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De gordos y vacas

 

El Tuerto

 

Que te digo que no puede ser y no puede ser. Punto. No podemos seguir así ni un día más; no señor. O nos lo tomamos todos en serio, o esto se va al garete cualquier día. Y oye, si hay gente que no está por la labor, que no se implica y que es incapaz de concienciarse en el tema de la obesidad de una puñetera vez, pues mira, su insolidaridad que la paguen, que coño, que no vamos a ir en el mismo paquete justos por pecadores. Oye, que ya está bien, que siempre pasa lo mismo, y ya estoy harto. Hasta ahí podíamos llegar. Y lo que más me jode, es su indolencia, el que parece que se lo toman a guasa y como que pasan del tema… Obesos… Ay!, insensatos… Pues ellos pasarán, pero nosotros no debiéramos permitírselo. Vivimos en una sociedad democrática, y si es verdad eso de que a un hombre un voto, pues el mío ya está decidido: que les suban, qué menos, el IRPF en 10 puntos a todos los de su caterva. Creo que es de justicia, aunque sé que habrá que votarlo, pero hagámoslo ya, coño, que el tiempo pasa y sus evidentes  consecuencias están a la vuelta de la esquina.

Mira… no hará ni media hora que me crucé por la calle con uno de esos tipos, orondo, mofletudo, gordote y con unos michelines en la cintura que no veas. Y que brazos tenía el tío… bueno, seguro que su índice de masa corporal (IMC),  sobrepasaba, con mucho… por lo menos el treinta y tantos. A pesar de mi agresiva mirada, el tío ni se inmutó y me la aguantó como si tal cosa, como si no fuera con él, como si no se diera por enterado. Y encima, que es lo que más me dolió, a pesar de arquear mis cejas y fruncirle el ceño, para mostrarle toda mi mala lecha y resentimiento hacia él, lo único que conseguí fue dibujar en su cara una sonrisa beatífica y serena, como de perdonavidas. Y eso si que me jodió, ya ves. Si es que son unos inconscientes. Bueno, y la que iba a su lado, otra que tal baila, parecía la Amaya de Mocedades en sus mejores años, con faldones a lo Demis Rousus para disimular sus curvas y redondeces, y con una cara en la que lo único que pude leer fue su dulzura. Calle abajo, cogidos de la mano, siguieron con su cara de serena satisfacción como si tal cosa, sin darse por aludidos, mal rayo los parta. Pero a mí no me la pegan, que coges a la parejita y los pones juntitos en la báscula y seguro que, entre los dos, pasaban de los doscientos kilos. O sea, obesos ambos, y por tanto descaradamente insolidarios. Habrá que meterse con ese tema ya, si no queremos arrostrar las consecuencias de su irracional comportamiento que oye, que aquí, todos vamos en el mismo barco. La lucha contra la obesidad, sin duelo, hay que asumirla ya… todo sea por el cambio climático!.

Porque si me meto furibundamente con los gordos, que no es para menos, es porque esa es la conclusión que se extrae del trabajo dirigido por los doctores Phil Edwards e Ian Roberts, de la Facultad de Higiene y Medicina Tropical de Londres, tipos listos donde los haya, que han publicado en The Lancet, y en el que estiman que hay una población obesa en torno a los mil millones de personas, o sea se, la sexta parte de la población mundial. Y claro, si según sus cálculos con un índice estable de masa corporal de 29 se necesitan 1.680 Kcal. por persona y día sólo para mantener su metabolismo basal, a las que les añades otras 1.280 Kcal. más, por cabeza y día, para sus actividades de la vida diaria, pues mira que cuentas te salen. Así es cómo los investigadores citados, sesudos ellos, han demostrado que la población obesa, consume un 18 por ciento más de energía calórica que la población normal. O sea, que si los gordos se pasan más de tres pueblos chupando la energía que necesitan, ¿qué nos va a quedar a ti y a mí?. Bueno, y además, ten en cuenta que el equipo de Edwards y Roberts ha llegado a la no menos sabia conclusión de que, lógicamente, esos mil millones, tío arriba tío abajo, con más de 25 de IMC, utilizan más gasolina para transportar ese incremento de masa, e incluso, podrían incrementar el consumo de combustible todavía más si, las personas con sobrepeso, deciden caminar menos y, en su lugar, eligen conducir más. No te digo… nos van a arruinar.

Dicho todo lo cual, ese par de ángeles listos, esos tal Edwards y Roberts, concluyen que… “La promoción de la salud mediante políticas de transporte urbano, como caminar y montar en bicicleta, podría ayudar a reducir la obesidad de la población y, de esta forma, disminuiría también la demanda global de alimentos y de gasolina”. Y claro, eso beneficiaría el control del cambio climático, así que o eso, o el caos, a elegir. No me digas que no es para que, todos juntitos ahora mismo, solicitemos para esa pareja de excelsos colegas el Nobel de Medicina a la de ya . ¿A que sí?

En realidad creo que Edwards y Roberts son unos auténticos cachondos mentales, probablemente anoréxicos de libro, y más listos que los ratones coloraos, que nos quieren amargar la vida a más de uno y que deben estar más aburridos que una mona mientras diseñan tan sesudos estudios en su flamante Facultad de Higiene y Medicina Tropical de Londres.

Te digo yo, y créeme, que esos colegas no tienen ni puta idea de lo que es el gozar de un maravilloso atardecer, tomando una manzanilla con su puñadito de aceitunas en un chiringuito playero, con la caló y la brisa, de la costa malagueña, mientras la boca se nos hacía agua a la espera de que el macarra del camarero nos trajera las dos cigalas a la brasa por barba, pero de las de a cuatro en el kilo ¿eh?, que pedimos para ir abriendo boca en la cenorra que nos pegamos, y que yo no pagué, en compañía de los dos que yo me sé y respectivas, en el Congreso de Málaga de la SEMG en mayo. Vamos… cómo te diría yo… que llegan a estar allí Edwards y Roberts con nosotros, y que le dan por donde yo te diga al editor del Lancet, vamos, que lo saben hasta los indios.

O sea, que como nos dejemos llevar por ese tipo de estudios lo tenemos fatal, porque por la misma razón, habrá que tener muy en cuenta en el futuro que, los de IMC superior a 25, consumen más oxígeno al respirar, más tejidos para vestir, más agua para beber, más cervecitas, sudan más… y además mean más!, marranos, que son unos marranos… y encima, como consumen más carnes, verduras, legumbres, pescados… nos van a llevar a la ruina climatológica, porque habrá que aumentar por su culpa la cabaña ganadera, la producción de malta, la siembra de lino…y así s como se acelerará la fatídica llegada del cambio climático, calro. Así que, algo habrá que hacer contra ellos, vamos. Y, digo yo… ¿y si los exterminamos, por ejemplo?.

Hagamos lo que hagamos, va a ser verdad eso de que “lo que no mata, engorda”, o lo  otro de que“todo lo bueno, o engorda o es pecado”. Me lo temía, porque además de pecador de la pradera, recalcitrante, me gusta todo lo bueno… y soy gordito... o sea no, qué coños, seamos francos, obeso, por mucho que quien yo me sé, se empeñe en quitar hierro al asunto alegando eso de “que  no, hombre, que tu lo que eres es fuerte… gordo no...”  Pues no señor. ¡Soy gordo!. Y a mucha honra, ¡que pasa!.

Pero así no vamos a ninguna parte… venga a llorar, venga a llorar… como me pasó en el 2007, cuando los del Premio Nobel de la Paz se lo dieron al los que se lo dieron. Entonces comprendí, yo solito ¿eh?, que nos lo pueden dar a cualquiera; eso sí, con tal de que hablemos del cambio climático. Hombre, por lo menos, este año harían menos el ridículo dándoselo, un suponer, a mi amigo Vicente, que es más fino que un dolor y agudo como una espina, y de guasón, ni te digo… (sí, hombre, sí, el de “Errores Médicos” que has leído un par de páginas antes… a ese me refiero). Lo grotesco ya lo hicieron el año pasado cuando se lo concedieron, para mayor mofa y escarnio nada menos que el Nobel de la Paz, a los señores Al Gore y Rajendra Pachaurri. Se cubrieron de fango, que no de gloria, o sea, que peor no iban a quedar este año. Claro, que lo del cambio climático tiene su tirón entre el pijerío y como no sabían otra manera mejor de agradecerles el detalle, se lo dieron…  «por sus esfuerzos para construir y difundir un mayor conocimiento sobre el cambio climático causado por el hombre y poner las bases para las medidas para contrarrestar ese cambio.»

Total que, el tal Rajendra Pachaurri, que mira que tiene un nombre raro el jodío, pero nada comparable con su cara, que es feo, feo, feo…  y que es el presidente del Panel Intergubernamental del Cambio Climático de las Naciones Unidas, IPCC, al que dieron el Nobel, le han reelegido de nuevo para otros seis añitos más, imagino que por ser un bien mandao. Y aprovechando la ocasión del nombramiento… “y poner las bases para las medidas para contrarrestar ese cambio…” se ha despachado con eso de que hay que comer menos carne para aminorar el cambio climático. Y dice que para empezar, por ejemplo, no hay que comer carne un día a la semana, y una vez acostumbrados, seguir reduciendo más días su ingesta. Bueno, aunque él sea vegetariano, que lo es, no lo dice por eso, si no porque en la producción de carne, se producen ingentes cantidades de gas metano, que hay que reducir como sea, porque es 23 veces más potente y peligroso de cara al efecto invernadero, que el dióxido de carbono, que es considerado como temible patrón de todos los gases de efecto invernadero.

Total que me he puesto a leer del tema, y… joder, si es que se lleva uno cada chasco, que cuanto menos sepas mejor.

Lo de las vacas locas, me fastidió mi afición por las sesadas, y aún espero confiado que los neurobiólogos encuentren la manera de que me pueda comer los priones sin riesgo para mi salud, para así poder recuperar uno de mis pequeños vicios. Bueno, pues ahora, con lo que dicen el Rajendra y múltiples estudios que ratifican sus palabras, me quieren chafar también el solomillo al roquefort, los chuletones de 500 grs. y… Dios mío, al queso ni me lo toquéis, ¿eh?, que es que me conozco y la monto, aunque donde esté el de cabra…

Pero a lo que vamos. Pues que sí, que es en serio, que hay que consumir menos carne de vacuno, de su queso... y de todos esos derivados de las vacas nos tendremos que ir despidiendo porque resulta que además de locas… chín-ta-ta-chán…, las vacas son unas pedorras !!!. Es que manda güebos, tú. Que sí, que así como lo oyes, hombre, que las vacas, además de locas, nos han salido pedorras… y de metano na menos, del que cada una produce de 100 a 200 litros al día, o lo que es lo mismo, unos 150 kilos al año, entre sus flatulencias, sus eructos y su estiércol.

Y encima, leyendo, descubro con inquietud y grima, que las muy guarras eructan en silencio y por eso ni las oímos, pero eructan metano del bueno a tó meter, o sea, de ese gas, incoloro, inodoro e inflamable, capaz de atrapar 23 veces más calor que el mismísimo dióxido de carbono, con lo que su importancia en el calentamiento global es clave. Y si encima te dicen que, sólo en España, hay más de tres millones de vacas es que es para descornarlas de un guantazo… Mira que como coja el mechero, y haga lo que tu piensas que voy a hacer, me voy a dar una hartá a reír que no veas.

Claro, que por mucho ruido que monten ahora con lo de las ventosidades de las vacas, sus eructos y sus excrementos, nada tendrá que ver con la campaña y pollo subsiguiente que montó Al Gore, el otro también Nobel de la Paz 2007, a primeros de los años 90, que en las hemerotecas se guarda todo. Montarlas le chifla, oye.

Entonces, dentro de su ecologismo maltusiano, su principal preocupación y empeño era el de la disminución de la población mundial, a costa de la de los países pobres, claro. Lo demostró cuando al presidir la delegación yanqui en la conferencia de El Cairo del año 94, del gobierno del que él era vicepresidente con Bill Clinton, intentó imponer por las bravas la promoción del aborto como política de control poblacional en todo el mundo. Entonces, aquella movida, se tradujo en una fuerte confrontación con El Vaticano al que apoyaron en su negativa los países católicos y el mundo árabe. Para aquel Al Gore, no había nada más urgente que controlar el aumento de la población mundial a base de abortos.

Pero como de tonto no tiene un pelo, y de negociante la cabellera entera, después, cuando perdió las elecciones presidenciales frente a George Bush, cambió el eje de su discurso por este otro mucho más cómodo de ahora, y para él mucho más productivo de meterse en lo del calentamiento global, que más recientemente, ha denominado de el cambio climático; y se ha hecho una especie de referente mundial al respecto, al que no se puede ni toser. Todo un negocio bien planificado, con dos Oscar de por medio y un Nobel de la Paz que da tirria, a pesar de que su premiada película, adolece de falta de rigor científico y hace aguas por los costados.

Pero éxito, lo que se dice éxito de público y de perras, todo y más, que es lo que a él y a sus correligionarios, pseudoecologistas profesionales, les importa. Y en esas nos tienen.

Y ahora, las vacas nos salen pedorras.

O sea, yo me rindo.    

 

 

 

Correspondencia: eltuerto@semg.es

 

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