas formas que si se permanece mucho tiempo en un sitio el resultado obligado es el de cierta rutina y adocenamiento y el ser barrido por nuevas gentes e innovaciones que puedan venir detrás. La tarea importante de la reforma asistencial y la creación de equipos y residencias en las que pudiera ejercer mi enseñanza no tenían visos de poderse cumplir en Pamplona en muchos años. Se vislumbraba además ya un inicio del nacionalismo terco, agresivo y provinciano del que no queda más que huir como me habían enseñado muy bien la historia del desarrollo del nazismo en Alemania y la ventura de los que supieron marchar a tiempo. Por otra parte gozaba del apoyo y entusiasmo continuo de mi familia; es decir, de mi esposa, que alentó siempre mi trabajo y su fe en el mismo, bajo el lema también de que la diversificación cultural y geográfica en la formación de nuestras hijas. Nada nos pareció y nos sigue pareciendo tan penoso como el provincialismo.

            Así que me interesé por las plazas de Jefe de Servicio del Sanatorio Psiquiátrico de Conjo y que salían a concurso público de méritos más entrevista personal.  Montoya dijo que quería gente de categoría para los puestos más responsables y en dedicación exclusiva, por lo que los sueldos tenían que ser atractivos, y lo eran en aquel momento.

            Estábamos en 1972. Viajé solo a Santiago para la entrevista, alojándome, lo recuerdo perfectamente en el Hostal Argentino situado en la plaza del Castromil, en el centro de Santiago y que todavía ostentaba su  peculiar edificio. Allí se alojaron también otros cuantos aspirantes a las plazas pero no recuerdo a ninguno, salvo al Dr. Amat Aguirre, un compañero de Valencia que durante años colaboró con el Prof. Barcia Salorio y que gozaba de un gran prestigio. Se extrañaron que se presentara al concurso, pero parece que después se retiró o rectificó no aceptando el cargo.  La entrevista fue muy solemne, como prueba de que tomaban muy en serio la reforma del Hospital. Estaba además de Montoya el Presidente de la Diputación y el Presidente de la Fundación Pública Sanatorio de Conjo Srs. Porto Anido y Mariño Cea respectivamente. Me asediaron a preguntas y contesté en largas y firmes parrafadas sobre los desarrollos modernos en psiquiatría asistencial, sobre mi larga experiencia en Alemania, y en Navarra, sobre los motivos que me inducían a solicitar la plaza y sobre mis esperanzas y deseos de realizar una reforma asistencial basada en la medicina y sus dimensiones psicosociales. Expuse también mis intereses en el conocimiento o ciencia en general y mi deseo, si fuera posible, de colaborar con la universidad y la cátedra de psiquiatría. Este era otro aliciente de Santiago, al menos en teoría, ya que en Pamplona solo existía la universidad del Opus con su peculiar clima y funcionamiento

            Yo no dudaba de que me darían la plaza, pues sin faltar a la verdad aunque quizás sí a la modestia, pocos psiquiatras en España en edad de merecer entonces podían presentar un expediente y un curriculum tan brillante como el mío y por si fuera poco dominaba ya las tablas y el teatro necesario para hablar en público, lo cual no impedía que odiara y temiera el circo de una oposición que no querría tener que sufrir nunca. Pero la entrevista no era una oposición sino una conversación temática. El primero que quedó satisfecho fui yo mismo de mí mismo.

 

 

            No contaré los avatares y sufrimientos de la búsqueda de una casa en Santiago. Del ambiente caciquil y estrecho, de la necesidad continua del patronazgo y de las amistades; de la desconfianza primera de sus gentes a todos los niveles y de la entrega ilimitada en cariño y amor después. Galicia era así. Hoy creo que ha perdido mucho de sus esencias. Desde luego no atisbaba siquiera cómo se desarrollaba la medicina en Galicia. Santiago era para Galicia el emporio de la ciencia y los médicos la clase social más poderosa y más rica de la ciudad. Toda la ciudad estaba llena de chiringuitos médicos y los pacientes acudían desde las más lejanas aldeas y aún de zonas limítrofes del Bierzo, Portugal y aún Asturias. Se operaba en los garajes, en las cocinas de las aldeas, y en los pisos de todas las casas. Los anuncios de médicos eran grandiosos. La mayor parte de la población gallega compuesta por aldeanos autónomos miserables en costumbres cotidianas pero ricos en ahorros dinerarios conservados para el Sr. Notario el Sr. Veterinario y  el Sr. Médico. Los médicos con los arquitectos promovieron el llamado ensanche de Santiago, denominado también el estreche por la mezquindad de su desarrollo, la oscuridad de las viviendas y el raquitismo especulativo de la distribución de los inmuebles.   La llegada de unos pobres médicos que no iban a tener consultas y que vivirían a sueldo dejó a todos pasmados y desde luego no se lo creían; luego cuando fue produciéndose la revolución de Conjo dijeron que lo entendían  ah !!! eran todos comunistas !! y por lo tanto yo que no lo era me vi suspendido en la línea de nadie de la ideología y del establishment social, pero poco a poco lo contaré pues la historia es tremendamente larga e interesante, como para llenar media vida o toda entera si se acude a la documentación.

 

            4. Conjo. Sobre su   arquitectura y  su  entorno.

Restos del claustro románico:

           

Yo he sido siempre inquieto. Inquieto en el aspecto motor. Me cuesta estar sentado mucho tiempo seguido. Las reuniones sobre todo me enervan pero incluso el trabajo cotidiano de psiquiatra que goza dentro de la medicina de los raros privilegios de ser "sentado y sin sangre" como yo suelo decir, me resulta en seguida gravoso precisamente por el obligado estar sentado. Por ello siempre de vez en cuando tengo que ausentarme del trabajo, clínica o lo que sea para darme un garbeo. El problema viene desde luego de antiguo. Tan antiguo que lo tenía también mi padre. Pues bien, a mi me pasa lo mismo o casi lo mismo. En el mismo Colegio de Santa Cruz tenía con frecuencia que ir a pasear por el claustro o subir por una escalera y bajar por la otra. En el Campamento de Monte la Reina me encantaba estar escaqueado; es decir, estar donde no debía estar. O incluso antes: en el Colegio de los jesuitas de  San José de Valladolid donde estudié las enseñanzas inferiores y medias.. Recuerdo cuantos recreos los pasaba en la biblioteca de los frailes o tenia que ir a la capilla por el mero gusto de dar un paseo, así estaba permitido siempre. O incluso algún buen padre profesor  amigo me dejaba la llave de su cuarto para que entrara en el en el recreo y sobre todo después de comer, pues ya me gustaba echarme la siesta y ello no estaba previsto en el Colegio. Incluso en el Hospital Clínico donde ahora estoy y trabajo en Valladolid de vez en cuando bajo en el ascensor o a pie un par de pisos  y vuelvo a subir por otra escalera. En el hombre además hay un omnímodo pretexto. Ir a hacer pis. No es poliuria. Es entretenimiento.

            Pues bien; de todos los sitios donde he trabajado, fue Conjo el que mejor se prestó para ello y antes de entrar en los trabajos y sucesos bien podría escribir algo más sobre el entorno y la finca.

            Estaba pegada a la ciudad; El pueblo, como allí decían, que era Santiago. Había sido municipio independiente y era famoso en aquel momento pues en el monasterio se celebró, creo que en el siglo pasado, una reunión política clandestina dentro del levantamiento o resurgimiento romántico de aquel momento y que dio grandes frutos en las letras pero escasos en la política. Por eso el nombre y el lugar no fueron ajenos a las luchas políticas que protagonizó el mismo sanatorio en aquel mismo lugar.... 

            Hoy día, o mejor dicho, en aquellos días conducía al Sanatorio una carreterita-calle que salía de la circunvalación del Santiago por su parte Sur no muy lejos del Campus Universitario. Los barrios de las grandes ciudades en Galicia adquieren rápidamente el aspecto de aldeas. Adquirían, pues ahora después de los sucesivos años santos y de las grandiosidades del desarrollo  ha ido cambiando el carácter de todo y Santiago ya no es ciudad provinciana,  sino gran ciudad. Sí; Galicia, a pesar de todo, sigue estando a trasmano. Finisterrana, y propia por lo tanto a las lejanías, aislamientos y singularidades.

            Se entraba por los restos nobles del claustro romántico. En seguida venían sus ampliaciones barrocas donde se ubicaban administración, porterías y otros servicios. En un ala de segundo piso hicieron una serie de despachos y salas de reuniones para el director y los jefes de servicio, uno de los cuales, el del sector uno, era yo. El despacho era grande. Amueblado todo en nuevo. Las paredes de piedra granito rezumantes de humedad, pero acondicionado por la calefacción, el revoque y demás elementos podía parecer moderno, salvo por las pequeñas ventanas. La vista a la plaza del pueblo, que era la plaza de la Iglesia, que era la grandiosa antigua del sanatorio pero que no pertenecía al mismo, sino que era la parroquia de aquel barrio.

            Saliendo de esta zona administrativa se avanzaba en suave declive hacia el Sar que corría como un kilómetro más abajo (dentro de la inmensa finca) y  se entraba en una zona de jardines y paseíllos entre lo que destacaba un pequeño estanque.

            El estanque tenia en su centro una islita y en la islita una casita como casa de muñecas destinada a unos patos, con sus patitos que habitaban aquel lugar. Los pacientes los echaban migas de pan y nosotros también nos deteníamos a veces un ratito. Su graznar daba al lugar - al principio - un aspecto apacible, doméstico y acogedor, salvo la inevitable basura que se acumulaba en más de un rincón. Este estanque, sus patos y la casita, fueron desmontados por Porto Anido que se hizo cargo de la dirección-gerencia al cese de Montoya como gerente, después de la crisis más  grave. La oposición dijo que con ello había matado definitivamente la inocencia. La verdad es que en Galicia se palpaba entonces una enorme utopía y  contradicción: El deseo de su desarrollo económico, pero con conservación de sus esencias rurales y arcaicas…

            Avanzando - descendiendo- como digo algo así como 400 metros se dejaban a la derecha unas casas medio derruidas, con aspecto también de casas viejas de aldea. Allí se encontraban varias unidades reservadas para geriátricos o deficientes mentales. A la izquierda en otros restos de edificios pegados parcialmente al que he citado anteriormente se encontraban algunos servicios de cirugía, medicina interna, rayos, pequeño laboratorio y electroencefalografía y odontología. Estos servicios estaban cubiertos por médicos independientes bajo el principio organizativo de autonomía o autarquía total del centro. Por ello mismo el Sanatorio tenía también hasta un pequeño quirófano y pasase lo que pasase los pacientes no salían del centro. Una de las reformas administrativas importantes fue precisamente conseguir que los pacientes psiquiátricos fueran atendidos en los servicios médicos correspondientes de Santiago, sea hospital de la diputación para los carentes de Seguridad Social, o bien en el Hospital General de Santiago de la Seguridad Social para los demás. Ello ya costó enfrentamientos con el cirujano  sobre todo en el momento de cerrar lo que nos pareció un inmundo quirófano. Los otros especialistas fueron razonables  y yo creo que más bien se aliviaron de un gran peso ante nuestras reformas, pues no podía ser grato trabajar en aquellas instalaciones obsoletas e insuficientes.

 

            Avanzando desde estos últimos edificios comenzaba la finca propiamente dicha. Recuerdo en primer lugar un magnifico paseo flanqueado de maravillosos nogales y almendros, me parece. En todo caso las numerosas cosechas de estos árboles desaparecían en pozos administrativos sin fondo, pero después de las reformas servían para todos, incluidos los enfermos durante reuniones y consultas como aperitivos y entretenimientos. Algún magnífico  nogal tuvo que caer en esta época y fue trabajado en laborterapia. De ahí procede, por ejemplo, la caja de un precioso  reloj de mesa hecho a imitación de uno antiguo de revista y al que yo doté de maquinaria y aditamentos.

            Al lado de este camino huertas grandes con toda clase de hortalizas como era clásico en este tipo de establecimientos y que trabajaban los pacientes en general. Había también por allí un gallinero. Un palomar, creo recordar y un lavadero hecho al estilo de los existentes en las aldeas gallegas y que servían simultáneamente de abrevaderos. Este lavadero estaba todavía en vigor cuando yo llegué y tengo alguna foto de pacientes desarrapados llevando sobre su cabeza inmensos fardos de ropa hacia o desde el lavadero. Eso movilizaba a muchos pacientes sobre todo mujeres. Siempre en Galicia han llevado todo sobre la cabeza y era admirable el equilibrio con que lo portaban todo teniendo además en cuenta la obesidad que tenían casi todas, las pacientes sobre todo y todos los manicomios de la época debido a la dieta habitual de patatas más haloperidol o meleril.

            Por las mismas veredas y alejándonos cada vez más del edificio principal que luego describiré, y caminando hacia la izquierda y frente se iba llegando a la zona fragosa o de monte de la finca. Bosquecillos de eucaliptos alternando con pinos. Algún roble suelto y al fin... !oh prodigio!  el caucecillo del Sar que atravesaba de parte a parte en su fondo a la finca. No era fácil llegar a él. El terreno estaba ya lleno de lianas y maleza. No regular, caído y levantado y ....en muchos puntos llenos de suciedad. Plásticos, restos de ropas, basuras de interminables meriendas... si sí de los propios enfermos en general que paseaban "sueltos " por estos lugares y que se encontraban en escondite a veces también para encuentros sexuales todo de forma incontrolada y refiriéndome a las épocas anteriores a la reforma.

            El Sar, al menos en el Sanatorio, que arrastraba ya las basuras de Santiago no tenia nada que ver con el que cantaba Rosalía, o el que podía admirarse en la Santa Susana a la vera de la Colegiata del Sar apoyada en sus contrafuertes inclinados, y sus arbotantes grandiosos. El Sar en el Sanatorio era pequeño, un tanto torrentera e indescriptiblemente sucio. Sucio en color gris arrastrando visiblemente trapos y distintos tipos de  mierda, más la inevitable espuma de detergente. Todo eso lo tuvimos que conocer y palpar bien desgraciadamente, pues más de un enfermo en aquellos años se suicidó arrojándose a la corriente, y murió, claro, encontrando el cadáver aguas abajo, siempre detenido y enredado con las ramas y hojarascas de las riberas. Era un espectáculo tan triste como repugnante. Olía mal, desde luego, y sin embargo ejercía una cierta fascinación a nosotros y a los pacientes acercarse a aquel regato, pues no era mucho más y pensar lánguidamente en Rosalía y en el poder evocador y transformador de la poesía llevándonos meditativamente al Danubio no azul de Viena y al machadiano Duero tampoco limpio de Soria.

 

            No acababan aquí las singularidades de la finca, tan inadecuadas para un Sanatorio. Se extendía todavía más allá del río lindando con las carreteras a Lugo, si no me equivoco pues todo ya me aparece un tanto lejano. Y al fín  Sí; a la finca la atravesaba también cerca de su linde suroeste la vía del tren!!! el tren. Allí ya no llegábamos ni de paseo. Volvía a estar un poco en alto y esa zona además me parece que estaba protegida por alambradas. Siempre insuficientes. Siempre con algún agujero. Siempre también con algún suicidio. Solo recordaré uno. Un paciente epiléptico que lo que quería era solamente que el tren le cortara un brazo para poder ir a pedir al pueblo; es decir a la ciudad de Santiago. Y es que nuestros enfermos, sobre todo en la primera fase de la liberalización invadieron cafeterías y paseos de Santiago pidiendo un patacón  o al menos unas perriñas. Todo se nos antojaba tan primitivo.... y a la vez tan entrañable..... Ya explicaré porqué el impacto de todo ello era en Santiago doblemente acervo.

            En una zona de estos vericuetos que describo, por más escondida y fuera de la senda más o menos pisada, descubrimos una vez unas piedras más que regulares colocadas a manera de un dolmen y con  !Oh maravilla! ofrendas de florecillas silvestres cortadas a sus pies. Vigilando un tanto averiguamos que un paciente parafrénico... o lo que fuera, realizaba allí sus cultos pagano-psicóticos. Claro; Galicia más enfermedad mental: !La locura !!!

 

 

            5. El escurialense edificio central.  Letrinas, sarnas y piojos. 

 

            Queda por describir la pieza más importante y a lo que ya me he referido: el edificio central del sanatorio. Tenía la misma planta que el Hostal de los Reyes Católicos, como ya he dicho,  y que el Escorial. Inmenso cuadrilátero, con cuatro patios internos separados por crujías o tránsitos. Estilo herreriano. Material: granito a cantera de arriba abajo. Tejados de pizarra y juntas de plomo. Ventanas: todas con magnificas rejas de hierro. Interior camas y camas.

 

Camas y camas unas sin resquicios apretadas  junto a  las otras. Un resto de capilla que se denotaba por la existencia de conchas de piedra para agua bendita al comienzo de una de esas crujías, también llena de camas. Camas de tubo de hierro en despintado blanco. Deshecho, sin duda de los demás hospitales. Mantas del ejército marrones a franjas blancas y más de borra que de lana. Por supuesto sin colchas. Ninguna mesilla de noche. Ningún cuadro. Ninguna decoración. Ningún calendario. Ningún reloj. Ninguna televisión. Ninguna sala de estar. Sala una común con enfermos apilados por el suelo y agarrados a los radiadores, en tenso calor humano. Salidas a los patios. Salidas al exterior escasas. Servicios higiénicos casi inexistentes. Ni siquiera había muchas escaleras. Una debía bastar por todas. Al fin solo se utilizaban dos veces al día. Una para bajar de los dormitorios y otra para subir a los mismos por la noche.

            Efectivamente el edificio, como siempre, proyectado por un cardenal de la mitra compostelana y al estilo del mejor Renacimiento Italiano. Claro que abundaba más el estuco que el mármol, pero en todo caso la escalera principal que arrancaba de un amplísimo vestíbulo era imponente. Escalera imperial con sus dos ramas. Mucho mayor que la del Casino de Madrid. Similar, me parece a la del palacio de Riofrío de Segovia. En curva majestuosa y en enorme luz que proporcionaba un fanal acristalado en la bóveda. Allí se celebrarán las asambleas abiertas en su momento y allí las reuniones cumbres de los episodios revolucionarios. Allí por donde apenas osábamos subir pues entraba el padecimiento de la agorafobia,  el vértigo, y del inadecuado y  esperpéntico decorado.

            Las otras escaleras eran de madera. Muchas celdas también construidas en provisionalidad crónica con madera (así  de bien ardió después el Sanatorio ) Escaleras de palomar o desván. Escaleras que apenas podían subir los ancianos. Escaleras llenas de orín en sus esquinas. Sí, los pacientes orinaban por las esquinas, y por las ventanas ante la ausencia de suficientes servicios y aun del estado nauseoso de los mismo y también, por que no decirlo, por la costumbre del aldeano gallego, montaraz y vividor aislado en su casiña de aldea, acostumbrado, digo, a no serle necesario los water closet al tener siempre a su disposición el árbol, el prado y el estercolero.

            Quizás sea este lugar el adecuado para describir cómo se hacía el lavado matutino a los enfermos de los pabellones cerrados. Estos no disponían apenas de servicios como decíamos. Salían a su patio correspondiente, que tenia en sus bordes unos canalillos sobre la misma piedra. Los pacientes eran colocados sobre este canalillo desnudos y con una manga de riego el celador les lavaba o mejor dicho, les enchufaba con la manguera sea  verano o sea invierno. Primero por delante; luego por detrás. A continuación se ponían su única vestimenta: un mono de dril azul sin ropa interior. Estaban afeitados en cabeza y barba, pero afeitados con maquinilla eléctrica al estilo de las de esquileo. Por lo tanto barbas y cabellos mostraban los muñones de los cabellos mal alineados y desbarajados. El resultado era tan imponente como quiera el lector imaginárselo. ! No se trabajaba así en Quitapesares 20 años antes !!!!

             

            En aquella época varios hospitales o manicomios discutían entre sí acerca de cual de ellos era el más sucio, el más abandonado, el más terrible. En el de Valladolid se decía que aun subsistían las celdas con paja en el suelo y grilletes en la pared, en Santiago las celdas en la parte trasera del gran edificio estaban separadas por mamparas de madera, lo que luego explicaría su incendio pavoroso, pero no tenían servicios higiénicos. Apenas había. Se desaguaban los enfermos en un canalillo que recorría el borde de los patios. Por la noche o si estaban encerrados orinaban con frecuencia por la ventana hacia el exterior los hombres. Las mujeres seguramente lo hacían contra la pared. Había alguna letrina de tipo francés cuya suciedad incrustaba ya toda la loza de manera permanente. Me permití fotografiarlo como documento histórico que luego de forma espuria apareció en alguna revista sin citar la procedencia de la foto. Las salas de estar insuficientes para el número de enfermos que hacinaban cuerpos y cuerpos, la mayoría en el suelo o agarrados a los radiadores tibios aunque en la sala por el calor humano hacia más bien calor, aparte del insoportable y típico hedor manicomial.         Una de las primeras tareas fue por lo tanto la realización de un chequeo sanitario-medico a todos los pacientes. El resultado fue el descubrimiento de una veintena de tuberculosos abiertos para los que hubo que habilitar una sala. Identificamos además varios casos de sarna y  otros de pelagras carenciales. Algún caso de lepra también que sigue siendo endémica en Galicia. Aparte de ello permanecían en el centro desde tiempo inmemorial y en calidad de asilados diversos enfermos no psiquiátricos si no afectos de enfermedades degenerativas neurológicas, como atrofias sistémicas de Friedrich, miotonias, esclerosis múltiples avanzadas y parálisis infantiles de diversos tipos. Una sala de oligofrénicos profundos constituía el antro más espantoso por el que no solían pasar los médicos hasta que fuimos nosotros. Desde luego los piojos eran comunes.

 

            Todo un submundo repleto de diverso anecdotario completaba el panorama asilar que no era exclusivo de Conjo si no que reproducía lo que se daba por aquella época en todas las partes del mundo y que denunciaron y describieron algunos desde Goya a Pinel. Existía un tráfico interno constituido por diversas miserias. Cigarrillos, cerillas, un plátano, unos caramelos, sellos.... El tráfico con buen beneficio lo llevaban enfermos más avispados o algunos enfermeros también que hacían de recaderos entre el mundo externo y el interno. Algunos pacientes tranquilos salían de paseo y casi todos ellos se dedicaban luego a la mendicidad. Eran algunos tipos conocidos y tolerados en la ciudad que desde Conjo se llamaba "pueblo". Muchos enfermos, desde luego salían a la enorme finca y trabajaban en diversas tareas lo que les proporcionaba alguna libertad para expresar sus delirios. Uno por ejemplo en un recóndito lugar entre los eucaliptos había levantado un altar que parecía una verdadera muestra arqueológica de templo animista. Allí el paciente realizaba rezos e invocaciones al sol. Otras pacientes, siguiendo sus costumbres de la aldea se empeñaban en bajar al río a lavar su ropa. El rió, era el Sar después de recoger las deyecciones de Santiago. Estaba infectado de ratas. Para las pobres mujeres ese ir al río constituía un aliciente. No estaba reglamentado. La atención del hospital se dirigía a mantener en lo posible el orden y controlar las agitaciones y agresiones. Enfermos " tranquilos" de todo tipo podían expresar tranquilamente así su enfermedad. Por lo tanto el centro contaba con infinidad de estados esquizofrénicos finales de un enorme interés clínico y psicopatológico y que desde luego estaban sin estudiar.

            En una ocasión nos visitó el Profesor Ramón Sarró tan interesado en los delirios crónicos y le presentamos varios pacientes que estudió con curiosidad dándonos unas interesantes lecciones de aquellos casos y llevándose abundante material. Le criticamos por querer estudiar el delirio cuando la actitud asistencial-moderna intentaba más bien olvidarlos y encapsularlos.

            También eran emocionantes los casos, espontáneos, desde luego de protección de un paciente hacia otro u otros más enfermos o más débiles. Eran realmente amistades ejemplares que podían expresarse en toda clase de ayudas para el lavado, vestido, paseos, incluso peticiones diversas a los médicos, y también protección frente a otros pacientes. No se trataba en general cuestión de sexo si no de verdadera amistad en esta situación de Institución Totalitaria. Así mismo y tal como está descrito en otros lugares similares, también algunos pacientes tutelaban diversos animales también espontáneos: gatos, perrillos palleiros etc. pululaban por todas partes. Los pacientes echaban miguitas de pan a toda clase de pajaritos y palomas. Venían a comérselas en el poyo de las ventanas, quizás de celdas en las que algún paciente podía permanecer mucho tiempo en aislamiento. Ello se está aprovechando hoy día para terapias específicas para autistas y otros por mediación de animales. Allí se daba todo espontáneamente.

            Otro fenómeno curioso también observado en otros hospitales era la parkinsonización de cerdos y animales de las granjas o de los espontáneos. Resulta que los enfermeros con frecuencia echaban el haloperidol y otros medicamentos en la comida. A veces a chorretes... para aliviar tiempo  y molestias... como los restos de la comida iban a parar a estos animales con frecuencia aparecían impregnados de los neurolépticos, tambaleándose y con mirada extraviada... supongo que alguno moriría.

            Homosexualidad y otras cuestiones relatadas no fueron objeto de investigación especial. Solo sabemos que piojos y ladillas eran también bastante habituales y que hubo que hacer varias veces desinfecciones y fumigaciones generales con ayuda de las autoridades sanitarias.

            Otros enfermos  carecían de toda documentación. Eran con frecuencia resultado de incestos, lo cual era relativamente frecuente en Galicia profunda... En la historia o documento de ingreso constaba solo: Dice llamarse.... o si era oligofrénico sin lenguaje se anotaba "aparente tener la edad de .... " procede de la parroquia de.... ingresa a instancias del párroco por haber aparecido en ....." Podía haber aparecido ya como bebé tirado en cualquier rincón.

            En el marco de estas miserias lo que más nos impactó porque no lo habíamos visto en ningún otros sitio es que algunos enfermos tenían tatuado en su antebrazo el ! número de su historia clínica !!!! Eran efectivamente pacientes mudos o ininteligibles o oligos profundos o malformaciones casi imposibles. Con horror comprobamos que no podía borrarse.

            Frente a ello existían al llegar nosotros unas unidades de privados o de enfermos de pago. Parece ser que existían dos o tres categorías de pago y según ellas recibían unos u otros servicios.

            Los enfermos de primera se asentaban en unas salas al lado de la gran escalera del palacio central. Disponían de sillas de tonné; de salas de estar en mosaicos y plantas con aspecto de balneario decimonónico y  !oh maravilla!!! al lado de la habitación del paciente había otra más pequeña y sencilla para el criado o cuidador que le atendía permanentemente. Ya no quisimos enterarnos si estos eran empleado del centro o pagados directamente por las familias. Familias ricas claro está, que mantenían a su enfermo demente en el lujo que les pertenecía.

            Pululaban también por el centro diversos empleados promovidos a sus cargos por razones de amistad, clientelismo o similares. Por lo general personas incapaces en mayor o menor grado procedentes de familias situadas que encontraban en el sanatorio apoyos de por vida. Eso sucedía en todas partes en hospitales y asilos, sobre todo en los psiquiátricos, como antaño, me imagino yo en los conventos. Muchos eran tipos estrafalarios. Andares periclitados. Visajes estentóreos. Debilidades mentales manifiestas. También los había por la administración. Como contrapartida estas personas eran fieles y leales y colaboraban en lo que podían.

            El clientelismo gallego naturalmente era algo más que un caciquismo anecdótico. Era la forma habitual de vertebración, como ahora se dice, de la sociedad gallega. y así funcionaba en sistemas de antiguo régimen que sin duda incentivarían menos el llamado progreso económico pero que a lo mejor eran más estables en cuanto a estructura social. Yo ya me he convencido que en los asuntos sociales y culturales los problemas son tan tremendamente complejos que una sola persona por muy capaz o culta que se crea jamás puede hacer vaticinios, valoraciones, y cuanto menos actuaciones solitarias. Solamente el consenso de la famosa democracia puede conseguir que las equivocaciones y culpas se repartan entre todos. Pues otro postulado mío es: Nunca es posible que todo progrese simultáneamente. El progreso en un área trae inevitablemente decadencias en otras, de la misma manera que la cultura actual de la imagen está terminando con los residuos del hombre europeo culto basado en la imprenta y el escrito.

            Algunos de los patios tenían marcados sobre su suelo el camino incesante de algún paciente que en marcha estereotipada recorría durante años una y otra vez la misma senda. Caminos marcados en forma de ocho o de triangulo o las más de las veces en circunferencia. ¿Las famosas marcas de Nafta en el Perú no tendrían un origen parecido. ?? No era raro tampoco que algún paciente recluido en su celda orinara por la ventana. El líquido rezumaba por la piedra arrastrando  la herrumbre de la verja.

 

 

6. Santiago ciudad levítica. Santiago y la medicina en Santiago a comienzos de los años 70.

 

Santiago durante siglos y en aquel entonces, fue, era  la única universidad de toda Galicia. En ella la Facultad de Medicina en un tiempo de comunicaciones difíciles, de sociedad sobre todo rural de pequeños propietarios autónomos y en ausencia o escasez de empleados con seguridad social, se servía de una medicina privada en la cual los profesores de la Facultad de Medicina y por extensión todos los médicos y toda la medicina de Santiago constituía el ultimo oráculo curativo. Por doquier existía lo que hoy llamaríamos  impresentables chiringuitos médicos. Grandes anuncios en fachadas y balcones proclamaban cínicas de venereología, de obstreticia, de cirugía, de odontología y así continuaban hasta especialistas de males hemorroidales y  venéreos. Muchos anuncios para mejor comprensión llevaban meramente los términos vulgares del órgano cuya cura se anunciaba: Ojos, Nariz y garganta; partos… Se operaba en cualquier sótano. En cualquier edificio o en todos los edificios. El trasiego de enfermos y parientes que se servían de los transportes de autobús por el tradicional Castromil (con sede en el centro de Santiago en un precioso edificio víctima de la piqueta del desarrollo) era enorme y proporcionaba a Santiago su animación, junto con el mercado,  de por las mañanas. Las tardes y noches estaban reservadas al jolgorio estudiantil. Infinito en sus formas y tan pintado por los escritores de la bohemia y el tipismo como Perez Lugin en “La Casa de la Troya”. Todo ello en la calle El Franco, la rua de el Villar,  la  Azabacheria,   el Preguntoiro o la plaza de El Toral.…. Peregrinos solo acudían en primavera o buen tiempo. Los médicos se servían de diversos trucos para mantener clientela y engordar ingresos. Unos lanzaban a “propios “ y amigos en las ferias y romerías de villas y aldeas donde de boca a boca y oreja a oreja se creaban las famas y categorías. Otros colocaban espías y propagandistas en las consultas de los rivales para manifestar que el Dr. X era “mellor”. Otros tenían un Santiño en la sala de espera  con su correspondiente cepillo donde se esperaba que el cliente agradecido tanto al santo como al médico depositara su óbolo. En muchos casos obtener una cita a tiempo, salvo caso de urgencia, suponía un pequeño – o grande óbolo – a la ayudante del médico que con frecuencia era su esposa, hermana o hija.  En este sentido era famosa una clínica de cirugía dirigida por un magnifico profesor de Anatomía que se decía se servía de su chofer como anestesista. Se decía también que muchos santiagueses llevaban en su bolsillo un pequeño panfleto en el que se indicaba que en caso de accidente  de ninguna manera se les llevara, si estaban inconscientes, a la clínica del susodicho doctor.

Así debe entenderse el terrible impacto que produjeron, que produjimos en aquel entorno, como ya he escrito, unos médicos jóvenes, la mayoría formados en el extranjero,que íbamos a trabajar a sueldo fijo y a tiempo completo y exclusivo para el Hospital, el maldito Conjo , y que se decía ya, que iban a soltar a los locos a la calle, como así pudieron después comprobar.

 

7. Más detalles sobre organización y funciones en “el antiguo régimen”.

 

Quizá es el momento de presentar algo de doctrina que sirva para entender tanto cómo se llegó a estas indescriptibles situaciones, cómo las metas y métodos para reformarlo a fin de cómo decía el Dr. May  en su visita al sanatorio alzando amenazadoramente el dedo ante las salas de abarrotadas de pacientes tirados por el suelo: “Never, never more…” Nunca; nuca jamás ha de volverse a producir o mantener una situación como esta.

Los grandes asilos son fruto desde mediados del siglo XIX de una concomitancia de factores propios de la época:

 

            1. Por una parte la desamortización de los bienes eclesiásticos que privó a la iglesia de mantener sus centros de caridad donde en gran parte residían mendigos, enfermos de todo tipo y otros marginados sociales. Estas instituciones eran numerosas en todas las ciudades, Eran mantenidas por los gremios o por las cofradías y así, por ejemplo el Dr. Cortejoso en su tesis sobre los hospitales de Valladolid llega a contar 32 funcionando simultáneamente. Por ello mismo estos eran pequeños y regidos por la obligada caridad cristiana detentaban un soporte social que desde luego no era otorgado por la vía de seguridad social legislada. Mas tras las desamortizaciones, similares mas o menos en todos los países europeos al fin del antiguo régimen, el estado tuvo que hacerse cargo de estas personas creando para ello los grandes edificios como el de la Salpetriére en París. Precisamente los médicos internistas o generales destinados a estos asilos fueron, como Pinel y Esquirol los primeros que se fijaron en los enfermos mentales discriminándolos de las otras causas de discriminación. Así se inauguró la psiquiatría pesada o manicomial. Existía otra línea, sobre todo en Alemania, que era la línea de las cátedras de psiquiatría y las unidades universitarias adscritas a hospitales generales, que también se inauguraron por esa época. Mas con frecuencia los directores y profesores de esas clínicas eran también directores de los centros asilares por lo que todo quedaba en sus manos. Ese fue el caso de Kraepelin y salvando distancias, personas y situaciones recordaré que también a mi llegada a Valladolid el nuevo catedrático, en la primera cátedra de psiquiatría dotada en la Universidad de Valladolid, fue nombrado director del Hospital Psiquiátrico, del servicio  llamado de prevención y diagnóstico, que era una consulta de psiquiatría en los centros de Sanidad, y también jefe del departamento y servicio de psiquiatría del hospital general. Estuvo pues toda la psiquiatría de la ciudad, o mejor dicho de la región (salvo el área de Salamanca) prácticamente en sus manos.

 

            2. Un segundo factor fue la revolución industrial, que desbarató los sistemas familiares de protección social; acabó con la familia extendida; promovió el trabajo de las mujeres, según continua en nuestros días y aumentó la competitividad por la vida, quedando al margen y en la cuneta los menos dotados, que por necesidades prácticas, por justicia social y por ley (reacuérdese la española antigua  “ley de prevención del delito y de vagos y maleantes”) tenían que ser atendidos por el Estado.

 

            3. El tercer factor es el llamado “vía final común” es decir los grandes asilos  o manicomios eran adscritos a enormes áreas de población. El de Conjo a toda Galicia y de León. En los grandes centros de Palencia había enfermos de toda España…. Ello producía el desarraigo de los pacientes, el distanciamiento de las posibles familias que dificultaban visitas y permisos y por ultimo y sobre todo llegaban  a estos asilos una selección negativa de personas o pacientes cuyos tratamientos o rehabilitación habían fracasado en otras consultas centros o hospitales.

 

            4. El cuarto factor era la escasa discriminación o diagnostico de los pacientes (o más bien deberíamos decir internos meramente como se denominan actualmente a los internados en centros penitenciarios) Ello era favorecido por la legislación existente en cuestión de internamientos. Una ley que en su día ( de la República en 1931) Junto a la indicación médica existía la indicación de ingreso por orden gubernativa ( o sea policial) y si bien era  obligado que en pocos días se emitiera un informe médico para constatar el carácter de enfermo o de mero delincuente de la persona implicada, en la practica y en casos sobre todo de delincuencia menor, altercados en la calle, reincidencias en hurtos alcoholismo etc.. era fácil aceptar la condición de enfermo, salvando al implicado de la cárcel pero condenándole quizás a peores consecuencias al quedar internado sin límite de tiempo y con escasa posibilidades de reinserción real.

 

            5. El quinto factor era también obvio: La escasa dotación en personal y medios que  hacia difícil el estudio pormenorizado de cada paciente aunque a veces, como sucedía tanto en Pamplona como en Santiago solo tenía como toda documentación la del ingreso  y nunca jamás volvía a ser explorado, valorado o diagnosticado. Muchos de los ingresados procedentes de la marginación social, al fin se encontraban muy a gusto en los asilos manicomiales. Tenían asegurada manutención; si eran medio listos se adaptaban vendiendo tabacos, cerillas, chucherías de menor o mayor necesidad, haciendo recados a uno u a otros o desarrollando oficios necesarios en la gran y compleja sociedad que acababan estructurando aquellos centros. Eran pues muchos los peluqueros, porteros, telefonistas, lavanderos. Podían vivir dentro mucho mejor que fuera donde acechaban el frío y el hambre. Ya lo he comentado a propósito de Quitapesares.

 

Frente a estos factores negativos la reforma psiquiátrica científica o tecnocratita como luego denominaron algunos en intento de difamación postulaba las siguientes exigencias.

1.      Organización base de tipo territorial centrada en el concepto de “Sector asistencial” Es decir la delimitación de un área geográfica con su población y a la que es preciso dotar de todos los servicios necesarios para su asistencia, en este caso psiquiátrica adecuada.

2.      Fomento de la asistencia en el seno de la Comunidad haciendo más fluida y gradual el  tratamiento hospitalario respecto el extrahospitalario para lo cual se exige el desarrollo de una serie de servicios intermedios como el hospital de día, el hospital de noche, los centros de laborterapia y de trabajo protegido, las residencias protegidas etc.

3.      El desarrollo de dispensarios concebidos como centros de seguimiento y tratamiento y no de mera consulta. Es básico en este sentido la llamada persecución del paciente consistente en que los responsables del dispensario han de conocer en todo momento la situación de sus pacientes, especialmente si no acude al dispensario el día señalado, En este caso  es obligado el contacto telefónico o la visita a domicilio.

4.      Los sectores naturalmente han de tener una tamaño razonable que  en la práctica vendrá dado por la generosidad de los medios económicos disponibles, Es el dato que mejor define la calidad de la reforma, y que permite la calidad del segundo dato que es la continuidad en el tratamiento y la flexibilidad y movilidad en el mismo aplicando en cada paciente y en cada momento las medidas asistenciales que necesite. Los sectores modelo en el barrio XVI de París tenían unos 40 mil habitantes. Los que inicialmente pudimos organizar en la provincia de La Coruña, desde Conjo, más  de 200  mil. El otro dato importante para evaluar la reforma es la presencia de servicios más o menos especializados dentro del sector o en su defecto su coordinación con centros de referencia  suprasectorial.

 

5.      Respecto a la organización y funcionamiento destacan dos condiciones básicas:

5.1   Los enfermos en cualquier situación no podrás ser trasladados fuera de su sector que por ello ha de contar con todos los servicios necesarios.

5.2    El sector ha de ser atendido por un equipo de profesionales multidisciplinario que “tomará a cargo” a los pacientes; es decir se responsabilizará de su atención en todo momento y situación garantizando la continuidad de los cuidados y de la relación terapéutica. Se exige muy especialmente la continuidad del tratamiento  del mismo equipo o aún del mismo profesional tanto cuando el paciente está ingresado como dado de alta como en situación intermedia. Así se hace imposible el peloteo de los enfermos, o un alta o un ingreso más o menos a destiempo “para quitarse  el enfermo de encima”. Esté donde esté ha de seguir atendiéndole.

 

 

Poco a poco  el avance social y médico fue permitiendo la aplicación de estos principios de la psiquiatría comunitaria,  a partir de la mejoría  de la situación económica, de la concienciación social de estados y sociedad,  y también de  la influencia del psicoanálisis y  el paradigma  desarrollado en aquellos años de la posguerra  ( Años 50 de siglo pasado) centrado  en el paradigma  omnímodo  del origen de la enfermedad mental por  la pobreza y la marginación no culposa.  Mas aquí nos interesa la marcha concreta la aplicación de estos principios en Conjo; es decir, en La provincia de la Coruña; es decir, en Galicia y parte de León,  pues ya dije que el ámbito de recogida de pacientes de Conjo era supra regional y de aquí las fatales consecuencias en cuanto a su manicomialización de la que os contaré algún detalle más.

 

 Conjo  había tenido prestigiosos directores. Entre otros el abuelo, me parece, del profesor Demetrio Barcia. Poco anterior a nuestra época fue director el Dr. Somoza. De él solo sabíamos que había estudiado en Alemania, no se si con Kretschmer o con Schneider. No lo conocí personalmente. Solo vi alguna vez su placa de la consulta, totalmente discreta en una casa próxima a la Herradura, Tampoco recuerdo haber leído alguna historia clínica firmada por él. El caso es que ,según parece, pues mis noticias solo se basan en dichos y rumores que al momento de la venta del Hospital por la Mitra a la Diputación se acordó como una de las condiciones que se nombrara director al Dr. B. Sin embargo el Dr. Montoya era, como gerente responsable completo de la reforma asistencial. Los jefes de servicio que entrábamos lógicamente deberíamos depender de la dirección médica, pero en la práctica dependíamos solo del gerente gozando de independencia completa respecto a la asistencia. Ello suponía ya ciertos desequilibrios funcionales, pues por ley el responsable médico-jurídico del Hospital era su director. Ya volveré sobre este asunto.

Por supuesto que trabajaban previamente a la reforma algunos otros psiquiatras. Todos ellos a dedicación parcial y de variados caracteres y formaciones. Se les ofreció integrarse en los nuevos equipos pero mediante concursos de méritos en competición en las nuevas plazas con los que nos presentamos a ellas. Quien se integraba era denominado como “sectorizado” al igual que los pacientes; quien no quedaba en situación un tanto marginal aunque se adjudicó a todo el mundo trabajo, si bien en unidades geriátricas, o asilares de otro tipo. Con quienes pudimos mantener una cierta amistad bien nos explicaron que no quisieron siquiera presentarse a los concursos pues  consideraban que  ya eran ellos jefes clínicos o adjuntos en categoría idéntica a las nuevas plazas que se ofrecían.   Ello no dejaba de ser comprensible al menos desde el punto de vista laboral.

Solo existía un pequeño equipo de practicantes, según se llamaban entonces o sea de lo que después fueron ATS o enfermería titulada. Trabajaban por turnos de manera que siempre hubiera alguno en el Hospital. El resto del personal como era habitual en estos centros eran  celadores sin cualificar. Muchos suplían los estudios con la experiencia y cualidades humanas otros pecaban por los resabios del tiempo  y situación.

Un número de especialistas diversos atendía a tiempos parciales las contingencias medicoquirúrgicas  pues ya he comentado que los pacientes no salían de allí no siquiera como cadáveres.

Existían también dos asistentes sociales, ambas encantadoras y entusiastas, pero una de ellas fallecía poco después de un cáncer y la segunda Srta. Charo Terer se incorporó, diría que valientemente a la reforma trabajando en mi sector y equipo numero uno durante varios años. Vaya aquí mi saludo y agradecimiento, pues dada su raigambre en la sociedad Santiaguesa fue ayuda importante para explicar y hacer aceptar nuestra reforma a la ciudadanía bastante alarmada, como decía, por lo que estaba pasando en Conjo. De suyo durante muchos años era pregunta obligada en muchas tertulias: ¿Qué pasa en Conjo?

Por supuesto no existían consultas  externas.

Los pacientes no eran explorados regularmente. Con frecuencia pasaban años y años sin una sola anotación en la historia. En general solo eran visitados médicamente si se producía alguna contingencia aguda.

Existían salas de balneación y de enfermería que se distinguían meramente por estar alicatadas con azulejo blanco que por supuesto había tornasolado al marrón oscuro y pegajoso.

Los enfermos apenas o nada salían del hospital  y como en otros manicomios el lugar, maldito, amurallado y desconocido era comentario del horror y miedo por parte del resto de lo que aun era relativamente pequeña ciudad de Santiago.

Pero ya es momento que de forma más sistemática comience a relatar nuestro inmenso trabajo y nuestras inmensas dificultades y también nuestros éxitos malamente reconocidos en aquel lugar, en aquella entrañable Galicia y en aquellos, a pesar de todo, entrañables años.

¿Deseas seguir leyendo la 2ª parte del 7º Capítulo?.Adelante pues:

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[1]  Ovidio Nasón; “Tristia”. Libro primero. Canto III.

[2] El Dr. José Luis Montoya ha fallecido en  los últimos días de 2005 cuando reviso estás páginas. He escrito una breve necrológica  suya publicada en esta misma dirección en la Red.

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