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OBRA: GOG.
AUTOR: GIOVANNI PAPINI
VISITA A EINSTEIN
Berlín, 30 abril
Einstein se ha resignado a recibirme porque le he
hecho saber que le tenía reservada la suma de 100.000 marcos, con destino a la
Universidad de Jerusalén (Monte Scopus).
Le encontré tocando el violín. (Tiene, en efecto,
una verdadera cabeza de músico.) Al verme, dejó el arco y comenzó a
interrogarme.
-¿Es usted matemático?
-No.
-¿Es físico?
-No.
-¿Es astrónomo?
-No.
-¿Es ingeniero?
-No.
-¿Es filósofo?
-No.
-¿Es músico?
-No.
-¿Es periodista?
-No.
-¿Es israelita?
tampoco.
-Entonces, ¿por qué desea tanto hablarme? ¿Y por
qué ha hecho un donativo tan espléndido a la Universidad hebrea de Palestina?
-Soy un ignorante que desea instruirse y mi
donativo no es más que un pretexto para ser admitido y escuchado.
Einsteín me perforó con sus ojos negros de
artista y pareció reflexionar.
-Le estoy agradecido por el donativo y por la
confianza que tiene en mí. Debe convenir, sin embargo, que decirle algo de mis
estudios es casi imposible si usted, como dice, no conoce ni las matemáticas ni
la física. Yo estoy habituado a proceder con fórmulas que son incomprensibles
para los no iniciados, y hasta entre los iniciados son poquísimos los que han
conseguido comprenderlas de un modo perfecto. Tenga, pues, la bondad de
excusarme...
-No puedo creer -contesté- que un hombre de genio
no consiga explicarse con las palabras corrientes. Y mi ignorancia no está, sin
embargo, tan absolutamente desprovista de intuición...
-Su modestia -repuso Einstein- y su buena
voluntad merecen que haga violencia a mis costumbres. Si algún punto le parece
oscuro, le ruego desde, ahora que me excuse. No le hablaré de las dos
relatividades formuladas por mí: eso ya es una cosa vieja que puede encontrarse
en centenares de libros. Le diré algo sobre la dirección actual de mi
pensamiento.
»Por naturaleza soy enemigo de las dualidades.
Dos fenómenos o dos conceptos que parecen opuestos o diversos, me ofenden. Mi
mente tiene un objeto máximo: suprimir las diferencias. Obrando así permanezco
fiel al espíritu de la conciencia que, desde el tiempo de los griegos, ha
aspirado siempre a la unidad. En la vida y en el arte, si se fija usted bien,
ocurre lo mismo. El amor tiende a hacer de dos personas un solo ser. La poesía,
con el uso perpetuo de la metáfora, que asimila objetos diversos, presupone la
identidad de todas las cosas.
»En las ciencias este proceso de unificación ha
realizado un paso gigantesco. La astronomía, desde el tiempo de Galileo y de
Newton, se ha convertido en una parte de la física. Riemann, el verdadero
creador de la geometría no euclídea, ha reducido la geometría clásica a la
física; las investigaciones de Nernst y de Max Born han hecho de la química un
capítulo de la física; y como Loeb ha reducido la biología a hechos químicos,
es fácil deducir que incluso ésta no es, en el fondo, más que un párrafo de la
física. Pero en la física existían, hasta hace poco tiempo, datos que parecían
irreductibles, manifestaciones distintas de una entidad o de grupos de
fenómenos. Como, por ejemplo, el tiempo y el espacio; la masa inerte y la masa
pesada, esto es, sujeta a la gravitación; y los fenómenos eléctricos y los
magnéticos, a su vez diversos de los de la luz. En estos últimos años estas
manifestaciones se han desvanecido y estas distinciones han sido suprimidas. No
solamente, como recordará, he demostrado que el espacio absoluto y el tiempo
universal carecen de sentido, sino que he deducido que el espacio y el tiempo
son aspectos indisolubles de una sola realidad. Desde hace mucho tiempo,
Faraday había establecido la identidad de los fenómenos eléctricos y de los
magnéticos, y más tarde, los experimentos de Maxwell y Lorenz han asimilado la
luz el electromagnetismo. Permanecían, pues, opuestos, en la física moderna,
sólo dos campos: el campo de la gravitación y el campo electromagnético. Pero
he conseguido, finalmente. demostrar que también éstos constituyen dos aspectos
de una realidad única. Es mi último descubrimiento: la teoría del campo unitario.
Ahora, espacio, tiempo, materia, energía, luz, electricidad, inercia,
gravitación, no son más que nombres diversos de una misma homogénea actividad.
Todas las ciencias se reducen a la física, y la física se puede ahora reducir a
una sola fórmula. Esta fórmula, traducida al lenguaje vulgar, diría poco más o
menos así: «Algo se
mueve.» Estas tres palabras son la síntesis última del pensamiento
humano.
Emstein se debió de dar cuenta de la expresión de
mi rostro, de mi estupor.
-¿Le sorprende -añadió- la aparente sencillez de
este resultado supremo? ¿Millares de años de investigaciones y de teorías para
llegar a una conclusión que parece un lugar común de la experiencia más vulgar?
Reconozco que no está del todo equivocado. Sin embargo, el esfuerzo de síntesis
de tantos genios de la ciencia lleva a esto y a nada más: «Algo se mueve.» Al
principio -dice san Juan- era el Verbo. Al principio -contesta Goethe- era la
Acción. Al principio y al fin -digo yo- es el Movimiento. No podemos decir ni
saber más. Si el fruto final del saber humano le parece una vulgarísima serba,
la culpa no es mía. A fuerza de unificar es necesario obtener algo
increíblemente sencillo.
Comprendí que Einstein no quería decir nada más.
Sentía escrúpulos, indudablemente, de confiar los secretos auténticos de la
ciencia a un extraño, a un profano. Porque yo no era tan ingenuo que pudiese
creer que aquella fórmula trivial fuese verdaderamente el punto de llegada de
tres siglos de pensamiento. Pero no quise mostrarme exigente e indiscreto. Entregué
los cien mil marcos prometidos y me despedí, con todos los respetos, del
célebre descubridor de la Relatividad.
Aportaciones de mi amiga Neli:
La ciencia daña tanto a los que no saben
servirse de ella, cuanto es útil a los demás.
Anaxágoras
La ciencia es respecto del alma lo que es la luz
respecto de los ojos, y si las raíces son amargas, los frutos son muy dulces.
Aristóteles
Poca ciencia aleja muchas veces de Dios, y mucha
ciencia conduce siempre a él.
Bacon
La ciencia es la verdadera escuela moral; ella
enseñan al hombre el amor y el respeto a la verdad, sin el cual toda esperanza
es quimérica.
Berthelot
Ninguna ciencia, en cuanto a ciencia, engaña; el
engaño está en quien no la sabe.
Cervantes
La ciencia es, ante todo y sobre todo, un docto
ignorar.
Cusano
En la vejez la ciencia es para nosotros un
cómodo refugio; y si no la plantamos de jóvenes, no nos dará sombra cuando
seremos viejos.
Chesterfield
La ciencia es sin disputa el mejor, el más
brillante adorno del hombre.
Jovellanos
La ciencia no sirve sino para darnos una idea de
cuan vasta es nuestra ignorancia.
Lamennais
Ciencia es aquello sobre lo cual cabe siempre
discusión.
José Ortega y Gasset
La verdadera ciencia está muy por encima de los
apasionamientos políticos, de las diferencias de raza e idioma y de los
sectarismos religiosos.
O. S. Marden
La ciencia es un cetro en ciertas manos, al paso
que en otras tan solo es un palitroque.
Montaigne
Ciencia sin conciencia no es más que ruina del
alma.
Rabelais
La ciencia humana consiste más en destruir
errores que en descubrir verdades.
Sócrates
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